El miércoles del presente: Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca, para libre descarga

Para continuar nuestro viaje en Cisterna de Sol, qué mejor guía para entrar por la voz poética a la gran manzana; acompañemos en esta estación del itinerario a Federico García Lorca, para libre descarga:

Curso-Taller: El arte de viajar a través de la lectura. Abril 8 – Junio 10. Jueves: 22:00 – 23:00 hrs

Acompáñenos en un viaje literario visitando: Buenos Aires, Ciudad de México, La Habana, Nueva York, Madrid, Londres, París, Moscú y Tokio. Cada una en distintas épocas y estilos; con su encanto, historia y alrededores. Una ciudad una sesión.

Abril 8 a junio 10, 2021

Diez sesiones vía Zoom. Todos los jueves de 22:00 a 23:00 (Tiempo de la Ciudad de México)

Cada semana recibe material exclusivo y la grabación de la sesión para no perder ningún momento del diálogo.

Publicación en el Blog Cisterna de Sol del material trabajado.

Guías para conformar una visión de viajero, los grandes libros escritos sobre las ciudades visitadas, sus autores y sus mejores momentos históricos.

Repertorios bibliográficos para crear un ambiente evocador y una experiencia abierta al gusto y el placer de la lectura.

Costo: $1,200.00 mn

Inscripciones: Deja un mensaje en este Blog, en el WhatsApp del blog: 5530488751 o en el correo cesarbc70@yahoo.com

La lista tonta de los jueves: Aeropuertos

A punto de comenzar nuestra travesía en Cisterna de Sol, uno de los lugares entrañables de nuestra cultura donde las lágrimas son más auténticas que en los funerales y los besos más sinceros que en las bodas. Ya se sabe, lo primero que se nota en una lista es lo que falta…

Cerca del fuego. José Agustín. https://www.cronica.com.mx/notas/2013/723424.html

Papel y tinta. María Reig. https://mispalabrasconletras.com/papel-y-tinta/

Los últimos días de nuestros padres. Joel Dicker. https://librosalaire.cl/2015/03/26/los-ultimos-dias-de-nuestros-padres-de-joel-dicker/

Tiempo y aeropuertos. Rogelio Navarro. http://eldespertadorpanamericano.com/rogelio-navarro-en-el-periodismo-se-quedan-los-que-aguantan-2/

Una noche de invierno. Laura Kasischke. https://es.babelio.com/livres/Kasischke-Una-noche-de-invierno/19124

Atlas de islas remotas. Judith Schalansky. https://www.nordicalibros.com/product/atlas-de-islas-remotas/

Vuelo final. Ken Follett. https://www.penguinlibros.com/es/novela-historica/35098-vuelo-final-9788497931427

La novela blanqueada. Iván Tolstoi. https://www.hislibris.com/la-novela-blanqueada-ivan-tolstoi/

Tokio blues. Haruki Murakami. https://www.sweetparanoia.com/tokio-blues-de-haruki-murakami/

Aeropuerto. Arthur Hailey. https://avia-es.com/blog/aeroport-artur-heyli

Aeropuertos. Alberto Fuguet. https://www.lecturalia.com/libro/69646/aeropuertos

Novecento. Alessandro Baricco. https://www.anagrama-ed.es/libro/compactos/novecento/9788433966223/CM_191

¿Olvida usted su equipaje? Jorge Ibargüengoitia. https://www.planetadelibros.com.mx/libro-olvida-usted-su-equipaje/269098

Propiedad privada. Lionel Shriver. https://www.eldiario.es/cultura/libros/escritora-lionel-shriver-propiedad-privada-entrevista-anagrama_1_6463058.html

Diario de Viaje. Fito Páez. https://www.planetadelibros.com.mx/libro-diario-de-viaje/243771

Los rodeos 1977. Rolan Galeas. https://eljardindeloscuriosos.com/libro/815/los-rodeos-1977/

