Melina Mercouri y la lucha por la devolución de los Mármoles del Partenón

Se puede decir que Melina Mercouri es la creadora de la Acrópolis tal y como hoy la conocemos, una genial reconstrucción histórica basada en un diseño urbanístico y arquitectónico que da paso en un área de cuatro kilómetros uniendo templos y barrios integrando la ciudad y su historia, no era raro verla supervisando personalmente los trabajos, interpelando a los arquitectos y confraternizando con los trabajadores. Fue en una tarde de primavera cuando el sol tornaba de oro los blancos muros del Partenón cuando se dio cuenta que su obra carecía de sentido si no intentaba lo imposible, si no se enfrentaba con la misma pasión con la que había combatido el sometimiento de su pueblo a las fuerzas y las inercias que parecían invencibles e inveteradas al grado de parecer incuestionables; supo que no podría honrar el cargo que había recibido ni afirmar que había intentado recuperar para siempre el resplandor de su pueblo si no se atrevía a soñar con toda la nación un sueño común que demostrara aquella continuidad e identidad milenarias. Al contemplar el derruido templo de Atenea lo imaginó intocado y grandioso, contempló los restos lanzados por las bombas y las explosiones, admiró los vacíos dejados por siglos de saqueo y despojo, le vino a la memoria la imagen de Elgin y sus esclavos griegos desmontando metopas y cariátides y se dio cuenta, al fin, que debía obligar a los británicos a devolver el robo purificado por el tiempo; traer a casa lo que había sido exiliado por el engaño y la corrupción. Si su exilio había terminado también debía terminar el de los decorados y las esculturas que Elgin había robado más de cien años antes. No se hacía ilusiones, había vivido y padecido lo suficiente como para dejarse engañar  por los espejismos de su propio deseo, pero estaba segura de iniciar una lucha que excedía lo que quedaba de vida pero que otros seguirían hasta un día vencer; se había sostenido siempre de duras esperanzas como para no estar segura.

Cuando la Ministra de Cultura le planteó la idea por primera vez a Papandreu, el Premier no pudo asentir de inmediato, una petición de esa naturaleza podría, de manera casi gratuita, enrarecer las relaciones políticas con los ingleses; durante más de un siglo Grecia se había conformado con la situación y no era seguro que el Museo Británico, luego de tanto tiempo, no tuviera algún tipo de derecho sobre las esculturas y sobre todo, si valía la pena aventurarse en una batalla cuyo resultado era fácil de anticipar; Melina estaba preparada para eso y más; después de todo, aunque el entusiasmo original no era el que ella hubiera deseado, tampoco nadie había externado una negativa; como bien sabía, el movimiento despertaría la simpatía internacional, en especial entre los grupos de opinión y los círculos culturales, lo que permitiría atraer las miradas hacia la transformación que Grecia había iniciado; incluso en Inglaterra contaría con aliados y de ningún modo pretendería un enfrentamiento con el gobierno inglés, se trataría de una lucha por la buena voluntad, algo en lo que ella era especialista. No sin reservas Papandreu dio su asentimiento, sabía que de cualquier manera Mercouri dedicaría todas sus fuerzas a ese empeño.

En realidad, no era la primera vez que alguien reclamaba la devolución de los mármoles, desde que las piezas fueron llevadas a Inglaterra hubo quienes pusieron en duda la legitimidad del expolio y en adelante nunca faltaron grupos o individuos que cuestionaban la posesión y en consecuencia, pedían la devolución; cuando Elgin ofreció en venta las piezas y el Parlamento tuvo que aprobar la compra para el Museo Británico, Lord Babington denunció que aquella adquisición era lo más parecido al despojo que había visto en toda su vida; Lord Hammersley secundó la opinión y, fuera del Parlamento, Thomas Hardy publicó un poema en el que los mármoles lloraban sus secuestro y añoraban Atenas, a su lamento se unieron Percy Shelley y John Keats que escribió “Al ver los mármoles Elgin”:

Mi alma es demasiado débil; sobre ella pesa,

como un sueño inconcluso, la espera de la muerte

y cada circunstancia u objeto es una suerte

de decreto divino que anuncia que soy presa

de mi fin, como un águila herida mira al cielo.

Pero es un delicado murmullo este lamento

por no tener conmigo una nube, acaso un viento

que hasta abrir su ojo el alba me dé tibio consuelo.

Estas borrosas glorias que imagina la mente

prestan al corazón un territorio escondido

y un extraño dolor cuyo prodigio silente

mezcla la helénica grandeza con el sonido

del Tiempo ya pasado o de un mar inclemente,

con el solo la sombra de un ser desconocido.

