El miércoles del presente: Sandokán de Emilio Salgari para libre descarga

Volvamos a los clásicos de mi infancia, a la aventura pura y dura, sin artificios, que nos rescate de robots, máquinas, narcojugarretas y todos los efectos especiales de nuestros tiempos; volvamos a vivir con Sandokán el mundo de fantasía, ilusión, belleza y emoción, que ustedes lo disfruten:

Las citas de los viernes: Gran Cabaret de David Grossman, ed. Lumen

Para comenzar el fin de semana, una selección de los mejores momentos de esta magnífica novela que nos cuestiona sobre el destino de los niños que una vez fuimos. Que ustedes lo disfruten.

Gran cabaret, de David Grossman, Editorial Lumen.

Soy el primer hombre de la historia con depresión posparto. Cinco veces he caído en la depresión posparto. En realidad han sido cuatro, porque unos fueron gemelos. Aunque sí, pensándolo mejor, sí han sido cinco veces, si contamos la depresión posparto que tuve al nacer yo.

Has venido, dicen sus ojos, mira lo que el tiempo nos ha hecho, aquí estoy, no tengas piedad de mí.

¿Por qué se habrá empeñado en hacerme venir? ;Para qué habrá necesitado invitar a un adversario, me pregunto yo, si él ya se basta a sí mismo?

Y de repente, unas risitas ahogadas: parece un niño en el sillón de un gigante. Me doy cuenta de que algunos se cuidan mucho de reírse abiertamente y que además le rehúyen la mirada, como si temieran meterse en un lío entrometiéndose en alguna cuenta pendiente que el hombre pueda tener consigo mismo. Quizá sean conscientes, como yo, de que les habría gustado. Poco a poco sus botas se alzan, mostrándonos los tacones, altos, algo femeninos. Las risitas aumentan, encadenadas, hasta que de algún modo ya se han metido en esa cuenta pendiente del hombre más de lo que una risotada general inunda la sala.

Procuré tranquilizarme. Hace tres años, que por repetidos ataques de ira como este, perdí mi puesto de trabajo, así que, todavía al teléfono pensé: qué habré perdido en esta ocasión?

Lo oía respirar. Sentí a Tamara encogerse dentro de mí. Estás lleno de odio, me dijo. De lo que estoy lleno es de añoranza, pensé, ¿no te das cuenta? Estoy envenenado de añoranza.

Gracias a sus preguntas empecé a ser consciente de poseer un raro tesoro: experiencia en la vida; que mi existencia, que hasta entonces había vivido como un fastidio de vertiginosos viajes, constantes traslados de casa y de cambios de colegio, de idiomas y de rostros, había sido, en realidad, una enorme aventura.

Y siempre, cuando nos despedíamos, revoloteaban entre nosotros unas posibilidades que ninguno de los dos se atrevía a formular en voz alta, como si todavía no confiáramos en que nuestra frágil amistad pudiera resistir la realidad, de manera que dejábamos en el aire preguntas como: ¿y si quedamos porque sí, sin que tenga que ser al salir de la clase de matemáticas?; ¿ si vamos al cine? ;Vamos a tu casa?

En honor a la verdad se ha tratado de un casi imperceptible movimiento de cabeza, aunque también se me ha escapado un pequeño guiño, el guiño que siempre nos hacíamos ella y yo, incluso cuando reñíamos, dos chispas volando de un ojo al otro, la chispa -yo que ella llevaba dentro y la chispa- ella que llevo yo.

Nada, que no. Habéis visto alguna vez reírse a un izquierdista? Os apuesto lo que queráis a que no, que no se ríe ni cuando está solo, y eso que normalmente está solo, pero por lo que sea nada les hace gracia. No los entiendo…

Con mi padre no podía jugar, y en nuestra casa, por si todavía no lo habéis captado, éramos monoteístas: solo existía él; solo contaba su voluntad, y si te atrevías a chistar, se quitaba la correa y ¡zas! Azota el aire con con la mano, los tendones del cuello se le tensan y el rostro se la deforma en una mueca que refleja pavor y odio. Solo los labios sonríen, o intentan esbozar una sonrisa. Por un momento veo a un niño pequeño, el niño pequeño que conocí o, mejor dicho, que no conocí. A medida que pasa el rato me doy cuenta de que no lo conocí en absoluto menudo actor, Dios mío, qué bien sabía actuar ya entonces y qué terrible esfuerzo tuvo que hacer para aparentar aquella amistad conmigo!- un niño atrapado entre espada y la pared con un padre que lo azotaba con la conca del cinturón.

