Las Citas de los Viernes: El infinito en un junco de Irene Vallejo. Ed. DeBols!llo y Ed. Siruela

La experiencia lectora me ha obsequiado con uno de los libros más memorables que recuerde, aquí diez de sus momentos estelares:

Heigo Kurosawa fue un admirado benshi, narrador de películas mudas para el público japonés. Se convirtió en una estrella; la gente acudía en masa a escucharlo. Introdujo a su hermano pequeño Akira que por entonces quería ser pintor, en los ambientes cinematográficos de Tokyo. En torno a 1930, con la vertiginosa llegada del sonido, los benshi perdieron su trabajo, su fama se eclipsó y fueron olvidados Heigo se suicidó en 1933. Akira dedicó toda su vida a dirigir películas como las que aprendió a amar en la voz de su hermano mayor.

Los imperios jóvenes tienen apetitos simples; sencillamente, lo quieren todo. Aspiran a la pujanza militar, al poder económico y, también, a los esplendores del viejo mundo. Con ese afán los Escipiones trasplantaron la biblioteca real de Macedonia a Roma y, al calor de aquellos valiosos libros, atrajeron a un círculo de escritores griegos y latinos. Por la fuerza de las armas y del dinero, estaban intentando desplazar los centros de gravedad de la creación literaria. Ha sucedido muchas veces: la política redibuja los mapas culturales.

El coleccionista romano recuerda al de los ricos capitalistas estadounidenses, que, maravillados ante los largos siglos del arte europeo y por un puñado de dólares, expoliaban retablos, frescos arrancados de los muros, claustros completos, portadas de iglesias, frágiles antigüedades y lienzos de los grandes maestros. También bibliotecas enteras. Así imaginó Scott Fitzgerald al joven millonario Jay Gatsby. Su fortuna, procedente de oscuros contrabandos, brillaba en una gran mansión de Long Island donde no faltaba.ningún lujo ni refinamiento. Gatsby era conocido por sus fiestas carísimas y extravagantes en las cuales nunca participaba. En realidad, un amor infantil y conmovedor latía detrás de sus exhibiciones de opulencia. El derroche, la luz, los bailes hasta la madrugada, los coches llamativos y el arte europeo eran fuegos de artificio para deslumbrar a la chica que lo abandonó años atrás, cuando aún no era lo suficientemente rico. En el palacio que Gatsby había construido como celebración kitsch de su ascenso social no podía faltar «una biblioteca gótica, artesonada con roble inglés tallado, que probablemente había sido trasladada completa desde alguna ruina situada al otro lado del mar.

Desde aquel tiempo hasta el presente, nuestra fe candorosa en las recetas para la vida ha dado de comer a muchos charlatanes de la retórica. Hoy nos inundan decálogos de autoayuda que ofrecen sus milagrosas listas del éxito: diez fórmulas para salvar nuestro matrimonio, para esculpir nuestro cuerpo o para convertirnos en personas altamente efectivas; diez claves para ser buenos padres, diez trucos para hacer el chuletón perfecto, diez frases brillantes para acabar un capítulo. El último, por desgracia, no lo compré.

Por eso, debemos considerar un pequeño milagro colectivo -gracias a la pasión desconocida de muchos lectores anónimos- que una obra tan extensa como las Historias de Heródoto, y por tanto tan vulnerable, haya llegado hasta nosotros bordeando el desfiladero de los siglos. Como escribe J. M. Coetzee, lo clásico es «aquello que sobrevive a la peor barbarie, aquello que sobrevive porque hay generaciones de personas que no se pueden permitir ignorarlo y, por tanto, se agarran a ello a cualquier precio».

