La lista tonta de los jueves: El apartheid. Feliz cumpleaños Miriam Makeba!

El día de hoy cumple años Miriam Makeba, Mama Africa, la niña que esperó bajo la lluvia al Rey de Inglaterra, para honrar su memoria y su legado, para celebrar la derrota sobre el Apartheid, estas novelas sobre aquel horrendo momento:

La niña que esperó al rey de Inglaterra bajo la lluvia. César Benedicto Callejas. https://cesarcallejas.me/2021/01/24/la-nina-que-espero-al-rey-de-inglaterra-bajo-la-lluvia-de-cesar-benedicto-callejas-ya-esta-disponible/


La hija de Burger. Nadine Gordimer. https://www.planetadelibros.com.mx/libro-la-hija-de-burger/146329


Mundo de extraños. Nadine Gordimer. https://www.librosdemario.com/mundo-de-extranos-leer-online-gratis


Canta la hierba. Doris Lessing. https://elbuscalibros.com/canta-la-hierba-doris-3d1e2170a344


Memorias de África. Karen Blixen. https://www.xlsemanal.com/conocer/cultura/20201210/karen-blixen-memorias-de-africa-escandalos-suicidio-vida-biografia-la-leona.html

Volver a casa. Yaa Gyasi. https://www.penguinlibros.com/es/literatura-contemporanea/28199-volver-a-casa

Prohibido nacer. Trevor Noah. https://elpais.com/elpais/2017/10/18/eps/1508277959_150827.html

La alianza. James A. Michener. https://www.lecturalia.com/libro/27867/la-alianza

Un arco iris en la noche. Dominique LaPierre. https://www.comentariosdelibros.com/comentario-un-arco-iris-en-la-noche-1557idl1537idc.htm

Llanto por la tierra amada. Alan Paton. https://www.palabra.es/llanto-por-la-tierra-amada-0082.html

Desgracia. J.M. Coetzee. https://www.letraslibres.com/espana-mexico/revista/despues-la-tormenta-violacion-y-colonialismo-en-desgracia-coetzee

Infancia. J.M. Coetzee. https://elpais.com/diario/2003/12/09/cultura/1070924402_850215.html

El factor humano. John Carlin. https://www.planetadelibros.com/libro-el-factor-humano/12712

Mi corazón de traidor. Rian Malan. https://www.anagrama-ed.es/libro/cronicas/mi-corazon-de-traidor/9788433925237/CR_23

Los Hacedores de Mapas: El Escritor Asediado. André Brink. https://www.amazon.com/Los-

Hacedores-mapas-escritor-asediado/dp/9681627628

El largo camino hacia la libertad. Nelson Mandela. https://www.penguinlibros.com/es/biografias/33554-el-largo-camino-hacia-la-libertad-9788466332699

Mis cuentos africanos. Nelson Mandela. https://www.siruela.com/catalogo.php?id_libro=3529

Un hermoso lugar para morir. Malla Nunn. https://www.siruela.com/catalogo.php?id_libro=1561

Los derechos del deseo. André Brink. https://elpais.com/cultura/2015/02/22/actualidad/1424563170_940669.html

Los intérpretes. Wole Soyinka. https://literafricas.com/2014/06/26/los-interpretes-wole-soyinka/

Las luminosas. Lauren Beukes. http://lecturaylocura.com/las-luminosas-de-lauren-beukes/

La hija de la criada. Barbara Mutch. https://www.alianzaeditorial.es/libro/13-20/la-hija-de-la-criada-barbara-mutch-9788491047742/

Miriam Makeba canta Pata Pata
Una nueva versión con Angelique Kidjo

¡¡¡La niña que esperó al Rey de Inglaterra bajo la lluvia de César Benedicto Callejas ya está disponible!!!

Gracias al esfuerzo de la editorial Universo de Libros, «La niña que esperó bajo la lluvia al rey de Inglaterra» ya está disponible. Gracias a quienes nos acompañaron en la odisea de su creación y publicación, gracias a nuestros lectores y amigos; para todos ustedes, la palabra luminosa de la ofrenda: ¡Gracias!

