Curso-Taller: El arte de viajar a través de la lectura. Abril 8 – Junio 10. Jueves: 22:00 – 23:00 hrs

Acompáñenos en un viaje literario visitando: Buenos Aires, Ciudad de México, La Habana, Nueva York, Madrid, Londres, París, Moscú y Tokio. Cada una en distintas épocas y estilos; con su encanto, historia y alrededores. Una ciudad una sesión.

Abril 8 a junio 10, 2021

Diez sesiones vía Zoom. Todos los jueves de 22:00 a 23:00 (Tiempo de la Ciudad de México)

Cada semana recibe material exclusivo y la grabación de la sesión para no perder ningún momento del diálogo.

Publicación en el Blog Cisterna de Sol del material trabajado.

Guías para conformar una visión de viajero, los grandes libros escritos sobre las ciudades visitadas, sus autores y sus mejores momentos históricos.

Repertorios bibliográficos para crear un ambiente evocador y una experiencia abierta al gusto y el placer de la lectura.

Costo: $1,200.00 mn

Inscripciones: Deja un mensaje en este Blog, en el WhatsApp del blog: 5530488751 o en el correo cesarbc70@yahoo.com

El libro nuestro de cada martes: Eva de Arturo Pérez-Reverte

Pensé que entre Falcó y Eva dejaría pasar más tiempo, lo más seguro es que después de este termine la trilogía con Sabotaje. No deja de admirarme la buena pluma de don Arturo, aunque esté acostumbrado a ella desde hace mucho; tampoco su precisión en la investigación y ni siquiera la trama bien urdida e imaginativa, aunque se trate de literatura de canon con todas sus reglas. Me admira el uso histórico del lenguaje.

Pérez-Reverte nos regala la segunda de aventuras de Falcó… insisto, Republicano por los cuatro costados, este espía de los nacionales me habría costado trabajo si no estuviera tan bien fabulado; pero es que el logro del autor es dimensionar no sólo la marca de los cigarrillos o el mapa de Sevilla en el alzamiento, sino los giros verbales, las expresiones, el tono de la conversación.

No sé donde alcanza el límite de la literatura comercial y donde arranca la «culta», no lo sé y hace tanto que ya no me preocupa; lo digo porque cuando me enfrento a los de don Arturo me queda algo clarísimo, lo que hay es literatura bien hecha y literatura mal escrita, lo demás son sutilezas.

Entre todo, lo cierto es que ya ha anunciado que no habrá un cuarto libro de Falcó, una lástima y no es que no me encante el Capitán Alatriste, pero es que de verdad que Falcó da para toda la guerra, el maquis y la Segunda Guerra Mundial. Ojalá que don Arturo se apiade de sus lectores y se anime con un cuarto de la serie.

A saber, me gustaría sólo que él me dijera si algo hay de Porfirio Rovirosa en Falcó… no lo sé de cierto – dijo Sabines – lo supongo.

No se pierda Eva de Pérez-Reverte, de verdad… no lo deje pasar.

Algo más sobre el libro:

http://www.perezreverte.com/libro/703/eva-serie-falco/

Sergio Sarmiento entrevista a Pérez-Reverte

 

Palabras sin filo

 

En esta época que nos ha tocado vivir hemos aprendido, con más intensidad que en generaciones pasadas a convivir con el miedo; aquella sensación ocasional que nos prevenía de los peligros se ha vuelto una forma permanente de afrontar la realidad; tememos un atentado, una variación económica, un berrinche del vecino del norte, incluso que algo mal dicho, alguna actitud antes inocua, despierte la ira de este semidiós descontento y voluble que llamamos las redes sociales. En estos casos me acuerdo de una vieja frase de Benjamín Franklin que decía que alguien que apuesta su libertad a cambio de su seguridad hace un mal negocio porque termina perdiendo ambas.

