El libro nuestro de cada martes: Cubantropía de Iván de la Nuez. Ed. Periférica

Pertenezco a una generación partida, rota en cierto sentido, aquella que vio caer el Muro de Berlín para presenciar cómo se desvanecían los sueños que habían animado a mis padres y a mis abuelos pero que no encontró en el mundo prometido toda la esperanza que se aguardaba; soy de lo que llamaron la generación X, como equis, como cualquier cosa; la misma que ahora, confundida y agobiada se da esperanzas en un mundo que, otra vez hay que reconstruir. Iván de la Nuez nos ofrece en «Cubantropía», editada por Ed. Periférica, una mirada desde dentro de la Isla de los cronopios o bien el infierno verde, como quiera que se deseara verlo; un viaje a aquellos años que causaron el mundo que ahora, tento nos cuesta entender.

Algo más sobre el libro: https://ipi-ufv.com/cubantropia/

Una conversación con Iván de la Nuez

Las citas de los viernes: Cuba en bicicleta de Gabriel Pernau

Cuba en Bicicleta de Gabriel Pernau es una bocanada de aire fresco, una visita a Cuba, cubierta de cabo a rabo como diría García Márquez, rodando entre la gente y entre su alegría de vivir en el momento más difícil del «Periodo especial», lejana a concepciones prejuiciadas, a clichés o poses, este paseo nos trae lo mejor de los seres humanos. Editada por Ediciones B, esta crónica de viaje es mucho más que eso, es la alegría de viajar condensada en palabras.

Cuba en bicicleta de Gabriel Pernau. Ediciones B.


Ha dado unos dólares a un hombre para que le compre maría, y no ha vuelto. El ambiente es distendido entre los pasajeros del DC-10 con destino a La Habana que tuvo que aterrizar en Santiago por culpa del huracán. La gente ha dormido bien -afortunados ellos-, y el escenario acompaña. «Tu lus parese una estrella en el sielo…», «tu grasia al caminar…», canta la banda. Ay…, que nos pondremos tiernos. Qué calidez, qué dulzura… Dos horas aquí parecen suficientes para descargar todo el estrés acumulado en un año largo que se resistía a ceder paso a las vacaciones. Y ahora, en cambio… Miras fuera, hacia la calle, y ves este ritmo, esta reposada forma de caminar de la gente, sus miradas dulces sin la urgencia del tiempo, el ciclista que pasa con una maleta atada en el portabultos, el sidecar que carga un televisor, el Plymouth con los cristales rotos sotenidas con cordeles, los cargamentos humanos que acarrean los camiones… Sentarse, ver pasar el tiempo y la gente. Los grandes momentos de un viaje son, a menudo, los que menos te esperas. «Viene de Cuba, viene del Caribe..», cantan ahora los músicos de zapatos blancos, en momento en que un espontáneo sale a bailar al ritmo de los bongos. Esta alegría es pegadiza. Me pregunto cómo se puede vivir tan bien viviendo tan mal como viven ellos. Y viceversa, cómo puede ser que a veces vivamos tan mal en países donde se vive tan bien.


Me quedo un rato a la sombra, observando a las pocas personas que, de vez en cuando, pasan por aquí. Creía que eso del ritmo caribeño era una forma de bailar, pero ahora descubro que es mucho más, casi una filosofía, una forma de vida. Diría que los cubanos, cuando tienen que ir a algún sitio, no caminan, sino que se limitan a mover sinuosamente las piernas -primero una, luego la otra- seguramente con la esperanza de que el lugar al que se dirigen acuda a ellos. Se lo toman todo con filosofía. «No se apure», me han dicho más de una vez para advertirme de que no me dé prisa. Ellos no lo hacen. Es raro ver a alguien correr. Van haciendo, a su ritmo, pero hacen. Y mira, si no, la playa o la carretera, que ya están casi limpias tres días después del paso de Georges.“Su diseño y consistencia del sonido me cautivaron al instante”.


La mujer de la casa se llama Eneyda, y es encantadora. Me recibe con los brazos abiertos -¿Qué tal, Gabriel, cómo estás?»-, como si fuéramos amigos de toda la vida. Subo las bolsas a la habitación y corro al cuarto de baño a refrescarme. Mientras estoy bajo la ducha, oigo a una mujer que pasa por la calle implorar a un hombre: «Mi amor, dime algo, aunque sea mentira.» Cuánto sentido del humor y qué ternura, sólo en una frase.“Absolutamente impresionante. No se puede decir nada más de esta gente”.