Cinco mujeres enfrentadas a su destino que, contra todo y contra todos, se hicieron cargo de su mundo y transformaron el de su derredor; artistas, activistas; valientes todas contribuyeron a un mundo de igualdad, vivieron destierro y también gloria, encontraron amor y fundaron familias, pero más allá de todo, fueron dueñas de sí mismas.

Lupe Vélez, Alice Liddell, Yoyes,Miriam Makeba y Audrey Hepburn y sus redefiniciones del mundo que hoy vivimos.

Editorial Universo de Libros pone a su disposición la siguiente dirección electrónica para compra con entrega en su domicilio, envío incluido:

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No lo olvide, al hacer su pedido deje un mensaje en este blog, cuando las circunstancias lo permitan recibirá una invitación para una reunión donde charlaremos del libro y, si me lo permites, te firmaré con todo gusto tus ejemplares.

«Proyecto beneficiado por el Sistema de apoyos a la creación y a proyectos culturales (FONCA) «

El vals del minuto de los lunes: Soweto blues, lengua y cultura

Acompáñenos un minuto para reflexionar sobre lenguas originarias y cultura, como un blues de Miriam Makeba, honra la memoria de niños asesinados por la barbarie del apartheid.

Soweto Blues, la memoria de la masacre
Miriam Makeba y su Soweto Blues

El arte por la libertad. El concierto por Mandela

El 18 de julio de 1988, Nelson Mandela cumplía setenta años, la ocasión era más que propicia, perfecta, para una campaña mundial que pusiera la imagen del hombre que entonces había transcurrido veinticinco años en prisión sin rendirse y dirigiendo el movimiento sudafricano más influyente y que llevaba la vanguardia en la lucha contra el apartheid en todos los frentes; el CNA había recurrido al sabotaje como principal arma; en su alegato de defensa Mandela había fijado, harían entonces más de dos décadas, la postura del Congreso frente a la violencia:

Hay cuatro formas de violencia posible. Hay sabotaje, hay guerrilla, hay terrorismo, y hay revolución. Decidimos adoptar el primer método antes de tomar cualquier otra decisión.

A la luz de nuestro compromiso político de fondo, la elección era lógica. Sabotaje no implica la pérdida de vidas y ofrece la mejor esperanza para las futuras relaciones raciales. La amargura se limitará al mínimo y si la política ha dado sus frutos, el gobierno democrático podría convertirse en una realidad. Esto es lo que sentí en ese momento, y esto es lo que dijimos en nuestro Manifiesto.

Esperamos que no sea demasiado tarde, de modo que tanto el gobierno y sus políticas puedan ser cambiadas antes de que las cosas lleguen a la desesperada situación de guerra civil.

El Congreso se mantuvo en su credo de respeto a la vida en la medida de lo posible y en la convicción de causar el mayor daño al gobierno de la segregación y estar preparado para un escenario de guerra civil que no deseaba pero en la que estaba dispuesto a participar; durante 1986 el Congreso llevó a cabo 231 actos de sabotaje y al año siguiente 235; en medio de la ola de violencia, Madiba solicitó una audiencia con Botha, que le fue denegada; en su lugar Kobie Coetzee, Ministro de Justicia, se entrevistó con él en prisión al frente de una comisión gubernamental; el gobierno ofrecía la liberación de los presos políticos, incluido Mandela, y la legalización del CNA y, a cambio, el Congreso debía renunciar a cualquier forma de violencia, terminar cualquier relación con el Partido Comunista y eliminar de sus exigencias el voto universal; Mandela comprendió que de aceptar las condiciones exigidas condenaba su movimiento a la inmovilidad y lo exponía a perder toda legitimidad así que omitió negociar su propia libertad y lanzó una contrapropuesta extrema; el Congreso renunciaría a la violencia si el gobierno renunciar a a ejercerla contra la población. El gobierno de Botha no quiso acceder y Madiba se alzó con una enorme victoria política; fuera de Sudáfrica, Miriam Makeba y otros artistas preparaban el golpe definitivo para lograr la liberación de Mandela.

