Curso-Taller: El arte de viajar a través de la lectura. Abril 8 – Junio 10. Jueves: 22:00 – 23:00 hrs

Acompáñenos en un viaje literario visitando: Buenos Aires, Ciudad de México, La Habana, Nueva York, Madrid, Londres, París, Moscú y Tokio. Cada una en distintas épocas y estilos; con su encanto, historia y alrededores. Una ciudad una sesión.

Abril 8 a junio 10, 2021

Diez sesiones vía Zoom. Todos los jueves de 22:00 a 23:00 (Tiempo de la Ciudad de México)

Cada semana recibe material exclusivo y la grabación de la sesión para no perder ningún momento del diálogo.

Publicación en el Blog Cisterna de Sol del material trabajado.

Guías para conformar una visión de viajero, los grandes libros escritos sobre las ciudades visitadas, sus autores y sus mejores momentos históricos.

Repertorios bibliográficos para crear un ambiente evocador y una experiencia abierta al gusto y el placer de la lectura.

Costo: $1,200.00 mn

Inscripciones: Deja un mensaje en este Blog, en el WhatsApp del blog: 5530488751 o en el correo cesarbc70@yahoo.com

El libro nuestro de cada martes: Pleamares de la vida de Agatha Christie

Agatha Christie seguirá siendo, para siempre, la reina del misterio y de la novela policíaca; no sólo por haber fijado los márgenes del canon, sino por su inusitada conjunción de ingenio, buen gusto y excelente factura.

En esta entrega Christie además se vuelve cronista de su tiempo, publicada al final de la Segunda guerra Mundial, narra los últimos bombardeos en Londres y sus efectos dentro de la sociedad londinense. Si bien hay libros que gustan más de ella o son más conocidos, este es sin duda uno de los más logrados. Algo más sobre el libro: http://agathachristie1.blogspot.com/2008/09/pleamares-de-la-vida.html

Una versión de la TV británica

El libro nuestro de cada martes: La raíz rota de Arturo Barea

Durante muchos años he tenido a «La forja de un rebelde» como uno de las mejores novelas escritas en español durante el siglo XX; así lo creo. La leí hace muchos años, no era fácil de encontrar ya ahora que, desde hace algún tiempo, hemos asistido a cierto renacimiento de la obra de Barea, me encuentro con «La raíz rota», casi una continuación de la Forja; una visión del exiliado que regresa en la década de 1950, después de años en Londres, al encuentro con el Madrid de los años más negros y voraces de la dictadura.

Desde luego que hay muchos elementos autobiográficos, pero se trata de una reconstrucción desde el dolor y la desesperanza, de la pérdida y de la consciencia. Se trata de una continuación pero no narrativa, sino histórica. Un pensar en lo que pudo ser y no fue y en la manera en que las dos españas iban a partirse el alma recorriendo las rutas de la historia hacia el reencuentro.

Nada se extraña de la pluma de Barea, la tersura de sus personajes, la realidad de su espíritu humano; todo está ahí y para nosotros, que la leemos tantas décadas después, lo que sabemos, que siempre hubo esperanza por recuperar la luz.

Algo más sobre la novela:

https://elpais.com/diario/2009/09/19/babelia/1253319140_850215.html

Y ahora que todos andamos viendo que hacer en cuarentena, RTVE ofrece esta liga para ver sin costo la serie completa de «La forja de un rebelde», una excelente producción:

https://www.rtve.es/television/forja-rebelde/

 

El libro nuestro de cada martes: Escritora en la sombra de Jenny Erdal

Hay libros que nos tocan muy profundamente, más allá de los estándares estéticos o puramente literarios, algunos – con buena prosa y estilo – tocan aspectos de la existencia o de la vida cotidiana que nos impresionan, nos conmueven o nos hacen reflexionar sobre la manera en que hemos vivido o vemos el mundo.

Jenny Erdal vivió de escribir ajeno, digamos, de gosthwriter dicen los anglos o negro decimos los latinos; una relación con un jefe peculiar, pero una relación al fin y al cabo en los que ambos resaltaban beneficiados; sin embargo, en el tema de escribir para otros hay muchas aristas y muchas distancias. Ella las aborda desde su punto de vista y las exhibe en una catarsis que se lee como una buena novela.

Cuando a Charles de Gaulle le preguntaron quién era su escritor favorito, con enorme sorna dijo mon négre, mi negro: el anónimo autor que escribía los textos y discursos que luego el general firmaba; una broma tal vez, porque se dice que en sus mocedades escribió todo lo publicado en la época por Petain.

Extraño aunque común oficio, antiguo como la compleja relación entre el poder, la cultura y desde luego, la necesidad. Al escritor fantasma recurrieron algunos como Churchill, Washington o Franklin; se dice, porque el mundo de los fantasmas lo es siempre de sombras y suposiciones. El anónimo amo de la pluma no saldrá nunca de la oscuridad, no por su propio pie, a menos que una fuerza muy poderosa lo empuje.

En 2004 Jennie Endal rompió ese pacto de silencio; publicó Escritora en la sombra, peculiar libro de memorias, que se lee como una buena y sencilla novela, donde reveló cómo durante 20 años escribió novelas, reportajes, entrevistas y hasta cartas de amor, bajo la firma de Naim Attallah, quien entonces fuera un próspero editor y autor de buena fortuna. Presionada por una relación profesional sofocante, bajo el peso de un éxito del que no le correspondía ningún laurel, se reveló con el único elemento que tenía —literalmente— a la mano: la pluma.

Attallah respondió tres años después con un amargo libro de memorias, todavía no traducido al español, Fulfilment and Betrayal, pero el enorme daño a su prestigio y aún a su patrimonio, ya estaba hecho.

Independientemente de los juicios morales, siempre a destiempo y siempre parciales; esta penosa situación nos lleva a preguntarnos ¿quién es el escritor?, ¿el que en efecto escribe o el que publica?, ¿cuál es la ecuación válida, la del talento y el trabajo o la del nombre y la fama? Y en tal sentido ¿a quién corresponde la gloria?

Nadie crea para otro sólo por gusto, en la práctica del oficio de servir al ego de los demás siempre hay una amarga sombra, pero también una enorme esperanza: la del que confía en que algún día le llegará su turno de ser tocado por la diosa fortuna y desde luego, también un gigantesco y solitario placer, el de crear y ver plasmado aquello que de otra manera, tal vez nunca habría pasado por las imprentas.

En todo el mundo publican dos tipos de autores, los que sirven a los libros y los que se sirven de ellos; para los primeros escribir es un duelo a muerte entre la vocación y la necesidad, para los segundos un traje a la medida y un catalizador de carreras mejor remuneradas. La necesidad y la vocación por un lado, y la perversidad del juego entre el poder y el nombre por el otro, no siempre es revelada, pero siempre resuelta patética en ambos extremos.

Algún día escribiré una ficción que me traigo entre manos desde hace mucho, la historia de la rebelión de los negros, de los fantasmas literarios que una vez decididos a liberarse, pusieran en la pluma y en la voz de sus amos, los más soberbios disparates, las historias más inverosímiles y las promesas más absurdas; que dieran a conocer así, no sólo una ridícula realidad de emperador desnudo, sino crearán tal caos que ni el talento de sus maquinadores fuera capaz de detener.

Cuando uno encuentra historias como la de Erdal y Attallah, sucede lo mismo que cuando a uno lo asaltan en la calle, después de eso pasa mucho tiempo antes de que uno deje de ver en todos los rostros una cara de malo.

Aún así me pregunto si, habiendo ella cobrado los salarios, habiendo tenido todo lo que tuvo a cambio de sus servicios tenía derecho a revelar el trabajo que había realizado teniendo consciencia de lo que sucedería. Algo para pensar.