No lo debo hacer del todo bien, sin embargo. A los peninsulares se nos reconoce de lejos porque pronun- ciamos las consonantes de forma dura. Hacemos las erres muy erres. A ellos les parece horrorosa nuestra forma de decir Ricardo Gutiérrez Ramírez. Quizá por eso dicen Licaldo Gutiélez Lamílez. Hablan más dulce que nosotros, hay que reconocerlo. Se columpian en las palabras, apoyándose en las vocales y rebotando en las consonantes sólo para tomar aire y suspirar: «Aamiiigoo, compaaаy…»“¡No hay nada en mi estudio con una calidad del sonido tan increíble!”


No difiere mucho de este diagnóstico un historiador de la ciudad, quien dice que el tiempo entre mediados del siglo XVIII y la Revolución es para Trinidad sus «cien años de soledad».“Su diseño y consistencia del sonido me cautivaron al instante”.


Unos pasos más allá, un niño descalzo me pide «una peseta». No quiere una rubia española sino una moneda, cualquiera, ya sea de peso como, preferiblemente, de dólar. Le regalo un bolígrafo y aprovecho para sacar- le una foto. «¡Vaya ojos! Por aquí debe de entrarle toda la vida», se maravillará mi madre al verla.“Absolutamente impresionante. No se puede decir nada más de esta gente”.


He lamentado decirle que no, porque parecía sincera. Me ha deseado que tenga felicidad, y yo a ella que tenga mucha suerte, que no es exactamente lo mismo. En el fondo, pensaba que en Cuba la gente va más escasa de buena fortuna que de felicidad.“¡No hay nada en mi estudio con una calidad del sonido tan increíble!”

El libro nuestro de cada martes: Gabo y Fidel, el paisaje de una amistad de Ángel Esteban y Stéphanie Panichelli

Más allá de la opinión que cada personaje nos merezca este pedazo de historia de nuestro continente encierra a dos personalidades enormes; un momento privilegiado y un escenario maravilloso. Si bien uno quisiera encontrar algunas notas sobre esta amistad legendaria, estamos enfrente de una de las mejores biografías políticas del enorme Gabo. Algo más sobre el libro: https://elcultural.com/Gabo-y-Fidel-el-paisaje-de-una-amistad

Gabo habla sobre su amistad con Fidel

La voz de papel. Tengo, de Nicolás Guillén

Pensando en Cuba y en su memoria y en nuestros encuentros compartidos, La Voz de Papel ofrece una lectura del poema «Tengo» de Nicolás Guillén.

Que ustedes lo disfruten

El libro nuestro de cada martes: Celestino antes del alba, de Reinaldo Arenas

Hay tiempos enloquecidos en que lo inaceptable se vuelve cotidiano; no se torna normal aunque suceda con frecuencia, no es válido aunque a muchos ya no les cause sorpresa. Asesinar a otro es siempre irracional, anormal y absurdo pero hacerlo por odio es la ruptura del orden del mundo.

Hace unos días un hombre entró a un bar en Orlando, Florida, y asesinó a 51 personas; lo hizo porque eran homosexuales, se escudó de una manera barata y ridícula en movimientos terroristas; un norteamericano, nacido en Estados Unidos, que cometió su crimen en territorio estadounidense sobre sus conciudadanos; la vergüenza es tanta que preferimos voltear a ver al mal mayor, encarnado en todas las fuerzas diabólicas, que enfrentar a los demonios que acosan nuestra forma de ver el mundo: la intolerancia, la ignorancia y el miedo.

Tenemos miedo de lo que no es como nosotros, tenemos miedo de la felicidad ajena cuando no se consigue como creemos que debe conseguirse, tenemos miedo que el cielo caiga sobre nuestras cabezas si los demás no piensan o no sienten como nosotros.

Para honrar la memoria de los caídos en este brutal crimen de intolerancia, odio y brutalidad, el libro nuestro de cada martes ofrece la ópera prima de Reinaldo Arenas, un escritor que sufrió la persecución a causa de su lucha por alcanzar la libertad y la felicidad y que, en ello dejó una obra prodigiosa.

La visión de un niño en su vida cotidiana, dentro de una casa plagada de temores y fantasmas, de rituales y de sinsentido, construye una gran metáfora de la opresión y el desencuentro.

El libro nuestro de cada martes: Santa Evita, de Tomás Eloy Martínez

Hay personajes que, en sí mismos, se concentra la historia de su siglo. Cuentan que a las puertas de Moscú, Napoleón tomó su catalejo y miró que un soldado ruso tomaba de su bolsa una galleta, que la probó y como no le gustara su sabor la tiró al suelo, el Emperador, en ese momento se supo perdido. Napoleón en su grandeza y su derrota, es todo el siglo XIX.

