El rincón de la bibliografía: Feliz cumpleaños Carlos Monsiváis

Siempre nos hace falta Monsiváis, siempre… pero ahora más, quién si no él nos echaría una luz en estos días, su crónica, su reflexión, su voz. Nunca lo olvidamos, ahora menos, para celebrarlo, aquí su bibliografía comentada.

Que ustedes lo disfruten:

Principados y potestades 

https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/5b047ac7-f7ca-47ea-b653-8a1d0beab87f/principados-y-potestades

Días de guardar 

https://www.edicionesera.com.mx/libro/dias-de-guardar_78428/

Amor perdido

https://www.edicionesera.com.mx/libro/amor-perdido_78847/

El crimen en el cine

https://www.proceso.com.mx/560989/con-carlos-monsivais-en-el-cine

Cultura urbana y creación intelectual. El caso mexicano

http://www.silabario.com.mx/carlos-monsivais-maestro-la-ironia/

Cuando los banqueros se van

https://prezi.com/p5tp7zne8u3u/carlos-monsivais/

De qué se ríe el licenciado. Una crónica de los 40

http://www.lehman.cuny.edu/ciberletras/v06/glantz.html

Confrontaciones 

https://www.letraslibres.com/mexico/carlos-monsivais-saulo-en-la-portales

El poder de la imagen y la imagen del poder. Fotografías de prensa del porfiriato a la época actual

https://www.proceso.com.mx/534947/caminos-de-carlos-monsivais-1938-2010

Entrada libre. Crónicas de la sociedad que se organiza

https://www.maspormas.com/cdmx/diez-libros-para-recordar-a-carlos-monsivais-en-su-dia/

Escenas de pudor y liviandad

https://local.mx/cultura/exposiciones/escenas-de-pudor-y-liviandad/

El género epistolar. Un homenaje a manera de carta abierta

https://www.jornada.com.mx/2003/03/15/06aa1cul.php

El teatro de los Insurgentes: 1953-1993

http://www.revistaimagenes.esteticas.unam.mx/teatro_de_los_insurgentes

Sin límite de tiempo con límite de espacio: arte, ciudad, gente, colección de Carlos Monsiváis

https://www.nexos.com.mx/?p=12580

Rostros del cine mexicano

http://www.laprensa-sandiego.org/archieve/march18-05/carlos.htm

Por mi madre, bohemios

https://pormimadrebohemios2.wordpress.com

Los mil y un velorios. Crónica de la nota roja

https://www.letraslibres.com/vuelta/los-mil-y-un-velorios-carlos-monsivais

Luneta y galería (Atmósferas de la capital 1920-1959) 

https://www.lifeder.com/carlos-monsivais/

Los rituales del caos

https://www.letraslibres.com/vuelta/los-rituales-del-caos-carlos-monsivais

Cultura popular mexicana

https://www.eluniversal.com.mx/cultura/carlos-monsivais-y-su-aporte-al-mundo-cultural-de-mexico

Aire de familia. Colección de Carlos Monsiváis

https://www.letraslibres.com/mexico/libros/aires-familia-carlos-monsivais

Diez segundos del cine nacional

https://www.jornada.com.mx/2010/07/04/sem-tovar.html

El bolero

https://www.nexos.com.mx/?p=13746

Recetario del cine mexicano

https://www.cineforever.com/2010/06/20/luto-por-carlos-monsivais/

Del rancho al Internet

https://letrasactivas.com/libro-analisis-del-rancho-a-internet-de-carlos-monsivais/

Las herencias ocultas del pensamiento liberal del siglo XIX

https://www.letraslibres.com/mexico/libros/las-herencias-ocultas-del-pensamiento-liberal-del-siglo-xx-carlos-monsivais

Las tradiciones de la imagen: Notas sobre poesía mexicana

https://www.uv.mx/veracruz/usbi/martes-de-lectores-y-lecturas/imagenes-de-la-tradicion-viva/

Protestantismo, diversidad y tolerancia

https://protestantedigital.com/print/9927/Protestantismo_diversidad_y_tolerancia_segun_Monsivais

«No sin nosotros». Los días del terremoto 1985-2005 

https://www.proceso.com.mx/228892/no-sin-nosotros-los-dias-del-terremoto-1985-2005-por-carlos-monsivais

