El rincón de la Bibliografía: André Malraux

El rincón de la bibliografía en Cisterna de Sol rinde homenaje a André Malraux en su aniversario luctuoso

En su aniversario luctuoso, ofrecemos la bibliografía de André Malraux; algunas notas y guías sobres sus libros, aunque tradicionalmente lo hacemos en orden cronológico de publicación, en esta ocasión y toda vez que no toda la obra de Malraux está traducida al español, hemos optado por poner primero las obras en traducción castellana. Que ustedes lo disfruten:

La reina de Saba

https://www.planetadelibros.com/libro-la-reina-de-saba/272873

La condición humana

https://www.letraslibres.com/mexico-espana/la-condicion-humana-andre-malraux

El museo imaginario

https://www.catedra.com/libro.php?codigo_comercial=160076

La tentación de Occidente

https://www.proceso.com.mx/2425/malraux-o-la-tentacion-de-occidente

L’Espoir, Sierra de Teruel

http://www.brigadasinternacionales.uclm.es/documento/espoir-la-sierra-de-teruel/

Extractos de la película

El demonio del absoluto

https://www.elcultural.com/revista/letras/El-demonio-del-absoluto/24956

Los nogales de Altenburg

http://libreriaelextranjero.com/los-nogales-del-altenburg-de-andre-malraux/

La vía real

http://www.lecturalia.com/libro/27190/la-via-real

Los conquistadores

http://clubdelectura.cl/los-conquistadores-de-andre-malraux/

Oraciones fúnebres

https://www.revistadelibros.com/articulos/andre-malraux-oraciones-funebres

Vida de Napoleón

http://www.sopadelibros.com/book/vida-de-napoleon-andre-malroux

Goya

https://www.nexos.com.mx/?p=9141

Royaume Farfélu

http://nathalie.diaz.pagesperso-orange.fr/bejart/malrauxoulametamorphose/indexmalrx.html

Le temps de mépris

https://artsrtlettres.ning.com/profiles/blogs/l-humanisme-en-marche-le-temps-du-mepris-de-malraux

La lutte avec L’Ange

https://www.gallimardmontreal.com/catalogue/livre/andre-malraux-ou-la-lutte-avec-l-ange-cardinal-claude-9782895076193

Esquisse d´une Psychologie du Cinéma

https://journals.openedition.org/1895/5020

La Psychologie de l´Art.

http://www.contreeslointaines.fr/rarissime/rare-3-volumes-psychologie-de-lart-andre-malraux/

La voix du silence

https://www.universalis.fr/encyclopedie/les-voix-du-silence/

Le Miroir des Limbes

http://www.gallimard.fr/Catalogue/GALLIMARD/Folio/Folio/Le-Miroir-des-Limbes

Lettres choisies

http://www.gallimard.fr/Catalogue/GALLIMARD/Folio/Folio/Lettres-choisies

La Gioconda conoce a la Reina de Camelot

Hubo un tiempo antes de Camelot, un tiempo breve porque antes de él no hubo sino la prehistoria de la joven Bouvier; porque el reino resplandeciente comenzó a formarse no a través del que sería su señor – el Emperador Kennedy, como lo llamaría luego Leszek Kolakowsky – sino desde la luminosidad de la que algún día sería, para siempre, su soberana; en Life del verano de 1959 Jackie irrumpió en la escena pública como la flamante esposa del Senador John Fitzgerald Kennedy que comenzaba a perfilarse como el favorito para alcanzar la candidatura demócrata a la presidencia de los Estados Unidos; en julio de 1960, Norman Mailer publicó un reportaje sobre la Sra. Kennedy en Esquire y consagró para siempre su estilo; es cierto, hubo un tiempo antes de Camelot pero ni todas sus luces alcanzarían a igual el breve tiempo del reino resplandeciente; su reina impuso el estilo y la cultura como componentes de la política de la Casa Blanca; ninguna de las siguientes inquilinas que la augusta mansión alcanzaría la sofisticación del estilo de Jackie pero tampoco ninguna podría ignorarlo. Si es cierto que el ingente poder de los Estados Unidos no es obra de Kennedy, pues comenzó a gestarse décadas antes de su presidencia, también lo es que Jacqueline Bouvier inventó el estilo como parte de la imagen política norteamericana y que forzó las puertas de una cultura todavía fuertemente provinciana y semibárbara; si antes de Camelot los intelectuales nortamericanos tenían que peregrinar a Paris, a Madrid y a Londres, ella llevaría a André Malraux a Washington y daría un golpe espectacular para migrar buena parte de la cultura mundial a las viejas trece colonias.