Los escritores antiguos comprendieron muy pronto que los caminos más fascinantes son aquellos que nacen en las grietas, en los puntos ciegos y en las manipulaciones del relato. ¿Penélope esperó fielmente a Ulises o lo engañó en su ausencia? ¿Helena estuvo o no estuvo en Troya? ¿Abandonó Teseo a Ariadna, o fue raptada? ¿Orfeo amaba a Eurídice más que a su vida o fue el primer pederasta? Todas estas variantes coexistieron dentro del enmarañado laberinto de la mitología griega. Como en Rashomon, debemos elegir entre relatos incompatibles entre sí. Aquella primitiva literatura europea nos legó ese gusto por la multiplicación de los puntos de vista, por las variaciones y diferentes lecturas, por las narraciones tejidas y destejidas una y otra vez.

El microscopio y el telescopio son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación».

Al adoptarlo, le dijeron una frase inquietante: «Sabemos contar mentiras que parecen verdades, y sabemos, cuando queremos, proclamar la verdad». Es una de las reflexiones más antiguas sobre la ficción -esa mentira sincera- y, tal vez, también una confesión íntima. Me gusta pensar que Hesíodo, el niño poeta rodeado de silencio, balidos y boñigas, como siglos más tarde Miguel Hernández, revela aquí su obsesión por las palabras. Las palabras que ama y le aterran por el poder que tienen en el mundo, por el mal uso que se puede hacer de ellas.

El escritor italiano Vasco Pratolini dijo que la literatura consiste en hacer ejercicios de caligrafía sobre la piel. Aunque no pensaba en el pergamino, la imagen es perfecta. Cuando triunfó el nuevo material de escritura, los libros se transformaron en eso precisamente: cuerpos habitados por las palabras, pensamientos tatuados en la piel.

Los detalles más precisos sobre una biblioteca egipcia los relata un viajero griego, Hecateo de Abdera, que en tiempos de Ptolomeo I consiguió una visita guiada por el templo de Amón en Tebas. Describe como una experiencia exótica su recorrido por el laberinto de salas, patios, pasillos y habitaciones del recinto. En una galería cubierta dice haber visto la biblioteca sagrada sobre la cual se hallaba escrito: «Lugar de cuidado del alma». Más allá de la belleza de esa idea -la biblioteca como clínica del alma-, apenas sabemos nada sobre las colecciones de libros egipcios.

Las citas de los viernes: El infinito en un junco de Irene Valdés

El libro nuestro de cada martes: El infinito en un junco de Irene Vallejo. Ed. Siruela y Debo!sillo

Un libro fuera de serie, una experiencia emotiva, intelectual, humana, para no perderse

El libro nuestro de cada martes: El infinito en un junco de Irene Vallejo

El libro nuestro de cada martes: El dinero del diablo de Pedro Ángel Palou. Ed. Planeta

En presencia de una novela de misterio histórico donde se mezcla la ficción y los hechos, destaca la pluma de primer nivel, pulida y trabajada; no es la noveleta de sopresa y efecto, sino de la revelación de las verdades que parecen ocultas y que saltan sobre el lector para hacerle dudar de su entorno; el dinero, la fe, la exclusión y el razonamiento son las claves para la resolución de un antiguo misterio histórico. Palou vuelve a la carga para llevarnos un libro honesto, bien tramado y sobre todo, lleno de placer lector. No pierda de vista el rescate de la memoria del Padre Arrupe, un Jesuita del que poco se habla habiendo tanto que decir, o de Sor Pascualina que si no hubiera existido habría que inventarla.

Algo más sobre el libro: https://www.planetadelibros.com.mx/libro-el-dinero-del-diablo/153580

Palou habla sobre su novela

El vals del minuto: El arte de viajar a través de la lectura

Viajar es el sueño de muchos de nosotros; hacerlo a través de los libros es una aventura en la que conviven la creatividad, la inteligencia y la liberación. Desde el mero goce de leer hasta los más increíbles poderes terapéuticos. Que ustedes lo disfruten.