Las alusiones perdidas

https://archivo.eluniversal.com.mx/columnas/67562.html

El Estado laico y sus malquerientes

https://laicismo.org/el-estado-laico-y-sus-malquerientes/

El 68, la tradición de la resistencia

https://www.edicionesera.com.mx/libro/el-68-la-tradicion-de-la-resistencia_78487/

Escribir, por ejemplo. De los inventores de la tradición

https://elfondoenlinea.com/Detalle.aspx?ctit=017483E

Apocalipstick

https://www.nexos.com.mx/?p=13635

Historia mínima de la cultura mexicana en el siglo XX

http://www.cronica.com.mx/notas/2010/551363.html

Democracia, primera llamada. El movimiento estudiantil de 1968

https://semanariouniversidad.com/suplementos/carlos-monsivais-memoria-de-tlatelolco-1968/

Que se abra esa puerta. Crónicas y ensayos sobre la diversidad sexual 

https://www.revistaarcadia.com/libros/articulo/presentan-mexico-cronicas-ensayos-monsivais-sobre-diversidad-sexual/24246

Las esencias viajeras. Hacia una crónica cultural del Bicentenario de la Independencia

https://www.traficantes.net/libros/las-esencias-viajeras

Maravillas que son, sombras que fueron. La fotografía en México

https://www.edicionesera.com.mx/libro/maravillas-que-son-sombras-que-fueron_78636/

Aproximaciones y reintegros

https://www.jornada.com.mx/2015/06/24/opinion/a07a1cul

Misógino feminista

http://oceano.mx/ficha-libro.aspx?id=11899

Carlos Monsiváis (autobiografía)

https://www.jornada.com.mx/2010/07/04/sem-hermann.html

Celia Montalván (te brindas voluptuosa e impudente)

https://www.librosmexico.mx/libros/726476

María Izquierdo

https://www.otroangulo.info/libros/carlos-monsivais-en-cuatro-tiempos-en-medio-siglo/

Luis García Guerrero: novedad del paisaje

https://www.jornada.com.mx/1997/03/16/sem-monsivais.html

José Chávez Morado 

https://www.eluniversal.com.mx/articulo/cultura/artes-visuales/2017/01/4/se-cumplen-108-anos-del-natalicio-del-muralista-jose

Escenas mexicanas en la obra de Teresa Nava

https://www.museodelestanquillo.cdmx.gob.mx/exposiciones/itinerancias/2015-/la-patria-intima-de-teresa-nava

Salvador Novo. Lo marginal en el centro

https://www.letraslibres.com/mexico/libros/salvador-novo-lo-marginal-en-el-centro-carlos-monsivais

Adonde yo soy tú somos nosotros. Octavio Paz: crónica de vida y obra 

https://www.jornada.com.mx/1998/04/26/sem-monsi.html

Novoamor

https://cuartoscuro.com.mx/revista/recordando-a-monsivais/

Yo te bendigo, vida. Amado Nervo: Crónica de vida y obra

https://revistas-filologicas.unam.mx/literatura-mexicana/index.php/lm/article/view/463

Carlos Pellicer: Iconografía

https://elfondoenlinea.com/Detalle.aspx?ctit=017365R

Annita Brenner: Visión de una época

https://www.letraslibres.com/espana-mexico/historia/la-otra-tierra-prometida-anita-brenner

Frida Kahlo

https://elpais.com/diario/2007/07/06/revistaverano/1183672801_850215.html

Rosa Covarrubias: Una americana que amó México 

https://numerocero.mx/granalsifel1972/oejofdxpep-177149.html

Pedro Infante: Las leyes del querer

https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-4832023

Nuevo catecismo para indios remisos

https://www.nexos.com.mx/?p=4064

Una interesante entrevista a Monsiváis realizada en Chile:

1968. Los que no estábamos 

Todos estamos hechos de recuerdos, de los nuestros y de los que heredamos. En la casa de mis padres había una enciclopedia gráfica de la Revolución mexicana, aquella de pastas azules en la que se glosaba el legendario archivo Casasola; el último de sus tomos cantaba las glorias de los gobiernos revolucionarios; entre sus páginas, como una mancha de dudosa procedencia, aparecía el movimiento estudiantil de 1968.