En 1941, Thelma Cazalet, diputada a la Cámara de los Comunes presentó una moción para la devolución de las escultura, el primer ministro Attlee, con la mayor ligereza, decidió ignorarla. Con buen tino político, Melina optó por buscar una campaña de convencimiento en lugar de una batalla diplomática o un enfrentamiento entre gobiernos; aún así, para oficializar la campaña se dirigió a Margaret Tatcher. No puede decirse que a la Dama de Hierro no le simpatizara Melina, por el contrario, le parecía una mujer interesante y una artista excepcional, pero fiel a su política, evadió el golpe e informó a la ministra griega que había un aspecto técnico que no se podía omitir, aunque el gobierno de Su Majestad era dueño del museo británico, era esa institución la propietaria de los Mármoles Elgin, que en el siglo XIX el Parlamento había autorizado la adquisición de las piezas para que se integran al patrimonio del Museo y en ese sentido el gobierno no era propietario de lo que Grecia reclamaba; así, no podía dar una respuesta hasta que no se siguieran los cauces adecuados. La respuesta de gobierno británico no representaba una negativa y significaba el inicio de la batalla y el reconocimiento de la existencia de la reclamación, era mucho más de lo que Grecia había obtenido en siglos, aunque aún fuera sólo el comienzo.

El gobierno de Grecia, a través de Melina, buscó a los grupos que podrían estar interesados y los proveyó de información; Melina viajó por todo el mundo procurando aliados y abriendo foros; desde el Ministerio de Cultura diseñó una estrategia que buscaba, primero, generar comprensión, solidaridad y entendimiento respecto de los intereses griegos y sobre esa base, derruir uno a uno los argumentos británicos, y abordar después el punto desde la perspectiva jurídica y diplomática; aunque no estaba segura de poder llegar hasta ese momento, puso todo su  corazón y abrió un debate universal no sólo sobre la diáspora del patrimonio helénico, sino sobre la posesión de los bienes culturales extraídos de otras naciones.

En 1986, la campaña había dejado de ser un proyecto y Melina había sido invitada a la Oxford Union para exponer los puntos de vista del gobierno griego; hizo mucho más que eso, se propuso describir la permanencia e identidad del pueblo griego y su relación moral y espiritual con las piezas que le habían sido robadas.

Para Melina, del mismo modo en que había encarado su guerra personal contra la dictadura, estableció un nexo de unidad entre las aspiraciones griegas y la universalidad de la cultura, había logrado que los líderes de ambas casas del Parlamento británico reconocieran la necesidad de discutir la reclamación; había logrado, contra cualquier pronostico, que los ciudadanos ingleses se interesaran por el tema, incluso que se formara un Comité Británico para la Restitución de los Mármoles del Partenón; sin duda, para una etapa inicial era más que suficiente y desde luego, era mucho más de lo que Papandreu y el Parlamento Helénico se habían atrevido a pronosticar.

Durante décadas, Melina Mercouri había marcado el canon en la representación del teatro clásico griego y junto con Eirene Papas, había redefinido sus formatos haciéndolo, de nuevo, una manifestación dramática en diálogo con el público, eso había generado en Melina una conciencia muy profunda sobre el valor de las palabras y el poder de los símbolos, así que nunca se refirió a los “Mármoles Elgin” y procuró que en  los debates se extinguiera esa expresión y se hablara sólo de los “Mármoles del Partenón”; la legitimidad de su reclamo debía comenzar con el nombre de lo reclamado, es decir, desde el nombre del conjunto de esculturas debía aceptarse su lugar en el mundo, si existían el David de Miguel Ángel, la Gioconda de Leonardo o el Pescador en el mar de Turner, debía aceptarse que no existía algo así como los Mármoles de Elgin, lo que no había creado ni patrocinado, sino de los que sólo se había apoderado, hacer legítimo aquel nombre equivalía a reconocer la posibilidad de la permanencia de las esculturas en territorio británico.