En nuestro continente, John Kennedy y Josef Stalin, son el siglo XX de sus países, en América latina Fidel Castro, Omar Torrijos, Augusto Pinochet y Salvador Allende, son el retrato de los trabajos y los días de nuestro continente. Pero de entre todos, algunos pocos son auténticas mitologías más allá de su muerte:  Ernesto Ché Guevara, Emiliano Zapata o Eva Perón, representan la trascendencia del personaje sobre el propio sujeto que lo encarnó en vida.

Tomás Eloy Martínez se propone narrar la post muerte de Eva Perón tomando su vida sólo como arranque. La monstruosidad de las dictaduras y la locura de nuestro continente cebándose sobre el cadáver embalsamado de una mujer que hizo la historia y que se quedó en ella como la imagen de una santa, de una oportunista, de una líder, de un sueño.

Mucho más allá de la novela histórica, de la anécdota, o de la narrativa de terror o misterio, Santa Evita es la muestra del talento narrativo de uno de los mayores escritores de nuestro tiempo.

Niemeyer canta La Internacional

El día de hoy falleció, a los 104 años, Oscar Niemeyer. El próximo 15 de diciembre habría cumplido uno más. Uno quisiera que gente así fuera eterna y aunque, en efecto, lo es; tuvo una larguísima vida de creatividad y amor por la humanidad. Leo que lo enterraron entre batucadas y oraciones, que aun cuando siempre fue comunista y ateo, el pueblo y el gobierno le dispensaron un servicio religioso católico, protestante y judío; pero leo, con más emoción, que lo enterraron con las notas de “La Internacional”.

“La internacional”, es el himno de izquierda por excelencia. Un himno hermoso que lejos de sonar marcial, suena alegre y hasta confiado, porque es un himno de esperanza; hay versión comunista, socialista y anarquista, tal vez la más hermosa sea en lengua francesa y en castellano hay una versión latinoamericana y otra española, la primera que acompañó a los movimientos contra las dictaduras del siglo XX y la segunda que se entonó con alegría en tiempos de la II República, con furia durante la guerra contra los alzados de Franco y con esperanza y un poco de melancolía durante la dictadura y el destierro.

Es tan significativo que a Niemeyer lo hayan enterrado con su himno, porque retrata mucho de la arquitectura con la que sembró esperanza en el mundo. Niemeyer fue el promotor en América Latina de la obra de Le Corbusier, de ahí que sus trabajos sean siembre abiertos, luminosos, flexibles y coronados por la apertura; no dista mucho de Félix Candela por la maleabilidad de sus formas y su terror por las líneas rectas y los acabados angulosos; su obra es un canto por la alegría y la luz de nuestro continente; al mismo tiempo, es en su funcionalidad, un reclamo simbólico por las cargas tan pesadas de tradiciones que han gravitado sobre nuestros hombros y que quedan a la vista en nuestra hermosa y tan poco funcional arquitectura barroca y neoclásica.

Oscar Niemeyer fue un comunista convencido, Fidel Castro decía que Niemeyer y él eran los dos últimos comunistas que quedaban en el mundo; no lo sé y no lo creo, eso de ser comunista es ya tan difuso y tan complicado que me parece que siempre es mejor, ahora hablar de las izquierdas si por ellas entendemos la idea política que aspira a un mundo sin clases, en completa igualdad, no para repartir la miseria, sino para elevarnos a todos a la igualdad de oportunidades, de educación y de bienestar. Sufrió exilio durante la era militar de su país y ello le permitió construir la gran mezquita de Argel, la sede del Partido Comunista Francés, la Editorial Mondadori en Roma y una mezquita más en Malasia. ¿Cómo es que un ateo podía construir templos tan hermosos y tan dignos del recogimiento de los creyentes? por que, como él mismo lo decía, la arquitectura es un acto de amor a los demás.

Fue parte importante del equipo que proyectó y construyó la sede de las Naciones Unidas y a los 100 años, terminó el Museo de Arte Moderno de Nitéroi, que es, sin duda, una de las obras de arquitectura más hermosas de su haber. Hay en su obra tanto de majestuoso como de divertido; lúdicas e impresionantes, graciosas y formales, hablan de un hombre que supo vivir haciendo de su oficio su placer y su manifiesto.

Pienso hoy que un hombre de 104 años merece descansar aunque es triste que se apague una vida tan generosa; pienso que la inmortalidad, de la que Borges decía no valer la pena preocuparse porque no depende de nosotros mismos, le corresponde a Niemeyer, por haber hecho de nuestro continente un lugar más hermoso y más habitable.

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La poesía, eso decían

Como plasmar la idea natural.

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En cada edición proponemos una palabra para indagar sus posibles significados desde distintas áreas.

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