Algo más sobre el libro

http://www.albaeditorial.es/php/sl.php?shop.showprod&nt=7455&ref=97884%2D84288596&fldr=441#.WrFzlGbcfOQ

Algo más sobre los hechos:

https://www.theguardian.com/books/2004/oct/23/featuresreviews.guardianreview34

 

De cómo el Partenón perdió sus esculturas

El siglo XVIII el de las luces, comenzaba a apagar sus bujías, nuevas maneras de pensar se enseñoreaban por el mundo y donde Francia había querido instalar a Europa como corazón del mundo por la razón, la ciencia y el arte, Inglaterra propuso el tiempo de los nuevos imperios a través de la conquista de los mercados y la explotación colonial; en ese empeño nació una especie peculiar, el coleccionista con ínfulas intelectuales pero motivaciones económicas, hay una mutación interesante entre Vivant Denon -el ojo de Napoleón – y Thomas Bruce – Séptimo Conde de Elgin -. Ambos tomaron como piezas de caza lo mejor de las culturas que sus amos conquistaron; Denon acompañó a los ejércitos imperiales como un soldado armado de plumas y papel, sus presas iban directo a embellecer París y a enriquecer el Louvre; Elgin tomó cuanto pudo para engrosar su fortuna y sólo una operación comercial permitió que las esculturas del Partenón fueran a parar al Museo Británico, algo que su gobierno no planeó y que careció de interés para el peculiar diplomático hasta que los reveses económicos se conjugaron con la oportunidad.

Thomas Bruce tenía treinta y tes años cuando el rey Jorge III lo nombró embajador ante el Imperio Otomano; Byron tenía entonces once años y Grecia llevaba cuatrocientos años bajo el dominio de la Sublime Puerta. Elgin, aunque gozaba de validos ante del rey de Inglaterra, con dificultad diríamos que también disfrutaba de la confianza del monarca y aunque el imperio Otomano era una fuerza política considerable, los británicos tenían puestos sus ojos en el incómodo Bonaparte por lo que la embajada en Estambul no formaba parte de la agenda principal del Rey Jorge; así, quien presentó sus respetos ante Selim III que gobernaba el Islam desde Irak hasta el norte de África, desde el sur del Danubio hasta el archipiélago griego y la Anatolia entera, distaba mucho de hombres como Cottington, Crowe, Parish o Johnston; pero era hábil y logró hacerse con la gratitud o que otros habían labrado en favor de Inglaterra.

Napoleón había invadido Egipto un año antes, venciendo a los mamelucos – vasallos del Sultán – en la batalla de las Pirámides, aquella en la que acuñó la célebre frase “desde lo alto de estas pirámides cuarenta siglos nos contemplan” y aunque venció no fueron los oficios del embajador los que lo retuvieron largo tiempo en las riberas del Nilo, sino el poder de Nelson; en cambio Elgin cosechaba los éxitos de su compatriota en la Sublime Puerta; querido y mimado por la familia del Sultán, lo veían como el representante de un gobierno para el que había buenas razones de guardar gratitud.

Desde cien años antes, viajeros, aventureros, intelectuales, diplomáticos y militares habían sentido la llamada romántica sobre la belleza clásica y habían llevado a diversos países de Europa las presas de un largo expolio sin control ninguno; así que Elgin se dedicó – con un séquito de artistas con magníficas credenciales – a recorrer Grecia para constituir una formidable colección particular; su itinerario comenzó en donde suponía debía estar Troya, aunque el emplazamiento supuesto por Elgin, distaba mucho del lugar que unas décadas después descubriría Schliemann; ahí, como hipotética prueba, el embajador encontró dos relieves en mármol que antes un francés, Choiseul Gouffier no había logrado adquirir, lo que resultó suficiente para que el pueblo los obsequiara al inglés. Entusiasmado por la facilidad de su éxito extendió una fina red de adulación y sobornos hasta que obtuvo un firman del Sultán – una especie de decreto imperial inapelable – con la finalidad de que se le permitiera el ingreso a la Acrópolis de Atenas y a otros monumentos; hoy, ese decreto está perdido aunque sabemos que fue ignorado, en el más olímpico de los sentidos, pues la ciudad se preparaba para un nuevo asedio francés que nunca tuvo lugar; parece que Elgin estuvo a punto de rendirse pero que la ambición de su mujer y de sus suegros – curioso aliciente que hizo de Maximiliano emperador de México – lo llevaron a insistir ante la corte de Estambul para obtener, mediante las artes que la experiencia ya había consagrado, un nuevo firman que le permitiera ya no hacer moldes de las esculturas sino llevarlas fuera del Imperio. En realidad el ansiado decreto nunca llegó, pero una nueva andanada de regalos y sobornos le permitieron hacer pasar como un firman del Sultán lo que en era una simple carta de recomendación firmada por un alto funcionario del imperio pero no por el soberano; el documento había sido otorgado por Maimmakam Seyid Abdullah Pasha, ministro del Gran Visir; el firman era un documento en el que se combinaban elementos jurídicos, políticos y religiosos, en ese sentido debía comenzar por las invocaciones necesarias a Dios y estar sellado y firmado por el Sultán en persona; todos esos elementos faltan en el documento con el que Elgin legitimó su robo; aunque el texto original se ha perdido, la traducción al inglés que el diplomático ofreció al Parlamento como prueba de la legalidad de su colección es bien conocida. La carta dirigida al Cadí de Atenas lo introduce como representante de Inglaterra ante la Sublime Puerta y lo muestra como un amigo muy conocido en las cortes europeas que desea ampliar su conocimiento sobre las antigüedades griegas y en particular sobre las obras de arte que subsistían en Atenas; que se hacía acompañar de ocho artistas ingleses para copiar todo cuanto quisieran en la Acrópolis, incluso realizar excavaciones en busca de piezas olvidadas, contemplarlas, medirlas, copiarlas y estudiarlas a voluntad, todo ello como una deferencia a su persona y como un deber de hospitalidad con su aliado británico, en cambio, ni una sola palabra de la que pudiera inferirse que las piezas pudieran ser desmontadas y menos aún que se aceptara llevarlas fuera del territorio griego u otomano; es más, la carta está redactada a modo de una amable petición – cuidado que el Sultán no necesitaba, pero del que un ministro no podía prescindir – . Elgin como buen corsario, basado en su dudoso documento, ablandó voluntades y aún se valió de la intimidación presionando al nuevo Disdar – Guardián de la Acrópolis – cuyo viejo padre había muerto poco antes, para llevarse cuanto pudo de las esculturas que adornaban el Partenón. El expolio de la Acrópolis tomó tres años y hubiera sido peor todavía si no se hubiera firmado la paz con los franceses y el Conde no hubiera sido retirado de la embajada.

Cuatrocientos ciudadanos griegos tuvieron que  trabajar en el despojo, desmontar las piezas, embalarlas y llevarlas hasta el puerto para su embarque; abandonaban Grecia – tal vez para siempre – las esculturas del frontón oriental, el antepecho del sagrado templo de Atenea Niké, una de las Cariátides del Erecteion, casi la totalidad de las Panateneas y quince metopas. Doscientas cajas realizaron el camino de Eneas y recalaron unas semanas en Roma, cuando trataron de hacer el camino del imperio desde la capital hasta Londres tuvieron que hacerlo sin su amo que, hecho prisionero en Francia durante dos años, enfrentó cargos de espionaje; los agentes del emperador no podían perdonarle habérseles adelantado en el secuestro de las piezas y aunque trataron de incautarlas aquello hubiera sido imposible porque estaban sumergidas en el Mediterráneo cerca de la isla de Khytira, lugar de culto de Afrodita, la isla que es mecida por las olas y que mana leche y miel, la misma que el barroco imaginó como sede de todos los placeres ilícitos y a la que Watteau dedicó una de sus mejores obras; Afrodita y sus ninfas que proveían de placeres a quienes habitaban la isla trataron de hacer lo que los mortales no pudieron, aunque sólo lo lograron por un tiempo, pues las ciento noventa y seis cajas que un naufragio había enviado al fondo del mar fueron encontradas cuando Elgin fue puesto en libertad en 1807. A partir de ese momento las piezas fueron llegando a Londres donde el antiguo diplomático acondicionó un museo privado; cuando estuvieron todas reunidas, hacia 1812, Elgin las trasladó a su solar familiar en Escocia, donde languidecieron durante algunos años; contra lo que el corsario pensaba, las esculturas no fueron recibidas en la Gran Bretaña como una posesión ansiada y valiosa, como la que los franceses prodigaban a las grandes adquisiciones de Napoléon, por el contrario, se vio asediado por quienes señalaban la ilegalidad del despojo y quienes se negaban a reconocer su calidad y autenticidad, argumentado, con crasa ignorancia, que no eran griegas ni obras de Fidias, sino romanas de la época de Adriano.