Alarma, sobre todo, el miedo que hemos aprendido a tener a las palabras. Hace unos días don Arturo Pérez-Reverte publicó un par de tweets donde ironizaba respecto de la sobrepoblación de novelas en torno al tema del Holocausto, se dolía de que no podía escribir nada nuevo porque todos los nombres de novela relacionados con Auschwitz (el músico, el actor, el sastre, la actriz, todos de Auschwitz, Mautthausen y Treblinka) estaban ocupados. De ningún modo hacía escarnio de las víctimas, ni siquiera se refería al hecho histórico que, cualquiera que haya leído algo suyo, sabe que ha denunciado, acusado y rememorado con inteligencia y energía; pero sí señalaba con ironía de un cierto abuso que puede poner en peligro la calidad del diálogo comercializando lo que no debería ser una moda; el Museo del Holocausto y una bandada de anónimos dieron cuenta de su twitter acusándolo y atacándolo por lo dicho y todo se zanjó con una nota del Museo y la respuesta del escritor. El hecho está así, estamos construyendo un lenguaje destinado a ser superficial, inocuo, en el que ya nada se pueda señalar y a fuerza de hacerlo leve y ligero lo vamos vaciando de contenidos para decir sin decir porque tenemos miedo de consecuencias que no tendríamos porqué asumir y de respuestas desproporcionadas. Esto me asusta desde luego.

Durante la época del Holocausto los nazis inventaron un lenguaje eufemístico para que todas sus barbaridades parecieran socialmente aceptables; los campos de exterminio se llamaron “Campos de trabajo”, al genocidio se le denominó “Solución final” al asesinato “Trato especial” y a la desaparición “Paradero desconocido”, incluso, exterminar el nombre de los internos y cambiarlo por el número que constaba el tatuaje, es el más diabólico de los eufemismos. Por eso tratar de quitarle el filo a las palabras es tan peligroso, dejan de ser herramientas de mano para convertirse en bombas cuyo mecanismo de detonación es muy difícil de determinar.

Algunos asuntos como el lenguaje incluyente, del que tanto se ha dicho, resulta por ejemplo un tema de economía lingüística y se reduce a una ironía en la que están envueltos los idiomas. No se puede forzar a una población a establecer modificaciones a un lenguaje, éste evoluciona solo, por sí mismo, cambia y se modifica a un paso lento aún contra los hablantes que no gustan de sus modificaciones; por ejemplo, utilizar el verbo “ocupar” como sinónimo de “necesitar” es una incorrección que está de moda en nuestros días, posiblemente derivado de un uso regional que se ha extendido, el hecho es que si ese error se generaliza, en unos años se considerará un uso apropiado y la Academia de la Lengua lo dará por bueno incluyéndolo en el diccionario, por eso mismo la Academia no puede “prohibir”, primero porque no tiene mecanismos coercitivos – lo cual sería ridículo – y segundo porque no es su tarea, la Academia no guía el cambio de la lengua, lo estudia y lo registra. Existen sí, algunas leyes que desprendemos de la observación; no son normas que se haya inventado alguien sino mecanismos que se observan y son inherentes a los idiomas, por ejemplo el de economía, los hablantes tienden a utilizar la menor cantidad de palabras para comunicarse, por eso señores, incluye “señoras y señores”, niños incluye “niñas y niños” y si en nuestra lengua corresponda al masculino es un accidente del que no podemos tener mayor pista, en otros idiomas hay términos neutros – como en el alemán – o incluso idiomas como el quechua, el farsi, el tagalo y el turco son idiomas sin géneros y nada me indica que en los países donde se hablan esos idiomas desde tiempos inmemoriales las relaciones entre los sexos hayan sido más igualitarias. El hecho está en que podemos usar lenguaje inclusivo, podemos usar la arroba como letra sin género, todo eso pasará en la medida que las leyes idiomáticas hagan su tarea silenciosa, pero lo que hay que hacer, eso sí ya y sin falta, es establecer relaciones igualitarias llamando a las cosas por su nombre.