Cada vez entienden menos cuál es su papel en esta actuación en la que participan a supesar. No me cabe la menor duda de que hace ya rato que se habrían levantado para marcharse, o que lo habrían echado a él del escenario a abucheos, si no fuera por la tentación a la que tantísimo nos cuesta resistirnos, la tentación de asomarnos al infierno de los demás.

Nosotros solo nos teníamos a los tres, padre-madre-hijo, y cuando estábamos allí junto al camión, la verdad es que me entró muchísimo miedo, no sé, era como si algo no me cuadrara, como una premonición, no lo sé bien, pero tuve muchísimo miedo de dejarlos allí solos, el uno con el otro…

Hubo en todo aquello, sin embargo, cierto engaño por mi parte, una especie de trampa de la que jamás he llegado a entender sus recovecos. La artimaña del empleo de una ganzúa. Noté que revivía de nuevo al Dóvaleh de antes para servirme de él en aquel momento con Liora y dejarlo fluir por mi garganta, aunque con sangre fría más espantosa, porque sabía perfectamente que después de aquello volvería a borrarlo de mi vida.

Ahora ha adoptado un aire paternal, ven conmigo, muchacho, que el coche te está esperando, y al que solo le falta decirme gracias por habernos escogido, muchacho, porque somos muy conscientes de que podías haber escogido cualquiera otra de nuestras bases para quedarte huérfano…

Se queda callado un momento, sonriéndole a un recuerdo lejano, puede que a la imagen de sus padres preparándole el petate. Se da una palmada en el muslo se ríe, ¡se ríe! Con una risa normal, desde dentro, muy distinta de su risa profesional, tan venenosa y falsa. Ahora se ríe como una persona sencilla, lo que provoса que al instante, entre el público, unos cuantos se rían con él, como yo, ¿por qué no?, aunque no sea más que por apoyarlo en uno de los pocos momentos en los que ha tenido piedad de sí mismo.

Dóvaleh tiene que dar tres vueltas enteras al escenario para que le vuelva el alma al cuerpo, y durante el tiempo que tarda en hacerlo me veo repentinamente acometido por un dolor que no parece de este mundo: si por lo menos me hubiera quedado un hijo de ella, pienso por enésima vez, aunque en esta ocasión me duele muchísimo más pensarlo, como si me clavaran algo en un lugar mucho más recóndito de mí; un niño que me recordara a ella en algún detalle, por pequeño que fuera, un hoyuelo de la mejilla, un gesto de la boca. Nada más. Juro que no necesitaría más que eso.

En su vida había ido a un partido, porque le parecía una pérdida de tiempo. ¿Para qué hay que jugar noventa minutos si con veinte basta? ;Por qué no terminar el partido al primer gol? Pero se le había metido en la cabeza que como yo era pequeñito y debilucho, si tenía conocimientos de fútbol, los chicos me respetarían, me protegerían, no me pegarían demasiado. Así funcionaba su mente, siempre movida por algún interés oculto, una mente al acecho, nunca sabías del todo cómo tratarlo ni si estaba contigo o contra ti. Y creo que así me educó también, creyendo que al fin y al cabo todo el mundo hace sus cuentas, porque ese era su mantra en la vida, la esencia que mi padre le dejó en herencia a su hijito.

El libro nuestro de cada martes: Gran Cabaret, de David Grossman. Ed. Lumen

Un libro franco, claro… un disparo a la memoria de la infancia, a los encuentros y los desencuentros del tiempo; a la evolución de la vida y a la educación sentimental. Un libro de contrastes que no se puede pasar por alto. La pluma de Grossman demuestra una vez más su enorme capacidad para lo entrañable, para las pequeñas sagas de todos los días. Muy buena edición de Lumen

Algo más sobre el libro: https://elpais.com/cultura/2015/04/01/babelia/1427905606_012917.html

Una entrevista a David Grossman

El vals del minuto: Porqué amo leer?