Miriam Makeba, la niña que esperó al Rey bajo la lluvia

Miriam Makeba nació el 4 de marzo de 1932 en un barrio marginal en la periferia de Johannesburg; Sudáfrica aún no existía ni el apartheid tampoco; todavía colonia británica, la Unión Sudafricana había recibido importantes libertades constitucionales desde Londres en materia de asuntos nativos, apenas un año antes de su nacimiento, comenzaron a tomar forma algunas prácticas históricas desde que los blancos organizaron la explotación del área a finales del siglo XIX; los tratos inhumanos, la ausencia de derechos políticos de cualquier naturaleza, las prácticas de segregación racial que incluían asuntos tan básicos como los lugares donde los negros podían vivir, comer o trabajar, eran entonces parte de la vida cotidiana en el mundo en que nació Makeba; prácticas que tomarían forma en un sistema de dominación y explotación llamado apartheid y que se consolidó como estatuto constitucional en 1948 bajo el gobierno del Primer Ministro Daniel Malan y que afectó a tres cuartas partes de la población.

Miriam nació en el seno de una familia con férreas raíces en su entorno tribal; su padre, miembro de la tribu Xhosa llevó a su madre a vivir a los suburbios, una forma de buscar circunstancias menos difíciles que en las zonas rurales donde el hambre atacaba con más rabia; era maestro de escuela y eligió el poblado de Prospect Township por su proximidad a Johannesburg; se trataba de un asentamiento sin electricidad ni agua potable; el padre de Miriam podía ir a la ciudad sólo en un autobús autorizado que salía del barrio cada mañana y volver en él antes de que cayera la noche; la madre solía partir con él cada día, en la urbe trabajaba como empleada doméstica. Caswell y Christina, como todos los miembros de sus tribus se habían casado muy jóvenes y como todos también tanto formaban una pequeña familia como una diminuta célula de trabajo en lucha contra la miseria; Christina fue siempre la persona más cercana a Miriam y le enseñó la disciplina y la fuerza para oponerse a la opresión y a la desdicha de las circunstancias; poco antes de que naciera Uzenzile Makega Qgwaska Ngiovama, Miriam por nombre cristiano – Zensi por mote familiar – su madre tuvo la peregrina idea de aumentar sus ingresos mediante la fabricación de cerveza artesanal en su propia casa y vender la bebida a los vecinos, con ello desafiaba la doble prohibición que impedía a los africanos poseer sus propias industrias y la de producir bebidas alcohólicas para venta o consumo personal; así, Miriam conoció la prisión a los 18 días de nacida y pasó en ella los primeros seis meses de su existencia. Cuando salieron de prisión, Castell decidió trasladar a la familia, aunque las condiciones no mejoraron mucho, el cambio al norte del Transvaal representaba una mejor oportunidad de trabajo – el padre entro como ayuda contable en la compañía Schell – y un ambiente menos opresivo. Como sucedían muchos de los hombres de su generación y su circunstancia, el padre de Miriam murió muy joven y Nomkomendelo – nombre tradicional de la madre – tuvo que hacerse cargo de la familia.

La joven madre fue la fuente de la que Zensi bebió la vida, el talento y el espíritu de sus antiquísimos orígenes; Nomkomendelo era una curandera y consejera tradicional respetada, conocedora los rituales y sabiduría tradicional de su pueblo y también de su música; de ella escuchó decir que la música encerraba cierto tipo de magia y Miriam lo tomó como su mantra personal.

Para Christina que reunía en su persona todas las vulnerabilidades de su país y su tiempo: ser africana, mujer y viuda, la carga familiar resultó demasiado pesada y dispersó a sus hijos para aumentar las posibilidades de sobrevivencia.

Zensi fue enviada a vivir con su abuela a Riverside, en las afueras de Pretoria, donde pudo ingresar a una escuela Metodista de oficios, lo adecuado para alguien que a los quince años ya debía aprender a ganarse la vida; sin embargo, más que aprender un oficio la escuela le permitió descubrir su vocación y su lenguaje vital; al ingresar al coro de la institución supo que no podría hacer otra cosa el resto de su vida.

En abril de 1947 el rey Jorge VI visitó sus dominios en la Unión Sudafricana, fue el último monarca británico que lo hizo, la minoría blanca se inclinó años después por el sistema republicano acompañándoloiban la princesa consorte y la joven Isabel, la única que volvería al país, si bien en 1995, cuando Sudáfrica ya era independiente, el apartheid ya había sido derrotado y el Estado readmitido en la comunidad británica de naciones; pero aquel día de la primavera boreal, un pequeño coro de niñas se había organizado para cantar al Rey “What a sad life for a black man”, un viejo espiritual de las comunidades africanas del Imperio; las niñas, entre las que se encontraba Makeba esperaron durante horas el paso del Rey que se suponía debía detenerse para escuchar la canción; unas horas antes del paso d la comitiva real se desató un feroz aguacero, el coro se negó a dispersarse y bajo la lluvia siguió aguardadno; se prepararon cuando se notó que el auto real se aproximaba y no pudieron entonar una sola nota porque el vehículo siguió de frente sin notar su presencia. Desde luego, para Zensi, se trató de un desprecio y una ofensa que pudo olvidar jamás; al mismo tiempo, el recuerdo de los ensayos, la satisfacción de escucharse en el entorno de otras voces, le descubrieron la magia de la música.

Desde luego, a cualquier niña del mundo cantar y hacerlo para un monarca resulta cosa de magia; sin embargo, la dictadura, el genocidio y la exclusión tienen efectos devastadores en quien los sufre, efectos perversos e inusitados que en la infancia suelen ser todavía más devastadores. El diario de Zlata Filipovic, sobreviviente de la guerra en Sarajevo, por ejemplo, demuestra que los niños, sometidos a niveles de extrema violencia pierden su capacidad de fantasear – la fantasía es escape de la realidad hacia un mundo alterno que puede ser dominado y que reporta bienestar a quien lo ejerce – los niños en estas situaciones no pierden de vista el lugar donde están y los riesgos que corren pero, como todo ser humano de cualquier edad, conservan su poder de ensoñación; el episodio del rey que no percibe la presencia del coro le confirmó que no podía abstraerse de la realidad en que vivía, la de la exclusión, la violencia y la muerte prematura. Makeba, cuando cantaba no huía de la realidad, pero se transfiguraba, era su Monte Tabor; ahí, en el canto se reconstruía, era dueña de si misma, de su voz y de los minutos en los que no había nada más que la canción en medio de la amenaza continua.

La Gioconda conoce a la Reina de Camelot

Hubo un tiempo antes de Camelot, un tiempo breve porque antes de él no hubo sino la prehistoria de la joven Bouvier; porque el reino resplandeciente comenzó a formarse no a través del que sería su señor – el Emperador Kennedy, como lo llamaría luego Leszek Kolakowsky – sino desde la luminosidad de la que algún día sería, para siempre, su soberana; en Life del verano de 1959 Jackie irrumpió en la escena pública como la flamante esposa del Senador John Fitzgerald Kennedy que comenzaba a perfilarse como el favorito para alcanzar la candidatura demócrata a la presidencia de los Estados Unidos; en julio de 1960, Norman Mailer publicó un reportaje sobre la Sra. Kennedy en Esquire y consagró para siempre su estilo; es cierto, hubo un tiempo antes de Camelot pero ni todas sus luces alcanzarían a igual el breve tiempo del reino resplandeciente; su reina impuso el estilo y la cultura como componentes de la política de la Casa Blanca; ninguna de las siguientes inquilinas que la augusta mansión alcanzaría la sofisticación del estilo de Jackie pero tampoco ninguna podría ignorarlo. Si es cierto que el ingente poder de los Estados Unidos no es obra de Kennedy, pues comenzó a gestarse décadas antes de su presidencia, también lo es que Jacqueline Bouvier inventó el estilo como parte de la imagen política norteamericana y que forzó las puertas de una cultura todavía fuertemente provinciana y semibárbara; si antes de Camelot los intelectuales nortamericanos tenían que peregrinar a Paris, a Madrid y a Londres, ella llevaría a André Malraux a Washington y daría un golpe espectacular para migrar buena parte de la cultura mundial a las viejas trece colonias.