Una vez identificado el objeto de la batalla, Melina debía dejar clara la procedencia ilegítima que detentaba el Museo Británico sin concesiones de ningún tipo atacando de manera frontal tanto la conducta de Elgin como la legalidad de los títulos y las maniobras a través de las cuales había despojado al pueblo griego; para retratar la personalidad del Conde, Mercouri gustaba de contar cómo fue que el diplomático no pudo llevar consigo a Turner en su viaje a Atenas; contaba que la primera opción para Elgin al momento de elegir un pintor para su séquito, pensó en Turner, como él pareciera interesado el diplomático expuso dos condiciones, que cualquier pintura, dibujo y hasta los bocetos que realizara Turner durante el viaje serían considerados propiedad de Elgin, no del pintor, no de la representación diplomática ni tampoco del gobierno de su Majestad pese a ser quien pagaba todo el costo del viaje del noble y que, en sus ratos libres, diera clases de pintura a su mujer; Turner sólo puso una condición, solicitó un sueldo de £400 al año – si consideramos que al final Elgin logró vender al museo su colección por £35,000  el sueldo de Turner no habría significado más allá del cuatro por ciento de la ganancia – pero como al diplomático le pareció demasiado caro, prefirió no contratarlo y optó por emplear a un pintor italiano de mucha menor fama – y honorarios más baratos que finalmente nunca pagó -, Giovanni Lusieri. Para el Ministerio de Cultura griego ésta era la parte menos difícil; en realidad Mercouri no necesitaba descubrir cómo habían sido sustraíais de modo ilegal las piezas del Partenón, eso estaba demostrado desde que habían llegado a Inglaterra, pero sí podía tanto insistir en la insuficiencia del falso firman como en los actos de corrupción y exceso sobre lo que le habían autorizado al diplomático y a su equipo; dio a conocer, por ejemplo, que Elgin solía pagar £5 por cada vez que lo dejaban ingresar a la Acrópolis sin ningún tipo de vigilancia – de esta manera los griegos demostraban como el desleal diplomático había engañado a griegos, otomanos y británicos, para apoderarse de aquello a lo que, de ninguna manera tenía derecho -. De este modo la diplomacia helénica tendría una oportunidad adicional si por cualquier motivo no pudiera declararse la ilegalidad de la sustracción de los Mármoles del Partenón.

A Melina le preocupaban otros argumentos menos objetivos y mucho más dirigidos al aspecto emocional, ético e histórico de la cuestión; para muchos sectores con los que Melina había tenido contacto, una opinión generalizada era que los griegos habían provocado la situación que los mármoles vivían, que durante siglos no habían intentado recuperarlos, que carecían – hoy como en la época en la que el despojo se había verificado – de los medios suficientes para salvaguardar la integridad de los monumentos y que, en comparación con ingleses o franceses, sufrían de una especie de minoría de edad en cuanto a cultura y desarrollo se trataba; en una palabra, los griegos se lo merecían y era demasiado tarde para remediarlo; ese punto era uno de los enemigos que Mercouri debía vencer, otros cubrirían los aspectos jurídicos y políticos, pero ella se encargaría de no dejar la menor duda en los sentidos ético, moral y cultural.

Tanto en la Oxford Union como en todos los foros donde fue leída y escuchada, Melina expuso cómo, durante siglos, pese a los distintos imperios que los sometieron, los griegos habían impulsado y mantenido no sólo las muestras físicas de su cultura sino su idioma, sus expresiones folclóricas y de alta cultura y que incluso, cuando fue necesario arriesgaron sus propias vidas para defenderlos; más de mil años eran muchos y ahí seguían los monumentos para dar testimonio de la civilización que los había creado; ¿no era acaso verdad que en la culta Inglaterra las piedras del muro de Adriano habían servido en algunos segmentos para construir casas de aldeanos y ello no autorizaba a nadie para desmontar la histórica muralla y llevarla hasta el Mediterráneo de donde era originaria la cultura que la haba hecho posible?; la Ministra solía, al hablar sobre este punto, de cómo los soldados otomanos, en alguna batalla contra los independentistas griegos, al verse extinguido su parque habían comenzado a disparar contra las columnas para producir guijarros que utilizar como balas; los patriotas helenos les enviaron cajas con munición y un mensaje: “aquí tienen balas, no toquen las columnas” y ¿no había sido Byron, uno de los más grandes poetas del imperio  que ahora se negaba a restituir los mármoles, quien había cantado el amor, la devoción y la entrega del pueblo griego por defender las huellas de su pasado? De hecho, resultaba incontrovertible que la primera ley promulgada por la Grecia independiente era un acta para la defensa y protección de sus monumentos nacionales y que prohibía expresamente su salida del territorio griego. Pensar que los griegos no eran capaces o no querían defender su patrimonio no sólo era falso, sino también una afirmación de mala fe.

Aquél era el argumento que más preocupaba a Melina, que se pudiera pensar que que los griegos actuales no merecieran resguardar sus propios tesoros o que no fueran ellos los indicados para hacerlo; sin embargo, la manera en que los tesoros de la antigüedad  griega habían sobrevivido y la identidad de su pueblo eran pruebas que sólo la fuerza podía pasar por alto. Había, es cierto, otros argumentos menores a los que la Ministra prestó menos atención porque se trataba de detalles técnicos que el tiempo y el trabajo del Ministerio se encargarían de resolver; temas como la contaminación del aire en Atenas que dañaría de manera irremediable los mármoles si se devolvían a la Acrópolis; este argumento resultaba en especial curioso cuando los monumentos habían sido resguardados en una de las ciudades más contaminadas del planeta; con la finalidad de preservarlos, Melina – sin saber cómo iba a lograrlo pero segura de que así sería – ofreció la construcción de un museo de sitio con todas las garantías técnicas necesarias para su exhibición y conservación, el museo tardó más de veinte años en construirse, su eje principal es un gran salón donde algún día volverán las piezas sustraídas, uno de sus muros es de cristal desde donde puede contemplarse el Partenón, logrando así un efecto visual de unidad y aunque la conservación y exhibición de los mármoles era uno de los requisitos exigidos por los ingleses para la devolución, aún superado el problema ellos no han devuelto las piezas.

