Taller: Derecho y literatura por César Benedicto Callejas

Dirigido a abogados, filósofos, sociólogos, escritores y creadores de todas las ramas de la cultura, ofrece una serie de reflexiones en torno a la narrativa de lo jurídico y lo literario, una explicación a los fenómenos de nuestro tiempo y una comprensión de la cultura como identidad y clave de interpretación de la realidad. Una visión a los juicios de Oscar Wilde, el Holocausto y el caso Dreyfus. 10 horas con material especializado, audiovisual y textos.

Inicia: 28 de abril.

Una oportunidad para no perderse:

http://edured.mx/taller_derecholit.html

 

El día que Alfonso Reyes conoció París (Fragmento de la Novela los minutos de Ulises)

Por fin la Ciudad Luz es tuya, tuyo por un momento el cuarto sencillo y limpio de aquel pobre hotel de la Rue Trévisse, a donde te envió  Modesto Puigdelvall, que había sido mozo de don Bernardo en París y luego, en México, dueño del Restaurante Sylvain; a quien hace apenas quince días visitaste en su local para charlar de las viejas modas parisinas. Ahí, antes de que te venza el sueño, haces el recuento de la jornada y caes, con la cabeza abierta en pedazos, al recibir el golpe de maza de París. ¿Es aquella Ciudad de tus anhelos como la imaginaste? No, es muy superior, más grande y más vital que en las descripciones de Zola y de Dumas, más intensa que en los mejores pasajes de Proust y de Victor Hugo. Esa es la primera lección que te depara la Ciudad Luz: que la literatura, con todo lo que la amas y la veneras, no alcanza a suplir la vida; es cierto que la mejora y la estabiliza en algunos sentidos y en otros, como cuando Goethe, hace a Fausto gritar al instante que ya se retira: “detente, eres tan hermoso”, pero no la sustituye.

Igual que el Sol de Monterrey, París se te mete por los ojos, te suda por los poros y se queda dentro y fuera de tu humanidad, con aromas del Río Sena y de las cocinas de Saint-Germain-des-Près; de modo tal que así pasen cuarenta años, una caja que se abra, un perfume que se disuelva en el aire o una mujer que se te aproxime te harán suspirar melancólico: ¡esto huele a París! Imagina que dentro de muchos años, alguien caminará como tú por primera vez las calles de París y sentirá igual que tú, que la ciudad lo esperaba desde que era la Lutetia Parisiorum y que como amante complaciente, le irá revelando sus rincones y espacios mientras lo va seduciendo y enamorando; imagina que mientras escriba una líneas sobre el papel y escuche una grabación de canciones francesas, así como tú un día, él tampoco podrá dejar de recordar con una tristeza dulce y especiada, un momento en que son las cinco de la tarde, le sirven un expreso en la terraza de un café y ve pasar la vida en Champs  Elysées; y entonces ambos, tu fuera ya del mundo y el desplazándose hacia la muerte, habrán violado el secreto del tiempo y habrán estado juntos, un instante en el espacio de la memoria y la literatura.

Aquella primera vida en París fue acaso demasiado breve. Te habías imaginado una estancia no sólo más larga sino también más fructífera, pero el destino es cosa de ver querido Alfonso; te pareció inverosímil que una buena mañana de agosto, unos días apenas después de tu primer aniversario en París, un único telegrama te notificara que Venustiano Carranza, ese antiguo reyista que entonces era ya el hombre fuerte en México, de un plumazo había destituido en masa a todo el cuerpo diplomático. Sí Alfonso, a todo el cuerpo diplomático. La instrucción era clara y desde luego no admitía interpretación alguna; quisiste pensar que tal vez se tratara de un error, que habría excepciones y consideraciones personales, que después de las muestras de afecto y lealtad que Carranza había prodigado siempre al general Reyes, no habría podido olvidarse de que ese oscuro segundo secretario era el hijo de su amigo. Pero bien sabías que no había error y muy claro te quedó que a partir de entonces, desde México y quién sabe durante cuánto tiempo, no te llegaría sino la nostalgia y el recuerdo. Mientras fuiste guardando en el baúl de viaje los pocos efectos personales que tuviste en tu precaria oficina de diplomático novato, escuchaste las sirenas y a poco te acercaste a la ventana, con la claridad de un sueño o mejor, de una pesadilla, pudiste ver las cruces debajo de las alas de los aviones; eran aeroplanos alemanes de reconocimiento, tal vez fueran bombarderos; los periodistas se habían equivocado o más seguramente, los habían engañado; la guerra estaba más cerca de lo que se pensaba y ella tampoco hacía excepciones. Una vez más había que marchar. Esa vez, sin embargo, no hubo comité de despedida, nadie en el andén para despedir a tu pequeña tribu y sí un mar de gente huyendo del París condenado al sufrimiento que no podía darse el lujo siquiera de un taxi porque todos estaban requisados para llevar voluntarios al frente. ¿A dónde podrías ir? Impensable volver a México, aún era demasiado pronto; Europa estaba a punto de arder y la única ruta posible era cruzar el Pirineo y adentrarse en las tierras de España.

