El libro nuestro de cada martes: El señor Nakano y las mujeres de Hiromi Kawakami. Ed. Debolsillo

Pues sí, desde Amélie Nothomb no me pasaba, he vuelto sobre las letras de Hiromi Kawakami y me encuentro con un estilo reconocible, como volver a casa de algún buen amigo, pero no se repite, sus novelas si bien versan sobre la relación entre hombres y mujeres, entre hombres maduros y mujeres jóvenes, son siempre historias nuevas, sorprendentes y entrañables. Amo de esta escritora la ligereza de la vida y la profundidad de sus personajes. En esta novela de cuenta de las entretelas de un hombre que ama profundamente a las mujeres.

Algo más sobre el libro: http://japonbarcelona.com/literatura/blog/?p=538

Hiromi Kawakami lee su propia obra

Curso-Taller: El arte de viajar a través de la lectura. Abril 8 – Junio 10. Jueves: 22:00 – 23:00 hrs

Acompáñenos en un viaje literario visitando: Buenos Aires, Ciudad de México, La Habana, Nueva York, Madrid, Londres, París, Moscú y Tokio. Cada una en distintas épocas y estilos; con su encanto, historia y alrededores. Una ciudad una sesión.

Abril 8 a junio 10, 2021

Diez sesiones vía Zoom. Todos los jueves de 22:00 a 23:00 (Tiempo de la Ciudad de México)

Cada semana recibe material exclusivo y la grabación de la sesión para no perder ningún momento del diálogo.

Publicación en el Blog Cisterna de Sol del material trabajado.

Guías para conformar una visión de viajero, los grandes libros escritos sobre las ciudades visitadas, sus autores y sus mejores momentos históricos.

Repertorios bibliográficos para crear un ambiente evocador y una experiencia abierta al gusto y el placer de la lectura.

Costo: $1,200.00 mn

Inscripciones: Deja un mensaje en este Blog, en el WhatsApp del blog: 5530488751 o en el correo cesarbc70@yahoo.com

El vals del minuto: El arte de viajar a través de la lectura

Viajar es el sueño de muchos de nosotros; hacerlo a través de los libros es una aventura en la que conviven la creatividad, la inteligencia y la liberación. Desde el mero goce de leer hasta los más increíbles poderes terapéuticos. Que ustedes lo disfruten.

El norme y delicioso poder de viajar a través de la literatura

Las citas de los viernes: Los amores de Nishino, de Hiromi Kawakami

Una pequeña pieza de relojería de inusitada belleza; Los amores de Nishino, de Hiromi Kawakami, editada por Penguin Random House, guarda, entre otras, estas diminutas joyas, que ustedes lo disfruten:

La primera vez que me rodeó el hombro, guardé silencio igual que Minami y dejé que lo hiciera. Simplemente me callé y dejé que me abrazara, sin
pensar si aquello era cariño o amor.

Recordé el modo que Nishino tenía de hacer el amor y, por un instante, sentí nostalgia. Sin embargo, me costaba recordar de qué modo estaba yo enamorada de él.

Se había enamorado varias veces, aunque nunca me contaba nada. Amaba en silencio y en silencio dejaba de amar, como cuando, de pequeña, hacía calladamente aquellas figuras de origami.

El gesto fue tan sutil que ni siquiera estaba claro si realmente lo había tocado. Pero mis ojos vieron cómo los dedos de la mujer trazaban una estela de un blanco inmaculado en el aire. Esa estela pasó rozando el hombro de Nishino para, a continuación, transformarse en una bella imagen residual.

A su alrededor flotaba una misteriosa aura. Un aura de la que carecía el resto de chicos de la clase. Yo tenía la sensación de que aquella aura, por más que intentaras empujarla y adentrarte en ella, no tenía fin. Cuanto más intentabas apartarla, más te adentrabas en ella. Nunca llegabas a alcanzar a Nishino, que estaba al otro lado. Sin embargo, era suave, cálida y muy agradable. De pronto tenías la falsa sensación
de que aquella aura era el propio Nishino.