Desde el principio de las reclamaciones Melina se cuidó muy bien de dejar en claro que la petición era extraordinaria y que refería solo a los Mármoles del Partenón; muy pronto las autoridades de Museo Británico adujeron que consentir los deseos de Grecia constituiría un antecedente muy peligroso que podía implicar que los museos de Europa, en buena parte provistos por rapiña y despojo, se vaciaran en un eventual alud de reclamaciones; con independencia de la discusión sobre si los museos imperiales tenían derecho sobre las piezas expoliadas a las culturas que sometieron, Mercouri expresó una y mil veces que la petición se basaba en la recomposición de un monumento mutilado único en el mundo y que además, resultaba representativo de la identidad nacional helénica y no de una solicitud generalizada; visto de esa manera, Mercouri quería dejar claro que su gobierno – y ella misma – lo que buscaban era una reparación histórica para la identidad nacional y cultural griega sacudida con dureza por las intervenciones durante muchos siglos, que la devolución pudiera simbolizar, mucho más allá de la reparación de un daño, la gratitud y el reconocimiento del mundo occidental a su cuna de origen; en Londres, los mármoles sólo eran anécdota y una manifestación de lo más puro y perfecto del arte occidental, pero sólo en Atenas, al lado del lugar para el que fueron creados podían alcanzar su verdadera y completa dimensión, la de un monumento fundacional del sentimiento nacional que había hecho posible el nacimiento de la cultura occidental con todos sus valores.

No hubo éxito, al menos no en el sentido de que las piezas fueran devueltas, sin embargo, hoy su ausencia en Atenas resulta más luminosa que su presencia en Londres, la batalla aún no termina y mantiene vivo el debate sobre la legitimidad de su alojamiento; Melina sabía que se enfrentaba a una misión casi imposible pues la mística de cualquier imperio radica en su sentimiento de superioridad, de impunidad y ella lo había cuestionado y de muchas maneras, lo había derribado; como ella tenía claro, debían ser otros los que culminaran la hazaña.

Cuando su partido perdió las elecciones legislativas, Melina se encontraba ya fatigada por tantos años de lucha, seguía de pie aunque el cáncer pulmonar había minado sus fuerzas y ella peleaba su nueva guerra peregrinando en hospitales de Grecia y de Estados Unidos, martirizada por las operaciones volvía a casa sonriendo y con el cigarrillo entre los dedos.

En 1993 volvió a su Ministerio cuando su partido ganó de nuevo las elecciones, pero era ya demasiado tarde; terca y obstinada se negó a dejar el tabaco tanto por la magnitud de su adicción como porque para ella representaba su nexo con los placeres de la vida a los que había dedicado toda su existencia.

Melina Mercouri murió lejos de Itaca. Falleció en un hospital de Nueva York en marzo de 1994. Cuando salió de casa por última vez camino de su encuentro con la muerte, dijo a los periodistas, “no quiero que me lloren, pero si muero escriban que tenía miedo porque nadie lo creerá”. Y Melina volvió; como Ulises, regresó a casa y se le rindieron honores de héroe; la sepultaron en su amada Atenas y su pueblo, enamorado y agradecido, cubrió su tumba con cientos de cajetillas de sus cigarrillos favoritos; ya se sabe, su  pueblo siempre supo comprenderla.

El arte de conversar, de Oscar Wilde. Para disfrutar de nuestro fraseario

Ofrecemos el fraseario de un libro de excepción: El arte de Conversar de Oscar Wilde, traducido por Roberto Frías y editado en Barcelona por Ediciones Atalanta.

Sin gazmoñerías, reflexiones con una guía sutil y magnífica para adentrarse en los meandros de la naturaleza humana.