Un minuto solamente, un minuto nada más para cantar este vals… cómo dice la enorme Nacha Guevara; un minuto para pensar en el enorme placer de la lectura y el

Lindo con que nos regala

Que ustedes lo disfruten:

Las citas del viernes: A propósito de nada de Woody Allen

Asomarse a la vida de los demás es siempre un acto temerario porque nos muestra lo mejor y lo peor de la naturaleza humana, narrarla es, por su parte, un acto heroico con pinceladas de infamia. Las memorias de Woody Allen no escapan a esta regla; escritas con su humor inefable, ácido y negro, exhiben a un genio en la búsqueda de su obra maestra, al individuo enfrentado a la realidad sobre la que, pese a todo se sobrepone. Me impresiona mirar su humildad frente al éxito y su tortuosidad en lo cotidiano y renueva mi fe en que el humor y los buenos modos siempre, de muchas maneras, nos ayudan a sobrevivir y prosperar. Aquí sus momentos estelares.

A propósito de nada de Woody Allen, Alianza editorial.

Permítanme expresarlo de esta manera: la teoría freudiana de Edipo según la cual inconscientemente todos los hombres queremos matar a nuestros padres y casarnos con nuestras madres choca contra una pared en lo que respecta a mi madre.

Yo siempre veía el ataúd medio lleno. De los mil y un quebrantos que heredó nuestra carne, yo conseguí evitarlos todos salvo el número seiscientos ochenta y dos: carezco del mecanismo de defensa de la negación. Mi madre decía que no podía entenderlo. Siempre aseguraba que yo fui un niño amable, dulce y alegre hasta los cinco años y que luego me convertí en un chavo avinagrado, desagradable, rencoroso y malo.

Me topé con la misma pregunta que sacaba de quicio al expríncipe de Dinamarca: ¿por qué hemos de soportar piedras y flechas cuando puedo mojarme la nariz, introducirla en el enchufe y no tener que volver a enfrentarme nunca más a la ansiedad, a la angustia o al pollo hervido de mi madre? Hamlet decidió no hacerlo porque temía lo que le ocurriría en el más allá después de la muerte, pero yo no creo en eso, de modo que, dada mi opinión totalmente deprimente sobre la condición humana y lo dolorosamente absurda que ésta es, ¿por qué seguir adelante? Finalmente no logré encontrar ninguna razón lógica para explicarlo y llegué a la conclusión de que, sencillamente, los seres humanos estamos programados para resistirnos a la muerte. La sangre es más fuerte que el cerebro. No hay ningún motivo lógico para aferrarse a la vida, pero, a quién le importa lo que dice el cerebro? El corazón dice: Has visto a Lola con su minifalda?

Por fin, se apagaban las luces, se abría el telón y la pantalla plateada se iluminaba con un logotipo que te hacía salivar el corazón, si se me permite mezclar las metáforas, con anticipación pavloviana.

Pronto construiría allí un edificio de apartamentos, en el mismo sitio donde tiempo atrás habían demolido el Rick’s Café.

Entonces la función doble ha terminado y abandono la magia Oscura y reconfortante de la sala de cine y vuelvo a emerger en la Coney Island Avenue, con el sol y el tráfico, y emprendo el regreso al triste apartamento de la Avenida K.

«Siempre está coqueteando con las chicas», le dijo una de esas zánganas estériles a mi madre. Sí, me gustaban las chicas. ¿Qué se supone que me tenía que gustar, las tablas de multiplicar?

Lo que no había comprendido era que Bechet, Armstrong, George Lewis, Johnny Dodds, Jelly Roll Morton y Jimmie Noone eran genios de la música. Tenían un estilo primitivo, pero, dentro de los parámetros del jazz de Nueva Orleans, poseían algo realmente mágico en su interior que manaba de cada nota que tocaban. Yo, que era un zopenco totalmente ingenuo, no comprendía que carecía de ese genio y que, a pesar de todo el entusiasmo y el amor que sentía por esa música, estaba destinado a no ser más que un músico insignificante y mediocre al que se escucharía y se toleraría gracias a su carrera cinematográfica, no por nada que tuviera algún mínimo valor para el jazz.

