Viajero al microscopio: Fumando espero

En su novela Neuromante, de 1984, William Gibson, acuñó la palabra ciberespacio; imaginó mundos fabulosos en los que el sueño y la realidad se mezclaban, en la que la interacción entre máquinas y personas ocurría en lugares fabulosos, en la red virtual y más allá de las estrellas; imaginó transportes vertiginosos en los que sus personajes viajaban para encontrarse con su destino.  Lo que no pudo imaginar en que en esos mundos del mañana, en esos rincones de absoluta libertad, no se pudiera fumar. Yo todavía no me lo creo.

Soy fumador, quiero obviar toda discusión sobre la maldad intrínseca del tabaco, tampoco quiero discutir sobre la idoneidad de las reglas que protegen a quienes no fuman; por mi parte, me atengo a los hechos, al mundo como es y a los cada vez más reducidos espacios de que disponemos quienes queremos, todavía, ejercitar el delicioso arte del tabaco. Comparto la suerte de miles de viajeros fumadores que apresurados dan las últimas caladas al cigarrillo antes de instalarse en las entrañas de la bestia por algunas horas; los mismos que bajan azorados del avión y antes de preguntar por el equipaje indagan el lugar reservado para los fumadores; esos, para los que la conquista de la ciudad inicia en una zona reservada o en la acera del aeropuerto, tomando impulso al calor de la brasa del cigarrillo para entrar a sangre y fuego en la satisfacción de su curiosidad.

Los menos jóvenes aún recuerdan los tiempos, ahora míticos, del final del siglo XX, que en los aviones había filas para fumadores; en algunas naves que aún surcan el cielo quedan, como muestras arqueológicas, inútiles ceniceros, huellas de hermosos tiempos pasados; mis hijos, que no vieron aquellos días, se preguntan por el destino de esas inútiles cajitas y hasta llegan a deducir que son compartimientos para guardar el medicamento de quienes sufren de mareos.

Establecidas las primeras restricciones, durante poco tiempo, tan poco que sólo algunos cuantos lo vivimos, algunas aerolíneas dispusieron en la cola del avión de una pequeña habitación casi cerrada, en la que los fumadores podíamos concurrir a saciar nuestro apetito de humo.  El resultado no podía ser más infame para fumadores y para abstemios. Confinados, como especie acorralada, los consumidores perdimos la cortesía a que nos obligaba la estancia compartida con los demás y nos alentaba, rodeados de nuestros iguales, a fumar el doble y el triple lo que habitualmente acostumbrábamos; el humo, así multiplicado y confinado, se desparramaba del deficiente encierro y como una marejada, desagradable aún para el más empedernido de los fumadores, invadía la cabina y generaba así, más quejas de las que hubiera querido evitar. La experiencia de fumar también era lamentable, el fumador satisface una adicción, es decir, una necesidad; pero también un enorme placer, aquellos cuartos improvisados, en los que la densidad de la población era absurda, recordaban más bien un tugurio de los bajos fondos patibularios de la época de los gángsters, que un idílico salón fumador de la era victoriana.

Luego vino la era dela prohibición absoluta. Andando los meses algunos aeropuertos se apiadaron del triste destino de la especie perseguida y crearon, con más ni menos fortuna, reservaciones para satisfacer sus anhelos.

El aeropuerto de Barajas en Madrid, fue un pionero en las zonas reservadas pero con tan mal tino que su área de fumadores incitaba más a la risa que a disfrutar un buen ducado; se trataba de un corralito, sin puertas, muros o ventanas, que pusieran límites al humo frente al aire común; se encontraba frente a las bandas transportadoras de equipaje. La experiencia fue tan mala que nunca más volví a buscar ahí un lugar para fumar  y retome la decadente práctica de fumar mientras aguardaba el taxi.