Mis hermanos y yo nacimos entre 1963 y 1977; no hubo en casa memoria de aquellos días; cuando me pude acercar a “La noche de Tlatelolco” de Poniatowska, aún era poco lo que se decía y menos los que se podía encontrar. Era una guerra perdida entre la estrategia del olvido y la férrea persistencia de la memoria y de la vida. En los primeros años de la curiosidad los entonces adolescentes, casi niños, realizábamos una especie de arqueología informativa, pescábamos un dato aquí y otro allá, hablábamos con los hermanos de los amigos que sí habían estado, escudriñábamos la memoria de los padres que habían perdido a alguien, explorábamos el recuerdo de la ciudad que se negaba a olvidar lo inexpresable. El 68 era para nosotros, entonces, una especie de espantajo con el que nuestros padres y maestros buscaban protegernos, nos advertían que sólo a los muchachos que se metían en problemas el gobierno los trataba de esa manera y la expresión “esa manera”, encerraba mitos, leyendas, temores enormes que se mezclaban con lo que ya sabíamos que sucedía en Argentina o en Chile.

El terremoto de 1985 despertó muchas conciencias, levantó la nuestra, nosotros, entonces malinformados y todavía imberbes, ya queríamos y teníamos algo que decir, cosas que no nos cuadraban como las desigualdad, la pobreza y la eternidad priísta que nos parecía contranatura; luego, dentro de la ola que se produjo con el movimiento telúrico, en 1989 Jorge Fons estrenó “Rojo amanecer” y el tema saltó de los textos académicos y de las publicaciones clandestinas y marginales a los medios masivos; la película la vi en el enorme Cine Chapultepec, también ahora parte de la memoria perdida; al salir, además del miedo que traía metido en la sangre, me embargaba una enorme vergüenza, no podía soportar la idea de que aquellos jóvenes, que tenían entonces unos cuantos años más de los que yo tenía al presenciar el fime, hubieran tenido que transitar todos esos lustros en el silencio y en las sombras; ahora aparecían como héroes de una historia que debía ser contada. Poco después se permitió la exhibición de “El grito” de Leobardo López, con lo que parecía que las puertas se habían abierto.

En 1993 con ocasión del XXV aniversario del movimiento se inauguró la Estela de Tlatelolco; aunque el diálogo estaba ya abierto y se podía decir todo, o casi todo, las diversas versiones entre los participantes parecían perpetuar las divisiones que ya se habían engendrado desde la época de los hechos; pero ya la suerte estaba echada y nos enterábamos de datos nuevos, de cifras espeluznantes, de prácticas que desconocíamos y que nos dejaban saber el mundo en el que en realidad habíamos vivido; para 2015, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal impuso, en letras de oro, la expresión: “A los mártires del movimiento estudiantil de 1968”; un nuevo riesgo aparecía en el horizonte, la normalización del hecho histórico para lanzarlo tan lejos como la memoria lo hiciera posible, oficializar el sacrificio e instalarlo en el martirologio oficial, haciéndo inocuo y similar a los niños héroes. Dudo que se tratara de una estrategia oficial, más bien, pertenecía a una especie de inercia histórica en la que nuestro miedo al cambio, nuestro temor a remover el pasado resulta preferible a la justicia y la verdad, echar tierra con la finalidad de seguir adelante. La sobrevivencia consiste en una rarísima suma de ambos elementos, verdad y olvido, justicia y perdón. Pero lo que no es posible es aspirar a la justicia sin haber conocido la verdad ni practicar el perdón si no se conocen las auténticas dimensiones de las ofensas.

Ahora se cumplen cincuenta años del movimiento de 1968; los que no estuvimos miramos con cierta lejanía que nos aproxima a una poco menos que imposible imparcialidad, después de todo hablamos de nuestro país y de nuestro pueblo, pero sabemos que aquel movimiento era parte de una ola en todo el mundo; sabemos también que se trató de un hecho de represión ilegítimo e ilegal y que las visiones maniqueas sobre la infiltración comunista son falsas, incompletas y hasta infantiles; sabemos, que nuestras libertades, como hoy las tenemos, con sus amenazas y limitaciones, son hijas de aquel dolorosísimo parto. Los que no estuvimos, llegamos al mundo con un compromiso adquirido que exige ser satisfecho. Las generaciones post 68, que han buscado su identidad bajo una sombra gigantesca, tienen en esta conmemoración la oportunidad de honrar la memoria construyendo un mañana de paz, democracia y verdad.

El libro nuestro de cada martes: La noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska

Durante mi adolescencia este libro alumbró mi primer conocimiento sobre los hechos que, después, se convirtieron en una especie de obsesión; saber, conocer la verdad, a trechos y a pedazos escapados.