Si pudiéramos ir despejando nuestros miedos, comenzando por las palabras, podríamos volver al equilibrio que radica en las actitudes y en las conductas, en nuestra capacidad de diálogo para aceptar a los demás con sus defectos y sus virtudes, con sus ideas que no nos gustan pero que pueden enriquecernos, con su presencia en el mundo que podemos no entender pero que sin duda hacen más deliciosa la vida; en fin, que dejemos de temer por la forma en que decimos, con humor o sin él, pero que no perdamos nunca de vista que lo que no podemos hacer es usar palabras lindas para sostener sistemas de explotación patriarcal, exclusión racial, étnica o económica; que lo que no podemos hacer es envolver nuestro odio, nuestro veneno en lindas envolturas ni dejar de decir lo que pensamos porque viene empacado en palabras que tienen filos, aromas y texturas que no a todos nos agradan.

 

Tras los pasos de Alfonso Reyes en Madrid. 100 años después. Primera Jornada

Primera Jornada. Noviembre 7, 2015. Sábado.

De la ventana de mi habitación en el hotel Ritz se muestra discreta la Plaza de la Lealtad. No ha llegado aún el mediodía y el clima es de una temperatura magnífica; el azul del cielo tiene una claridad cristalina que sólo puede encontrarse en Madrid en días como estos. La paz de la mañana no es completa, ese espíritu de andar por casa, tan despreocupado, se interrumpe por la contundente gritería de una manifestación en contra de la violencia de género; no es una de esas marchas de la Ciudad de México que arrasan todo cuanto encuentran a su paso, o de las que los chilangos odiamos por lo habituales, crónicas y rutinarias que son; es más parecida a aquellas otras que en México rompen las clases sociales y que, en pocas ocasiones, convocan a todos los estamentos sociales; es un mar de gente que camina a punto de bravura contenida. Miles de banderas se agitan al paso de la marcha, una de Asturias, otra más de Galicia y un par de catalanas y no pocas republicanas; no me extraña, en España, la República fue el primer régimen político en legislar sobre la igualdad entre mujeres y hombres, estuvo poblada de mujeres gigantescas como Dolores Ibárruri, María Zambrano o Victoria Kent; todo cuanto entonces se avanzó en materia de libertad e igualdad se vino abajo con el régimen de Franco; además, desde que volvió la democracia a España es muy común que las causas progresistas estén acompañadas por la bandera republicana.

Miro las tricolores, pienso en los que no pudieron volver a verlas en suelo español, aunque no fuera estas mínimas y multitudinarias y no la monumental de la Plaza de Colón; aspiro el aroma de Madrid y caigo en cuenta de que Reyes no tuvo tanta suerte como yo la he tenido: él hizo más de dos días en su viaje desde París a Madrid y yo hice once horas de vuelo desde la Ciudad de México, he contemplado banderas republicanas en Madrid mientras él, que pudo ver cómo crecía el ideal republicano bajo la blanda bota de un rey venido a menos y con el impulso de partidos liberales que hicieron crecer aquel ideal pero nunca estuvo en Madrid cuando aquello fue gobierno y Estado. Reyes vivió desde Brasil y México la caída de la República y estuvo presente para salvar a todos aquellos sus amigos que lo habían salvado antes, cuando la violencia revolucionaria lo arrojó lejos de la patria y que luego, ya en París lo privó de empleo; sus amigos siempre presentes que lo acogieron como a uno más cuando la Gran Guerra lo llevó a huir de la capital francesa. Yo sólo he tenido que asomarme a la ventana para comprobar que ese ideal no está del todo muerto.