El largo adiós. Raymond Chandler. https://www.elquintolibro.es/2019/09/resena-de-el-largo-adios/

Aeropuerto de Funchal. Ignacio Martínez de Pisón. http://redaragon.elperiodicodearagon.com/cultura/librosydiscos/default.asp?accion=mo&pkid=21001

Por los aires. Stephen King. https://www.penguinlibros.com/es/novela-negra-misterio-y-thriller/34413-por-los-aires-9788466349529

Todo arde. Nuria Barrios. https://www.delectoralector.com/todo-arde-de-nuria-barrios/

El vals del minuto: El arte de viajar a través de la lectura

Viajar es el sueño de muchos de nosotros; hacerlo a través de los libros es una aventura en la que conviven la creatividad, la inteligencia y la liberación. Desde el mero goce de leer hasta los más increíbles poderes terapéuticos. Que ustedes lo disfruten.

El norme y delicioso poder de viajar a través de la literatura

La lista tonta de los jueves: ¡Espías!

Esta semana falleció John Le Carré, le vivo agradecido por todas sus novelas que inspiraron mis sueños adolescentes de ser espía – como a Pérez-Reverte de ser reportero de guerra -, espacios alternativos que afortunadamente no cumplí. De la narrativa de espías renegamos con frecuencia, como pecado venial, tal vez por que con frecuencia llegan a ser best-sellers y eso asusta a algunos puristas de la calidad literaria, lo cierto es que hay muchas magníficas novelas y si se me permite, no creo en literatura de culto y literatura desechable, creo en literatura bien hecha y letras mal escritas. Aquí, veinte de las mejores novelas de espías en honor al maestro Le Carré. Ya se sabe, en una lista lo primero que se nota es lo que falta…

El espía que surgió del frío. John Le Carre. https://www.planetadelibros.com.mx/libro-el-espia-que-surgio-del-frio/289054

Nuestro hombre en La Habana. Graham Greene. https://www.criticadelibros.com/novela-de-espionaje/nuestro-hombre-en-la-habana-graham-greene/

Berta Isla. Javier Marías. https://elpais.com/cultura/2017/12/15/babelia/1513344132_636848.html

El afgano. Frederick Forsyth. https://www.alohacriticon.com/literatura/comentarios-libros/frederick-forsyth-el-afgano/

Eva. Arturo Pérez Reverte. https://www.perezreverte.com/libro/703/eva-serie-falco/

La orquesta roja. Gilles Perrault.https://www.txalaparta.eus/es/libros/la-orquesta-roja

El agente Zigzag. Ben Macintyre. https://www.planetadelibros.com/libro-el-agente-zigzag/113630

La santa alianza. A.J. Kazinsky. https://librotea.elpais.com/libros/la-santa-alianza-sjgddfjiqe/

Yo confieso. Fernando Rueda. https://www.rocalibros.com/roca-editorial/catalogo/Fernando+Rueda+Mikel+Lejarza/Yo+confieso

No Solo de Caviar Vive el Hombre. Johannes M. Simmel. https://elpais.com/diario/2009/01/04/necrologicas/1231023602_850215.html

El Topo. John Le Carré. https://www.letraslibres.com/mexico/cinetv/le-carre-el-topo

Operación Dulce. Ian McEwan. https://ambitocultural.es/operacion-dulceultima-manipulacion-2133/

El americano impasible. Graham Greene. https://clavedelibros.com/el-americano-tranquilo-graham-greene/

El misterioso Señor Brown. Agatha Christie. https://www.planetadelibros.com.mx/libro-el-misterioso-mr-brown/258837

Desde Rusia con amor. Ian Fleming. https://jamesbond.fandom.com/es/wiki/Desde_Rusia_con_amor_(novela)

Invierno en Madrid. C.J. Sansom. https://www.hislibris.com/invierno-en-madrid-c-j-sansom/

El otro lado del silencio. Phillip Kerr. https://www.serienegra.es/catalogo/otro-lado-del-silencio-2_468