El norme y delicioso poder de viajar a través de la literatura

El libro nuestro de cada martes: Juegos Florales de Sergio Pitol

Juegos Florales es un encuentro con la memoria, con las palabras; un enfrentamiento con las razones y los móviles de los escritores y los lectores; un ir y venir entre personas y escenarios. Con seguridad no hemos hecho justicia a la dimensión de las letras de Sergio Pitol, esta edición de ERA es una invitación a revaluarlo, a leerlo y a comprender las enormes dimensiones del mundo y de los viajeros, de quienes describen el mundo y de quienes lo viven.

Algo más sobre el libro: https://www.edicionesera.com.mx/libro/juegos-florales_78695/

Juan Villoro habla sobre Sergio Pitol

El rincón de la bibliografía: Feliz cumpleaños Colleen McCullough

Subamos a la máquina del tiempo de una de las mejores autoras de novela histórica, recorramos tiempos y lugares de su mano para celebrar su pluma y su existencia: Colleen McCullough.

Que ustedes lo disfruten:

Tim 

http://www.lecturalia.com/libro/6460/tim

El pájaro espino

https://www.elojolector.com/libro/el-pajaro-espino-colleen-mccullough/

Una obsesión indecente

http://www.lecturalia.com/libro/6461/una-obsesion-indecente

La pasión del Dr. Christian”

https://www.librosdemario.com/la-pasion-del-dr-christian-leer-online-gratis

Las señoritas de Missalonghi 

https://www.rnovelaromantica.com/criticas/item/colleen-mccullough-las-senoritas-de-missalonghi

La canción de Troya

http://www.mardetinta.com/libro/la-cancion-de-troya/

La huida de Morgan 

https://librotea.elpais.com/libros/la-huida-de-morgan-vyetl2eiug/

El desafío 

http://www.criticadelibros.com/novela-rosa-y-romantica/el-desafo-colleen-mccullough/

Angel 

http://www.lecturalia.com/libro/6467/angel

La nueva vida de Miss Bennet

https://www.planetadelibros.com/libro-la-nueva-vida-de-miss-bennet/24033

Agridulce 

https://www.megustaleer.mx/libros/agridulce/MES-095620

El Primer Hombre de Roma

https://humildelector.com/2018/06/15/el-primer-hombre-de-roma-colleen-mccullough/

La corona de hierba 

https://www.planetadelibros.com/libro-la-corona-de-hierba/50199

Favoritos de la fortuna

https://www.novelahistorica.net/2009/08/favoritos-de-la-fortuna.html

Las mujeres de César 

https://www.novelahistorica.net/2009/09/las-mujeres-de-cesar.html

César 

https://www.planetadelibros.com/libro-cesar/9392

El caballo de César

https://www.novelahistorica.net/2010/03/el-caballo-de-cesar-de-colleen.html

Antonio y Cleopatra

https://www.novelahistorica.net/2010/12/antonio-y-cleopatra-de-colleen.html

On, off

http://www.lecturalia.com/libro/33076/on-off

Muertes paralelas

https://www.bibliofiloenmascarado.com/2011/03/24/resena-muertes-paralelas-de-colleen-mccullough/

El hijo pródigo

http://www.revistakritica.com/2014/09/resena-el-hijo-prodigo-de-colleen.html#.XtVjqS_mFcA

Un pequeño reportaje sobre la autora:

El libro nuestro de cada martes: Besaré tu cadáver de Terenci Moix

Definir un clásico es algo muy difícil. Lo clásico aquello que se refiere al canon de una época, que define las líneas que dan rostro e identidad a un tiempo y a un estilo. Terenci Moix, con los años, se ha vuelto un clásico de la modernidad española.

En México Moix es poco visitado, lo cual no deja de ser una lástima, podríamos frecuentarlo más y tener nuevas emociones en la lectura. Las letras de Terenci Moix son ácidas e irreverentes, no conocen lo sagrado ni lo requieren, caminan como levantando polvo para que se les vea de lejos y al llegar resultan sencillas, hilarantes a veces, pero agudas siempre.