La práctica se generalizó de acuerdo a la imaginación, presupuesto y patrocinio de cada puerto aéreo; es cierto que  aún quedan en el mundo algunos paraísos que como Xanadú o Shangri-La; están aislados y sólo son accesibles para algunos privilegiados; así, por ejemplo en el aeropuerto regional de Loja, Ecuador, en donde coinciden las fuentes del Amazonas y el nacimiento de los Andes, en un claro de la Cordillera, entre un circo de fantásticas montañas, están fijos en la pared los señalamientos de no fumar, pero a nadie parece preocuparle; la cantidad de fumadores invita a degustar unos peculiares cigarrillos liados en mano que se expanden en la cafetería del aeropuerto que más bien se parece a uno de aquellos restaurantes familiares que por décadas animaron los barrios de la ciudad de México. Después del cigarrillo, el viajero se acerca a un funcionario y le pregunta que, dada la niebla que decora la pista, si cree que el avión saldrá a tiempo rumbo a Quito; con una cara de serenidad andina, el funcionarios responde: -pues si el avión no sale en cuarenta y tres minutos no saldrá hasta mañana; presa de un pánico incipiente el viajero pregunta la razón y el funcionario con más flema que un ministro británico, luego de consultar su almanaque contesta: -porque la pista no tiene luces y es el tiempo que nos queda de  luz de día. Quince minutos después, entre una bruma que apenas permite ver las líneas amarillas de la pista, el viajero aborda su avión en los últimos instantes de esplendor solar para llegar a tiempo a su cita en Quito.

Aeropuertos como el de México no conceden el privilegio de los espacios reservados, tampoco el de Tocumén en Panamá; aunque tengo el vago recuerdo de que, en alguna esquina casi oculta del área comercial de la sala de espera de la terminal dos del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, existió un mitológico espacio de tolerancia, sin indicación alguna y que el tiempo extinguió.

Zonas reservadas hay de muchos tipos; existen los cubos confinados cuyo mejor ejemplo es la sutiliza y la elegancia que provee el aeropuerto Charles de Gaulle de París, cuyos cristales con calcomanías que imitan biselados que dibujan un tupido bosque y en cuyo interior cómodos sillones y anaqueles repletos de revistas para todos los gustos, hacen más placentero el tabaco, protegen a los no fumadores y hacen más grata la espera; me atrevo a decir que son la élite de las reservaciones para los de mi especie y sólo son superados por aquellos aeropuertos que ofrecen cafeterías para fumadores.

Heathrow, en Londres, también tiene cabinas de fumadores, sin el encanto del de París, tienen en cambio un artilugio que los fumadores conocemos bien y que nos funciona igual que los monigotes de ropa vieja inútilmente tratan de asustar a los cuervos, o los policías de cartón en los cruces de las carreteras de Ohio para disuadir a los traileros de violar los reglamentos; lejos de ahuyentarnos nos causan una amarga sonrisa; el vicio es eso, una mala inclinación a la que no se renuncia, al menos no con facilidad, y el placer es algo similar, una inclinación sublime a la que esta prohibido abandonar; la cabina inglesa de fumadores carece de mobiliario –hay que disuadir al fumador- no importa, el gusto esta en la aspiración, no en el reposo-, los ceniceros son industriales, rebosan de colillas y cenizas en faraónicas pirámides –hay que castigar al fumador- pero tampoco importa, los fumadores inveterados hemos desarrollado nuestra actividad en lugares más sórdidos aún, en el locutorio de una cárcel o a las puertas de un refugio antimisiles en Sederot, a unos metros de la franja de Gaza; unos cuantos cientos de colillas amontonadas no nos desaniman perp eso sí, la eficiente higiene británica no se hace esperar, gigantescos aspiradores no dejan huella del olor del tabaco quemado, lo cual se agradece y es que si el francés ama las libertades y más que ellas el placer; el inglés, insular al fin, deviene estoico y no puede vivir sin reverenciar las normas.