 

El debe ser muy respetable. Uno jamás ha oído su nombre antes, a lo largo de toda su vida, y eso, actualmente, enaltece a un hombre. Una mujer sin importancia 

CECILY: Un hombre del que se habla mucho es atractivo siempre. Después de todo, uno intuye que algo tendrá.  La importancia de llamarse Ernesto

SEÑORA ALLONBY: El hombre ideal […] debe decir siempre más de lo que quiere y querer siempre más de lo que dice. Una mujer sin importancia

SEÑORA ALLONBY: El hombre ideal […] nunca debería criticar a otras mujeres hermosas; eso mostraría su falta de buen gusto o haría sospechar que tiene demasiado. Una mujer sin importancia 

[…] un caballero natural, el peor tipo de caballero que conozco. El abanico de Lady Windermere

Llorar es el refugio de las mujeres sin gracia y la ruina de las bonitas. El abanico de Lady Windermere

Se necesita una mujer completamente buena para hacer algo completamente estúpido. El abanico de Lady Windermere

No creo que exista una sola mujer en el mundo que no se sienta halagada si uno le hace el amor. Es eso lo que hace a las mujeres irresistiblemente adorables. Una mujer sin importancia

Treinta y cinco años es una edad muy atractiva. La sociedad londinense está repleta de mujeres de la más alta cuna que, durante años y por propia voluntad, se han quedado en los treinta y cinco. La importancia de llamarse Ernesto.

No me importa que las mujeres simples sean puritanas. Es la única excusa que tienen para ser simples. Una mujer sin importancia.

Las mujeres nos aman por nuestros defectos. Si tenemos suficientes nos lo perdonarán todo, incluso un gran intelecto. Una mujer sin importancia

Las chicas estadounidenses son tan ingeniosas al ocultar a sus padres como las inglesas al ocultar su pasado. El retrato de Dorian Gray.

Ella fue hecha para ser la esposa de un embajador. Ciertamente, posee la inusitada facultad de recordar los nombres de las personas y olvidar sus rostros. Una mujer sin importancia

Estoy harto de las mujeres que me quieren. Las que me odian son mucho más interesantes. El retrato de Dorian Gray.

La única manera de comportarse con una mujer es haciéndole el amor, si es bonita, y si es fea, haciéndoselo a alguien más. La importancia de llamarse Ernesto.

Ser adorado es una molestia. Las mujeres nos tratan como la humanidad trata a sus dioses. Nos alaban y siempre nos piden que hagamos algo por ellas. El retrato de Dorian Gray.

Una mujer sólo puede reformar a un hombre aburriéndolo tanto que éste pierda todo posible interés en la vida. El retrato de Dorian Gray

Si una mujer no puede hacer que sus equivocaciones parezcan encantadoras, es sólo una hembra. El crimen de Lord Arthur Savile.

Sólo las mujeres muy feas o muy hermosas ocultan alguna vez su rostro. La duquesa de Padua

Hay sólo una verdadera tragedia en la vida de una mujer. El hecho de que su pasado es siempre su amante, y su futuro, invariablemente su esposo. Un marido ideal.

Prefiero a la mujeres con pasado; es muy divertido hablar con ellas. El abanico de Lady Windermere.

Uno siempre puede ser amable con la gente que no le importa. El retrato de Dorian Gray

Es absurdo dividir a la gente en buena y mala. La gente es encantadora o tediosa. El abanico de Lady Windermere

La gente de hoy se comporta con perfecta monstruosidad: habla mal de uno y a sus espaldas, diciendo cosas que son completa y absolutamente ciertas. Una mujer sin importancia

Estoy seguro de que no conozco a la mitad de la gente que visita mi casa, y ciertamente, por lo que me han dicho, no debería intentarlo. Un marido ideal

Me agradan los hombres con futuro y las mujeres con pasado. El retrato de Dorian Gray.

Ya no apruebo ni desapruebo nada. Eso es adoptar una actitud absurda ante la vida: no hemos venido a este mundo a pavonearnos de nuestros prejuicios. Nunca advierto lo que la gente común dice y nunca interfiero en las acciones de la gente encantadora. El retrato de Dorian Gray

Todo arte es inmoral. La emoción por la emoción es la meta del arte. Y la emoción por la acción es la meta de la vida. El crítico como artista

Podemos perdonar a un hombre por elaborar una cosa útil , siempre y cuando no la admire. La única excusa para crear algo inútil es que se lo admire intensamente. Todo arte es bastante inútil. El retrato de Dorian Gray 

Ningún artista tiene simpatías éticas. En un artista, una simpatía ética sería un imperdonable manierismo de estilo. El retrato de Doran Gray

Los únicos retratos creíbles son aquellos en los que queda muy poco del modelo y mucho del artista. La decadencia de la mentira.

La gran superioridad de Francia sobre Inglaterra se debe a que en Francia todo burgués quiere ser un artista, mientras que en Inglaterra todo artista quiere ser un burgués. (En conversación).

Mentir, decir cosas hermosas y falsas, ése es el verdadero objetivo del arte. La decadencia de la mentira

Es posible que un toque de naturaleza hermane al mundo entero, pero dos toques de naturaleza destruirían cualquier obra de arte. La decadencia de la mentira.

El arte es nuestra vigorosa protesta, nuestro heroico intento de enseñarle su sitio a la Naturaleza. La decadencia de la mentira.

Desvelar el arte y ocultar al artista, ésos son los objetivos del arte. El retrato de Dorian Gray

El secreto de la vida es no tener nunca una emoción poco elegante. Una mujer sin importancia.