El Tributo a Nelson Mandela en su 70 aniversario fue una serie de actos artísticos creados para difundir la lucha del Congreso Nacional Africano, denunciar los crímenes del apartheid y exigir la libertad de Madiba como alma y corazón del movimiento de liberación nacional en Sudáfrica y tuvo su principal manifestación en el Nelson Mandela Concert del 11 de junio de 1988 celebrado en el Estadio de Wembley. Además de una nómina que incluía los artistas y grupos más populares de la época – algunos que jamás antes habían manifestado tendencia política y otros consagrado en la lucha de los derechos humanos – como George Michael, Dire Straits, Simple Minds y Eric Clapton; Makeba y Hugh Masekela constituyeron el centro de las voces que clamaban la atención del mundo; en el concierto Censo no sólo se reencontró con Masekela sino también con Harry Belafonte. Miriam y Hugh cantaron juntos Soweto Blues y ella interpretó Pata-Pata. El concierto fue difundido en 67 países y tuvo una audiencia de 600 millones de espectadores; abrió con un discurso de Belafonte, Sitng cantó “They Dance Alone” – escrita para denunciar los crímenes de Pinochet – George Michael interpretó “Village Getto Land” y culminó con Jessy Norman cantando “Amazing Grace”. Al final el tema del apartheid y la libertad de Madiba salían de los discusiones diplomáticas y de las columnas políticas para situarse como un reclamo popular y un tema central en todos los niveles de opinión, el camino a la libertad de Mandela y a la caída del apartheid había entrado en una pendiente que ya nada podía detener.

La presión a la que estaba sometido el gobierno de Pretoria era ya insoportable pero el régimen se sostenía con una cuota  cada vez mayor de sangre y violencia; la liberta de Mandela se daba por descontado pero Botha nos parecía dar señales de rendición; un hecho providencial detonó lo que al cabo de unos meses sería realidad. En febrero de 1989 Pieter Willem Botha sufrió un derrame cerebral que lo obligó a dimitir. Su sucesor Frederik Willem De Klerk llegó al poder con el deseo expreso de terminar con el régimen de la segregación.

Hubo un año parra la memoria, 1989, el Muro de Berlín se venía abajo, las reformas de Gorvachev desmantelan el comunismo de Estado; De Klerk asumía el poder el dos de febrero y en el parlamento ofreció derogar el sistema de segregación, legalizar el Congreso Nacional Africano y libera a sus presos políticos; el once de ese mes Nelson Mandela fue puesto en libertad incondicional.

La niña que había esperado al rey de Inglaterra bajo la lluvia pudo volver a casa luego de tres décadas de peregrinar hacia la libertad; Madiba la llamó a Sudáfrica y nadie intentó impedírselo con Mandela como líder y luego como presidente, buscó que ahora su voz ya no clamara por la liberación e los cuerpos sino de los espíritus bajo la forma de la reconciliación y aunque trabajó con la fuerza de siempre como representante del gobierno electo de manera democrática en 1994, nunca dejó de cantar por las causas que consideró más valiosas que su propia vida, como la condición de las niñas sudafricanas.

Para Zensi, que había presenciado la muerte bajo los rostros más horrendos, las luces de su actuación se apagaron como habría soñado, cantando Pata-Pata en un concierto de apoyo a Roberto Saviano al que la Camorra había amenazado; al parir el mundo que había visto al nacer había desaparecido; la lluvia había pasado y tanto los reyes, como los africanos y el mundo habían oído su voz.

Hubo un sueño llamado Sophiatown

Al nacimiento del sistema de segregación del Apartheid quedaban algunos lugares habitados por africanos y británicos donde no se cumplían los mandatos de la ley; así, como suspendida en el tiempo, quedó Sophiatown, cerca de Johannesburg. Un pastor británico rebelde a la jerarquía afrikáner mantuvo la congregación de Sophiatown como un reducto racial en el que ls artes y, en particular la música cumplían una misión de cohesión social multiétnica y cosmopolita; convocados por el espíritu de la Misión del Pastor Hudleston, Makhalipile -el intrépido – como recuerda Carmen Márquez Bouza que lo llamaba la comunidad – llegaron para asentarse pintores y escritores, actores y muchos jazzistas que fundaron locales donde podía escucharse el mejor jazz del continente.