Al fondo de la habitación mi mujer se repone del vuelo; estar en el Ritz es una de esas experiencias que ya no hay, como si el reloj volviera atrás y se encontrara uno protegido de los avatares cotidianos en medio de muebles y decorados perennemente hermosos; el personal se adelanta a nuestros deseos y uno se siente personaje de una buena película; han llamado a la gobernanta para que planchen mi ropa para el día del Coloquio y apenas al bajar del taxi el botones me ha saludado con un sonoro y castizo, “don César, bienvenido de nuevo a casa”, su expresión logra su objetivo. El hotel resulta importante para los tiempos de Alfonso Reyes en España; lo inauguró Alfonso XIII en 1910 y ejercía para el monarca una peculiar atracción; Reyes, una vez recuperado su cargo diplomático, solía encontrarse con el tocayo en el místico bar de este hotel y cuenta el mexicano que en el jardín donde se ubica una de las terrazas más envidiables de la ciudad, un diplomático polaco perdió su empleo por un gesto de buen gusto que no supo atinar y que no hizo gracia la último monarca anterior a la República. Recordaba don Alfonso que el Borbón solía bromear sobre el oficio que podría ejercer si se venía abajo la corona; el buen diplomático polaco en una de esas melancólicas diatribas reales respondió: “usted podrá ya no ser Alfonso XIII, pero siempre, Señor, será Alfonso”; como Reyes levantara su copa con una sonrisa, al monarca le pareció poco ser sólo Alfonso y pidió que removieran al polaco de su cargo.

Cada visita a Madrid, a España, la comienzo presentando honores a Santa María la Real de la Almudena; nada mal para un ateo y republicano para mayor seña; lo que sucede es que, como diría Serrat, entre la Almudena y yo hay algo personal.

La salida natural de la Almudena es descansar en “El anciano, rey de los vinos”, comer algo y admirar, como si de un pequeño espectáculo familiar se tratara, a los “gatos” – aquellos madrileños de muy antigua solera -, que lo han visto todo, ataviados par la verbena en honra a la Virgen; todos maduros, casi viejos, regodeándose con sus vestidos tradicionales, en sus claveles – una nota más de don Alfonso  que amaba esa flor – frente al carrito de los barquillos haciendo de fondo a los que pasan ejercitando el deporte típico de la ciudad: la charla, pues como decía Reyes:

En Madrid todo sitio público tiende a convertirse en casino y tertulia, en centro de curiosos parlantes. A veces estos casinos no tienen más que un socio en los bancos de los paseos por ejemplo, mas no importa, porque la tertulia va implícita en el curioso parlante que la trae a cuestas por donde quiera, a modo de un nuevo misterio teologal.

Es cierto que como dice Fargue, el parisino va al café sólo por ir al café, también lo es que, en cambio, el madrileño no conoce esa práctica y va al café aunque haya café, es decir, acude al escenario de sus mejores ocupaciones: las tardes de plática y debate. Todos quienes dejaron testimonio de su trato con Reyes dicen de él que fue un conversador ameno e intresante, platicador y buena escucha pues, como se nota en sus letras la mejor cantera de sus textos era el trato con los otros. Si no pude platicar con don Alfonso, si que puedo testificar el otro extremo; siendo estudiante en España, solía tomar el café saliendo de la universidad, una tarde y otra también los temas de la mañana eran debatidos por la tarde, de inmediato me di cuenta que un colega argumentaba a favor y en contra sucesivamente los mismos temas:

  • Pero escucha, ayer mismo decías sobre ese punto exactamente lo contrario.
  • Pues claro.
  • ¿Cómo es eso posible?
  • Pues nada, que a mi lo que me gusta es discutir.

Echando a andar topamos con la Plaza de España, la ciudad está pletórica de vida y las mujeres de la manifestación de esta mañana han encallado en la Plaza como veleros a los que ha abandonado el viento; depuesta la actitud de lucha vuelven a la natural indolencia del madrileño y disfrutan de un verano en miniatura incrustado en el otoño que ya se está convirtiendo en invierno.

Descendiendo por Gran Vía salimos al encuentro de la Casa del Libro que aún cuando es una librería gigantesca que domina el comercio de la zona, no deja de tener su encanto de mercado donde se expenden letras, un lugar de sabores, aromas y colores.