El «Libro de la Vida» comienza con un hombre y una mujer en un jardín y termina en Apocalipsis. Una mujer sin importancia

La vida es sencillamente un mauvais quart d´heure, hecho de exquisitos momentos. Una mujer sin importancia

La vida jamás es justa … Y quizá eso es algo bueno para la mayoría de nosotros. Un marido ideal 

Uno puede tolerar las desgracias; vienen del exterior y son accidentes. Pero sufrir por los propios errores… ¡Ah, ahí está la gracia de la vida! El ábanico de Lady Windermere

La vida en la ciudad nutre y perfecciona los elementos más civilizados del hombre; Shakespeare no escribió más que pasquines chabacanos antes de venir a Londres, y no escribió una sola línea después de irse. (En conversación) 

Vivimos en una época que lee demasiado para ser sabia y que piensa demasiado para ser bella. El retrato de Dorian Gray.

Cuando los dioses quieren castigarnos responden a nuestras plegarias.  Un marido ideal. 

La ética, como la selección natural, hace posible la existencia. La estética, como la selección sexual, hace la vida más amable y maravillosa, la llena de nuevas formas, le aporta progreso, variedad y cambio. El crítico como artista.

[…] aunque lo intentamos, no podemos alcanzar la realidad que subyace a las cosas. Quizá la terrible razón de ello es que no hay más realidad en las cosas que su apariencia. (En conversación) 

El mundo es el escenario, pero la obra tiene un pésimo reparto.  El crimen de Lord Arthur Savile

Escribí cuando no conocía la vida. Ahora que entiendo su significado, ya no tengo que escribir. La vida no puede escribirse; sólo puede vivirse. (En conversación)

[…]  el mundo no me escuchará ahora. Es extraño lamentarse (antes no lo hubiera creído posible) de que uno haya tenido tanto tiempo libre: un ocio que me parecía tan necesario cuando yo mismo era un creador de hermosos objetos.

(En conversación)

El señor Zola está decidido a demostrar que si no tiene genio por lo menos puede ser insulso.  La decadencia de la mentira

Entre Hugo y Shakespeare se agotaron todos los temas. La originalidad es imposible, incluso al pecar. Así que ya no que dan verdaderas emociones, sólo adjetivos extraordinarios. (En conversación)

Matthew Arnold era un buen poeta, pero estaba muy equivocado; siempre intentaba alcanzar lo más difícil: conocerse a sí mismo. Y a veces por eso, a mitad de sus más hermosos poemas, dejaba de ser el poeta y se convertía en el inspector escolar. (En conversación)

Balzac: era una combinación extraordinaria de temperamento artístico y espíritu científico. El estudio formal de Balzac reduce a nuestros amigos vivos a sombras y a nuestros conocidos a sombras de las tinieblas. La decadencia de la mentira

Llamar a un artista morboso sólo porque su objeto de trabajo es la morbosidad es tan tonto como llamar a Shakespeare demente sólo porque escribió El rey Lear. El alma del hombre bajo el socialismo.

Hay dos maneras de despreciar la poesía: una es despreciándola y la otra es leyendo a Pope. (En conversación)

Si uno no puede disfrutar un libro una y otra vez, no tiene sentido leerlo. La decadencia de la mentira

Los libros que el mundo llama inmorales son los libros que muestran al mundo su propia vergüenza. El retrato de Dorian Gray

Sobre Charles Dickens: Hay que tener un corazón de piedra para leer la muerte de la pequeña Nell y no reírse. (En conversación)

Para conocer la cosecha y la calidad de un vino no es necesario beberse toda la botella. Media hora debe ser suficiente para decidir si un libro vale la pena o no. Diez minutos deberían bastar si uno posee el instinto para la forma. ¿Quién quiere vadear todo un libro insulso? Con probarlo basta.  El crítico como artista

Cuando el público dice que una obra es groseramente incomprensible quiere decir que el artista ha dicho o hecho algo hermoso que es nuevo. Cuando describe un trabajo como groseramente inmoral quiere decir que el artista ha dicho o hecho algo hermoso que es verdadero. El alma del hombre bajo el socialismo.

La literatura siempre se anticipa a la vida; no la copia, sino que la modela a su antojo. El siglo diecinueve, tal y como lo conocemos, es en gran medida una invención de Balzac. La decadencia de la mentira

Después de tocar a Chopin me siento como si hubiese llorado pecados que nunca cometí, como si me hubiese dolido de tragedias que no eran mías. Siempre me parece que la música produce ese efecto: crea un pasado que ignorábamos y nos llena con la sensación de pesares que se han escondido de nuestras lágrimas. El critico como artista 

El único encanto del matrimonio es que vuelve completamente necesaria una vida de engaños para ambas partes. El retrato de Dorian Gray

¿Cómo puede una mujer ser feliz con un hombre que insiste en tratarla como si fuera un ser absolutamente natural? Una mujer sin importancia.