El aeropuerto de Frankfurt tiene también un reducto cerrado para fumadores, está patrocinado por la marca de tabaco que fumo desde los veinte años –fumador tardío según las estadísticas- lo que produce, la extraña sensación que hemos desarrollado en occidente y a la que llamamos “lealtad de marca” y que se parece mucho a cierto sentimiento, si bien artificial, de comunidad; fuera de eso, además de pulcritud y funcionalidad, ese espacio carece de cualesquiera otras señas particulares.

Un área rara, entre la pecera del fumador y la cafetería libre de restricciones, es la habitación de fumar del aeropuerto de Washington D.C.; sin encanto, como olvidada de otros tiempos en una terminal de lo más moderno: ahí, sin embargo, el viajero deja escapar una risa ineludible cuando cierra la puerta, se deja caer en la austera butaca y se da cuenta que el espacio que ahora ocupa está a cargo del heroico departamento de bomberos del distrito de Columbia.

El viajero encuentra su legítimo paraíso en las cafeterías libres de restricciones; la primera de ellas, escondida en lo más profundo del aeropuerto de Quito, Ecuador; carece de ventanas, tiene muebles suficientemente cómodos y modernos, y está patrocinada por una marca de refrescos vituperada pero consumida por casi todos los seres humanos del planeta. Expende un café delicioso y en la compra de una cajetilla de cigarrillos obsequia con una cajita de cerillos de madera que se conserva de puro gusto. A miles de kilómetros de ahí, en la ciudad de Atlanta, Estados Unidos, el aeropuerto es una urbe por sí mismo; dispone de una sórdida cafetería como arrancada de una película de Tarantino; un rincón oculto tras de una puerta anónima y sólo le faltan las escupideras en el suelo, el forzudo con chaleco de piel y los brazos íntegramente tatuados y un buen pleito a sillazos para completar el estereotipo; dispone sin embargo, de tres encantos magníficos; dos para la memoria y uno permanente; el último es una estupenda vista sobre las pistas de los aviones mercantes, resulta fascinante el lento movimiento de esas ballenas que se enfilan, como en una migración prehistórica a las pistas, donde, dotadas de una gracilidad inimaginable abandonan su condición cetácea para volverse gigantescas bestias voladoras con sus vientres repletos de riqueza; de las dos primeras, una es apenas un guiño que escapa del turista para impactar al viajero: una bellísima chica mexicana, que no tiene cigarrillos pero cuya sonrisa le garantiza que podrá fumar gratis cuantos quiera, viene de Islandia y se dirige a Berlín, ha dado ese gigantesco rodeo porque los recursos de su año sabático preuniversitario no son ilimitados y está dispuesta a cazar las ofertas más descabelladas con tal de seguir conociendo el mundo; el viajero reconoce de inmediato a uno de los miembros más jóvenes de su tribu y luego de compartir el tercer cigarro con ella, sin dejar señas ni coordenadas, se despiden y desean suerte porque el avión que lo llevará de vuelta a casa esta próximo a partir; el último de los tres encantos es histórico y ha ocurrido simultáneamente con el anterior, los soldados que el presidente Obama prometió traer de vuelta a sus hogares regresaron por fin. El viajero habría pensado en el alegre retorno de los soldados que habían dejado hijos incógnitos y novias hermosas en París, Berlín o Roma al final de la Segunda Guerra Mundial, pero con lo que se encuentra es con fantasmales soldados –hombres y mujeres-, con su impecable uniforme de faena y rostros en los que la sonrisa se niega a aparecer y el tedio y aburrimiento ahuyenta el sentimiento de gloria y orgullo que parece no han conquistado.

El último y mejor de todos los espacios fumadores es una pequeña y muy completa cafetería en el aeropuerto Václav Havel de Praga; sencillo con claridad meridiana, con un bar bien aprovisionado de buenos sándwiches y bebidas y un delicioso café –anunciado como colombiano- de calidad mucho más que suficiente, grandes ventanales a pie de pista por los que se dejan ver rápidos e incesantes , pequeños aviones para vuelos domésticos y sobre todo, la dulce sensación de estar, con enorme nostalgia, en un viejo restaurante,  de aquellos que eran comunes cuando las libertades aún eran prioritarias y resultaba natural fumar un cigarrillo acompañando al café; es ahí donde, como dice la canción, fumando espero.