En 1961 John y Jackie visitaron a De Gaulle en Paris, el general quedó maravillado con la personalidad y el estupendo francés de la Primera Dama; en la cena de Estado, con perfecto acierto el Presidente de los Estados Unidos afirmó: “Soy el hombre que ha acompañado a Jacqueline Kennedy a París y lo he disfrutado”. De Gaulle se mostró muy interesado en las nuevas ideas de John y el trabajo impecable de Jacqueline fue allanar el camino del entendimiento; sin embargo, Jacquie tenía sus propios objetivos, había leído con detenimiento la obra de André Malraux, entonces el poderoso ministro de cultura, sus charlas fueron gratas para ambos y el fue su guía en una visita la Jeu de Paume y a la Malmaison; ahí nació una amistad que se mantuvo en la mejor estima de ambos hasta la muerte del francés en 1976. Cuando la pareja regresó a Washington, Malraux le envió un ejemplar autografiado de su libro “El Louvre y las Tullerías”.

En 1962 la reina de Camelot impuso a su corona una joya inimaginable; en mayo, Malraux visitó Washington y se hospedó en la Casa Blanca; ahora como anfitriona, Jackie devolvió la visita guiada y llevó al escritor a conocer la National Gallery, como la Sra. Kennedy no necesitaba intérpretes podía, por sí misma, acercarse y alcanzar sus objetivos por sí misma. De alguna manera que no lograremos conocer, Malraux y Bouvier concibieron la idea de llevar la Mona Lisa a Washington por algunos días; el hecho era que la ilustre pintura sólo había salido del museo en dos ocasiones: cuando fue robada y cuando se la escondió para ponerla a salvo de la brutalidad y venalidad nazis y, desde luego, nunca había estado fuera de territorio francés; aunque el político recriminó al escritor por la reticencia de Francia a colaborar con la carrera nuclear y el ministro regañara al presidente por su falta de humanidad en Viet Nam, lo cierto es que el diálogo fue cordial en gran parte porque Jackie había encontrado en el arte una ruta alternativa evitando que la diferencia de opiniones enrareciera el ambiente.

Cuando regresó a París, Malraux expuso el proyecto al Presidente y De Gaulle se impuso al influyente gremio de los conservadores del Louvre  que, desde luego se opusieron a que la Gionconda se aventurara fuera de casa; al afecto y respeto de De Gaulle por Malraux quedó de manifiesto  – y también la razón que concedía a la causa de Mrs. Kennedy – cuando el General zanjó de golpe la cuestión: “Malraux sabe lo que hace y lo hace bien”. Para octubre de 1962 las cosas iban tan avanzadas que el Presidente Kennedy escribió a John Walker, director de la National Gallery, para que directamente y en su nombre, negociara con Hervé Alphand, Embajador de Francia, los términos de la exposición, la nota de instrucciones deja ver como el rey deja a la reina de Camelot el control de una situación delicada como delicadas eran sus maneras de atenderla; decía la nota:

Negocie la seguridad y protección de dos cuadros que serán enviados desde Francia este otoño. Estos cuadros llegarán a Estados Unidos como el más generoso gesto del Presidente De Gaulle y del ministro de cultura francés André Malraux hacia la Sra. Kennedy y hacia mí.

La impronta de Jackie había quedado indeleble, los cuadros eran: “Retrato de la madre del artista” de Whistler y “La Gioconda” de Leonardo; ésta última sería exhibida no sólo en la capital sino en la que Jackie tuvo siempre como su propia ciudad: Nueva York. El 12 de diciembre los Kennedy anunciarían la exposición y ésta fue inaugurada por Malraux y la pareja el 8 de enero de 1963. No pudo haber tenido más éxito ni mejores resultados; entre las dos ciudades visitaron la pintura un millón setecientos mil personas; las obras regresaron intactas a su hogar y los Kennedy, como correspondía al fulgor de Camelot, quedaron como unos de los más grandes patronos de las artes de su tiempo. No cabe duda que fue el talento de ella lo que logró la hazaña, la Gioconda sólo volvió a salir de casa una vez más, en 1974, para visitar el National Museum de Tokio, en esa ocasión, a modo de protesta, todos los conservadores del Louvre renunciaron.

Viajero al microscopio: Fumando espero

En su novela Neuromante, de 1984, William Gibson, acuñó la palabra ciberespacio; imaginó mundos fabulosos en los que el sueño y la realidad se mezclaban, en la que la interacción entre máquinas y personas ocurría en lugares fabulosos, en la red virtual y más allá de las estrellas; imaginó transportes vertiginosos en los que sus personajes viajaban para encontrarse con su destino.  Lo que no pudo imaginar en que en esos mundos del mañana, en esos rincones de absoluta libertad, no se pudiera fumar. Yo todavía no me lo creo.

Soy fumador, quiero obviar toda discusión sobre la maldad intrínseca del tabaco, tampoco quiero discutir sobre la idoneidad de las reglas que protegen a quienes no fuman; por mi parte, me atengo a los hechos, al mundo como es y a los cada vez más reducidos espacios de que disponemos quienes queremos, todavía, ejercitar el delicioso arte del tabaco. Comparto la suerte de miles de viajeros fumadores que apresurados dan las últimas caladas al cigarrillo antes de instalarse en las entrañas de la bestia por algunas horas; los mismos que bajan azorados del avión y antes de preguntar por el equipaje indagan el lugar reservado para los fumadores; esos, para los que la conquista de la ciudad inicia en una zona reservada o en la acera del aeropuerto, tomando impulso al calor de la brasa del cigarrillo para entrar a sangre y fuego en la satisfacción de su curiosidad.

Los menos jóvenes aún recuerdan los tiempos, ahora míticos, del final del siglo XX, que en los aviones había filas para fumadores; en algunas naves que aún surcan el cielo quedan, como muestras arqueológicas, inútiles ceniceros, huellas de hermosos tiempos pasados; mis hijos, que no vieron aquellos días, se preguntan por el destino de esas inútiles cajitas y hasta llegan a deducir que son compartimientos para guardar el medicamento de quienes sufren de mareos.

Establecidas las primeras restricciones, durante poco tiempo, tan poco que sólo algunos cuantos lo vivimos, algunas aerolíneas dispusieron en la cola del avión de una pequeña habitación casi cerrada, en la que los fumadores podíamos concurrir a saciar nuestro apetito de humo.  El resultado no podía ser más infame para fumadores y para abstemios. Confinados, como especie acorralada, los consumidores perdimos la cortesía a que nos obligaba la estancia compartida con los demás y nos alentaba, rodeados de nuestros iguales, a fumar el doble y el triple lo que habitualmente acostumbrábamos; el humo, así multiplicado y confinado, se desparramaba del deficiente encierro y como una marejada, desagradable aún para el más empedernido de los fumadores, invadía la cabina y generaba así, más quejas de las que hubiera querido evitar. La experiencia de fumar también era lamentable, el fumador satisface una adicción, es decir, una necesidad; pero también un enorme placer, aquellos cuartos improvisados, en los que la densidad de la población era absurda, recordaban más bien un tugurio de los bajos fondos patibularios de la época de los gángsters, que un idílico salón fumador de la era victoriana.