Nos besamos durante un largo rato. Seguimos besándonos durante muchísimo tiempo. Nishino pensando en alguien que no era yo; yo pensando en otras cosas y no en él.

La mano de Nishino, en cambio, no me resultaba ajena. Cuando me di cuenta, ya no sabía dónde empezaba mi mano y dónde la suya.

Cuando me tocó por primera vez, con calma pero con decisión, resultó francamente violento. El resuello contenido, la ternura de sus gestos, suavidad de su voz no lograron ocultar su violencia. Porque las bestias que se abaten sobre sus presas siempre son violentas. Las criaturas grandes se abaten sobre las criaturas más pequeñas con movimientos refinados, sin malgastar energías. Cuanto más refinadas y eficientes, más violentas son.

Nos abrazamos. Con ternura. Como el agua. Pero sin convertirnos en agua.

Pegué el oído al teléfono para intentar captar si en aquella risa había algún atisbo de tristeza por no poder pasar el fin de semana con Manami, pero no percibí nada. Hablaba con la misma voz dulce de siempre, válida para todas las estaciones.

El tiempo parece imbécil, pensé, invadida un brutal sentimiento de impotencia.

Nishino sonrió. Era una sonrisa extraña, como si fuera plenamente consciente de que no existía ninguna mujer en el mundo capaz de amarlo de verdad. Una sonrisa como la llama incolora de gas que un día vi.

Subaru, dicho y hecho, se había tumbado lánguidamente en el suelo, como un charco acumulado sobre la tierra.

El libro nuestro de cada martes: Los años de peregrinación del chico sin color de Haruki Murakami

Después de mucho tiempo me vuelvo a encontrar con Murakami; volver a un autor después de un largo periodo es siempre una experiencia reconfortante, como encontrar a un amigo al que hace mucho no se ve; hay pláticas pendientes, temas olvidados y el afecto que se renueva. Así me ha sucedido.

Pasa con Murakami que, al cabo de los muchos libros, aprende su lenguaje; sus toques de surrealismo contemporáneo, el valor de lo espiritual, el peso de los temas y la ductilidad de la realidad; sus modos de allanar la conciencia del lector, como el diálogo con la música o los referentes culturales, lo meten a uno en la espiral en la que le gusta entretenernos buscando una verdad que nunca es evidente.

Volver a Murakami con «Los años de peregrinación del chico sin color» ha sido una fortuna, se trata de uno de sus libros menos extensos, más sinceros; su trato de la amistad la búsqueda lo sitúanos en un Tokio que no existe más que en su imaginación y ahora en la nuestra, su lenguaje es más sabio y sencillo, su trato del tema sexual más cómodo y más sincero y aquí me tienen, resolviendo el misterio de un personaje que nunca ha tenido el color que requiere para completar su vida.

No hay que perderlo y hay que abordarlo con fruición, con el gusto de encontrar en Murakami a uno de los narradores puente entre oriente y occidente en esto que es de lo mejor que la globalización nos ha dejado.

Algo más sobre el libro:

Los años de peregrinación del chico sin color

Una crítica interesante sobre el libro:

 

La música del libro:

 

El libro nuestro de cada martes: Casi japonesa de Sarah Sheard

La carrera de lector ofrece varias ventajas, una de ellas es la oportunidad de encontrar tesoros de vez en cuando. Lectores habemos de todo tipo, incluso los que leyeron y viven del recuerdo de los libros que tuvieron en sus manos, los hay tradicionales que solo leen a los consagrados, los omnívoros que consumen cuánta letra les sale al paso; habemos otros a los que si bien la edad o la práctica nos impone la obligación de alejarnos de los libros que no nos van, nos aventuramos en autores, regiones y géneros que no habíamos explorado, sin más recomendaciones que la intuición y una ojeada nos lanzamos al ruedo del encuentro, no siempre con buenos resultados.

Casi japonesa es uno de esos gratos hallazgos. Una novela breve, ligera en apariencia que nos habla del encuentro, entre mujer y hombre, el fenómeno del enamoramiento adolescente, el de oriente y occidente, el de la música y el arte, el de la memoria y el mañana.