El arte de conversar, de Oscar Wilde. Para disfrutar de nuestro fraseario

Ofrecemos el fraseario de un libro de excepción: El arte de Conversar de Oscar Wilde, traducido por Roberto Frías y editado en Barcelona por Ediciones Atalanta.

Sin gazmoñerías, reflexiones con una guía sutil y magnífica para adentrarse en los meandros de la naturaleza humana.

 

El debe ser muy respetable. Uno jamás ha oído su nombre antes, a lo largo de toda su vida, y eso, actualmente, enaltece a un hombre. Una mujer sin importancia 

CECILY: Un hombre del que se habla mucho es atractivo siempre. Después de todo, uno intuye que algo tendrá.  La importancia de llamarse Ernesto

SEÑORA ALLONBY: El hombre ideal […] debe decir siempre más de lo que quiere y querer siempre más de lo que dice. Una mujer sin importancia

SEÑORA ALLONBY: El hombre ideal […] nunca debería criticar a otras mujeres hermosas; eso mostraría su falta de buen gusto o haría sospechar que tiene demasiado. Una mujer sin importancia 

[…] un caballero natural, el peor tipo de caballero que conozco. El abanico de Lady Windermere

Llorar es el refugio de las mujeres sin gracia y la ruina de las bonitas. El abanico de Lady Windermere

Se necesita una mujer completamente buena para hacer algo completamente estúpido. El abanico de Lady Windermere

No creo que exista una sola mujer en el mundo que no se sienta halagada si uno le hace el amor. Es eso lo que hace a las mujeres irresistiblemente adorables. Una mujer sin importancia

Treinta y cinco años es una edad muy atractiva. La sociedad londinense está repleta de mujeres de la más alta cuna que, durante años y por propia voluntad, se han quedado en los treinta y cinco. La importancia de llamarse Ernesto.

No me importa que las mujeres simples sean puritanas. Es la única excusa que tienen para ser simples. Una mujer sin importancia.

Las mujeres nos aman por nuestros defectos. Si tenemos suficientes nos lo perdonarán todo, incluso un gran intelecto. Una mujer sin importancia

Las chicas estadounidenses son tan ingeniosas al ocultar a sus padres como las inglesas al ocultar su pasado. El retrato de Dorian Gray.

Ella fue hecha para ser la esposa de un embajador. Ciertamente, posee la inusitada facultad de recordar los nombres de las personas y olvidar sus rostros. Una mujer sin importancia

Estoy harto de las mujeres que me quieren. Las que me odian son mucho más interesantes. El retrato de Dorian Gray.

La única manera de comportarse con una mujer es haciéndole el amor, si es bonita, y si es fea, haciéndoselo a alguien más. La importancia de llamarse Ernesto.

Ser adorado es una molestia. Las mujeres nos tratan como la humanidad trata a sus dioses. Nos alaban y siempre nos piden que hagamos algo por ellas. El retrato de Dorian Gray.

Una mujer sólo puede reformar a un hombre aburriéndolo tanto que éste pierda todo posible interés en la vida. El retrato de Dorian Gray

Si una mujer no puede hacer que sus equivocaciones parezcan encantadoras, es sólo una hembra. El crimen de Lord Arthur Savile.

Sólo las mujeres muy feas o muy hermosas ocultan alguna vez su rostro. La duquesa de Padua

Hay sólo una verdadera tragedia en la vida de una mujer. El hecho de que su pasado es siempre su amante, y su futuro, invariablemente su esposo. Un marido ideal.

Prefiero a la mujeres con pasado; es muy divertido hablar con ellas. El abanico de Lady Windermere.