Chacal. Frederick Forsyth. http://quelibroleo.com/chacal

El caso Bourne. Robert Ludlum. https://www.abc.es/cultura/libros/abci-robert-ludlum-escritor-vida-mito-jason-bourne-201607260155_noticia.html

El agente secreto. Joseph Conrad. https://www.alianzaeditorial.es/libro/literatura/el-agente-secreto-joseph-conrad-9788420657882/

Las citas del viernes: A propósito de nada de Woody Allen

Asomarse a la vida de los demás es siempre un acto temerario porque nos muestra lo mejor y lo peor de la naturaleza humana, narrarla es, por su parte, un acto heroico con pinceladas de infamia. Las memorias de Woody Allen no escapan a esta regla; escritas con su humor inefable, ácido y negro, exhiben a un genio en la búsqueda de su obra maestra, al individuo enfrentado a la realidad sobre la que, pese a todo se sobrepone. Me impresiona mirar su humildad frente al éxito y su tortuosidad en lo cotidiano y renueva mi fe en que el humor y los buenos modos siempre, de muchas maneras, nos ayudan a sobrevivir y prosperar. Aquí sus momentos estelares.

A propósito de nada de Woody Allen, Alianza editorial.

Permítanme expresarlo de esta manera: la teoría freudiana de Edipo según la cual inconscientemente todos los hombres queremos matar a nuestros padres y casarnos con nuestras madres choca contra una pared en lo que respecta a mi madre.

Yo siempre veía el ataúd medio lleno. De los mil y un quebrantos que heredó nuestra carne, yo conseguí evitarlos todos salvo el número seiscientos ochenta y dos: carezco del mecanismo de defensa de la negación. Mi madre decía que no podía entenderlo. Siempre aseguraba que yo fui un niño amable, dulce y alegre hasta los cinco años y que luego me convertí en un chavo avinagrado, desagradable, rencoroso y malo.

Me topé con la misma pregunta que sacaba de quicio al expríncipe de Dinamarca: ¿por qué hemos de soportar piedras y flechas cuando puedo mojarme la nariz, introducirla en el enchufe y no tener que volver a enfrentarme nunca más a la ansiedad, a la angustia o al pollo hervido de mi madre? Hamlet decidió no hacerlo porque temía lo que le ocurriría en el más allá después de la muerte, pero yo no creo en eso, de modo que, dada mi opinión totalmente deprimente sobre la condición humana y lo dolorosamente absurda que ésta es, ¿por qué seguir adelante? Finalmente no logré encontrar ninguna razón lógica para explicarlo y llegué a la conclusión de que, sencillamente, los seres humanos estamos programados para resistirnos a la muerte. La sangre es más fuerte que el cerebro. No hay ningún motivo lógico para aferrarse a la vida, pero, a quién le importa lo que dice el cerebro? El corazón dice: Has visto a Lola con su minifalda?

Por fin, se apagaban las luces, se abría el telón y la pantalla plateada se iluminaba con un logotipo que te hacía salivar el corazón, si se me permite mezclar las metáforas, con anticipación pavloviana.

Pronto construiría allí un edificio de apartamentos, en el mismo sitio donde tiempo atrás habían demolido el Rick’s Café.

Entonces la función doble ha terminado y abandono la magia Oscura y reconfortante de la sala de cine y vuelvo a emerger en la Coney Island Avenue, con el sol y el tráfico, y emprendo el regreso al triste apartamento de la Avenida K.

«Siempre está coqueteando con las chicas», le dijo una de esas zánganas estériles a mi madre. Sí, me gustaban las chicas. ¿Qué se supone que me tenía que gustar, las tablas de multiplicar?