Sophiatown había sido fundada como una granja, su nombre fue el obsequio de Herman Tobianskhy a su esposa, en la medida que la granja se convirtió en barrio y que en él, como un raro olvido, la población africana no fue privada de su derecho a poseer una vivienda la población blanca, alentada por Hudleston, no quiso abandonar sus hogares y prefirió convivir con negros y mestizos, se fue creando un movimiento de resistencia la racismo y a la segregación en cuyo corazón, en los patios de las casas, y en las bodegas de los negocios floreció un estilo que, con los años iba a dar origen a la música africana moderna: el Marabi.

Nadie sabe a ciencia cierta cuál es el origen de la palabra Marabi, lo más aceptado es considerarlo una variación de Marabastad, un suburbio de Pretoria de donde eran originarios un buen número de los primeros músicos y urbanizadores que poblaron Sophiatown, pero en realidad nada se sabe con precisión salvo, tal vez, que un día había nacido una palabra que designaba los bailes y las noches interminables de jazz en los patios traseros de las casa donde, además de beber cerveza y mover los cuerpos, se encontraban los que fuera del barrio debían ser irreconciliables y ahí, en la intimidad de Sophiatown se entregaban a la liturgia del sonido y la danza; casi nada se puede afirmar de su comienzo sino que en algún momento el Marabi era un signo de identidad, una forma peculiar de aspirar a la libertad y de olvidar la represión que reinaba más allá del barrio.

Atraída tanto por el sueño de libertad como por la magia de su música, Makeba dirigió sus pasos a ese rincón aún olvidado por el odio y la exclusión. Cuando llegó, a comienzos de 1950, Sophiatown tenía ya quince años como capital de un nuevo estilo musical; los bailes del traspatio aún seguían y se mantendrían mientras que al barrio se le permitiera mantenerse con vida, pero los grupos, las rudimentarias orquestas, algunas con unos pocos elementos europeos, se habían mudado a locales entre cuyo encanto figuraba su estilo soterrado y un poco patibulario; también el jazz norteamericano había dejado ya sentir su influencia en la formación evolución del jazz africano; en la radio y en los discos sonaban Satchmo, Duke Ellington y Count Bessie; con ellos llegó también el cine musical hollywoodense que hizo su aparición marcando el gusto de los habitantes del barrio que se transformaba en un centro de cultura y de resistencia a la opresión; en 1943 se filmó Storm Weather – Morena oscura la llamaron en español – un musical con todo su elenco formado por actores, bailarines y músicos afroamericanos, dirigida por Andrew L. Stone, contó con el talento de Lena Horne, Bill Robinson, Cab Calloway y su entonces ya célebre Cotton Club Orchestra, el filme causó un enorme impacto en la población negra de Sudáfrica y contribuye a formar las bases de una identidad comunitaria sobre la base de la convivencia urbana y no sólo sobre la herencia tribal, lo mismo sucedió con Cabin in the Sky, del mismo año y dirigida por Vincent Minelli y protagonizada por Ethel Waters, Eddie Rochester Anderson y – una vez más – Lena Horne. Así entendida, esta nueva identidad permitió a los músicos locales desarrollar su propio estilo y evolucionar desde el ancestral marabú hacia un espacio musical creativo e interpretativo propio al que se llamó Tsaba-Tsaba, al que Mirmian se mantuvo fiel, de una manera u otra, a lo largo de toda su vida. Tsaba-Tsaba combinaba las melodías tradicionales de algunas tribus africanas y los ritmos de swing y el jazz americanos; se trataba de música proletaria y marginal destinada a bailar hasta el agotamiento como un bálsamo un anestésico contra la violencia a la que los africanos debían enfrentarse fuera del barrio.