Uno siempre puede ser amable con la gente que no le importa. El retrato de Dorian Gray

Es absurdo dividir a la gente en buena y mala. La gente es encantadora o tediosa. El abanico de Lady Windermere

La gente de hoy se comporta con perfecta monstruosidad: habla mal de uno y a sus espaldas, diciendo cosas que son completa y absolutamente ciertas. Una mujer sin importancia

Estoy seguro de que no conozco a la mitad de la gente que visita mi casa, y ciertamente, por lo que me han dicho, no debería intentarlo. Un marido ideal

Me agradan los hombres con futuro y las mujeres con pasado. El retrato de Dorian Gray.

Ya no apruebo ni desapruebo nada. Eso es adoptar una actitud absurda ante la vida: no hemos venido a este mundo a pavonearnos de nuestros prejuicios. Nunca advierto lo que la gente común dice y nunca interfiero en las acciones de la gente encantadora. El retrato de Dorian Gray

Todo arte es inmoral. La emoción por la emoción es la meta del arte. Y la emoción por la acción es la meta de la vida. El crítico como artista

Podemos perdonar a un hombre por elaborar una cosa útil , siempre y cuando no la admire. La única excusa para crear algo inútil es que se lo admire intensamente. Todo arte es bastante inútil. El retrato de Dorian Gray 

Ningún artista tiene simpatías éticas. En un artista, una simpatía ética sería un imperdonable manierismo de estilo. El retrato de Doran Gray

Los únicos retratos creíbles son aquellos en los que queda muy poco del modelo y mucho del artista. La decadencia de la mentira.

La gran superioridad de Francia sobre Inglaterra se debe a que en Francia todo burgués quiere ser un artista, mientras que en Inglaterra todo artista quiere ser un burgués. (En conversación).

Mentir, decir cosas hermosas y falsas, ése es el verdadero objetivo del arte. La decadencia de la mentira

Es posible que un toque de naturaleza hermane al mundo entero, pero dos toques de naturaleza destruirían cualquier obra de arte. La decadencia de la mentira.

El arte es nuestra vigorosa protesta, nuestro heroico intento de enseñarle su sitio a la Naturaleza. La decadencia de la mentira.

Desvelar el arte y ocultar al artista, ésos son los objetivos del arte. El retrato de Dorian Gray

El secreto de la vida es no tener nunca una emoción poco elegante. Una mujer sin importancia.

El «Libro de la Vida» comienza con un hombre y una mujer en un jardín y termina en Apocalipsis. Una mujer sin importancia

La vida es sencillamente un mauvais quart d´heure, hecho de exquisitos momentos. Una mujer sin importancia

La vida jamás es justa … Y quizá eso es algo bueno para la mayoría de nosotros. Un marido ideal 

Uno puede tolerar las desgracias; vienen del exterior y son accidentes. Pero sufrir por los propios errores… ¡Ah, ahí está la gracia de la vida! El ábanico de Lady Windermere

La vida en la ciudad nutre y perfecciona los elementos más civilizados del hombre; Shakespeare no escribió más que pasquines chabacanos antes de venir a Londres, y no escribió una sola línea después de irse. (En conversación) 

Vivimos en una época que lee demasiado para ser sabia y que piensa demasiado para ser bella. El retrato de Dorian Gray.

Cuando los dioses quieren castigarnos responden a nuestras plegarias.  Un marido ideal. 

La ética, como la selección natural, hace posible la existencia. La estética, como la selección sexual, hace la vida más amable y maravillosa, la llena de nuevas formas, le aporta progreso, variedad y cambio. El crítico como artista.