En 1961 John y Jackie visitaron a De Gaulle en Paris, el general quedó maravillado con la personalidad y el estupendo francés de la Primera Dama; en la cena de Estado, con perfecto acierto el Presidente de los Estados Unidos afirmó: “Soy el hombre que ha acompañado a Jacqueline Kennedy a París y lo he disfrutado”. De Gaulle se mostró muy interesado en las nuevas ideas de John y el trabajo impecable de Jacqueline fue allanar el camino del entendimiento; sin embargo, Jacquie tenía sus propios objetivos, había leído con detenimiento la obra de André Malraux, entonces el poderoso ministro de cultura, sus charlas fueron gratas para ambos y el fue su guía en una visita la Jeu de Paume y a la Malmaison; ahí nació una amistad que se mantuvo en la mejor estima de ambos hasta la muerte del francés en 1976. Cuando la pareja regresó a Washington, Malraux le envió un ejemplar autografiado de su libro “El Louvre y las Tullerías”.

En 1962 la reina de Camelot impuso a su corona una joya inimaginable; en mayo, Malraux visitó Washington y se hospedó en la Casa Blanca; ahora como anfitriona, Jackie devolvió la visita guiada y llevó al escritor a conocer la National Gallery, como la Sra. Kennedy no necesitaba intérpretes podía, por sí misma, acercarse y alcanzar sus objetivos por sí misma. De alguna manera que no lograremos conocer, Malraux y Bouvier concibieron la idea de llevar la Mona Lisa a Washington por algunos días; el hecho era que la ilustre pintura sólo había salido del museo en dos ocasiones: cuando fue robada y cuando se la escondió para ponerla a salvo de la brutalidad y venalidad nazis y, desde luego, nunca había estado fuera de territorio francés; aunque el político recriminó al escritor por la reticencia de Francia a colaborar con la carrera nuclear y el ministro regañara al presidente por su falta de humanidad en Viet Nam, lo cierto es que el diálogo fue cordial en gran parte porque Jackie había encontrado en el arte una ruta alternativa evitando que la diferencia de opiniones enrareciera el ambiente.

Cuando regresó a París, Malraux expuso el proyecto al Presidente y De Gaulle se impuso al influyente gremio de los conservadores del Louvre  que, desde luego se opusieron a que la Gionconda se aventurara fuera de casa; al afecto y respeto de De Gaulle por Malraux quedó de manifiesto  – y también la razón que concedía a la causa de Mrs. Kennedy – cuando el General zanjó de golpe la cuestión: “Malraux sabe lo que hace y lo hace bien”. Para octubre de 1962 las cosas iban tan avanzadas que el Presidente Kennedy escribió a John Walker, director de la National Gallery, para que directamente y en su nombre, negociara con Hervé Alphand, Embajador de Francia, los términos de la exposición, la nota de instrucciones deja ver como el rey deja a la reina de Camelot el control de una situación delicada como delicadas eran sus maneras de atenderla; decía la nota:

Negocie la seguridad y protección de dos cuadros que serán enviados desde Francia este otoño. Estos cuadros llegarán a Estados Unidos como el más generoso gesto del Presidente De Gaulle y del ministro de cultura francés André Malraux hacia la Sra. Kennedy y hacia mí.

La impronta de Jackie había quedado indeleble, los cuadros eran: “Retrato de la madre del artista” de Whistler y “La Gioconda” de Leonardo; ésta última sería exhibida no sólo en la capital sino en la que Jackie tuvo siempre como su propia ciudad: Nueva York. El 12 de diciembre los Kennedy anunciarían la exposición y ésta fue inaugurada por Malraux y la pareja el 8 de enero de 1963. No pudo haber tenido más éxito ni mejores resultados; entre las dos ciudades visitaron la pintura un millón setecientos mil personas; las obras regresaron intactas a su hogar y los Kennedy, como correspondía al fulgor de Camelot, quedaron como unos de los más grandes patronos de las artes de su tiempo. No cabe duda que fue el talento de ella lo que logró la hazaña, la Gioconda sólo volvió a salir de casa una vez más, en 1974, para visitar el National Museum de Tokio, en esa ocasión, a modo de protesta, todos los conservadores del Louvre renunciaron.

Iniciando el viaje

Una de las cosas más difíciles de saber es cuándo comienza un viaje. Empezamos a viajar desde el momento en que nos imaginamos en un destino, cerca o lejos; desde el instante en que nos concebimos caminando por otras calles, nos sabemos capaces de escuchar otro idioma y otro acento de nuestra propia lengua; entonces, al renovar nuestra primera capacidad de asombro, hemos abierto una página nueva de nuestra bitácora de viajes.

Atreverse a viajar es una de las experiencias más enriquecedoras a las que puede enfrentarse un ser humano. Viajar amplía nuestra cultura, nos hace más humanos al confrontarnos con gente distinta; nos permite ser nosotros mismos en lugares donde nadie nos conoce y en donde no generamos ninguna expectativa. Viajar es un buen sinónimo de crecimiento y uno mejor de libertad.