Si la música había creado un fuerte sentido de unidad y de pertenencia, la literatura de Sophiatown presentaba rasgos más combativos y apelaba a la inteligencia de los lectores – blancos y negros – para aceptar y dialogar con esa exhibición del músculo intelectual de la comunidad africana; una de las bases dogmáticas del apartheid era la supuesta inferioridad intelectual de los africanos frente a los europeos y ofrecía como falsas comprobaciones empíricas – como sucedió con la pseudo ciencia étnica de los nazis – el hecho de que las tribus africanas no habían podido generar expresiones culturales sofisticadas y monumentales según los parámetros de la cultura occidental – omitiendo desde luego el análisis etnográfico y geográfico de su desarrollo histórico – y también que los nativos tampoco habían producido ningún producto cultural apreciable desde la llegada de los europeos aunque, según los teóricos del sistema segregacionista, ya disponían de todos los elementos modernos para crear arte y cultura como cualquier civilización superior del mundo – en ello también omitían que la exclusión, la miseria, la ignorancia y la violencia eran administrados de manera deliberada para impedir el desarrollo de la población negra y mestiza reduciéndola al más estricto régimen de sobre vivencia -. Todos estos hechos señalan el nexo paterno filial entre el nazismo y el régimen racista de Pretoria, si bien con algunas diferencias sustanciales; por una parte, el apartheid no puede considerarse como un sistema totalitario – fascista en estricto sentido, su perfil liberal abierto económicamente, aunque sólo para los blancos, distaba de las manipulación económica del nacional socialismo alemán; por otra, el apartheid no esta un sistema totalitario para ninguna de las etnias que coexistían bajo su dominio y aunque se basaba en la negación del principio de igualdad entre los individuos y entre los grupos humanos, estaba bajo la organización de un régimen constitucional de limitaciones y derechos; por último, el apartheid no se propuso en ningún momento el exterminio de la población negra pues la racionalidad de ambos sistemas criminales era distinta; el apartheid no podía prescindir de la población africana que superaba tres cuartas partes de la población total, tampoco podía suprimir un parado económico destinado a que aquella mayoría sometida produjera ingentes márgenes de riqueza para la minoría blanca a través del uso extensivo de mando de obra que bien podía considerarse gratuita, privada de cualquier derecho fundamental y que podía, en momentos críticos, ser extirpada mediante la ejecución ilegal o el asesinato callejero sin ningún tipo de consecuencia ética, política o jurídica; por eso, la actividad literaria de Sophiatown fue perseguida con vehemencia mientas que la música era más bien tolerada, el régimen de Pretoria no alcanzó a comprender el poder del discurso y resistencia de la música popular y de sus compositores e intérpretes; en cambio, los escritores fueron perseguidos como delincuentes comunes, trabajaron desde la clandestinidad y muy pronto fueron obligados a exiliarse. Para las autoridades, los escritores de Sophiatown eran criminales y se les acusaba de ser gestees y de perpetrar delitos violentos contra individuos europeos.

El sueño de Sophiatown fue, sin embargo, efímero; cuando en 1954 el apartheid tomó su forma definitiva dentro del marco legal sudafricano, Sophiatown se convirtió en uno de los primeros objetivos de los afrikaaners que se habían hecho con el poder absoluto; por un lado, al considerar al barrio como la muestra de la degradación moral y social a la que conducía la convivencia interétnica y, por el otro, al considerarlo también el ejemplo de lo que los anglos podían hacer en Sudáfrica si se les cedían algunas parcelas de poder aún fuera de las estructura del gobierno, el ejemplo de Huddleston era por completo inaceptable; en ambos casos la destrucción de la pequeña urbe debía ser ejemplar y aleccionadora. La ley establecía que entre los barrios blancos y los negros debían mediar quinientas yardas de terreno desierto; para lograrlo toda la población fue desalojada, a los blancos se les otorgaron varios días para reubicarse, a los negros se les expulsó en una especie de deportación hacia el oeste donde debieron edificaron barrio precario, sin servicios y desde luego sin música ni cultura; aquel South West Township fe conocido como Soweto y durante décadas fue el signo de la marginación, la violencia y el oprobio que prohijaba y nutría el régimen de la segregación.