Pero a quién le importa lo que yo piense: todo es cuestión de gustos. A algunos esas esbeltas modelos de ropa interior pueden parecerles hermosas y sensuales y tal vez a mí no. Sólo que a mí sí me lo parecen y no hay nada que pueda hacer al respecto. Y luego dicen que es cuestión de gustos.

Y cuando hablo de perros también incluyo a los Yorkshire terriers. Ódienme si quieren, pero las mascotas no me gustan. Desde luego que no me agrada que me muerdan y detesto que me llenen de pelos, me laman o me ladren. Siempre pensé que, en la escala evolutiva, todos los animales son humanos fallidos. Tampoco me gusta que los canarios me canten ni que los peces me miren.

Les digo que tuve una buena infancia. No debería ser como soy.

Y, como yo estoy en las artes, envidio a las personas que se consuelan con la convicción de que el mundo que crearon perdurará, que se hablará mucho de él y que, de alguna manera, al igual que ocurre con los católicos y su fe en la vida después de la muerte, el «legado» que dejan como artistas los hará inmortales. La cuestión es que todas las personas que discuten sobre el legado del artista y que comentan lo genial que es su obra están vivas y pidiendo pastrami, mientras que el propio artista está metido en una urna o enterrado en Queens. Toda esa gente que desfila ante la tumba de Shakespeare recitando alabanzas le importa un reverendo comino al bardo, y llegará el día -un día muy lejano, pero va a llegar sin el menor asomo de duda- en que todas las obras de Shakespeare, a pesar de sus brillantes tramas y sus estirados pentámetros yámbicos, así como cada uno de los puntitos de Seurat, se esfumarán con cada átomo del universo. De hecho, el propio universo desaparecerá y no habrá ningún lugar donde puedas colgar el sombrero. Después de todo, no somos más que un accidente de la física. Y un accidente bastante torpe, por cierto. No el producto de un diseño inteligente, sino, en realidad, la obra de un vulgar metepatas.

Me contrataron y luego me dejaron a la deriva, igual que a los otros, pero, como los años de hostigamientos maternos me habían llenado de ambición, supe aprovechar sensatamente el tiempo y el dinero.

Como sea, Harlene y yo hacíamos de todo, así que un día levantamos la mirada y decidimos casarnos. Ēramos unos chavos; no nos quedaba otra cosa que hacer. Habíamos visto todas las películas y obras de teatro, habíamos ido a museos, habíamos jugado minigolf, nos habíamos tomado unos capuchinos en Orsini’s y habíamos pasado un día en Fire Island. ¿Qué quedaba? De modo que nos comprometimos.

Ellos, por sí mismos, no eran capaces de arrancarle una risita a un gordo maníaco drogado con gas de la risa.

Finalmente, me quedé. Compartí el baño y la cama. (Bruno Bettelheim cuenta que, en los campos de concentración, uno se habituaba rápido a unas condiciones espantosas que, sin la amenaza de tortura o muerte, habrían requerido largos años de adaptación con resultados dudosos. Por supuesto que Bettelheim no estaba pensando en compartir una cama con Milt Rosen.)

Era un autor judío de la misma manera en que lo era Mailer, es decir, ambos eran judíos pero eso jamás se traslucía en su obra.

Nos estrechamos la mano, sin firmar ningún papel, y seguimos juntos hasta que él se murió con cien años. Era una de las pocas personas, por no decir la única, entre las que yo conocí, que era un verdadero sabio. No sólo era listo olfato para el talento. La sabiduría es algo distinto, y por mucho que intenté enfrentarme a esa sabiduría con mis racionalizaciones, mis temores, mis prejuicios y mis ideas disparatadas, él siempre logró imponerse lo suficiente como para realizar una contribución gigantesca a mi carrera. Pero, al principio, me peleaba con él.