Tras los pasos de Alfonso Reyes en Madrid. 100 años después. Jornada final

Sexta jornada. Noviembre 12. Jueves.

De cualquier manera despertar temprano hubiera sido imposible; hemos abierto los ojos cuando nuestros cuerpos así lo han querido, tomamos el desayuno y los diarios dan cuenta de la espiral de confusión y abulia en que va cayendo tan rápido la cuestión catalana; de la cascada de notas que inundaron las primeras planas de ayer se redujeron apenas a una sola noticia predominante sobre la notificación del Tribunal constitucional por la que se hace saber a los líderes soberanistas, Mas y Forcadell, la situación de ilegalidad en la que han incurrido; aunque la Generalitat promete seguir adelante ignorando las suspensión de la declaración de independencia; Artur Mas sigue persistiendo su intento de hacerse proclamar presidente. El intento se va convirtiendo en una penosa comedia de enredos, cada minuto más lejana de los ciudadanos.

Pasear por Madrid disfrutando del buen tiempo es uno de los placeres vedados al turista obligado a cumplir con las escenas de colección cuyos espacios aguardan en la memoria de su dispositivo móvil; libres de cualquier deber recorremos el centro de la ciudad hasta en tanto llega la hora de la recepción en la residencia de la embajadora. Pero antes, sólo para saludar a Pablo y para verificar si no hay ninguna disposición o algún cambio en la agenda. Apenas llegamos cuando se percibe cierta actualidad que antes no habíamos visto; la embajadora acaba de recibir una llamada importante: le han concedido el Premio Cervantes a Fernando del Paso. Aunque todos en la embajada corren apresurados se percibe su ambiente festivo al que somos tan adeptos los mexicanos, una mezcla peculiar de orgullo y asombro que estalla en abrazos y sonrisas.

Aunque hay siempre una diminuta e involuntaria virtud que consiste en tener la fortuna de estar presentes en los momentos históricos o sencillamente peculiares y hemos acumulado ya dos en el transcurso del viaje. Una señal inequívoca de sabiduría es darse cuenta cuando se cumple el supuesto de un viejo dicho: “mucho ayuda el que no estorba”; así es que recojo mi libro y mi libreta y nos despedimos en la puerta de la oficina de Pablo; instantes antes de marcharnos acuña una de esas genialidades verbales que son parte de su talento:

  • ¿Te fijas? Esto hace de Del Paso el príncipe de las “p”.
  • ¿Por?
  • Poniatowska, Pitol, Pachecho, Paz … y Fuentes…
  • ¿Fuentes?
  • Pues sí, Fuentes que nació en Panamá.

Celebro la broma que hará nota mañana cuando se haya publicado; mientras tanto nos vamos pasear sin rumbo y a comprar algunas cosas que nos han quedado pendientes; una vuelta más por las librerías pero no con exceso porque en la noche tenemos cita después de la clausura del coloquio con Raquel y Ricardo para tomar chocolate en Valor y a mirar libros en La Central; compramos unos suéteres en Canalejas, una pequeña tienda de antes de la guerra en uno de los enclaves madrileños de más sabor y solera, la diminuta plaza de Canalejas donde un estupendo como espeso chocase – sí, otra vez el chocolate que no podré tomar igual sino hasta que regrese a Madrid -, una hermosa confitería especializada en los caramelos de violentas que popularizó Alfonso XIII y que son tan bonitos que da pena comerlos y, cerrando la plaza, las confecciones Canalejas cuyo mobiliario es por sí mismo una razón suficiente para visitarla; hemos parado también en Casa Yustas, en Plaza Mayor, una especie de museo dedicado a las gorras, boinas y sombreros, establecida desde finales del siglo XIX y que forma parte de la historia de la capital de todas las españas; fue ahí donde don Alfonso recuerda haber visto un letrero que anunciaba: “ sombreros para hombres de paja” y si mi memoria no me traiciona o me juega alguna mala pasada, se trataba del mismo llamado al que hace referencia Mesonero Romanos en sus “escenas matritenses”; error común y que causa simpáticos equívocos, en un barecito por ahí alguna vez me ofrecieron “ración de calamares grandes” y que alguna vez Pablo y yo, que no acostumbrábamos las hamburguesas, la adaptamos a los tiempos que corrían cuando McDonald’s era nuevo en México y hacía furor en toda la Ciudad de México; en plan de franca broma le preguntamos al cajero si tenían refresco de manzana chica, a lo que el confundido muchacho respondió que uno podía servirse refresco tantas veces como uno quisiera.

En Casa Yustas, después de mucho cavilar me ha decidido a honrar a mis Ruelas, Aranzolos y Mondragones; mis ancestros donostiarras y me he decidido por una txapela de Elósegui; es decir, la más tradicional de las boinas vascas, las mismas que usaba Unamuno y dicen que también Émile Zola; las mismas de las que habla don Alfonso en su crónica de vacaciones por Elogio, en el país vasco. Algún día habré de hacerme tiempo  para recuperar aquellos mis orígenes y también para procurarme el día y el momento para salir de casa portándola con orgullo ya sea en un jubiloso 14 de abril o en una intensa tarde de toros.