La protesta ha dejado su huella con una sucesión de pegatinas republicanas, al llegar a la librería me encuentro con la “Historia de la guerra civil contada para jóvenes y niños” que acaba de publicar Pérez-Reverte; un libro peculiar, excelentemente editado y bien ilustrado que aspira a liquidar viejas cuentas históricas y que nos permite hundirnos, de cuerpo entero en un fenómeno complejo y doloroso en el que el rencor, la memoria insatisfecha y el miedo a la violencia aparecen como fantasmas omnipresentes en las más terroríficas advocaciones; en lo íntimo, pienso que los libros de historia que pretenden ser “imparciales” y “equilibrados” son más bien reconstrucciones literarias y que no existe algo así como la historia sin adjetivos; al contrario, más respeto y gusto encuentro en los libros que toman partido y sin mentir ni ocultar, exponen el mundo desde la óptica particular de un narrador con sentimientos e ideas; José Bergamín decía “soy subjetivo porque soy sujeto, si fuera objeto podría ser objetivo” y por más esfuerzos que haga don Arturo, a quien tanto respeto y admiro, nada me quita de la convicción de que al sueño de la segunda República española lo aniquiló un artero golpe de Estado, ilegal e injusto, con todo su caudal de dolor, pena y vergüenza.

Lo que me resulta muy interesante es que, igual que en los tiempos de don Alfonso, hay que venir o encargar a Madrid libros que no llegan a México a tiempo, que nunca llegarán o que no volverán; claro, la Internet es un recurso, aunque no tan grato como la visita a las librerías. Reyes, en su momento, visitaba “la librería del Caballero de Gracia, que los aficionados llamamos “los alemancitos”, que ya no existe y que estaba por Castellana.

Madrid es una ciudad plena de librerías, dieciséis por cada cien mil habitantes – mientras que en México el cuarenta por ciento de los habitantes de todo el país afirman no haber visitado alguna librería nunca, y se les puede creer porque apenas contamos con una librería por cada doscientos mil habitantes -. En Madrid es notorio que, aun cuando cada librería tiene su carácter peculiar, algo que les da cierto sentido de fraternidad es que están llenas de vida, que siempre hay compradores ávidos de novedades que hablan y discuten como si los libros fueran parte del atuendo de moda de cualquiera con un gusto mínimamente educado.

Aprovisionado ya con mi compra, descubro a unos pasos frente de mi a un grupo de chicas que recién salen de la adolescencia discutiendo sobre no sé qué autor de moda en la ciudad que escribe un raro género, mezcla de novela romántica y de misterio y que, a decir de una de ellas – que habría vuelto loco a don Alfonso – tiene un enorme sex-appeal; es verdad que los madrileños también practican el legendario deporte de la queja sistemática, sobre sus servicios, sobre el clima, sobre la política o sobre el sistema educativo y sin embargo, los veo como buenos lectores que siguen, igual que hace cien años, siguiendo a sus autores como si estrellas de cine se tratara.

Rematamos el día, ya vencidos por el cansancio, en el Círculo de Bellas Artes; hay que dormir, mañana temprano tenemos una cita en el Museo del Prado con algunos de los cuadros favoritos de don Alfonso; mientras disfrutamos de un magnífico atardecer y comprendo porqué Reyes pudo escribir algo como esto:

Madrid que cambias luces con las horas: Madrid nerviosa exhalación de vidas: con ímpetu de lágrimas golosas interrogo la cara de tus días.

Los libros de la década 2000 – 2009

Recojo el guante lanzado por mi querido Erick Miranda, esto es parte de una bitácora de lector; digamos, el placer compartido de mi años 30.

Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt.

http://www.difusioncultural.uam.mx/revista/junio2000/arendt.html

El país de las últimas cosas, de Paul Auster.

http://www.zonafandom.com/literatura-ciencia-ficcion/el-pais-de-las-ultimas-cosas-de-paul-auster

El diccionario del diablo, de Ambrose Bierce.

http://revistamicrorrelatos.blogspot.mx/2011/10/el-diccionario-del-diablo-de-ambrose.html

Fahrenheit 451, de Ray Bradbury.

http://www.arealibros.es/ciencia-ficcion/fahrenheit-451-ray-bradbury.html

El maestro y Margarita, de Mikhail Bulgakov.

http://www.letraslibres.com/revista/relectura/el-maestro-y-margarita-de-mijail-bulgakov

A sangre fría, de Truman Capote.

http://www.uhu.es/cine.educacion/cineyeducacion/periodismosangrefria.htm

La colmena, de Camilo José Cela.

http://www.arealibros.es/libros/la-colmena-camilo-jose-cela.html

Viaje al fin de la noche, de Louis-Ferdinand Céline

http://www.solodelibros.es/03/12/2008/viaje-al-fin-de-la-noche-louis-ferdinand-celine/

Soldados de Salamina, de Cercas

http://www.tusquetseditores.com/titulos/andanzas-soldados-de-salamina

Esperando a los bárbaros, de Coetzee

http://entremontonesdelibros.blogspot.mx/2011/10/esperando-los-barbaros-j-m-coetzee.html

Libra, de DeLillo

http://www.letraslibres.com/revista/libros/libra-de-don-delillo

Los santos inocentes, de Delibes

http://www.elpais.com/especial/miguel-delibes/in-memoriam/en-la-arcadia-de-los-santos-inocentes.html

Tiempo de un centenario, de Mircea Eliade

http://www.libroerrante.com/blog/archives/26

Nuestra señora de las flores, de Jean Genet

http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&seccion=opinion&cat=517&id_nota=876355

Oscar Wilde, de André Gide.

http://www.islaternura.com/APLAYA/NoEresElUnico/gLETRA/GI/Gide/GideWIldeARTICULO.htm

Los aires difíciles, de Almudena Grandes

http://www.tusquetseditores.com/titulos/andanzas-los-aires-dificiles

Escribir después de Auschwitz, de Günter Grass.

http://www.lecturalia.com/libro/47089/escribir-despues-de-auschwitz-discurso-de-la-perdida

Vida y destino, de Grossman

http://www.letraslibres.com/revista/libros/vida-y-destino-de-vasili-grossman

La posibilidad de una isla, de Michel Houellebecq

http://www.letraslibres.com/revista/libros/la-posibilidad-de-una-isla-de-michel-houellebecq

Vida, representación y muerte de Lul Mazreku, de Ismaíl Kadaré

http://elpais.com/diario/2005/07/16/babelia/1121471413_850215.html

Lo bello y lo triste, de Yasunari Kawabata.

http://www.literaturalibre.com/2008/03/lo-bello-y-lo-triste-yasunari-kawabata/

Alexis Zorba, el griego, de Nikos Kazantzakis.

http://www.esliteratura.com/docs/alexis-zorba-el-griego-nikos-kazantzakis-2215.html

El holocausto como cultura, de Imre Kertész

http://www.memoriales.net/lite_ker.htm

El gatopardo, de Giuseppe Tomassi Lampedusa

http://www.thecult.es/Libros/el-gatopardo-de-giuseppe-tomasi-di-lampedusa.html

Los hombres que no amaban a las mujeres, de Stieg Larsson

http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article=2911

El concierto de los peces, de Laxness

http://www.solodelibros.es/29/03/2006/el-concierto-de-los-peces-halldor-laxness/

Solaris, de Stanislaw Lem

http://impedimenta.es/libros.php/solaris

Si esto es un hombre, de Primo Levi

http://www.elalepheditores.com/es/llibre/si-esto-es-un-hombre_1635.html

Las benévolas, de Littell

http://www.letraslibres.com/revista/libros/las-benevolas-de-jonathan-littell

Hijos de nuestro barrio, de Naguib Mahfouz

http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/10024/Charlas_de_manana_y_tarde