[…] aunque lo intentamos, no podemos alcanzar la realidad que subyace a las cosas. Quizá la terrible razón de ello es que no hay más realidad en las cosas que su apariencia. (En conversación) 

El mundo es el escenario, pero la obra tiene un pésimo reparto.  El crimen de Lord Arthur Savile

Escribí cuando no conocía la vida. Ahora que entiendo su significado, ya no tengo que escribir. La vida no puede escribirse; sólo puede vivirse. (En conversación)

[…]  el mundo no me escuchará ahora. Es extraño lamentarse (antes no lo hubiera creído posible) de que uno haya tenido tanto tiempo libre: un ocio que me parecía tan necesario cuando yo mismo era un creador de hermosos objetos.

(En conversación)

El señor Zola está decidido a demostrar que si no tiene genio por lo menos puede ser insulso.  La decadencia de la mentira

Entre Hugo y Shakespeare se agotaron todos los temas. La originalidad es imposible, incluso al pecar. Así que ya no que dan verdaderas emociones, sólo adjetivos extraordinarios. (En conversación)

Matthew Arnold era un buen poeta, pero estaba muy equivocado; siempre intentaba alcanzar lo más difícil: conocerse a sí mismo. Y a veces por eso, a mitad de sus más hermosos poemas, dejaba de ser el poeta y se convertía en el inspector escolar. (En conversación)

Balzac: era una combinación extraordinaria de temperamento artístico y espíritu científico. El estudio formal de Balzac reduce a nuestros amigos vivos a sombras y a nuestros conocidos a sombras de las tinieblas. La decadencia de la mentira

Llamar a un artista morboso sólo porque su objeto de trabajo es la morbosidad es tan tonto como llamar a Shakespeare demente sólo porque escribió El rey Lear. El alma del hombre bajo el socialismo.

Hay dos maneras de despreciar la poesía: una es despreciándola y la otra es leyendo a Pope. (En conversación)

Si uno no puede disfrutar un libro una y otra vez, no tiene sentido leerlo. La decadencia de la mentira

Los libros que el mundo llama inmorales son los libros que muestran al mundo su propia vergüenza. El retrato de Dorian Gray

Sobre Charles Dickens: Hay que tener un corazón de piedra para leer la muerte de la pequeña Nell y no reírse. (En conversación)

Para conocer la cosecha y la calidad de un vino no es necesario beberse toda la botella. Media hora debe ser suficiente para decidir si un libro vale la pena o no. Diez minutos deberían bastar si uno posee el instinto para la forma. ¿Quién quiere vadear todo un libro insulso? Con probarlo basta.  El crítico como artista

Cuando el público dice que una obra es groseramente incomprensible quiere decir que el artista ha dicho o hecho algo hermoso que es nuevo. Cuando describe un trabajo como groseramente inmoral quiere decir que el artista ha dicho o hecho algo hermoso que es verdadero. El alma del hombre bajo el socialismo.

La literatura siempre se anticipa a la vida; no la copia, sino que la modela a su antojo. El siglo diecinueve, tal y como lo conocemos, es en gran medida una invención de Balzac. La decadencia de la mentira

Después de tocar a Chopin me siento como si hubiese llorado pecados que nunca cometí, como si me hubiese dolido de tragedias que no eran mías. Siempre me parece que la música produce ese efecto: crea un pasado que ignorábamos y nos llena con la sensación de pesares que se han escondido de nuestras lágrimas. El critico como artista 

El único encanto del matrimonio es que vuelve completamente necesaria una vida de engaños para ambas partes. El retrato de Dorian Gray

¿Cómo puede una mujer ser feliz con un hombre que insiste en tratarla como si fuera un ser absolutamente natural? Una mujer sin importancia.

Su capacidad para el afecto familiar es extraordinaria; al morir su tercer marido, el cabello se le puso rubio por la pena. El retrato de Dorian Gray 

DUQUESA DE BERWICK: De hecho, nuestros maridos se olvidarían de que existimos sino le fastidiáramos de vez en cuando sólo para recordarles que tenemos el derecho totalmente legal de hacerlo. El abanico de Lady Windermere

El amor puede canonizar a la gente, los santos son aquellos a quienes más se ha amado. (Carta a Robert Ross, 28 de mayo de 1897)

Siempre hay algo ridículo en las emociones de la gente a la que dejamos de amar. El retrato de Dorian Gray

Los hombres quieren ser siempre el primer amor de una mujer. Ahi está su torpe vanidad. Las mujeres tienen un instinto más sutil para las cosas: prefieren ser el último romance de un hombre. Una mujer sin importancia.