Su capacidad para el afecto familiar es extraordinaria; al morir su tercer marido, el cabello se le puso rubio por la pena. El retrato de Dorian Gray 

DUQUESA DE BERWICK: De hecho, nuestros maridos se olvidarían de que existimos sino le fastidiáramos de vez en cuando sólo para recordarles que tenemos el derecho totalmente legal de hacerlo. El abanico de Lady Windermere

El amor puede canonizar a la gente, los santos son aquellos a quienes más se ha amado. (Carta a Robert Ross, 28 de mayo de 1897)

Siempre hay algo ridículo en las emociones de la gente a la que dejamos de amar. El retrato de Dorian Gray

Los hombres quieren ser siempre el primer amor de una mujer. Ahi está su torpe vanidad. Las mujeres tienen un instinto más sutil para las cosas: prefieren ser el último romance de un hombre. Una mujer sin importancia.

¡Los misioneros, querido! ¿No te das cuenta de que los misioneros son la comida que la divina providencia envía a los indigentes y desnutridos caníbales? Cuando están a punto de morir de inanición, el Cielo, en su infinita misericordia les envía un buen misionero carnoso.  (En conversación)

Ser natural es la pose más difícil de mantener. Un marido ideal 

Toda la mala poesía surge de un sentimiento genuino.  Ser natural es ser obvio, y ser obvio es ser inartístico.  El crítico como artista

Todos deberíamos llevar el diario de otro. (En conversación)

Apuñalaría a su mejor amigo con tal de escribir un epigrama en su lápida. Vera o los nihilistas.

EI primer deber en la vida es ser lo más artificial posible. No se ha descubierto el segundo deber.  Frases y filosofías para el uso de los jóvenes

Hay que ser siempre un poco inverosímil.  Frases y filosofías para el uso de los jóvenes

Nunca hay que debutar con un escándalo; eso se reserva para amenizar la vejez. El retrato de Dorian Gray 

Los ingleses poseen el milagroso poder de transformar el vino en agua. (En conversación) 

No creo que viva para ver el nuevo siglo: si comienza otro siglo y yo sigo vivo, será realmente más de lo que los ingleses pueden soportar. (En conversación) 

Actualmente lo tenemos todo en común con Estados Unidos, a excepción, por supuesto, del idioma. El fantasma de Canterville

Es una superstición popular que al visitante de los más lejanos rincones de Estados Unidos se le llama extranjero, pero cuando fui a Texas me llamaron capitán, al llegar al centro del país me decían coronel, y al acercarme a la frontera con México, general(En conversación; Estados Unidos) 

Quizá después de todo América nunca haya sido descubierta. Yo diría que sólo ha sido detectada. El retrato de Dorian Gray

Sobre las chicas estadounidenses: Hermosas y encantadoras: pequeños oasis de hermosa irracionalidad en un vasto desierto de práctico sentido común. (En conversación)

Al salir de su patria, algunas mujeres norteamericanas adoptan una apariencia de enfermedad crónica: creen que es una especie de refinamiento europeo. Una mujer sin importancia

No hay parafernalia ni pompa ni maravillosas ceremonias. Solo vi dos procesiones: en una iban los bomberos precedidos por la policía y en la otra iba la policía precedida por los bomberos. (En conversación; Estados Unidos)

El patriotismo es la virtud del vicioso. (En conversación) 

Hay que ser una obra de arte o llevar puesta una. Frases y filosofías para el uso de los jóvenes

No tiene nada, pero lo parece todo: ¿qué más se puede pedir? La importancia de llamarse Ernesto

Llevaba demasiado rouge y casi nada de ropa. En una mujer, eso suele ser un síntoma de desesperación. Un marido ideal

En cuestiones de suma importancia lo crucial es el estilo y no la sinceridad. La importancia de llamarse Ernesto 

Quizá haya dicho lo mismo antes, pero mi explicación será siempre diferente. (En conversación) 

El asesinato es siempre un error… Uno nunca debe hacer algo que no se pueda contar después de la cena. El retrato de Dorian Gray

Me gusta cuando sólo hablo yo; ahorra tiempo y evita las discusiones. El cohete excepcional

La mente de un hombre muy bien informado es algo terrible. Es como una tienda de baratijas, repleta de polvo y monstruos, donde todo cuesta más de lo que vale. El retrato de Dorian Gray

Un cigarrillo es el ejemplo perfecto del placer perfecto: es exquisito y lo deja a uno insatisfecho. El retrato de Dorian Gray

El alma nace vieja y se vuelve joven; ésa es la comedia de la vida. Y el cuerpo nace joven y se vuelve viejo; ésa es su tragedia. Una mujer sin importancia 