Con los años, la verdad ha ido saliendo a la luz y nos damos cuenta de la dimensión de lo sucedido y, con ello, del valor de su legado.

La noche de Tlatelolco, es más que un libro, un documento, un memorial y el primero que denunció con valentía las obscuridades de los años de 1960 en nuestro país. Hoy, en el cincuenta aniversario de la masacre; hoy, cuando nos aproximamos a la memoria con reverencia pero también con ánimo de conocimiento y justicia, leerlo es un deber.

Algo más sobre el libro:

http://www.fundacionelenaponiatowska.org/bibliografia/la-noche-de-tlatelolco.html

La noche de Tlatelolco en voz de Elena Poniatowska

Violencia y poder

Uno de los principales problemas de la vida política es la relación entre poder y violencia, entre ejercicio de la violencia como elemento constitutivo del poder y su relación con el sistema jurídico y la existencia de los ciudadanos.

Desde los primeros estudiosos del hecho político, a lo largo de los siglos se ha convertido en un elemento del imaginario colectivo sobre la política y el poder en Occidente, nuevas lecturas de autores contemporáneos ponen de relieve la tensión a que se somete la concepción de la violencia como parte del ejercicio político con la irrupción de ideas como los derechos humanos, el sistema jurídico y el ejercicio democrático.

La comprensión del fenómeno del poder resulta para Occidente casi una obsesión; la explicación tradicional sobre la naturaleza del poder y los márgenes de su ejercicio se perpetuó en el pensamiento occidental, tanto por la precisión de sus observaciones como por su capacidad dialéctica de explicar situaciones desde distintos marcos. Si bien esa manera típica influyó en ámbitos muy distintos, también es cierto que ese pensamiento enfrenta severas críticas desde los extremos más humanistas que identifican al individuo con su ámbito de derechos.

Hoy en día, la idea del criminal como enemigo se basa en el sentido de pensar que los ciudadanos están obligados a someterse al gobierno y, al mismo tiempo, de oponer resistencia a las amenazas contra sus vidas, de ahí que hay una contradicción en el hecho de que el gobierno pueda amenazar la vida de los ciudadanos que lo han creado; en realidad no hay más éxito que el de un gobierno que alcanza a asegurar el orden de los ciudadanos en la paz de las prácticas de convivencia; es decir, si el propio gobierno fabrica las condiciones de un conflicto o lo tolera debe ser su actuación en colaboración con los ciudadanos la única solución posible.

Para que la ley sea ley y no fuerza, quien obedezca habrá de hacerlo con el asentimiento de su voluntad. La necesidad de la participación ciudadana y de la democracia efectiva hace que la ley no sea, necesariamente, una fuente de legitimidad. Sin instrumentos democráticos, la ley se hace prevalecer siempre a la sombra de la amenaza de infligir dolor corporal, a ese extremo se puede reducir parte de la crisis de credibilidad y confianza que enfrenta el poder público en nuestro país hoy.  Una auténtica democracia hace que el poder no sea estático, sino que se presenta en un dinamismo que crea cadenas de poder que se enlazan unas con otras, particularmente en el sentido de la circulación del poder, pues quien hoy lo padece algún día podría ejercitarlo.

En una sociedad como la occidental en la que la violencia es parte de la vida institucional, la estabilización y dominio de la violencia depende de la capacidad del poder de asumir ejercicio sólo sobre el marco legal y constitucional, incluidas las amenazas de infligir dolor físico o administrar la muerte a instituciones policiacas que despersonalizan su ejercicio y evitan su atribución personal.

En el estado de violencia que una sociedad como la nuestra presenta, es necesario evitar el discurso jurídico, político e histórico en el cual la violencia se comprende como parte connatural del ejercicio del poder, pues, en realidad, es necesario dejar claro que ese ejercicio y el sustento del grupo que, sólo temporalmente, ejerce la fuerza legítima y material del poder se basa en una aspiración general de la paz y el derecho.

La violencia tiene una memoria larguísima, incómoda, a veces imperecedera. Hasta en tanto no sepamos, si es que eso llega a suceder algún día, quién y por qué han sucedido los hechos de violencia institucionalizada en nuestra historia reciente, el miedo y el resentimiento no podrán dejar de animar nuestras sospechas; grupos enemigos, violencia de Estado, descomposición y corrupción institucional, todas son posibilidades incómodas que no pueden ser descartadas. Mucho más allá del juicio de Ayotzinapa o Aguas Blancas, incluso Tlatelolco, que parece haber ya superado la prueba del paso a la historia y en el más alto grado posible el mito, es imposible no pensar cómo la violencia se traslada mediante los mecanismos de la venganza y las cuentas pendientes a través de las décadas, de las regiones y los individuos.