¡Los misioneros, querido! ¿No te das cuenta de que los misioneros son la comida que la divina providencia envía a los indigentes y desnutridos caníbales? Cuando están a punto de morir de inanición, el Cielo, en su infinita misericordia les envía un buen misionero carnoso.  (En conversación)

Ser natural es la pose más difícil de mantener. Un marido ideal 

Toda la mala poesía surge de un sentimiento genuino.  Ser natural es ser obvio, y ser obvio es ser inartístico.  El crítico como artista

Todos deberíamos llevar el diario de otro. (En conversación)

Apuñalaría a su mejor amigo con tal de escribir un epigrama en su lápida. Vera o los nihilistas.

EI primer deber en la vida es ser lo más artificial posible. No se ha descubierto el segundo deber.  Frases y filosofías para el uso de los jóvenes

Hay que ser siempre un poco inverosímil.  Frases y filosofías para el uso de los jóvenes

Nunca hay que debutar con un escándalo; eso se reserva para amenizar la vejez. El retrato de Dorian Gray 

Los ingleses poseen el milagroso poder de transformar el vino en agua. (En conversación) 

No creo que viva para ver el nuevo siglo: si comienza otro siglo y yo sigo vivo, será realmente más de lo que los ingleses pueden soportar. (En conversación) 

Actualmente lo tenemos todo en común con Estados Unidos, a excepción, por supuesto, del idioma. El fantasma de Canterville

Es una superstición popular que al visitante de los más lejanos rincones de Estados Unidos se le llama extranjero, pero cuando fui a Texas me llamaron capitán, al llegar al centro del país me decían coronel, y al acercarme a la frontera con México, general(En conversación; Estados Unidos) 

Quizá después de todo América nunca haya sido descubierta. Yo diría que sólo ha sido detectada. El retrato de Dorian Gray

Sobre las chicas estadounidenses: Hermosas y encantadoras: pequeños oasis de hermosa irracionalidad en un vasto desierto de práctico sentido común. (En conversación)

Al salir de su patria, algunas mujeres norteamericanas adoptan una apariencia de enfermedad crónica: creen que es una especie de refinamiento europeo. Una mujer sin importancia

No hay parafernalia ni pompa ni maravillosas ceremonias. Solo vi dos procesiones: en una iban los bomberos precedidos por la policía y en la otra iba la policía precedida por los bomberos. (En conversación; Estados Unidos)

El patriotismo es la virtud del vicioso. (En conversación) 

Hay que ser una obra de arte o llevar puesta una. Frases y filosofías para el uso de los jóvenes

No tiene nada, pero lo parece todo: ¿qué más se puede pedir? La importancia de llamarse Ernesto

Llevaba demasiado rouge y casi nada de ropa. En una mujer, eso suele ser un síntoma de desesperación. Un marido ideal

En cuestiones de suma importancia lo crucial es el estilo y no la sinceridad. La importancia de llamarse Ernesto 

Quizá haya dicho lo mismo antes, pero mi explicación será siempre diferente. (En conversación) 

El asesinato es siempre un error… Uno nunca debe hacer algo que no se pueda contar después de la cena. El retrato de Dorian Gray

Me gusta cuando sólo hablo yo; ahorra tiempo y evita las discusiones. El cohete excepcional

La mente de un hombre muy bien informado es algo terrible. Es como una tienda de baratijas, repleta de polvo y monstruos, donde todo cuesta más de lo que vale. El retrato de Dorian Gray

Un cigarrillo es el ejemplo perfecto del placer perfecto: es exquisito y lo deja a uno insatisfecho. El retrato de Dorian Gray