El fantasma de Harlot, de Norman Mailer

http://elpais.com/diario/2008/10/26/eps/1225002413_850215.html

Mefisto, de Klaus Mann

http://www.uv.mx/gaceta/Gaceta100/100/Pie/Pie_01.htm

El último encuentro, de Sandor Márai

http://www.revistadelibros.com/articulos/sandor-marai-el-ultimo-encuentro

El marino que perdió la gracia del mar, de Yukio Mishima

http://unlibroaldia.blogspot.mx/2009/04/yukio-mishima-el-marino-que-perdio-la.html

De parte de la princesa muerta, de Kenizé Mourad

http://unlibroaldia.blogspot.mx/2011/06/kenize-mourad-de-parte-de-la-princesa.html

Bomarzo, de Mújica Láinez

http://abraliteradura.blogspot.mx/2009/04/bomarzo-de-mujica-lainez-el-gran-fresco.html

El jinete polaco, de  Muñoz Molina

http://elpais.com/diario/2002/09/21/cultura/1032559203_850215.html

Tokio Blues, Norwegian Wood, de Haruki Murakami

http://www.tusquetseditores.com/titulos/andanzas-tokio-blues-norwegian-wood

Una casa para el Señor Biswas, de V. S. Naipaul.

http://www.elboomeran.com/autor/536/v-s-naipaul/

Metaphysique des tubes, de  Amélie Nothomb

http://www.serieslitteraires.org/site/MA-c-taphysique-des-tubes-d-AmA-c

Territorio Comanche, de  Pérez Reverte

http://laantiguabiblos.blogspot.mx/2012/12/territorio-comanche-arturo-perez-reverte.html

En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust

http://www.1001libros.com/marcel-proust-en-busca-del-tiempo-perdido/

El asesinato como una de las bellas artes, de Thomas de Quincey

http://www.ucm.es/info/especulo/numero23/quincey.html

Sin novedad en el frente, de Erich Maria Remarque

http://www.patriaroja.org.pe/docs_adic/obras_mariategui/El%20Alma%20Matinal/paginas/sin%20novedad%20en%20el%20frente.htm

La leyenda del Santo bebedor, de Joseph Roth

http://www.ellectorperdido.com/2009/05/25/la-leyenda-del-santo-bebedor/

El dios de las pequeñas cosas. de Arundati Roy

http://leeryviajar.com/2011/07/12/el-dios-de-las-pequenas-cosas/

Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago

http://www.papelenblanco.com/novela/ensayo-sobre-la-ceguera-jose-saramago-nos-invita-a-abrir-los-ojos

Corazón doble, de Marcel Schwob

http://metamorfodromo.blogspot.mx/2008/06/el-doble-y-nico-corazn-de-marcel-schwob_08.html

Sinceramente suyo Shúrik, de Ulitskaya

http://laranaquecanta.com/?p=61

Orlando, de Virginia Woolf

http://cartografiasdesplegadas.blogspot.mx/2009/10/virginia-woolf-orlando-fragmentos.html

Alexis o el tratado del inútil combate, de Marguerite Yourcenar

http://walkingaround-elisa.blogspot.mx/2011/06/marguerite-yourcenar-alexis-o-el.html

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Meditación Divertida con Maggie

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Unas cuantas palabras y fotos para los lugares que me hacen feliz.

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Aller au delà de nos limites à travers le monde. J'en suis capable, pourquoi pas toi? Pourquoi pas nous? Ensemble nous sommes invincibles "Je suis femme and i can".

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En el soñador vida y sueño coinciden

La poesía, eso decían

Como plasmar la idea natural.

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Letras en el mar.

Polisemia Revista cultural

En cada edición proponemos una palabra para indagar sus posibles significados desde distintas áreas.

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