En este momento en que los historiadores, los científicos, los politólogos y los juristas, en su calidad de académicos, investigadores o juzgadores tratan de lograr la reconstrucción de los últimos momentos de la vida de quienes han caído en hechos violentos, nos preguntamos si la procuración de justicia podrá hacerlo en muchísimo menos que los años que algunos casos tienen que pasar para saber qué sucedió, porque el único remedio para la violencia es la justicia y el único camino para frenar sus consecuencias es la legalidad. Son estos retornos de la historia los que nos parecen más terribles en un ambiente de violencia, porque nos avisan con certidumbre que en la historia nunca quedan cuentas pendientes, que todas se ajustan con el tiempo y que sólo mediante la verdad —por dura y cruel que parezca—, puede alcanzarse la reconciliación y la paz, que sólo mediante la justicia en la ley —por incómoda o inconveniente que parezca—, puede construirse un futuro de paz y diálogo. Al final del día, la historia tiene siempre la última palabra.

Repensando a Alfonso García Robles

 

La cultura japonesa, a diferencia de las culturas occidentales en las que las cronologías resultan implacables y planas líneas de tiempo, mide su devenir a través de una rara combinación de sucesiones temporales, hechos históricos y sucesos astronómicos. Si para nosotros, los occidentales, el movimiento de los astros marca el ritmo de nuestros tiempos y ese tiempo se señala por las eternas repeticiones de los ciclos celestes, los hechos son marcas que suceden en ese devenir hacia lo eterno; para el pensamiento oriental, por otra parte, los actos de los hombres, en particular los de los grandes hombres, se interrelacionan con los fenómenos estelares de tal manera que, a las cronologías suelen imponer el nombre de sus dinastías, de sus próceres, de sus monarcas; por ejemplo, la Era Meiji y su propia cronología, la era Showa, que correspondió a la segunda guerra mundial y la actual, bajo el imperio de Akihito que, en el momento de su muerte llevará el nombre de era Heisei. En occidente, sólo a modo de homenaje unimos a cierto periodo el nombre de alguien trascendente, tal es el caso: podríamos llamar a la segunda mitad del siglo XX, en cuanto se refiere a la diplomacia mexicana, la era de Alfonso García Robles.

El tiempo de García Robles es, primordialmente, el tiempo de la Guerra Fría; una época que muchos de nosotros alcanzamos a vivir, se caracterizó por el miedo, por el estado de seguridad nacional, por el sobrevuelo de los aviones espías y la amenaza constante de la guerra nuclear; las nuevas generaciones, las que adquirieron memoria después de 1989, no alcanzan a dimensionar el mundo bipolar que se dividía entre buenos y malos, según la preferencia de cada pueblo, de cada sujeto y de cada gobierno; aunque el mundo parecía más fácil, en el sentido de que las intenciones internacionales parecían más definidas y la geopolítica era mucho más sencilla, en el fondo se trataba de un mundo amenazante en el que la leyenda del botón rojo que desencadenaría la hecatombe mundial, aparecía en toda su realidad en las tensiones que, a veces más y a veces menos, incidían en todo el mundo a disposición de los dos grandes líderes.

En ese contexto, las revoluciones y contrarrevoluciones, los movimientos guerrilleros y las dictaduras militares, los colonialismos y los movimientos de liberación nacional, todos ellos enmarcados en el terrorismo de viejo cuño, requerían la presencia de diplomáticos de alta escuela, capaces de los arreglos más inverosímiles pero también posibles, dotados de inteligencia y valor, de astucia y conocimientos jurídico políticos; se trataba de un mundo prendido con alfileres que, en su momento hizo crisis y se volvió un tiempo pasado que no volverá jamás.

Con la caída del muro de Berlín, el golpe de estado y posterior caída de la Unión Soviética, se vino abajo aquel mundo de temores que vinieron a ser sustituidos por otros miedos acaso más difusos y por lo tanto más penetrantes; con aquel mundo se fueron también muchos valores que fueron nuestros y que no terminamos de despedir y que, sin embargo prácticamente van cayendo en el desuso. Términos como soberanía, como identidad o como regulación fronteriza, tercer mundo o países en vías de desarrollo, son términos que se revalúan y se transforman ante nuestra mirada atónita; este no es el mundo en el que vivíamos antaño, tiene sus propios retos y también sus propias fuentes de temor.