El alma nace vieja y se vuelve joven; ésa es la comedia de la vida. Y el cuerpo nace joven y se vuelve viejo; ésa es su tragedia. Una mujer sin importancia 

Hay muchas cosas que podríamos desechar si no temiéramos que otros las recogieran.  El retrato de Dorian Gray

Los parientes son sencillamente un tedioso grupo de personas que no tienen la menor idea de cómo vivir ni el más mínimo instinto de cuándo morir. La importancia de llamarse Ernesto

Después de una buena cena se puede perdonar a cualquiera, incluso a los amigos. Una mujer sin importancia 

En Inglaterra, a las personas de clase baja les pasa algo extraordinario: siempre están perdiendo parientes. Son muy afortunados en ese aspecto. Un marido ideal

El secreto de permanecer joven es una desmesurada pasión por el placer. El crimen de Lord Arthur Savile

Mi deber como caballero no ha ínterferido nunca, ni en lo más mínimo, con mis placeres.  La importancia de llamarse Ernesto

Ningún hombre civilizado se arrepiente de un placer, y ningún hombre incivilizado llega a conocerlo. El retrato de Dorian Gray

A veces se elogia a los pobres por ser ahorrativos, pero recomendar a los pobres el ahorro es grotesco e insultante. Es como aconsejara un hombre hambriento que coma menos. El alma del hombre bajo el socialismo

En cuanto a los virtuosos pobres, se les puede compadecer, pero no es posible admirarles. El alma del hombre bajo el socialismo 

La risa no es un mal comienzo para una amistad y es, con mucho, su mejor final.  El retrato de Dorian Gray 

Cuando conocemos a alguien por medio de un elogio es seguro que aflorará una amistad de verdad: todo ha comenzado de la manera correcta.  Un marido ideal

Cualquiera puede simpatizar con los sufrimientos de un amigo, pero se requiere de una naturaleza muy superior para simpatizar con el éxito de un amigo.  El alma del hombre bajo el socialismo 

Me atrevería a decir que si le hubiera conocido no sería su amigo en absoluto. Conocer a nuestros amigos es algo muy peligroso. El cohete excepcional 

Elijo a mis amigos por su buen aspecto, a mis conocidos por su buen carácter y a mis enemigos por su buen intelecto. No tengo ninguno que sea un tonto; todos son hombres de cierta. capacidad intelectual y, por consiguiente, todos me aprecian. El retrato de Dorian Gray

La moralidad es tan sólo la actitud que adoptamos hacia la gente que personalmente nos desagrada. Un marido ideal

Cuando uno lee la historia se siente absolutamente enfermo; no por los crímenes que los malvados han cometido, sino por los castigos que los buenos han impuesto. Se brutaliza infinitamente más a una comunidad mediante el empleo habitual del castigo que por el ocasional acontecer del crimen. (En conversación)

¿Quiere saber cuál es la tragedia de mi vida? Que he puesto mi genio en la vida y sólo el talento en mis obras.  (En conversacion)

La belleza es una forma del genio, aunque en realidad es más alta, pues no requiere explicación; El retrato de Dorian Gray

Una idea que no es peligrosa, no es digna de ser llamada idea. El crítico como artista

Sólo alguien superficial necesita años para despojarse de una emoción. Un hombre que es dueño de si mismo pone fin a una pena con la misma facilidad con que inventa un placer. El retrato de Dorian Gray

Un sentimental es sencillamente alguien que desea tener el lujo de una emoción sin pagar por ella.  (En conversación)

Experiencia es el nombre que todos dan a sus errores. El abanico de Lady Windermere

Los únicos escritores que han influido en mí son Keats, Flaubert y Walter Pater. Y antes de encontrarme con ellos ya había recorrido más de la mitad del camino con tal de conocerles. (En conversación)

Qué triste: la mitad del mundo no cree en Dios y la otra mitad no cree en mi. (En conversación)

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