Luego vino la era dela prohibición absoluta. Andando los meses algunos aeropuertos se apiadaron del triste destino de la especie perseguida y crearon, con más ni menos fortuna, reservaciones para satisfacer sus anhelos.

El aeropuerto de Barajas en Madrid, fue un pionero en las zonas reservadas pero con tan mal tino que su área de fumadores incitaba más a la risa que a disfrutar un buen ducado; se trataba de un corralito, sin puertas, muros o ventanas, que pusieran límites al humo frente al aire común; se encontraba frente a las bandas transportadoras de equipaje. La experiencia fue tan mala que nunca más volví a buscar ahí un lugar para fumar  y retome la decadente práctica de fumar mientras aguardaba el taxi.

La práctica se generalizó de acuerdo a la imaginación, presupuesto y patrocinio de cada puerto aéreo; es cierto que  aún quedan en el mundo algunos paraísos que como Xanadú o Shangri-La; están aislados y sólo son accesibles para algunos privilegiados; así, por ejemplo en el aeropuerto regional de Loja, Ecuador, en donde coinciden las fuentes del Amazonas y el nacimiento de los Andes, en un claro de la Cordillera, entre un circo de fantásticas montañas, están fijos en la pared los señalamientos de no fumar, pero a nadie parece preocuparle; la cantidad de fumadores invita a degustar unos peculiares cigarrillos liados en mano que se expanden en la cafetería del aeropuerto que más bien se parece a uno de aquellos restaurantes familiares que por décadas animaron los barrios de la ciudad de México. Después del cigarrillo, el viajero se acerca a un funcionario y le pregunta que, dada la niebla que decora la pista, si cree que el avión saldrá a tiempo rumbo a Quito; con una cara de serenidad andina, el funcionarios responde: -pues si el avión no sale en cuarenta y tres minutos no saldrá hasta mañana; presa de un pánico incipiente el viajero pregunta la razón y el funcionario con más flema que un ministro británico, luego de consultar su almanaque contesta: -porque la pista no tiene luces y es el tiempo que nos queda de  luz de día. Quince minutos después, entre una bruma que apenas permite ver las líneas amarillas de la pista, el viajero aborda su avión en los últimos instantes de esplendor solar para llegar a tiempo a su cita en Quito.

Aeropuertos como el de México no conceden el privilegio de los espacios reservados, tampoco el de Tocumén en Panamá; aunque tengo el vago recuerdo de que, en alguna esquina casi oculta del área comercial de la sala de espera de la terminal dos del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, existió un mitológico espacio de tolerancia, sin indicación alguna y que el tiempo extinguió.

Zonas reservadas hay de muchos tipos; existen los cubos confinados cuyo mejor ejemplo es la sutiliza y la elegancia que provee el aeropuerto Charles de Gaulle de París, cuyos cristales con calcomanías que imitan biselados que dibujan un tupido bosque y en cuyo interior cómodos sillones y anaqueles repletos de revistas para todos los gustos, hacen más placentero el tabaco, protegen a los no fumadores y hacen más grata la espera; me atrevo a decir que son la élite de las reservaciones para los de mi especie y sólo son superados por aquellos aeropuertos que ofrecen cafeterías para fumadores.

Heathrow, en Londres, también tiene cabinas de fumadores, sin el encanto del de París, tienen en cambio un artilugio que los fumadores conocemos bien y que nos funciona igual que los monigotes de ropa vieja inútilmente tratan de asustar a los cuervos, o los policías de cartón en los cruces de las carreteras de Ohio para disuadir a los traileros de violar los reglamentos; lejos de ahuyentarnos nos causan una amarga sonrisa; el vicio es eso, una mala inclinación a la que no se renuncia, al menos no con facilidad, y el placer es algo similar, una inclinación sublime a la que esta prohibido abandonar; la cabina inglesa de fumadores carece de mobiliario –hay que disuadir al fumador- no importa, el gusto esta en la aspiración, no en el reposo-, los ceniceros son industriales, rebosan de colillas y cenizas en faraónicas pirámides –hay que castigar al fumador- pero tampoco importa, los fumadores inveterados hemos desarrollado nuestra actividad en lugares más sórdidos aún, en el locutorio de una cárcel o a las puertas de un refugio antimisiles en Sederot, a unos metros de la franja de Gaza; unos cuantos cientos de colillas amontonadas no nos desaniman perp eso sí, la eficiente higiene británica no se hace esperar, gigantescos aspiradores no dejan huella del olor del tabaco quemado, lo cual se agradece y es que si el francés ama las libertades y más que ellas el placer; el inglés, insular al fin, deviene estoico y no puede vivir sin reverenciar las normas.

El aeropuerto de Frankfurt tiene también un reducto cerrado para fumadores, está patrocinado por la marca de tabaco que fumo desde los veinte años –fumador tardío según las estadísticas- lo que produce, la extraña sensación que hemos desarrollado en occidente y a la que llamamos “lealtad de marca” y que se parece mucho a cierto sentimiento, si bien artificial, de comunidad; fuera de eso, además de pulcritud y funcionalidad, ese espacio carece de cualesquiera otras señas particulares.

Un área rara, entre la pecera del fumador y la cafetería libre de restricciones, es la habitación de fumar del aeropuerto de Washington D.C.; sin encanto, como olvidada de otros tiempos en una terminal de lo más moderno: ahí, sin embargo, el viajero deja escapar una risa ineludible cuando cierra la puerta, se deja caer en la austera butaca y se da cuenta que el espacio que ahora ocupa está a cargo del heroico departamento de bomberos del distrito de Columbia.

El viajero encuentra su legítimo paraíso en las cafeterías libres de restricciones; la primera de ellas, escondida en lo más profundo del aeropuerto de Quito, Ecuador; carece de ventanas, tiene muebles suficientemente cómodos y modernos, y está patrocinada por una marca de refrescos vituperada pero consumida por casi todos los seres humanos del planeta. Expende un café delicioso y en la compra de una cajetilla de cigarrillos obsequia con una cajita de cerillos de madera que se conserva de puro gusto. A miles de kilómetros de ahí, en la ciudad de Atlanta, Estados Unidos, el aeropuerto es una urbe por sí mismo; dispone de una sórdida cafetería como arrancada de una película de Tarantino; un rincón oculto tras de una puerta anónima y sólo le faltan las escupideras en el suelo, el forzudo con chaleco de piel y los brazos íntegramente tatuados y un buen pleito a sillazos para completar el estereotipo; dispone sin embargo, de tres encantos magníficos; dos para la memoria y uno permanente; el último es una estupenda vista sobre las pistas de los aviones mercantes, resulta fascinante el lento movimiento de esas ballenas que se enfilan, como en una migración prehistórica a las pistas, donde, dotadas de una gracilidad inimaginable abandonan su condición cetácea para volverse gigantescas bestias voladoras con sus vientres repletos de riqueza; de las dos primeras, una es apenas un guiño que escapa del turista para impactar al viajero: una bellísima chica mexicana, que no tiene cigarrillos pero cuya sonrisa le garantiza que podrá fumar gratis cuantos quiera, viene de Islandia y se dirige a Berlín, ha dado ese gigantesco rodeo porque los recursos de su año sabático preuniversitario no son ilimitados y está dispuesta a cazar las ofertas más descabelladas con tal de seguir conociendo el mundo; el viajero reconoce de inmediato a uno de los miembros más jóvenes de su tribu y luego de compartir el tercer cigarro con ella, sin dejar señas ni coordenadas, se despiden y desean suerte porque el avión que lo llevará de vuelta a casa esta próximo a partir; el último de los tres encantos es histórico y ha ocurrido simultáneamente con el anterior, los soldados que el presidente Obama prometió traer de vuelta a sus hogares regresaron por fin. El viajero habría pensado en el alegre retorno de los soldados que habían dejado hijos incógnitos y novias hermosas en París, Berlín o Roma al final de la Segunda Guerra Mundial, pero con lo que se encuentra es con fantasmales soldados –hombres y mujeres-, con su impecable uniforme de faena y rostros en los que la sonrisa se niega a aparecer y el tedio y aburrimiento ahuyenta el sentimiento de gloria y orgullo que parece no han conquistado.