Cada noche, después de la función, nos íbamos con Jack al Stage Delicatessen para hablar de la actuación, y yo me enteraba de que algunas de mis referencias eran demasiado oscuras, demasiado para enterados, «demasiado agudas, tanto que sólo los perros pueden oírlas», decía Jack.

Gracias a ella, me he familiarizado un poco con Kant, Kierkegaard, Schopenhauer y Hegel, y si bien no podría afirmar realmente que ya podía distinguir mi «en sí» de mi «para sí», sí podía entender que «estar-en-un matrimonio malo» y «Estar-en-un matrimonio malo» no eran dos conceptos muy distintos entre sí, más allá de lo que Heidegger pudiera llegar a opinar.

Y en algún lugar del cielo, ese mismo personaje que había jugado sádicamente con Job se encontró con mi foto en el archivo y se frotó las manos con anticipatorio deleite.

¿Me proporcionó eso alguna clase de satisfacción? En mis labios empezó a dibujarse una sonrisita de superioridad como si yo fuera el profesor Moriarty, aunque segundos más tarde me encontré de golpe otra vez en el mundo real, donde esas pequeñas ironías no bastan para alterar la mezquina indiferencia de la naturaleza.

En aquellos tiempos había un sitio en Chicago que se llamaba Black Angus donde te servían unas costillas cuyo sabor le daba un sentido a la vida que no se podía encontrar ni en la religión, ni en el psicoanálisis o ni en el arte más sublime.

Hay una gran brecha entre fracasar en la letra impresa y fracasar en el escenario. Fracasar en la letra impresa es un asunto privado. Fracasar delante de una audiencia es algo embarazoso y el cómico experimenta la misma sensación desagradable que uno podría tener si lo crucifican.

Cientos de reseñas de todas partes, tan diferentes, tan opuestas entre sí. ¿Y con qué fin? ¿Así puedo leer que soy un genio o un idiota incompetente? Ya sé que soy incompetente y que no nací genio. La obsesión con uno mismo, esa traicionera pérdida de tiempo.

Pero ya llegaré a Manhattan. Primero, mi ingreso en el mundo del drama. Como no quería sacar partido de mis cualidades de payaso, decidí probar suerte con una tragedia, y si bien es posible que no haya logrado cumplir con los requisitos aristotélicos de compasión y temor, sí es cierto que conseguí que el público se compadeciera de mí y que los inversores aprendieran el significado del temor.

El vals del minuto: La memoria de nuestros pueblos

Una brevísima visita a Valle de Santiago me hace revalorizar nuestra memoria frente a la pandemia y el recuerdo de nuestros antepasados. Un cine es el pretexto para la creación y el recuerdo.

En el Estudio de Eduardo Ruiz Healy, una charla con César Benedicto Callejas

Acompáñenos a la charla con Eduardo Ruiz Healy: literatura, sociedad, reflexión amable en este horario:

_*Grupo Formula_*

Sábado 28 de noviembre / 20

Transmisión y Cobertura Programa

_*”En el Estudio de Eduardo ”_*

Con César Callejas

Abogado y Escritor

_*20:00 a 21:00 hrs_*

_*Radio_*

970 AM y

la Cadena Nacional

103.3 FM

_*20:30 a 21:30 hrs_*

_*Telefórmula_*

Canal 354 de Dish,

157 de Sky

121 de IZZI,

85 de Cablecom ,

161 por TotalPlay y

153 de Megacable

En los Estados Unidos

Comcast- por Xfinity Latino

Spectrum – por Latino View.

Las citas de los viernes: La vida ante sí de Émile Ajar (Romain Gary), Plataforma Editorial.

Si no ha visto la película «La vida ante sí» que protagoniza Sophia Loren por Netflix, no lo dude, la diva esta enorme, fantástica y la historia es inolvidable; para su descanso de fin de semana, los momentos estelares del libro que le dio origen, uno de los más hermosos que he leído, una caricia dulce amarga al corazón. Que ustedes lo disfruten.