No he podido hallar nada más de su autora pero este pequeño tesoro, diminuta obra maestra. Me ha llevado a regiones de mis lectura que creía olvidadas.

Un libro para no perderse.

Algo más sobre el libro:

https://www.goodreads.com/book/show/9644813-casi-japonesa

El libro nuestro de cada martes: Caballos desbocados de Yukio Mishima

Los vientos de la lectura me traen a islas que hace mucho no recorría, asignatura pendiente, terminar la tetralogía «El mar de la fertilidad» de Yukio Mishima. Una tarea interesante, sin duda, un reto gozoso para entrar en una mente atormentada pero brillante en extremo.

Caballos desbocados es la segunda entrega de dicha tetralogía, todo un legado literario y las claves para descifrar el pensamiento de este hombre transido de contradicciones y tensiones, pero talentoso, comprometido y brillante.

Este libro, precedido por «Nieve de primavera» y al que suceden «El templo del alba» y «La corrupción de un ángel»; constituye un manifiesto en su lucha por el mantenimiento de la tradición frente a la invasión occidental; una muestra de los valores profundos de cada hombre con vistas al cambio, la adaptación y aún la sobrevivencia. Cada frase está pesada, calculada y medida para causar el efecto correcto, un texto trabajado y cuidado para convertirlo en una obra de arte, casi plástica en su encuentro con el lector.

No sólo nos enfrenta al momento histórico, la década de la Segunda Guerra Mundial, en Japón, sino al dilema cotidiano de cada ser humano; optar entre la identidad y la oportunidad, entre el ser y el tener, entre el trascender y el sobrevivir.

Hay que armarse de valor para enfrentar un libro así, porque desgarra y concede y en todo caso, hay que abrirse al goce de una de las literaturas más hermosas que puedan imaginarse.

Algo más sobre el libro:

https://www.alianzaeditorial.es/libro.php?id=2656781&id_col=100500&id_subcol=100501

Para adentrarnos más en la personalidad de Yukio Mishima, esta entrevista en lengua inglesa:

La Gioconda conoce a la Reina de Camelot

Hubo un tiempo antes de Camelot, un tiempo breve porque antes de él no hubo sino la prehistoria de la joven Bouvier; porque el reino resplandeciente comenzó a formarse no a través del que sería su señor – el Emperador Kennedy, como lo llamaría luego Leszek Kolakowsky – sino desde la luminosidad de la que algún día sería, para siempre, su soberana; en Life del verano de 1959 Jackie irrumpió en la escena pública como la flamante esposa del Senador John Fitzgerald Kennedy que comenzaba a perfilarse como el favorito para alcanzar la candidatura demócrata a la presidencia de los Estados Unidos; en julio de 1960, Norman Mailer publicó un reportaje sobre la Sra. Kennedy en Esquire y consagró para siempre su estilo; es cierto, hubo un tiempo antes de Camelot pero ni todas sus luces alcanzarían a igual el breve tiempo del reino resplandeciente; su reina impuso el estilo y la cultura como componentes de la política de la Casa Blanca; ninguna de las siguientes inquilinas que la augusta mansión alcanzaría la sofisticación del estilo de Jackie pero tampoco ninguna podría ignorarlo. Si es cierto que el ingente poder de los Estados Unidos no es obra de Kennedy, pues comenzó a gestarse décadas antes de su presidencia, también lo es que Jacqueline Bouvier inventó el estilo como parte de la imagen política norteamericana y que forzó las puertas de una cultura todavía fuertemente provinciana y semibárbara; si antes de Camelot los intelectuales nortamericanos tenían que peregrinar a Paris, a Madrid y a Londres, ella llevaría a André Malraux a Washington y daría un golpe espectacular para migrar buena parte de la cultura mundial a las viejas trece colonias.