Lo que no había comprendido era que Bechet, Armstrong, George Lewis, Johnny Dodds, Jelly Roll Morton y Jimmie Noone eran genios de la música. Tenían un estilo primitivo, pero, dentro de los parámetros del jazz de Nueva Orleans, poseían algo realmente mágico en su interior que manaba de cada nota que tocaban. Yo, que era un zopenco totalmente ingenuo, no comprendía que carecía de ese genio y que, a pesar de todo el entusiasmo y el amor que sentía por esa música, estaba destinado a no ser más que un músico insignificante y mediocre al que se escucharía y se toleraría gracias a su carrera cinematográfica, no por nada que tuviera algún mínimo valor para el jazz.

Pero a quién le importa lo que yo piense: todo es cuestión de gustos. A algunos esas esbeltas modelos de ropa interior pueden parecerles hermosas y sensuales y tal vez a mí no. Sólo que a mí sí me lo parecen y no hay nada que pueda hacer al respecto. Y luego dicen que es cuestión de gustos.

Y cuando hablo de perros también incluyo a los Yorkshire terriers. Ódienme si quieren, pero las mascotas no me gustan. Desde luego que no me agrada que me muerdan y detesto que me llenen de pelos, me laman o me ladren. Siempre pensé que, en la escala evolutiva, todos los animales son humanos fallidos. Tampoco me gusta que los canarios me canten ni que los peces me miren.

Les digo que tuve una buena infancia. No debería ser como soy.

Y, como yo estoy en las artes, envidio a las personas que se consuelan con la convicción de que el mundo que crearon perdurará, que se hablará mucho de él y que, de alguna manera, al igual que ocurre con los católicos y su fe en la vida después de la muerte, el «legado» que dejan como artistas los hará inmortales. La cuestión es que todas las personas que discuten sobre el legado del artista y que comentan lo genial que es su obra están vivas y pidiendo pastrami, mientras que el propio artista está metido en una urna o enterrado en Queens. Toda esa gente que desfila ante la tumba de Shakespeare recitando alabanzas le importa un reverendo comino al bardo, y llegará el día -un día muy lejano, pero va a llegar sin el menor asomo de duda- en que todas las obras de Shakespeare, a pesar de sus brillantes tramas y sus estirados pentámetros yámbicos, así como cada uno de los puntitos de Seurat, se esfumarán con cada átomo del universo. De hecho, el propio universo desaparecerá y no habrá ningún lugar donde puedas colgar el sombrero. Después de todo, no somos más que un accidente de la física. Y un accidente bastante torpe, por cierto. No el producto de un diseño inteligente, sino, en realidad, la obra de un vulgar metepatas.

Me contrataron y luego me dejaron a la deriva, igual que a los otros, pero, como los años de hostigamientos maternos me habían llenado de ambición, supe aprovechar sensatamente el tiempo y el dinero.

Como sea, Harlene y yo hacíamos de todo, así que un día levantamos la mirada y decidimos casarnos. Ēramos unos chavos; no nos quedaba otra cosa que hacer. Habíamos visto todas las películas y obras de teatro, habíamos ido a museos, habíamos jugado minigolf, nos habíamos tomado unos capuchinos en Orsini’s y habíamos pasado un día en Fire Island. ¿Qué quedaba? De modo que nos comprometimos.

Ellos, por sí mismos, no eran capaces de arrancarle una risita a un gordo maníaco drogado con gas de la risa.

Finalmente, me quedé. Compartí el baño y la cama. (Bruno Bettelheim cuenta que, en los campos de concentración, uno se habituaba rápido a unas condiciones espantosas que, sin la amenaza de tortura o muerte, habrían requerido largos años de adaptación con resultados dudosos. Por supuesto que Bettelheim no estaba pensando en compartir una cama con Milt Rosen.)

Era un autor judío de la misma manera en que lo era Mailer, es decir, ambos eran judíos pero eso jamás se traslucía en su obra.