El hábito de viajar se adquiere y se educa con el tiempo. Nunca es tarde para comenzar y la lectura es un magnífico método para iniciar el camino. De hecho, todos tenemos relación con historias de viajes. Nuestra propia forma de entender el mundo, a nuestras familias y a nosotros mismos está relacionada con viajes: a los mexicanos nos enseñan cómo nació la patria cuando los antiguos mexicas echaron a andar desde el mítico Aztlan hasta la Gran Tenochtitlan, muchas de nuestras familias vinieron de otros países o de lejanas provincias. Viajar, moverse, eso es una señal de estar vivo.
Desde luego hay viajes para todas las necesidades y para todos los presupuestos; se puede pensar en lujos y en viajes fantásticos con la asesoría de buenas agencias de viajeros, se puede subir a un avión y llegar al destino con el presupuesto medido y dispuesto a asumir la aventura, se puede subir al auto y seguir la carretera hasta donde se termine la cinta de asfalto; o se puede revivir el viaje de otro desde la butaca de la casa, leyendo un buen libro de viajes.


Con cierta cantidad, nada despreciable, puede hospedarse en el Hotel Crillon de París y pensar en Cocó Chanel, o bien, con algo menos, mucho menos, puede rentarse un auto y seguir la ruta de los Paradores en España; se puede ir “puebleando” en carretera mientras se espera a llegar a una playa en México, todo se puede, todo es cuestión de actitud y de deseo.


Yo comencé mi vida de viajero como mucha gente lo hace, leyendo. Ser lector es también ser un viajero. Natalie de Saint-Phalle, publicó un magnífico volumen sobre hoteles literarios, entre ellos el Hôtel des Arts, de Paris, donde murió en el exilio Oscar Wilde y donde solía hospedarse Jorge Luis Borges; para muchos que nunca pudimos hospedarnos en el Hotel Regis de la Ciudad de México, nos queda todavía y para siempre, el “Mexico City Blues” de Kerouac.

Uno de mis personajes favoritos es “Comeclavos”, el personaje principal de la novela homónima de Albert Cohen; lo quiero por su visión del mundo en el viaje que realizó desde su isla natal, Cefalonia, en el archipiélago griego hasta Ginebra, donde su primo trabajaba como Subsecretario de la Liga de las Naciones. Cosa de atreverse, puede soñarse en el Parc Anglais de esa ciudad viendo mujeres guapísimas o extraños diplomáticos con turbias intenciones.

Y es que viajar significa entender mucho del sentido de la vida, significa darse placeres íntimos, personalísimos. Alguna vez, guiado por el cuento «El otro», de Jorge Luis Borges, localicé la banca frente al lago de Ginebra, donde suceden los hechos de la narración y experimenté la rara sensación de ser parte de algo que ya ha pasado. Hay que viajar. Es preciso viajar. A unos pasos de casa, a otro continente y aún dentro de nuestra habitación favorita. La próxima vez que se encuentre en la Ciudad de México, vaya a una librería, no se compre una guía de viaje, (aunque hay que reconocer que si las hay buenas esas son las Guías Peugeot que editan El País y Aguilar), adquiera “México viejo” de don Luis González Obregón y armado de paciencia y unos pocos pesos, adéntrese en el Centro Histórico, visite el “Hospicio de Locas”, manicomio colonial de mujeres en el edificio que se encuentra justo enfrente del Teatro de la Ciudad, dé un paseo por el Palacio de Iturbide y visite el templo de la Profesa; siga los pasos del viejo don Luis y reviva el tiempo en que México era la Ciudad de los Palacios.

Piense sobre todo, que puede repetir esta experiencia en otras ciudades, si logra conseguir las “Escenas Matritenses” de Mesonero Romanos, cuando visite Madrid y si sigue las indicaciones del cronista, todavía podrá encontrar en la Plaza Mayor, cerca del Arco de Cuchilleros un pequeño negocio con el letrero que dice “Sombreros para hombre de paja”.

Porque bien visto, si se hace a la idea de que es posible cenar en la Casa Robles de Sevilla, como lo hacen los personajes de Pérez Reverte en “La Piel del Tambor”, o en el Café Gijón de Madrid ya estará disfrutando su excelente fabada y, como le pasa al mismo Pérez Reverte, en “Patente de Corso”, ya estará reviviendo el gozo de la conversación con Alfonso, el cerillero, que guardaba la puerta del café, vendiendo lotería y tabacos y cuya bendita memoria honran escritores y gente común cada día en el lugar que ahora ocupa una máquina expendedora de tabacos.

La lista sería interminable, se me queda mucho en el tintero; de adolescente, cuando una vida clasemediera urbana me negaba los dudosos privilegios de la aventura, me imaginé en los cafetines de la Colonia Roma de los años cincuenta siendo un personaje de “Las Batallas en el Desierto” de José Emilio Pacheco, libro delicioso como pocos; en cierto modo lo fui, visité ciudades a las que nunca he ido, como el Dublín de “Dublineses” de Joyce, aún de ciudades que no existen y que no existirán jamás, como Macondo de “Cien años de Soledad” del gigantesco García Márquez, lugar donde por cierto, no estaría mal que me enterraran llegada mi hora.

Imagginación

Meditación Divertida con Maggie

Disappearing Thoughts

clicks and clips

Tablaturas de mis pasos

Unas cuantas palabras y fotos para los lugares que me hacen feliz.

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Aller au delà de nos limites à travers le monde. J'en suis capable, pourquoi pas toi? Pourquoi pas nous? Ensemble nous sommes invincibles "Je suis femme and i can".

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