En 1961 John y Jackie visitaron a De Gaulle en Paris, el general quedó maravillado con la personalidad y el estupendo francés de la Primera Dama; en la cena de Estado, con perfecto acierto el Presidente de los Estados Unidos afirmó: “Soy el hombre que ha acompañado a Jacqueline Kennedy a París y lo he disfrutado”. De Gaulle se mostró muy interesado en las nuevas ideas de John y el trabajo impecable de Jacqueline fue allanar el camino del entendimiento; sin embargo, Jacquie tenía sus propios objetivos, había leído con detenimiento la obra de André Malraux, entonces el poderoso ministro de cultura, sus charlas fueron gratas para ambos y el fue su guía en una visita la Jeu de Paume y a la Malmaison; ahí nació una amistad que se mantuvo en la mejor estima de ambos hasta la muerte del francés en 1976. Cuando la pareja regresó a Washington, Malraux le envió un ejemplar autografiado de su libro “El Louvre y las Tullerías”.

En 1962 la reina de Camelot impuso a su corona una joya inimaginable; en mayo, Malraux visitó Washington y se hospedó en la Casa Blanca; ahora como anfitriona, Jackie devolvió la visita guiada y llevó al escritor a conocer la National Gallery, como la Sra. Kennedy no necesitaba intérpretes podía, por sí misma, acercarse y alcanzar sus objetivos por sí misma. De alguna manera que no lograremos conocer, Malraux y Bouvier concibieron la idea de llevar la Mona Lisa a Washington por algunos días; el hecho era que la ilustre pintura sólo había salido del museo en dos ocasiones: cuando fue robada y cuando se la escondió para ponerla a salvo de la brutalidad y venalidad nazis y, desde luego, nunca había estado fuera de territorio francés; aunque el político recriminó al escritor por la reticencia de Francia a colaborar con la carrera nuclear y el ministro regañara al presidente por su falta de humanidad en Viet Nam, lo cierto es que el diálogo fue cordial en gran parte porque Jackie había encontrado en el arte una ruta alternativa evitando que la diferencia de opiniones enrareciera el ambiente.

Cuando regresó a París, Malraux expuso el proyecto al Presidente y De Gaulle se impuso al influyente gremio de los conservadores del Louvre  que, desde luego se opusieron a que la Gionconda se aventurara fuera de casa; al afecto y respeto de De Gaulle por Malraux quedó de manifiesto  – y también la razón que concedía a la causa de Mrs. Kennedy – cuando el General zanjó de golpe la cuestión: “Malraux sabe lo que hace y lo hace bien”. Para octubre de 1962 las cosas iban tan avanzadas que el Presidente Kennedy escribió a John Walker, director de la National Gallery, para que directamente y en su nombre, negociara con Hervé Alphand, Embajador de Francia, los términos de la exposición, la nota de instrucciones deja ver como el rey deja a la reina de Camelot el control de una situación delicada como delicadas eran sus maneras de atenderla; decía la nota:

Negocie la seguridad y protección de dos cuadros que serán enviados desde Francia este otoño. Estos cuadros llegarán a Estados Unidos como el más generoso gesto del Presidente De Gaulle y del ministro de cultura francés André Malraux hacia la Sra. Kennedy y hacia mí.

La impronta de Jackie había quedado indeleble, los cuadros eran: “Retrato de la madre del artista” de Whistler y “La Gioconda” de Leonardo; ésta última sería exhibida no sólo en la capital sino en la que Jackie tuvo siempre como su propia ciudad: Nueva York. El 12 de diciembre los Kennedy anunciarían la exposición y ésta fue inaugurada por Malraux y la pareja el 8 de enero de 1963. No pudo haber tenido más éxito ni mejores resultados; entre las dos ciudades visitaron la pintura un millón setecientos mil personas; las obras regresaron intactas a su hogar y los Kennedy, como correspondía al fulgor de Camelot, quedaron como unos de los más grandes patronos de las artes de su tiempo. No cabe duda que fue el talento de ella lo que logró la hazaña, la Gioconda sólo volvió a salir de casa una vez más, en 1974, para visitar el National Museum de Tokio, en esa ocasión, a modo de protesta, todos los conservadores del Louvre renunciaron.

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