Nos estrechamos la mano, sin firmar ningún papel, y seguimos juntos hasta que él se murió con cien años. Era una de las pocas personas, por no decir la única, entre las que yo conocí, que era un verdadero sabio. No sólo era listo olfato para el talento. La sabiduría es algo distinto, y por mucho que intenté enfrentarme a esa sabiduría con mis racionalizaciones, mis temores, mis prejuicios y mis ideas disparatadas, él siempre logró imponerse lo suficiente como para realizar una contribución gigantesca a mi carrera. Pero, al principio, me peleaba con él.

Cada noche, después de la función, nos íbamos con Jack al Stage Delicatessen para hablar de la actuación, y yo me enteraba de que algunas de mis referencias eran demasiado oscuras, demasiado para enterados, «demasiado agudas, tanto que sólo los perros pueden oírlas», decía Jack.

Gracias a ella, me he familiarizado un poco con Kant, Kierkegaard, Schopenhauer y Hegel, y si bien no podría afirmar realmente que ya podía distinguir mi «en sí» de mi «para sí», sí podía entender que «estar-en-un matrimonio malo» y «Estar-en-un matrimonio malo» no eran dos conceptos muy distintos entre sí, más allá de lo que Heidegger pudiera llegar a opinar.

Y en algún lugar del cielo, ese mismo personaje que había jugado sádicamente con Job se encontró con mi foto en el archivo y se frotó las manos con anticipatorio deleite.

¿Me proporcionó eso alguna clase de satisfacción? En mis labios empezó a dibujarse una sonrisita de superioridad como si yo fuera el profesor Moriarty, aunque segundos más tarde me encontré de golpe otra vez en el mundo real, donde esas pequeñas ironías no bastan para alterar la mezquina indiferencia de la naturaleza.

En aquellos tiempos había un sitio en Chicago que se llamaba Black Angus donde te servían unas costillas cuyo sabor le daba un sentido a la vida que no se podía encontrar ni en la religión, ni en el psicoanálisis o ni en el arte más sublime.

Hay una gran brecha entre fracasar en la letra impresa y fracasar en el escenario. Fracasar en la letra impresa es un asunto privado. Fracasar delante de una audiencia es algo embarazoso y el cómico experimenta la misma sensación desagradable que uno podría tener si lo crucifican.

Cientos de reseñas de todas partes, tan diferentes, tan opuestas entre sí. ¿Y con qué fin? ¿Así puedo leer que soy un genio o un idiota incompetente? Ya sé que soy incompetente y que no nací genio. La obsesión con uno mismo, esa traicionera pérdida de tiempo.

Pero ya llegaré a Manhattan. Primero, mi ingreso en el mundo del drama. Como no quería sacar partido de mis cualidades de payaso, decidí probar suerte con una tragedia, y si bien es posible que no haya logrado cumplir con los requisitos aristotélicos de compasión y temor, sí es cierto que conseguí que el público se compadeciera de mí y que los inversores aprendieran el significado del temor.

El libro nuestro de cada martes: A propósito de nada, de Woody Allen

Usted dirá… es decir, los que decimos somos los lectores; más allá del debate entre la vida personal de los artistas y su obra; mucho más lejos de nuestros prejuicios, las transgresiones y lo poco o mucho que podemos saber con exactitud de cuanto sucede; Allen se abre de capa y asombra por la franqueza de su texto, pero sobre todo por su genialidad, su humor acerado y a veces cínico que rompe estereotipos y perfecciona otros; dice que aún está en busca de la la película perfecta, de su gran obra, dice también que no es un intelectual, lo cierto es que para cualquiera es un hito en la historia del cine y de la cultura de nuestro tiempo. Atrévase con este libro, ríase hasta el dolor de estómago, debata consigo mismo y con Woody, porque lo que seguramente no va a suceder es la indiferencia. Algo más sobre el libro: https://www.culturamas.es/2020/09/22/woody-allen-a-proposito-de-nada/