Miriam Makeba, la niña que esperó al Rey bajo la lluvia

Miriam Makeba nació el 4 de marzo de 1932 en un barrio marginal en la periferia de Johannesburg; Sudáfrica aún no existía ni el apartheid tampoco; todavía colonia británica, la Unión Sudafricana había recibido importantes libertades constitucionales desde Londres en materia de asuntos nativos, apenas un año antes de su nacimiento, comenzaron a tomar forma algunas prácticas históricas desde que los blancos organizaron la explotación del área a finales del siglo XIX; los tratos inhumanos, la ausencia de derechos políticos de cualquier naturaleza, las prácticas de segregación racial que incluían asuntos tan básicos como los lugares donde los negros podían vivir, comer o trabajar, eran entonces parte de la vida cotidiana en el mundo en que nació Makeba; prácticas que tomarían forma en un sistema de dominación y explotación llamado apartheid y que se consolidó como estatuto constitucional en 1948 bajo el gobierno del Primer Ministro Daniel Malan y que afectó a tres cuartas partes de la población.

Miriam nació en el seno de una familia con férreas raíces en su entorno tribal; su padre, miembro de la tribu Xhosa llevó a su madre a vivir a los suburbios, una forma de buscar circunstancias menos difíciles que en las zonas rurales donde el hambre atacaba con más rabia; era maestro de escuela y eligió el poblado de Prospect Township por su proximidad a Johannesburg; se trataba de un asentamiento sin electricidad ni agua potable; el padre de Miriam podía ir a la ciudad sólo en un autobús autorizado que salía del barrio cada mañana y volver en él antes de que cayera la noche; la madre solía partir con él cada día, en la urbe trabajaba como empleada doméstica. Caswell y Christina, como todos los miembros de sus tribus se habían casado muy jóvenes y como todos también tanto formaban una pequeña familia como una diminuta célula de trabajo en lucha contra la miseria; Christina fue siempre la persona más cercana a Miriam y le enseñó la disciplina y la fuerza para oponerse a la opresión y a la desdicha de las circunstancias; poco antes de que naciera Uzenzile Makega Qgwaska Ngiovama, Miriam por nombre cristiano – Zensi por mote familiar – su madre tuvo la peregrina idea de aumentar sus ingresos mediante la fabricación de cerveza artesanal en su propia casa y vender la bebida a los vecinos, con ello desafiaba la doble prohibición que impedía a los africanos poseer sus propias industrias y la de producir bebidas alcohólicas para venta o consumo personal; así, Miriam conoció la prisión a los 18 días de nacida y pasó en ella los primeros seis meses de su existencia. Cuando salieron de prisión, Castell decidió trasladar a la familia, aunque las condiciones no mejoraron mucho, el cambio al norte del Transvaal representaba una mejor oportunidad de trabajo – el padre entro como ayuda contable en la compañía Schell – y un ambiente menos opresivo. Como sucedían muchos de los hombres de su generación y su circunstancia, el padre de Miriam murió muy joven y Nomkomendelo – nombre tradicional de la madre – tuvo que hacerse cargo de la familia.

La joven madre fue la fuente de la que Zensi bebió la vida, el talento y el espíritu de sus antiquísimos orígenes; Nomkomendelo era una curandera y consejera tradicional respetada, conocedora los rituales y sabiduría tradicional de su pueblo y también de su música; de ella escuchó decir que la música encerraba cierto tipo de magia y Miriam lo tomó como su mantra personal.

Para Christina que reunía en su persona todas las vulnerabilidades de su país y su tiempo: ser africana, mujer y viuda, la carga familiar resultó demasiado pesada y dispersó a sus hijos para aumentar las posibilidades de sobrevivencia.