Besaré tu cadáver es un recorrido por los libérrimos años sesenta en Roma y París, un reto a nuestra imaginación porque Terenci desafía los lugares comunes para meterse dentro de los personajes y desmontar el mecanismo de la libertad, la diversión, el horror y las consecuencias; una mezcla inaudita de personajes donde el oro y la hojalata se encuentran, donde los ricos se dan codazos con los pobres y la novela negra recibe un tratamiento del todo extraordinario.

En América Latina, donde seguimos siendo un poco solemnes y un tanto dados a la reverencia cultural, Terenci Moix nos puede venir como remedio a nuestra genética tan seria y a veces melancólica. Para cualquier lector es un reto de resistencia en buena lid y un placer enorme.

Algo más sobre la novela:

https://www.planetadelibros.com/libro-besare-tu-cadaver/24285

Un vídeo sobre el estilo personalísimo de Terenci Moix

http://www.rtve.es/alacarta/videos/imprescindibles/imprescindibles-terenci-moix-gana-planeta/3524159/

 

El libro nuestro de cada martes: La primavera romana de la Señora Stone, de Tennessee Williams

Algunos libros son así, retratos de los seres humanos en momentos claves de nuestra vida. La maduración, la juventud, la infancia, todos son instantes tan diversos que pudiera decirse que se trata de una sucesión de distintas personas encarnadas en un solo camino histórico. Enfrentarnos a los hechos e ideas de cada uno de esos tiempos significa retar nuestra propia conciencia de sujetos que vivimos en el tiempo, que nos construimos todo el tiempo y que, también, nos vamos descomponiendo conforme los años pasan.

Este es uno de los libros que retratan el debate entre juventud y madurez, entre belleza y sabiduría y es, ante todo, una metáfora sobre la soledad que acompaña a cada quien desde que nace.

La primavera romana es un texto fundamental de la posguerra; fascinó a toda una generación y vale la pena rescatarlo. Su escenario es complejo, la Italia ocupada por los norteamericanos al final de la segunda guerra mundial, los excesos y beneficios del plan Marshall y en ellos el enfrentamiento entre dos maneras de ver el mundo; es también la historia de una mujer madura en su camino por romper la soledad y encontrar el amor; de un joven en la búsqueda de su ruta y las batallas por el aprendizaje.

Como a pocos, este libro ha sufrido la fama de la película que en su momento lo hizo famoso. Sin embargo, como es natural, sus narrativas son distintas y su resultado es, en ambos casos excelente.

Disfrute con la prevención de que no saldrá indemne de su lectura, uno de esos libros que, de verdad, valen la pena.

http://www.edicionesb.com/catalogo/libro/la-primavera-romana-de-senora-stone_688.html

En 1961 José Quintero realizó la versión cinematográfica con Vivien Leigh y Warren Beatty, para el actor constituyó su boleto a la fama. Aquí el trailer:

Leni Riefenstahl

Leni Riefenstahl camina por Sevilla, espera las horas para recibir un homenaje en el festival de cine local, está cansada pero se conduce con prestancia, ha tenido un leve escenario de angustia al enfrentar su pasado. Al doblar la esquina de la Giralda había vuelto a ser ella misma; no todo había salido mal, es cierto que el periodo de descalificación había sido horrible, pero todos habían sufrido en esa guerra; aún así, a ella no la habían vencido, al cabo de los años había recuperado su dinero, su casa y sus películas, o casi todas ellas, se había aventurado por el mundo y su nombre se pronunciaba – al menos en algunos círculos – con soltura y hasta con admiración y ella, inteligente como sin duda lo era, había sabido llegar de nuevo a los entornos culturales que le interesaban. Jean Cocteau le había dado la clave, el francés no tuvo el poder suficiente para reivindicarla, además la posguerra era todavía demasiado joven y las heridas aún muy recientes; pero si algo  caracterizaba a Cocteau era su capacidad de transgredir, para ella que venía de un mundo de disciplina absoluta y de una regla de vida total, significó una ruptura muy honda y una oportunidad para reconstruirse, sin negarse a sí misma se dedicaría a las nuevas corrientes de la contracultura, así su nombre sería recordado como una transformadora invencible y no como una genialidad derrotada; después de todo, antes del nazismo había sido una rebelde incorregible, había actuado y hecho cae en icebergs y montañas, danzado descalza y, siendo mujer en una sociedad absolutamente patriarcal y masculina, se aproximó a Andy Warhol y fue bien recibida; lo mismo Bianca y Mike Jagger – que había dicho que Hitler era el primer rockstar de la historia, que a Leni no le había hecho ninguna gracia – la habían acogido, podría decirse, casi con afecto y nunca se refirieron a su pasado ni le hicieron preguntas incoómodas.