Una conferencia interesantísima desde el Centro Sefarad Israel de España

Como no lo puedo evitar … el trailer de una de mis películas Poderosa Afrodita…

Poderosa Afrodita, el trailer

Y bueno… está bien… otra de mis favoritas de Allen y ya…

Medianoche en París

El libro nuestro de cada martes: A propósito de nada, de Woody Allen

Hoy cumple años Woody Allen; usted con seguridad puede considerarlo terrible, incomprensible o, como yo, un auténtico genio. Lo cierto es que para nadie es indiferente. Sus memorias, si bien gastan un buen tramo en justificar su comportamiento sexual, de cuyo carácter impropio ha sido exonerado, son un auténtico deleite. Lo sigo desde 1988 y creo haber visto todas sus películas, por eso me asombra su confesión de estar todavía en busca de su obra maestra.

No dude en leerlo, se divertirá y además tendrá una visión de la vida cultural del siglo XX.

Algo más sobre el libro: https://www.alianzaeditorial.es/libro/libros-singulares-ls/a-proposito-de-nada-woody-allen-9788491819950/

Otro poco:

El libro nuestro de cada martes: Ese dulce mal de Patricia Highsmith

Como dice el clásico, el asesino siempre vuelve al lugar del crimen o, también que uno siempre vuelve a los lugares donde fue feliz. El hecho es que después de leer a Highsmith uno siempre está volviendo a sus lecturas; es verdad que no la visitaba desde mi último Ripley y aquí me tienen, preso y feliz con otro de sus libros. Ese dulce mal es una de sus mejores novelas, con el arte de ir convirtiendo lo cotidiano, lo anodino, en una trama compleja pero tentadora, con un lenguaje atroz pero efectivo, jugando con la imaginación y la lógica del lector y siguiendo un camino del que uno no puede tomar pista si no es dejándose llevar por la tendencia de la autora, por el carácter de los personajes. En esta ocasión Highsmith renuncia a los grandes escenarios para volver al hombre común, a los crímenes de mala fortuna, de error y de malicia profunda, ese terreno en el que todos estamos expuestos. Algo más sobre el libro: https://librotea.elpais.com/libros/ese-dulce-mal-sylnexyexq/

Una microreseña

Las citas de los viernes: La campana de cristal de Silvya Plath

Este viernes, para meditar un poco y soportar el frío, las palabras póstumas de una poetiza que abrió su corazón para liberar lo que muchas mujeres no pudieron decir… que ustedes lo disfruten

La campana de cristal de Silvya Plath


Sus compañeras de colegio estaban tan pendientes de la moda que todas tenían fundas para sus bolsos del mismo material que sus vestidos, de manera que al cambiarse de ropa tenían siempre un bolso que hacía juego. Los detalles de este tipo me impresionaban mucho. Sugerían toda una vida de maravillosa y elaborada decadencia que me atraía como un imán.


Estaba tan oscuro en el bar que me resultaba casi imposible distinguir otra cosa que no fuera a Doreen. Con su pelo blanco y su vestido blanco, era tan blanca que parecía de plata. Creo que hasta reflejaba los tubos de neón que había sobre la barra, y yo sentí que me fundía en las sombras como el negativo de una persona a quien nunca en mi vida hubiese visto.


El silencio me deprimía. No era realmente el silencio. Era mi propio silencio.


Abrí la puerta y parpadeé ante el brillante pasillo. Tuve la impresión de que no era de noche ni era de día, sino una especie de fantástico tercer período que se hubiera deslizado de improviso entre los dos y que no terminaría nunca.


Sonaba verdadero y lo reconocí, tal como se reconoce a una persona extraña que ha pasado años merodeando por nuestra casa, y de pronto entra en ella y se presenta diciendo ser nuestro propio padre y es exactamente igual que uno, de modo que nos convencemos de que es nuestro padre y de que la persona a la que toda la vida hemos considerado nuestro padre es un impostor.


Su madre decía: «Lo que un hombre quiere es una compañera y lo que una mujer desea es seguridad infinita», y «El hombre es una flecha lanzada hacia el futuro, y la mujer es el lugar donde ésta es lanzada».