El último y mejor de todos los espacios fumadores es una pequeña y muy completa cafetería en el aeropuerto Václav Havel de Praga; sencillo con claridad meridiana, con un bar bien aprovisionado de buenos sándwiches y bebidas y un delicioso café –anunciado como colombiano- de calidad mucho más que suficiente, grandes ventanales a pie de pista por los que se dejan ver rápidos e incesantes , pequeños aviones para vuelos domésticos y sobre todo, la dulce sensación de estar, con enorme nostalgia, en un viejo restaurante,  de aquellos que eran comunes cuando las libertades aún eran prioritarias y resultaba natural fumar un cigarrillo acompañando al café; es ahí donde, como dice la canción, fumando espero.

El arte de conversar, de Oscar Wilde. Para disfrutar de nuestro fraseario

Ofrecemos el fraseario de un libro de excepción: El arte de Conversar de Oscar Wilde, traducido por Roberto Frías y editado en Barcelona por Ediciones Atalanta.

Sin gazmoñerías, reflexiones con una guía sutil y magnífica para adentrarse en los meandros de la naturaleza humana.

 

El debe ser muy respetable. Uno jamás ha oído su nombre antes, a lo largo de toda su vida, y eso, actualmente, enaltece a un hombre. Una mujer sin importancia 

CECILY: Un hombre del que se habla mucho es atractivo siempre. Después de todo, uno intuye que algo tendrá.  La importancia de llamarse Ernesto

SEÑORA ALLONBY: El hombre ideal […] debe decir siempre más de lo que quiere y querer siempre más de lo que dice. Una mujer sin importancia

SEÑORA ALLONBY: El hombre ideal […] nunca debería criticar a otras mujeres hermosas; eso mostraría su falta de buen gusto o haría sospechar que tiene demasiado. Una mujer sin importancia 

[…] un caballero natural, el peor tipo de caballero que conozco. El abanico de Lady Windermere

Llorar es el refugio de las mujeres sin gracia y la ruina de las bonitas. El abanico de Lady Windermere

Se necesita una mujer completamente buena para hacer algo completamente estúpido. El abanico de Lady Windermere

No creo que exista una sola mujer en el mundo que no se sienta halagada si uno le hace el amor. Es eso lo que hace a las mujeres irresistiblemente adorables. Una mujer sin importancia

Treinta y cinco años es una edad muy atractiva. La sociedad londinense está repleta de mujeres de la más alta cuna que, durante años y por propia voluntad, se han quedado en los treinta y cinco. La importancia de llamarse Ernesto.

No me importa que las mujeres simples sean puritanas. Es la única excusa que tienen para ser simples. Una mujer sin importancia.

Las mujeres nos aman por nuestros defectos. Si tenemos suficientes nos lo perdonarán todo, incluso un gran intelecto. Una mujer sin importancia

Las chicas estadounidenses son tan ingeniosas al ocultar a sus padres como las inglesas al ocultar su pasado. El retrato de Dorian Gray.

Ella fue hecha para ser la esposa de un embajador. Ciertamente, posee la inusitada facultad de recordar los nombres de las personas y olvidar sus rostros. Una mujer sin importancia

Estoy harto de las mujeres que me quieren. Las que me odian son mucho más interesantes. El retrato de Dorian Gray.

La única manera de comportarse con una mujer es haciéndole el amor, si es bonita, y si es fea, haciéndoselo a alguien más. La importancia de llamarse Ernesto.

Ser adorado es una molestia. Las mujeres nos tratan como la humanidad trata a sus dioses. Nos alaban y siempre nos piden que hagamos algo por ellas. El retrato de Dorian Gray.

Una mujer sólo puede reformar a un hombre aburriéndolo tanto que éste pierda todo posible interés en la vida. El retrato de Dorian Gray

Si una mujer no puede hacer que sus equivocaciones parezcan encantadoras, es sólo una hembra. El crimen de Lord Arthur Savile.

Sólo las mujeres muy feas o muy hermosas ocultan alguna vez su rostro. La duquesa de Padua

Hay sólo una verdadera tragedia en la vida de una mujer. El hecho de que su pasado es siempre su amante, y su futuro, invariablemente su esposo. Un marido ideal.

Prefiero a la mujeres con pasado; es muy divertido hablar con ellas. El abanico de Lady Windermere.

Uno siempre puede ser amable con la gente que no le importa. El retrato de Dorian Gray

Es absurdo dividir a la gente en buena y mala. La gente es encantadora o tediosa. El abanico de Lady Windermere

La gente de hoy se comporta con perfecta monstruosidad: habla mal de uno y a sus espaldas, diciendo cosas que son completa y absolutamente ciertas. Una mujer sin importancia

Estoy seguro de que no conozco a la mitad de la gente que visita mi casa, y ciertamente, por lo que me han dicho, no debería intentarlo. Un marido ideal

Me agradan los hombres con futuro y las mujeres con pasado. El retrato de Dorian Gray.

Ya no apruebo ni desapruebo nada. Eso es adoptar una actitud absurda ante la vida: no hemos venido a este mundo a pavonearnos de nuestros prejuicios. Nunca advierto lo que la gente común dice y nunca interfiero en las acciones de la gente encantadora. El retrato de Dorian Gray

Todo arte es inmoral. La emoción por la emoción es la meta del arte. Y la emoción por la acción es la meta de la vida. El crítico como artista

Podemos perdonar a un hombre por elaborar una cosa útil , siempre y cuando no la admire. La única excusa para crear algo inútil es que se lo admire intensamente. Todo arte es bastante inútil. El retrato de Dorian Gray 

Ningún artista tiene simpatías éticas. En un artista, una simpatía ética sería un imperdonable manierismo de estilo. El retrato de Doran Gray

Los únicos retratos creíbles son aquellos en los que queda muy poco del modelo y mucho del artista. La decadencia de la mentira.

La gran superioridad de Francia sobre Inglaterra se debe a que en Francia todo burgués quiere ser un artista, mientras que en Inglaterra todo artista quiere ser un burgués. (En conversación).

Mentir, decir cosas hermosas y falsas, ése es el verdadero objetivo del arte. La decadencia de la mentira

Es posible que un toque de naturaleza hermane al mundo entero, pero dos toques de naturaleza destruirían cualquier obra de arte. La decadencia de la mentira.

El arte es nuestra vigorosa protesta, nuestro heroico intento de enseñarle su sitio a la Naturaleza. La decadencia de la mentira.

Desvelar el arte y ocultar al artista, ésos son los objetivos del arte. El retrato de Dorian Gray

El secreto de la vida es no tener nunca una emoción poco elegante. Una mujer sin importancia.

El «Libro de la Vida» comienza con un hombre y una mujer en un jardín y termina en Apocalipsis. Una mujer sin importancia

La vida es sencillamente un mauvais quart d´heure, hecho de exquisitos momentos. Una mujer sin importancia

La vida jamás es justa … Y quizá eso es algo bueno para la mayoría de nosotros. Un marido ideal 

Uno puede tolerar las desgracias; vienen del exterior y son accidentes. Pero sufrir por los propios errores… ¡Ah, ahí está la gracia de la vida! El ábanico de Lady Windermere

La vida en la ciudad nutre y perfecciona los elementos más civilizados del hombre; Shakespeare no escribió más que pasquines chabacanos antes de venir a Londres, y no escribió una sola línea después de irse. (En conversación) 

Vivimos en una época que lee demasiado para ser sabia y que piensa demasiado para ser bella. El retrato de Dorian Gray.

Cuando los dioses quieren castigarnos responden a nuestras plegarias.  Un marido ideal. 

La ética, como la selección natural, hace posible la existencia. La estética, como la selección sexual, hace la vida más amable y maravillosa, la llena de nuevas formas, le aporta progreso, variedad y cambio. El crítico como artista.