Se había cansado, la caminata había sido larga y la vuelta a España la tenía sumida en una especie de tensión espiritual que hacía mucho no vivía; aún así estaba ya de buen ánimo, detuvo un taxi y se dirigió al hotel; de inmediato anunció al chófer que no hablaba español para ahorrarse el simpático aunque imparable parloteo de los andaluces que le recordaba el ritmo sincopado como de misiva de los años veinte, aún así, fiel a su oficio y a lo que de él se esperaba, el taxista no paró de hablar, ello la adormeció y la fue sumiendo en sus reflexiones que la llevaban a recordar detalles de aquel tiempo glorioso cuyas memorias le habían querido estropear; había otras cosas que todavía la avergonzaban y aunque había tratado de olvidarlas se le aparecían en momentos como éste, los de la profunda soledad que le quedaba cuando alguien le reprochaba haberse regodeado en su arte mientras millones morían por los sueños megalomanías de sus amigos; le llenaba de vertenza su cercanía con Goebbels y por eso la negaba constantemente, le cubría de oprobio haber traicionado a Béla Balasz, aquel judío húngaro con quien había escrito “Luz Azul” y haberlo entregado en manos de Julius Streicher que, aún cuando ella sabía que era un fanático antisemita y un bárbaro ignorante, lo había nombrado su representante en el proceso de arianización de su productora para despojar a Balász, desde luego que esas cosas la abochornaban pero, si quería ser sincera, al menos consigo misma, debía reconocer que nunca la habían hecho sentir culpable; casi todas esas cosas las había escondido con pericia por décadas, pero el círculo se iba estrechando año con año, cada semana aparecía un nuevo memorioso que descubría un dato ignorado, una lista olvidado un diario extraviado; desde luego, no es que se refirieran siempre a ella pero resultaba habitual que cualquier reflexión sobre el arte y la cultura de la época condujeran, de un modo o de otro, hacia ella. Leni recordaba que Josef solía llevar un minucioso diario, lo sabía porque lo había escuchado muchas veces decirlo, en tono íntimo, en son de forma e, incluso, como una amenaza; no cesaba de preguntarse, más de cincuenta años después, que pasaría si algún día se publicaban los diarios del odiado y temido Ministro de la Propaganda, no como hasta entonces se había hecho, en piezas desperdigadas e inconexas, sino en su monumental conjunto; una noche en que Goebbels estaba un tanto achispado por el alcohol le confesó a Leni que sus diarios superaban las 75,000 páginas, hasta ese momento, en que la anciana se aproximaba al hotel, no ese habían dado a conocer ni quinientas, además, Josef – si lo sabría ella – era un obsesivo del orden y con certeza, en algún lugar del mundo alguien debía tener ese gigantesco documento en orden y listo para darse a las imprentas; a Frau Riefenstahl ese pensamiento le erizaba la piel.