Esto significaba que no podría obtener un buen empleo al graduarme. Mi madre no dejaba de decirme que nadie quería a una simple licenciada en Lengua Inglesa. Pero una licenciada en Inglés que supiera taquigrafía era algo distinto. Todo el mundo la quería. Era muy solicitada por los jóvenes que hacen carrera y transcribía una emocionante carta tras otra.


Me sentí como un caballo de carreras en un mundo sin pistas o como un campeón universitario de fútbol, súbitamente enfrentado con Wall Street y un traje de ejecutivo, sus días de gloria reducidos a una pequeña copa de oro sobre la repisa de su chimenea, con una fecha grabada en ella como la fecha de una lápida.


Finalmente decidí que si era tan dificil encontrar un hombre viril, inteligente y que todavía fuera puro tras veintiún años, yo podia olvidar lo de conservarme pura y casarme con alguien que tampoco lo fuera Entonces, cuando él empezara hacerme la vida imposible, yo también podría hacérsela a él.


Un pequeño punto en mi cuerpo volaba hacia él. Sentía mis pulmones llenarse con el paisaje que afluía hacia ellos. -Aire, montañas, gente, árboles-, «Esto es ser feliz», pensé.


Empecé a comprender por qué los aborrecedores de mujeres podían burlarse de tal manera de ellas. Los aborrecedores de mujeres eran como dioses: invulnerables y colmados de poder. Descendían y luego desaparecían. Nunca se podía atrapar uno. 


Elaine estaba sentada en la galería con un viejo camisón amarillo de su madre, esperando que algo sucediera. Era una sofocante mañana de julio y gotas de sudor se arrastraban por su espalda, una por una, como lentos insectos.


La habitación azuleó hasta resultar visible y me pregunté qué se había hecho de la noche. Mi madre se convirtió de un tronco brumoso en una mujer de mediana edad que dormía profundamente, la boca ligeramente abierta y un ronquido deslizándose por su garganta. El ruido cochinil me irritaba y durante un rato creí que la única manera de acallarlo sería coger la columna de piel y tendón de donde salía y retorcerla hasta reducirla al silencio.


Una vez, en una calurosa noche de verano, había pasado una hora besando a un estudiante de derecho de Yale, peludo como un mono, porque sentía lástima por él. Era tan feo… Cuando terminé, dijo: «Te tengo calada, nena. Serás una mojigata a los cuarenta.»


Pero cuando llegó el momento de hacerlo, la piel de mi muñeca parecía tan blanca e indefensa que no pude. Era como si lo que yo quería matar no estuviera en esa piel ni en el ligero pulso azul que saltaba bajo mi pulgar, sino en alguna parte, más profunda, más secreta y mucho más dificil de alcanzar.


Las gaviotas, en la punta del brazo de arena, maullaban como gatos. Luego alzaron el vuelo, una por una, con sus chaquetas color ceniza, formando un círculo sobre mi cabeza y gritando.


Lo que odio es la idea de estar a merced de un hombre -le había yo dicho a la doctora Nolan-. Un hombre no tiene una sola preocupación en el mundo, mientras yo tengo un bebé pendiendo sobre mi cabeza, como un gran garrote para mantenerme en la línea recta.

Imagginación

Meditación Divertida con Maggie

Disappearing Thoughts

clicks and clips

Tablaturas de mis pasos

Unas cuantas palabras y fotos para los lugares que me hacen feliz.

NOUS LES FEMMES

Aller au delà de nos limites à travers le monde. J'en suis capable, pourquoi pas toi? Pourquoi pas nous? Ensemble nous sommes invincibles "Je suis femme and i can".

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Un Loco Anda Suelto

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El Rincón de Suenminoe

En el soñador vida y sueño coinciden

La poesía, eso decían

Como plasmar la idea natural.

Cynthia Briones

Letras en el mar.

Polisemia Revista cultural

En cada edición proponemos una palabra para indagar sus posibles significados desde distintas áreas.

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