Zensi fue enviada a vivir con su abuela a Riverside, en las afueras de Pretoria, donde pudo ingresar a una escuela Metodista de oficios, lo adecuado para alguien que a los quince años ya debía aprender a ganarse la vida; sin embargo, más que aprender un oficio la escuela le permitió descubrir su vocación y su lenguaje vital; al ingresar al coro de la institución supo que no podría hacer otra cosa el resto de su vida.

En abril de 1947 el rey Jorge VI visitó sus dominios en la Unión Sudafricana, fue el último monarca británico que lo hizo, la minoría blanca se inclinó años después por el sistema republicano acompañándoloiban la princesa consorte y la joven Isabel, la única que volvería al país, si bien en 1995, cuando Sudáfrica ya era independiente, el apartheid ya había sido derrotado y el Estado readmitido en la comunidad británica de naciones; pero aquel día de la primavera boreal, un pequeño coro de niñas se había organizado para cantar al Rey “What a sad life for a black man”, un viejo espiritual de las comunidades africanas del Imperio; las niñas, entre las que se encontraba Makeba esperaron durante horas el paso del Rey que se suponía debía detenerse para escuchar la canción; unas horas antes del paso d la comitiva real se desató un feroz aguacero, el coro se negó a dispersarse y bajo la lluvia siguió aguardadno; se prepararon cuando se notó que el auto real se aproximaba y no pudieron entonar una sola nota porque el vehículo siguió de frente sin notar su presencia. Desde luego, para Zensi, se trató de un desprecio y una ofensa que pudo olvidar jamás; al mismo tiempo, el recuerdo de los ensayos, la satisfacción de escucharse en el entorno de otras voces, le descubrieron la magia de la música.

Desde luego, a cualquier niña del mundo cantar y hacerlo para un monarca resulta cosa de magia; sin embargo, la dictadura, el genocidio y la exclusión tienen efectos devastadores en quien los sufre, efectos perversos e inusitados que en la infancia suelen ser todavía más devastadores. El diario de Zlata Filipovic, sobreviviente de la guerra en Sarajevo, por ejemplo, demuestra que los niños, sometidos a niveles de extrema violencia pierden su capacidad de fantasear – la fantasía es escape de la realidad hacia un mundo alterno que puede ser dominado y que reporta bienestar a quien lo ejerce – los niños en estas situaciones no pierden de vista el lugar donde están y los riesgos que corren pero, como todo ser humano de cualquier edad, conservan su poder de ensoñación; el episodio del rey que no percibe la presencia del coro le confirmó que no podía abstraerse de la realidad en que vivía, la de la exclusión, la violencia y la muerte prematura. Makeba, cuando cantaba no huía de la realidad, pero se transfiguraba, era su Monte Tabor; ahí, en el canto se reconstruía, era dueña de si misma, de su voz y de los minutos en los que no había nada más que la canción en medio de la amenaza continua.

El Libro Nuestro de cada Martes: «Esperando a los bárbaros» de J.M. Coetzee

Hoy que el mundo ha cambiado tanto hay épicas que corremos el riesgo de no recordar; hubo un tiempo terrible y oscuro en el que Sudáfrica ejerció uno de los más sanguinarios e irracionales métodos de sometimiento al que llamaron Apartheid. La segregación racial que la minoría europea impuso a la mayoría africana, llenó de estupor al mundo, de muchas formas su gobierno estuvo excluido de la comunidad internacional y sin embargo, intereses políticos y económicos incidieron para contemporizar con el último reducto de fascismo en el mundo.

Algunos como el enorme Nelson Mandela, la inigualable Miriam Makeba, Frederik de Klerk y J.M. Coetzee, lograron una revolución que si bien no podemos llamar tranquila porque se construyó sobre arroyos de sangre y sufrimiento pero que logró evitar una guerra civil; aniquilaron el sistema para dar paso a una Sudáfrica de igualdad y esperanza.

«Esperando a los bárbaros» es un memorial novelado de aquellos días terribles y también uno de los pasos sobre los que la razón, la humanidad y el entendimiento terminaron con una vergüenza universal.

http://www.megustaleer.com.mx/ficha/9707801506/esperando-a-los-barbaros

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