La globalización implicó muchos beneficios pero también problemas que no hemos sabido resolver; aquel, el mundo que vivió Alfonso García Robles, era pues un mundo en el que las Naciones estado, privaban como modelos de organización política, un mundo atenazado por dos superpotencias a las que se enfrentó, con la razón y el derecho, un embajador mexicano que, valido de las mejores tradiciones de la diplomacia mexicana, forjadas y consolidadas en la generación anterior, creó el primer espacio desmilitarizado nuclearmente en el mundo.

En años recientes hemos vivido lo que muchos han dado en llamar el ocaso de la diplomacia mexicana, en unos cuantos años, la opinión de nuestro país, antaño líder en nuestro continente y siempre bien recibida en todo el mundo, ha pasado a segundo término; en pocos años, hemos presenciado cómo la agenda internacional de nuestro país ha reducido sus objetivos y minimizado sus intereses, las décadas de expansión y apertura terminaron para centrarse en la convivencia, desigual y atormentada con los Estados Unidos; así, perdimos la ventaja estratégica que nos daba el manejo de las relaciones diplomáticas con Cuba, nos alejamos de América Latina, dejando nuestro lugar a otras naciones con más incidencia en nuestros vecinos y fuimos perdiendo voz y presencia, pese a las décadas que dieron lustre y nombre al cuerpo diplomático mexicano.

Alfonso García Robles es producto de décadas y generaciones de diplomáticos mexicanos forjados en la línea de fuego de momentos duros de la historia internacional; hombres como Isidro Fabela, que igual que el propio García Robles, enfrentaron a los países más poderosos validos sólo de la razón y el Derecho; hombres como Gilberto Bosques o Luis I. Rodríguez, en fin, que dieron cuerpo y materia a las mejores tradiciones de la política exterior nacional; por un lado, la disciplina diplomática probada aún en los momentos más críticos, en aquella época dorada y todavía hasta el ejercicio del ministerio de García Robles, el cuerpo diplomático ha sabido ser fuente de confianza para el Ejecutivo federal y constituye la primera línea de información, contención y solución de problemas internacionales; la igualdad jurídica de los estados que parece no haber tenido sus mejores tiempos en años recientes, y que constituía no sólo la carta de presentación de nuestra política exterior sino la razón de ser de su ejercicio y de sus principios dogmáticos; la solución pacífica de los conflictos, que llevó a nuestro país, a través de diplomáticos como Fabela o García Robles, a realizar auténticas proezas en momentos en los que ningún político del mundo apostaría por la paz frente a la agresión, pero sobre todo, en el hecho fundamental de que el discurso exterior debía apoyar al discurso interno, de que lo dicho fuera de nuestras fronteras alentara las prácticas internas y que se constituyera, frente a otros estados, en resonante de nuestras propias políticas públicas. Es a esa tradición y a ese cuerpo diplomático, al que debemos la altura de hombres como García Robles y aún otros como Martínez Corbalá.

Dicen los nostálgicos, que todo tiempo pasado fue mejor; dicen los desaprensivos que todo tiempo futuro será mejor; ninguno de los dos extremos soporta el análisis de la lógica o de la experiencia histórica; lo cierto es que, gracias a mujeres y hombres como Alfonso García Robles, podemos decir que este es un mundo mejor que el que antaño teníamos un mundo en el que aquel temor del exterminio inmediato ha desaparecido; un mundo en el que poseer armas nucleares no es más una orgullosa exhibición de fuerza y una forma extrema de chantaje y secuestro; gracias a la tarea de García Robles, a su legado, la posesión de armamento nuclear se ha convertido, en sí misma, en una conducta violatoria de los principios de convivencia internacional, una amenaza a los derechos humanos y, sobre todo, un desperdicio de recursos que bien pueden aplicarse a la mitigación del hambre, la extinción de la pobreza o el cuidado del medio ambiente. Es esa conciencia el principal legado de García Robles, es ese el aspecto que más le agradecemos.

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En el soñador vida y sueño coinciden

La poesía, eso decían

Como plasmar la idea natural.

Cynthia Briones

Letras en el mar.

Polisemia Revista cultural

En cada edición proponemos una palabra para indagar sus posibles significados desde distintas áreas.

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