Pagó en silencio el costo del viaje, cruzó la puerta del hotel levantando la mano en señal de saludo a la bonita chica de la recepción y sin mediar palabra ocupó una mesa bajo la sombra en la terraza que entonces estaba prácticamente vacía; pidió, cortes y lacónica, otro café más y una botella de agua mineral y nada para comer, en la soledad y tranquilidad de aquel lugar que le supo a refugio, Leni Riefenstahl recordó las muchas tardes departiendo con Goebbels, con la actriz Anny Ondra, con su esposo el boxeador Max Schmeling y con el príncipe Philipp von Hessen; la tarde de 1933 en que Josef y Leni tomaron un almuerzo campestre a solas para planear la realización del Triunfo de la Voluntad; a lo largo de los años se había empeñado en decir que sus constantes negativas a las pretensiones sexuales de Goebbels lo habían transformado en su peor enemigo, pero en su fuero íntimo, ahora que estaba sola tomando el café en una ciudad queadoraba, sabes que eso no era del todo cierto, que era verdad que Josef había tratado de propasarse en un par de ocasiones, después de todo, el mundo sabe que su matrimonio con Magda era una farsa que Hitler había ordenado y que la pareja había cumplido fielmente como cada una de las órdenes del dictador, pero también era cierto que nunca fueron enemigos y que jamás dejaron de tratarse con cordialidad y con afecto.

Algunas escenas habría preferido ser ella quien las revelara antes que algún malintencionado se adelantara, unas porque, de saberse en una versión diferente de la suya, le habrían causado daños mayores a su maltrecha imagen y otras, porque además, no dejaban de dar lustre y emoción a su vida que no dejaba de imaginar como una emocionante película. Se acordó, por ejemplo, del día que Guido von Parisch, agregado cultural de la embajada italiana en Alemania la había buscado en Davos par decirle que Mussolini quería conocerla y que la invitaba a reunirse con él en Roma; emprendió el camino de inmediato, en Munich avisó al ama de llaves de Hitler de la invitación; su vuelo a Roma salía al mediodía siguiente; Frau Winter le dijo que Hitler le pedía que lo visitara un par de horas antes de partir, por coincidencia el Führer se encontraba justo en Munich en ese momento, cuando las tropas italianas se habían acantonado en la frontera austriaca y habían tensado la situación del Tirol a extremos nunca vistos; toda esa serie de curiosas coincidencias la hacían un correo ideal; a la mañana siguiente, Adolf la recibió afectuosamente como siempre, tomaron el desayuno y platicaron de arquitectura romana, Leni pensó, como lo hacía siempre -, que la gente debía conocer la sensibilidad cultural de Hitler, pensó también que esa era la parte de su obra, dar una imagen culta y estética del nazismo; al final al Führer, le dijo a la cineasta:

  • El Duce es un hombre al que tengo en alta estima. Incluso, si un día llegase a ser mi enemigo, seguiría apreciándolo.

Ni más ni menos, con esa impresión, Leni estuvo a tiempo para tomar el avión y aterrizar unas horas después en el aeródromo de Ciampino, junto a la Via Appia Antica, la recibieron como a toda una celebridad, miembros del gobierno, dignatarios fascistas y hasta algunos invitados se había nadado cita para homenajearla; los uniformes negros la impresionaron y aún más que Van Parisch le dijera al oído: “hoy mismo verá usted al Duce”. Frau Riefenstahl se sentía maravillada interpretando el papel de contacto diplomático – y un poco espía – entre los dos hombres que más le subyugaban; al cabo de unas horas, las puertas del Palazzo Venezia se abrieron para ella; el Duce, al que recordaría años después en sus memorias, le impresionó: “Aun que no era especialmente alto, tenía un aspecto varonil y recio; todo él desprendía una gran energía…” Le sorprendió también la fluidez de su alemán, pero no le causó mayor asombro que se declarara admirador de sus películas, pero sí que recordara tantos detalles de sus apasionantes vistas de los Alpes y de Groenlandia, de la fascinación que había ejercido sobre él “El triunfo de la voluntad”; Mussolini le pidió que hiciera un documental para él sobre la desecación de las Lagunas Pontinas; ella tuvo un momentáneo ataque de nervios pero se sobrepuso en el acto y se negó pretextando que se había comprometido con Hitler para realizar el documental sobre las Olimpíadas de Berlín, aunque Mussolini no quiso disimular su decepción, pero como si quisiera disipar la tensión que la negativa había provocado le dijo a Leni como si le contara un secreto:

  • Dígale a su Führer que tengo fe en él y en su misión.