La vida ante sí, de Émile Ajar. Plataforma editorial


Lo primero que puedo decirles es que vivíamos en un sexto sin ascensor y que para la señora Rosa, con los kilos que llevaba encima y sólo dos piernas, aquello era toda una fuente de vida cotidiana, con todas las penas y sinsabores. AsíÍ nos lo recordaba ella cuando no se quejaba de otra cosa, porque, además, era judía. Tampoco tenía buena salud, y otra cosa que puedo decirles es que era una mujer que merecía un ascensor.


La primera vez que vi a la señora Rosa tendría yo tres años. Antes de esa edad no se tiene memoria y se vive en la ignorancia. Yo dejé de ignorar a la edad de tres o cuatro años y a veces lo echo de menos.


Más adelante hablaré de la señora Lola, que, desde luego, era una persona distinta de las demás, porque también las hay. Por eso la quería yo.


Eso de los niños es muy contagioso. Donde.hay uno en seguida vienen más. 


Banania, que siempre se reía porque había nacido de buen humor.


Son historias de chiquillos que no habían podido abortarse a tiempo y que no eran necesarios.


La señora Rosa ponía como un trapo a Banania, pero él se quedaba tan fresco porque no tenia más que tres años y una sonrisa.


Aquel perro fue una verdadera desgracia para mí. Me puse a quererlo a más no poder. Y los demás también menos Banania, al que tenía sin cuidado pues siempre estaba contento sin más ni más. Nunca he visto un negro contento.con motivo.


No sé lo que hubiera hecho sin él, era verdaderamente urgente y puede que hubiera acabado en chirona, Cuando lo sacaba a la calle me sentía alguien, pues yo era todo lo que él tenía en el mundo. Tanto lo quería que lo di. Tenía unos nueve años y a esa edad ya se piensa, salvo quizá cuando uno es feliz.


En casa de la señora Rosa no había seguridad, todos vivíamos pendientes de un hilo, con la vieja enferma, sin dinero y con la amenaza de la Asistencia Pública. No era vida para un perro.


La señora Rosa me miraba sin contestar y yo estaba muy triste, Nunca me gustó hacer sufrir a la gente porque soy un filósofo. Detrás del doctor Katz, encima de una chimenea, había un barco de vela y, como me sentía muy desgraciado y quería irme lejos, muy lejos de allí y lejos de mí, subí a bordo, me puse a hacerlo volar y crucé océanos con mano firme. Creo que fue entonces, a bordo del velero del doctor Katz, la primera vez que me fui lejos. En realidad, no puedo decir que antes de aquello yo fuera un niño. Y aun ahora, cuando quiero, puedo embarcarme en el velero del doctor Katz y marcharme solo muy lejos, Nunca se lo he dicho a nadie y siempre hago como que sigo aquí.


El señor Hamil parecía muy triste. Era por sus ojos, los ojos es siempre donde la gente más triste está.


El negro del que les hablo, el señor N’Da Amédée, en realidad era analfabeto porque se había hecho alguien demasiado pronto y no había tenido tiempo de ir a la escuela.


El otro guardaespaldas todavía tenía la cara intacta, pero era una lástima. A mí no me gusta la gente que tiene una cara que siempre está cambiando, como si se le escurriera por todas partes, y que no tiene la misma expresión dos veces seguidas. A éstos se les llama hipócritas. Desde luego, sus motivos tendría, pero ¿quién no los tiene?


Me pareció que le pesaba haberme acusado por nada. Pero hay que comprenderla. La vida era lo único que le quedaba. La gente quiere la vida más que a nada y es hasta gracioso cuando piensa uno en todas las cosas bonitas que hay en el mundo.


Me gustaba sentarme en la sala de espera a esperar, y cuando se abría la puerta del despacho y salía el doctor Katz, todo de blanco y me acariciaba el pelo, yo me sentía mejor. La medicina sirve para eso.


No tengo ni idea de lo que podía soñar la señora Rosa, en general. No veo de qué sirve soñar para atrás, y, a su edad, ya no podía soñar para delante.