Hay muchas cosas que podríamos desechar si no temiéramos que otros las recogieran.  El retrato de Dorian Gray

Los parientes son sencillamente un tedioso grupo de personas que no tienen la menor idea de cómo vivir ni el más mínimo instinto de cuándo morir. La importancia de llamarse Ernesto

Después de una buena cena se puede perdonar a cualquiera, incluso a los amigos. Una mujer sin importancia 

En Inglaterra, a las personas de clase baja les pasa algo extraordinario: siempre están perdiendo parientes. Son muy afortunados en ese aspecto. Un marido ideal

El secreto de permanecer joven es una desmesurada pasión por el placer. El crimen de Lord Arthur Savile

Mi deber como caballero no ha ínterferido nunca, ni en lo más mínimo, con mis placeres.  La importancia de llamarse Ernesto

Ningún hombre civilizado se arrepiente de un placer, y ningún hombre incivilizado llega a conocerlo. El retrato de Dorian Gray

A veces se elogia a los pobres por ser ahorrativos, pero recomendar a los pobres el ahorro es grotesco e insultante. Es como aconsejara un hombre hambriento que coma menos. El alma del hombre bajo el socialismo

En cuanto a los virtuosos pobres, se les puede compadecer, pero no es posible admirarles. El alma del hombre bajo el socialismo 

La risa no es un mal comienzo para una amistad y es, con mucho, su mejor final.  El retrato de Dorian Gray 

Cuando conocemos a alguien por medio de un elogio es seguro que aflorará una amistad de verdad: todo ha comenzado de la manera correcta.  Un marido ideal

Cualquiera puede simpatizar con los sufrimientos de un amigo, pero se requiere de una naturaleza muy superior para simpatizar con el éxito de un amigo.  El alma del hombre bajo el socialismo 

Me atrevería a decir que si le hubiera conocido no sería su amigo en absoluto. Conocer a nuestros amigos es algo muy peligroso. El cohete excepcional 

Elijo a mis amigos por su buen aspecto, a mis conocidos por su buen carácter y a mis enemigos por su buen intelecto. No tengo ninguno que sea un tonto; todos son hombres de cierta. capacidad intelectual y, por consiguiente, todos me aprecian. El retrato de Dorian Gray

La moralidad es tan sólo la actitud que adoptamos hacia la gente que personalmente nos desagrada. Un marido ideal

Cuando uno lee la historia se siente absolutamente enfermo; no por los crímenes que los malvados han cometido, sino por los castigos que los buenos han impuesto. Se brutaliza infinitamente más a una comunidad mediante el empleo habitual del castigo que por el ocasional acontecer del crimen. (En conversación)

¿Quiere saber cuál es la tragedia de mi vida? Que he puesto mi genio en la vida y sólo el talento en mis obras.  (En conversacion)

La belleza es una forma del genio, aunque en realidad es más alta, pues no requiere explicación; El retrato de Dorian Gray

Una idea que no es peligrosa, no es digna de ser llamada idea. El crítico como artista

Sólo alguien superficial necesita años para despojarse de una emoción. Un hombre que es dueño de si mismo pone fin a una pena con la misma facilidad con que inventa un placer. El retrato de Dorian Gray

Un sentimental es sencillamente alguien que desea tener el lujo de una emoción sin pagar por ella.  (En conversación)

Experiencia es el nombre que todos dan a sus errores. El abanico de Lady Windermere

Los únicos escritores que han influido en mí son Keats, Flaubert y Walter Pater. Y antes de encontrarme con ellos ya había recorrido más de la mitad del camino con tal de conocerles. (En conversación)

Qué triste: la mitad del mundo no cree en Dios y la otra mitad no cree en mi. (En conversación)

Imagginación

Meditación Divertida con Maggie

Disappearing Thoughts

clicks and clips

Tablaturas de mis pasos

Unas cuantas palabras y fotos para los lugares que me hacen feliz.

NOUS LES FEMMES

Aller au delà de nos limites à travers le monde. J'en suis capable, pourquoi pas toi? Pourquoi pas nous? Ensemble nous sommes invincibles "Je suis femme and i can".

Rosie Blog

A garden of wild thoughts. Feeling thoughts and dilemmas

Un Loco Anda Suelto

Entra en mi mente...déjame entrar en la tuya...

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Inner-peace is necessary to overcome of all the pain.

El Rincón de Suenminoe

En el soñador vida y sueño coinciden

La poesía, eso decían

Como plasmar la idea natural.

Cynthia Briones

Letras en el mar.

Polisemia Revista cultural

En cada edición proponemos una palabra para indagar sus posibles significados desde distintas áreas.

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Alojamientos rurales en Avila y Provincia. Tlf.920206204/ 685886664

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