Haciendo gala de su capacidad histriónica, Riefenstahl se atrevió a preguntarle al Duce porqué se lo confiaba a ella; la respuesta del dictador la animó a seguir en su papel:

  • Porque los diplomáticos alemanes como italianos hacen todo lo posible por impedir un acercamiento entre el Führer y yo.

Alcanzado ese tono de confianza, la actriz se animó a dar un paso adelante:

  • ¿No tendrá usted problemas con Hitler a causa de Austria?
  • Puede decirle al Führer que, suceda lo que suceda con Austria, yo no me inmiscuiré en sus asuntos internos.

El Duce la despidió con cortesía y ella se tomo unos días para descansar de su papel. Cuando volvió a Berlín la hicieron llamar de la Cancillería, se sonrió cuando se vio a ella misma escribir en sus memorias: “por vía italiana debieron informar a Hitler de mi regreso”. De inmediato fue al encuentro con Hitler. Cuando se quedaron a solas, lo primero que hizo fue informarle de su negativa a realizar la película que Mussolini le había pedido; Adolf le preguntó si le había dicho algo más, ella contestó con las notas que había tomado justo a la salida de la reunión con el Duce; tomándolas con discresión, como si fuera una aplicada alumna de secundaria, le contó como el dictador italiano le había enviado el mensaje de su fe en la tarea del líder y el pueblo alemanes y de la impresión que tenía Mussolini de que sus sendos servicios diplomáticos trataban de evitar que los dos amos se acercaran; con Hitler, Leni mostraba un carácter dócil y amable, así que prefirió preceder el comentario sobre Austria con una disculpa por su imprudencia y le hizo saber que Mussolini habría consentido la invasión de Austria. Con honores, había cumplido su cometido.

Igual que un punto y aparte suele distinguir un capítulo de otro, el suspiro de Leni dio paso al auténtico recuerdo de aquella jornada memorable. Las cosas no habían sucedido precisamente como ella las había narrado en sus memorias, en realidad, Hitler le había pedido que actuara como mensajera de buena voluntad, tanto porque no quería dejarlo en manos de diplomáticos profesionales que se inmiscuyeran en sus decisiones personales o se procuraran beneficios propios, como porque quería presumir a una de las joyas del Reich.

El libro nuestro de cada martes: Historia de la Belleza de Umberto Eco

Gracias a la recomendación de mi querida prima y amiga Luz María García Callejas y de Nicolás, su talentoso hijo, una mirada al mundo de la belleza; más que un recorrido histórico entre lenguajes y formatos, un encuentro con nuestra mirada al mundo  y a la forma en que lo percibimos.

Desde el hecho que el libro mismo es una obra de sutil belleza, al recorrer el concepto de lo que deseamos y admiramos, de lo que nos reconforta y nos estimula, nos presentamos frente a nosotros mismos para descubrir nuestra hambre de trascendencia, de placer y de gozo.

Un libro imperdible que discurre entre la música, la plástica y la literatura; hermano de «Historia de la Fealdad», este lado luminoso de nuestra percepción es, al mismo tiempo, una trampa sobre el juego del placer y la conciencia.

http://www.megustaleer.com/libro/historia-de-la-belleza/ES0106568

 

 

Imagginación

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Tablaturas de mis pasos

Unas cuantas palabras y fotos para los lugares que me hacen feliz.

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Aller au delà de nos limites à travers le monde. J'en suis capable, pourquoi pas toi? Pourquoi pas nous? Ensemble nous sommes invincibles "Je suis femme and i can".

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El Rincón de Suenminoe

En el soñador vida y sueño coinciden

La poesía, eso decían

Como plasmar la idea natural.

Cynthia Briones

Letras en el mar.

Polisemia Revista cultural

En cada edición proponemos una palabra para indagar sus posibles significados desde distintas áreas.

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