Yo me cago en la heroína. Los chavales que se inyectan se convierten en adictos a la felicidad y eso no perdona, ya que a la felicidad se la conoce por sus estados de carencia. Para inyectarse hace falta tener ganas de ser feliz y esto sólo puede ocurrírsele a un gilipollas como una casa. 


Y es que a mí la felicidad no me tira. Yo sigo prefiriendo la vida. La felicidad es una inmundicia y una mamarrachada habría que darle un buen escarmiento.


No seré yo quien se arriesgue a entrar en la felicidad antes de haberlo intentado todo para salirme de ella.


Dice el señor Hamil que la humanidad no es más que una coma en el gran libro de la vida y si un viejo dice semejante estupidez no sé qué podría yo añadir. La humanidad no es una coma, porque cuando la señora Rosa me mira con sus ojos de judía no es una coma, sino todo el gran libro de la vida entero, Y yo no tengo ningunas ganas de verlo.


Cuando se es un crío, para ser alguien hay que ser muchos.


Pero no es que me guste matar, sino todo lo contrario. No, lo que a mí me gustaría es ser un tío como Victor Hugo. Dice el señor Hamil que con las palabras se puede hacer cualquier cosa, sin tener que matar a nadie.


Tengo un amigo, el Claudo, que haciendo el idiota así fue a parar debajo de las ruedas y tuvo derecho a tres meses de cuidados en el hospital, mientras que, estando en casa, si hubiera

El libro nuestro de cada martes: Sofía de los presagios de Gioconda Belli

Cisterna de Sol ofrece este libro que invoca lo más profundo de nuestra naturaleza y de nuestra identidad; un viaje a la Latinoamérica profunda, a nuestros orígenes; a las sociedades en que vivimos y crecemos; es al mismo tiempo un encuentro con la condición de la mujer, la maternidad y la liberación. Escrito por la pluma prodigiosa de una de nuestras autoras más memorables, Gioconda Belli.

Gioconda Belli habla sobre otro de sus libros:

Algo más sobre el libro:

https://www.planetadelibros.com.mx/libro-sofia-de-los-presagios/253396

La lista tonta de los jueves: La infancia

Viajemos a ese país de nunca jamás, de maravillas incontables y también de miedos y pesadillas; un mundo en el que nos perdemos o nos salvamos pero del que todos llevamos una caricia en la mejilla y una lágrima en el ojo: La infancia

01


Estrategia

Siempre recuerda que en la jungla hay muchos así. Una vez los superes, estarás en el paraíso.

02


Diseño

¿Has visto los matorrales y cómo los he podado? Es importante podar los matorrales. Es como ir a la peluquería, para mantenerse.

03


Correcto

No los vemos, nunca los veremos. Para tener éxito, debes trabajar duro. Para pasar a la historia, tan solo tienes que crearla.

04


Crece

Observa el atardecer. Rodéate de ángeles, energía positiva, gente amable, almas bonitas, corazón limpio, ángel.

09


Tierra de infancia, Claudia Lars.

https://cafe-irlandes.com/tag/tierra-de-infancia/

10


Miguel Street, V. S. Naipaul.

https://elcultural.com/Miguel-Street

11


Una noche de luna, Caradog Prichard.

https://elcultural.com/Miguel-Street

Imagginación

Meditación Divertida con Maggie

Disappearing Thoughts

clicks and clips

Tablaturas de mis pasos

Unas cuantas palabras y fotos para los lugares que me hacen feliz.

NOUS LES FEMMES

Aller au delà de nos limites à travers le monde. J'en suis capable, pourquoi pas toi? Pourquoi pas nous? Ensemble nous sommes invincibles "Je suis femme and i can".

Rosie Blog

A garden of wild thoughts. Feeling thoughts and dilemmas

Un Loco Anda Suelto

Entra en mi mente...déjame entrar en la tuya...

umaverma12

Inner-peace is necessary to overcome of all the pain.

El Rincón de Suenminoe

En el soñador vida y sueño coinciden

La poesía, eso decían

Como plasmar la idea natural.

Cynthia Briones

Letras en el mar.

Polisemia Revista cultural

En cada edición proponemos una palabra para indagar sus posibles significados desde distintas áreas.

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