[…] aunque lo intentamos, no podemos alcanzar la realidad que subyace a las cosas. Quizá la terrible razón de ello es que no hay más realidad en las cosas que su apariencia. (En conversación) 

El mundo es el escenario, pero la obra tiene un pésimo reparto.  El crimen de Lord Arthur Savile

Escribí cuando no conocía la vida. Ahora que entiendo su significado, ya no tengo que escribir. La vida no puede escribirse; sólo puede vivirse. (En conversación)

[…]  el mundo no me escuchará ahora. Es extraño lamentarse (antes no lo hubiera creído posible) de que uno haya tenido tanto tiempo libre: un ocio que me parecía tan necesario cuando yo mismo era un creador de hermosos objetos.

(En conversación)

El señor Zola está decidido a demostrar que si no tiene genio por lo menos puede ser insulso.  La decadencia de la mentira

Entre Hugo y Shakespeare se agotaron todos los temas. La originalidad es imposible, incluso al pecar. Así que ya no que dan verdaderas emociones, sólo adjetivos extraordinarios. (En conversación)

Matthew Arnold era un buen poeta, pero estaba muy equivocado; siempre intentaba alcanzar lo más difícil: conocerse a sí mismo. Y a veces por eso, a mitad de sus más hermosos poemas, dejaba de ser el poeta y se convertía en el inspector escolar. (En conversación)

Balzac: era una combinación extraordinaria de temperamento artístico y espíritu científico. El estudio formal de Balzac reduce a nuestros amigos vivos a sombras y a nuestros conocidos a sombras de las tinieblas. La decadencia de la mentira

Llamar a un artista morboso sólo porque su objeto de trabajo es la morbosidad es tan tonto como llamar a Shakespeare demente sólo porque escribió El rey Lear. El alma del hombre bajo el socialismo.

Hay dos maneras de despreciar la poesía: una es despreciándola y la otra es leyendo a Pope. (En conversación)

Si uno no puede disfrutar un libro una y otra vez, no tiene sentido leerlo. La decadencia de la mentira

Los libros que el mundo llama inmorales son los libros que muestran al mundo su propia vergüenza. El retrato de Dorian Gray

Sobre Charles Dickens: Hay que tener un corazón de piedra para leer la muerte de la pequeña Nell y no reírse. (En conversación)

Para conocer la cosecha y la calidad de un vino no es necesario beberse toda la botella. Media hora debe ser suficiente para decidir si un libro vale la pena o no. Diez minutos deberían bastar si uno posee el instinto para la forma. ¿Quién quiere vadear todo un libro insulso? Con probarlo basta.  El crítico como artista

Cuando el público dice que una obra es groseramente incomprensible quiere decir que el artista ha dicho o hecho algo hermoso que es nuevo. Cuando describe un trabajo como groseramente inmoral quiere decir que el artista ha dicho o hecho algo hermoso que es verdadero. El alma del hombre bajo el socialismo.

La literatura siempre se anticipa a la vida; no la copia, sino que la modela a su antojo. El siglo diecinueve, tal y como lo conocemos, es en gran medida una invención de Balzac. La decadencia de la mentira

Después de tocar a Chopin me siento como si hubiese llorado pecados que nunca cometí, como si me hubiese dolido de tragedias que no eran mías. Siempre me parece que la música produce ese efecto: crea un pasado que ignorábamos y nos llena con la sensación de pesares que se han escondido de nuestras lágrimas. El critico como artista 

El único encanto del matrimonio es que vuelve completamente necesaria una vida de engaños para ambas partes. El retrato de Dorian Gray

¿Cómo puede una mujer ser feliz con un hombre que insiste en tratarla como si fuera un ser absolutamente natural? Una mujer sin importancia.

Su capacidad para el afecto familiar es extraordinaria; al morir su tercer marido, el cabello se le puso rubio por la pena. El retrato de Dorian Gray 

DUQUESA DE BERWICK: De hecho, nuestros maridos se olvidarían de que existimos sino le fastidiáramos de vez en cuando sólo para recordarles que tenemos el derecho totalmente legal de hacerlo. El abanico de Lady Windermere

El amor puede canonizar a la gente, los santos son aquellos a quienes más se ha amado. (Carta a Robert Ross, 28 de mayo de 1897)

Siempre hay algo ridículo en las emociones de la gente a la que dejamos de amar. El retrato de Dorian Gray

Los hombres quieren ser siempre el primer amor de una mujer. Ahi está su torpe vanidad. Las mujeres tienen un instinto más sutil para las cosas: prefieren ser el último romance de un hombre. Una mujer sin importancia.

¡Los misioneros, querido! ¿No te das cuenta de que los misioneros son la comida que la divina providencia envía a los indigentes y desnutridos caníbales? Cuando están a punto de morir de inanición, el Cielo, en su infinita misericordia les envía un buen misionero carnoso.  (En conversación)

Ser natural es la pose más difícil de mantener. Un marido ideal 

Toda la mala poesía surge de un sentimiento genuino.  Ser natural es ser obvio, y ser obvio es ser inartístico.  El crítico como artista

Todos deberíamos llevar el diario de otro. (En conversación)

Apuñalaría a su mejor amigo con tal de escribir un epigrama en su lápida. Vera o los nihilistas.

EI primer deber en la vida es ser lo más artificial posible. No se ha descubierto el segundo deber.  Frases y filosofías para el uso de los jóvenes

Hay que ser siempre un poco inverosímil.  Frases y filosofías para el uso de los jóvenes

Nunca hay que debutar con un escándalo; eso se reserva para amenizar la vejez. El retrato de Dorian Gray 

Los ingleses poseen el milagroso poder de transformar el vino en agua. (En conversación) 

No creo que viva para ver el nuevo siglo: si comienza otro siglo y yo sigo vivo, será realmente más de lo que los ingleses pueden soportar. (En conversación) 

Actualmente lo tenemos todo en común con Estados Unidos, a excepción, por supuesto, del idioma. El fantasma de Canterville

Es una superstición popular que al visitante de los más lejanos rincones de Estados Unidos se le llama extranjero, pero cuando fui a Texas me llamaron capitán, al llegar al centro del país me decían coronel, y al acercarme a la frontera con México, general(En conversación; Estados Unidos) 

Quizá después de todo América nunca haya sido descubierta. Yo diría que sólo ha sido detectada. El retrato de Dorian Gray

Sobre las chicas estadounidenses: Hermosas y encantadoras: pequeños oasis de hermosa irracionalidad en un vasto desierto de práctico sentido común. (En conversación)

Al salir de su patria, algunas mujeres norteamericanas adoptan una apariencia de enfermedad crónica: creen que es una especie de refinamiento europeo. Una mujer sin importancia

No hay parafernalia ni pompa ni maravillosas ceremonias. Solo vi dos procesiones: en una iban los bomberos precedidos por la policía y en la otra iba la policía precedida por los bomberos. (En conversación; Estados Unidos)

El patriotismo es la virtud del vicioso. (En conversación) 

Hay que ser una obra de arte o llevar puesta una. Frases y filosofías para el uso de los jóvenes

No tiene nada, pero lo parece todo: ¿qué más se puede pedir? La importancia de llamarse Ernesto

Llevaba demasiado rouge y casi nada de ropa. En una mujer, eso suele ser un síntoma de desesperación. Un marido ideal

En cuestiones de suma importancia lo crucial es el estilo y no la sinceridad. La importancia de llamarse Ernesto 

Quizá haya dicho lo mismo antes, pero mi explicación será siempre diferente. (En conversación) 

El asesinato es siempre un error… Uno nunca debe hacer algo que no se pueda contar después de la cena. El retrato de Dorian Gray

Me gusta cuando sólo hablo yo; ahorra tiempo y evita las discusiones. El cohete excepcional

La mente de un hombre muy bien informado es algo terrible. Es como una tienda de baratijas, repleta de polvo y monstruos, donde todo cuesta más de lo que vale. El retrato de Dorian Gray

Un cigarrillo es el ejemplo perfecto del placer perfecto: es exquisito y lo deja a uno insatisfecho. El retrato de Dorian Gray

El alma nace vieja y se vuelve joven; ésa es la comedia de la vida. Y el cuerpo nace joven y se vuelve viejo; ésa es su tragedia. Una mujer sin importancia 

Hay muchas cosas que podríamos desechar si no temiéramos que otros las recogieran.  El retrato de Dorian Gray

Los parientes son sencillamente un tedioso grupo de personas que no tienen la menor idea de cómo vivir ni el más mínimo instinto de cuándo morir. La importancia de llamarse Ernesto

Después de una buena cena se puede perdonar a cualquiera, incluso a los amigos. Una mujer sin importancia 

En Inglaterra, a las personas de clase baja les pasa algo extraordinario: siempre están perdiendo parientes. Son muy afortunados en ese aspecto. Un marido ideal

El secreto de permanecer joven es una desmesurada pasión por el placer. El crimen de Lord Arthur Savile

Mi deber como caballero no ha ínterferido nunca, ni en lo más mínimo, con mis placeres.  La importancia de llamarse Ernesto

Ningún hombre civilizado se arrepiente de un placer, y ningún hombre incivilizado llega a conocerlo. El retrato de Dorian Gray

A veces se elogia a los pobres por ser ahorrativos, pero recomendar a los pobres el ahorro es grotesco e insultante. Es como aconsejara un hombre hambriento que coma menos. El alma del hombre bajo el socialismo

En cuanto a los virtuosos pobres, se les puede compadecer, pero no es posible admirarles. El alma del hombre bajo el socialismo 

La risa no es un mal comienzo para una amistad y es, con mucho, su mejor final.  El retrato de Dorian Gray 

Cuando conocemos a alguien por medio de un elogio es seguro que aflorará una amistad de verdad: todo ha comenzado de la manera correcta.  Un marido ideal

Cualquiera puede simpatizar con los sufrimientos de un amigo, pero se requiere de una naturaleza muy superior para simpatizar con el éxito de un amigo.  El alma del hombre bajo el socialismo 

Me atrevería a decir que si le hubiera conocido no sería su amigo en absoluto. Conocer a nuestros amigos es algo muy peligroso. El cohete excepcional 

Elijo a mis amigos por su buen aspecto, a mis conocidos por su buen carácter y a mis enemigos por su buen intelecto. No tengo ninguno que sea un tonto; todos son hombres de cierta. capacidad intelectual y, por consiguiente, todos me aprecian. El retrato de Dorian Gray

La moralidad es tan sólo la actitud que adoptamos hacia la gente que personalmente nos desagrada. Un marido ideal

Cuando uno lee la historia se siente absolutamente enfermo; no por los crímenes que los malvados han cometido, sino por los castigos que los buenos han impuesto. Se brutaliza infinitamente más a una comunidad mediante el empleo habitual del castigo que por el ocasional acontecer del crimen. (En conversación)

¿Quiere saber cuál es la tragedia de mi vida? Que he puesto mi genio en la vida y sólo el talento en mis obras.  (En conversacion)

La belleza es una forma del genio, aunque en realidad es más alta, pues no requiere explicación; El retrato de Dorian Gray

Una idea que no es peligrosa, no es digna de ser llamada idea. El crítico como artista

Sólo alguien superficial necesita años para despojarse de una emoción. Un hombre que es dueño de si mismo pone fin a una pena con la misma facilidad con que inventa un placer. El retrato de Dorian Gray

Un sentimental es sencillamente alguien que desea tener el lujo de una emoción sin pagar por ella.  (En conversación)

Experiencia es el nombre que todos dan a sus errores. El abanico de Lady Windermere

Los únicos escritores que han influido en mí son Keats, Flaubert y Walter Pater. Y antes de encontrarme con ellos ya había recorrido más de la mitad del camino con tal de conocerles. (En conversación)

Qué triste: la mitad del mundo no cree en Dios y la otra mitad no cree en mi. (En conversación)

Gracias. Doris Lessing

Veo su fotografía y me encuentro con una mujer dulce, una anciana com la abuela que todos quisiéramos tener; se trata de una anciana de mirada dulce, un tanto cansada, viste con sencillez y su peinado, de un cabello en el que se puede adivinar la arqueología de una antigua cabellera rubia, me permite imaginarla en su estudio mirando a uno de esos hermosos parques privados que, en Londres, reducen el bosque a las necesidades urbanas. Ella es Doris Lessing y murió en la madrugada de hoy en su casa de la capital de Inglaterra.

Lessing fue la feminista que no pretendió ser; si bien sus letras nos permitieron avanzar en la equidad de género, en la búsqueda de mejores espacios de igualdad, como militante de la izquierda progresista en Europa, partía de que su feminismo o su retrato arduo y tenaz de la condición de la mujer, era más bien un ensayo de conocimiento de su profundidad psicológica y de su entorno.

La profundidad de su literatura tiene su fuente en que vivió mucho. Hija de un oficial del Ejército británico, en plena era imperial – nació en la antigua Persia en 1919 -, vivió en Rodhesia, en Harare, vivió dos matrimonios, militó en el Partido comunista británico desde el que participó en campañas contra el armamento nuclear; aún con que media vida la había pasado en Sudáfrica, su oposición y crítica del Apartheid, hicieron que le fuera prohibida la entrada a ese país. Y sin embargo, todo eso no es sino el alimento de una magnífica escritora. Harán unos diez años que Ernesto Cardenal, en su recital de poesía con ocasión de la recepción de la Medalla Isidro Fabela que le confirió la Facultad de Derecho de la UNAM, nos dijo a los estudiantes y maestros que nos reunimos a escucharlo: “sobre la poesía revolucionaria, para ser auténticamente revolucionaria, primero debe ser poesía”; por eso, en Lessing, más que el manifiesto, lo suyo es una literatura frontal, abierta, dulce y hasta brutal en la que exhibe nuestros prejuicios y nuestras vergüenzas. Leer a Lessing es disfrutar de la literatura bien trabada, de acuerdo con la mejor tradición de la literatura británica. Lessing es una mujer a la que hay que volver muchas veces que, con Coetzee, presenta la visión de ese mundo lejano de dolor y sufrimiento tanto como de belleza y humanidad que es África.

En 1999, la reina Isabel II le confirió el título de “Dama del Imperio Británico”, Doris Lessing rehusó recibir la distinción y fue muy clara en su motivo… “Ya no existe ningún imperio”. Esa es la mujer que hoy se ha marchado. Me convertí en su lector con dos libros contundentes: “El quinto hijo” y “Ben en el mundo”.

De Lessing hay mucho que leer:

Alfred y Emily. Ed. Lumen

Cuentos europeos. Ed. Lumen.

La grieta. Ed. Lumen.

La costumbre de amar. Ed. Flash

Made in England. Ed. Lumen.

Memorias de una superviviente. Ed. Gandhi.

Un paseo por la sombra. Ed. De bols¡llo

El quinto hijo. Ediciones B

Ben en el mundo. Ediciones B

Autobiografía. Ed. Debolsillo.

La buena terrorista. Debolsillo.

 

Imagginación

Meditación Divertida con Maggie

Disappearing Thoughts

clicks and clips

Tablaturas de mis pasos

Unas cuantas palabras y fotos para los lugares que me hacen feliz.

NOUS LES FEMMES

Aller au delà de nos limites à travers le monde. J'en suis capable, pourquoi pas toi? Pourquoi pas nous? Ensemble nous sommes invincibles "Je suis femme and i can".

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A garden of wild thoughts. Feeling thoughts and dilemmas

Un Loco Anda Suelto

Entra en mi mente...déjame entrar en la tuya...

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Inner-peace is necessary to overcome of all the pain.

El Rincón de Suenminoe

En el soñador vida y sueño coinciden

La poesía, eso decían

Como plasmar la idea natural.

Cynthia Briones

Letras en el mar.

Polisemia Revista cultural

En cada edición proponemos una palabra para indagar sus posibles significados desde distintas áreas.

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Alojamientos rurales en Avila y Provincia. Tlf.920206204/ 685886664

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