Hemos vuelto a tiempo, dejamos nuestros paquetes y un taxi nos deja, puntuales en la residencia de la embajadora. Tranquilos y joviales llegamos para una comida cuyo menú es una sorpresa; la residencia es elegante sin ser suntuosa, es precisa y bonita como un muy prospero hogar mexicano, en el que hay más sinceridad que resunción. Para los mexicanos hay una especie de regocijo mezclado con calidez y orgullo, como si pudieran fundirse el sentimiento de estar un poco en casa con el orgullo de saberse bien representado y la alegría de verse entre compatriotas; este es un sentimiento nacionalista limpio y sano que apela al corazón sin pudor pero sin estridencias.

Hemos comido una excelente carne de puerco en salsa verde con nopalitos, tortillas de maíz a las que los meseros llaman “tortitas” y resulta que uno que viene por unos días y no quiere perderse plato alguno que luego ya no encontrará en México, se encuentra con que ha comido en Madrid uno de los más sabrosos banquetes mexicanos de su vida.

Ya desde la apertura del Coloquio, la embajadora Lajous había dado cuenta del busto de don Alfonso que preside los jardines de la residencia, encontrarlo ha sido como una confirmación de la visita, una especie de palmada en el hombro que certifica el valor de estos días.

Por la tarde, luego de la última mesa en la que Jorge F. Hernández ha estado  más que brillante, al final nos hemos trasladado a un salón poco más amplio  donde todo culmina en fiesta, un recital de canciones de época en en el que “ojos verdes” la copla inmortal que me ha quedado tatuada en el alma, como santo y seña de momentos absolutamente memorables.

Nos iremos en un par de días, mañana sí veremos Aranjuez, no pudo ser antes y es claro  porque, cosa rara, Reyes no recuerda nunca haberlo visitado.

El libro nuestro de cada martes: «París era una fiesta» de Ernest Hemingway

París es una de las ciudades que basa su luminosidad en una serie de mitos que la exaltan y la convierten en un lugar más allá del espacio y el tiempo. No existe París, cada lector tiene el suyo y cada viajero construye y recuerda su propia Ciudad Luz. París es el de Jacques de Molay y los Templarios, el de François Villon y también el de la Revolución Francesa, el de Balzac y también del de Zola, el de Edith Piaf y el de Belmondo, el de la Bardot y el de Moustaki. París es eso y mucho más, a cada esquina, con una sonrisa perdida, nos observa Proust cómo es que nos ilusionamos al pensar que podemos conquistar una ciudad que es por sí misma irreductible.

En los tiempos modernos, tres son los mitos que sustentan la imagen imposible y maravillosa del París contemporáneo: la era existencialista, la era de la ocupación y la era de los años locos de entreguerras. A ese último momento se refiere Ernest Hemingway en su clásico «París era una fiesta»; narración sin pretensiones pero de gran alcance en el que los que luego serían plumas señeras, protagonistas de la cultura universal del siglo XX, son una alegre y depauperada banda de soñadores, pillos y alcoholizados intelectuales conquistando a punta de pluma la posibilidad de la inmortalidad.

Quien se acerca a este libro se acerca a un tiempo de revolución y arte, se aproxima a Gertrude Stein, a Ezra Pound y Scott Fitzgerald, a los españoles que aguardaban el momento terrible de la guerra y a la libertad, inmensa libertad de crear.

http://pendulo.com/libreria/9786073118439/paris-era-una-fiesta/hemingway-ernest/

Curiosamente, Woody Allen se basó en este libro, de una manera muy libre para realizar su película «Midnight in Paris», algo así como un parque temático para intelectuales, diletantes y amantes de la cultura francesa:

Zola y Proust en busca de la verdad perdida. Derecho y literatura, universos narrativos contextualizados.

De entre los momentos en que la literatura y la sociedad se aproximan, casi diríamos peligrosamente, en que las instituciones públicas muestran sus costuras e inexplicablemente se vuelven contra sus creadores, hay uno en particular que resulta de singular importancia para la historia del Derecho, estrictamente relacionado con la administración de justicia y el estado democrático de derecho, la literatura y la historia intelectual de occidente; el conocido Affaire Dreyfus, específicamente por la actuación política y literaria de dos de las principales plumas de la Francia decimonónica: Emile Zola y Marcel Proust. Sobre este punto versan las páginas siguientes.

Momentum

La anécdota, los hechos siendo por sí dramáticos, palidecen frente a las dimensiones simbólicas y frente a la trascendencia histórico-cultural que el Affaire Dreyfus tuvo y ha tenido desde su acontecimiento a finales del siglo XIX y principios del XX. Josep Picó, lo caracteriza de la siguiente manera:

El caso más paradigmático, considerado por muchos como el momento fundacional de los intelectuales como grupo social y espacio autónomo, fue el affaire Dreyfus (1894-1906); la intervención y movilización de un grupo de intelectuales franceses, que emprenden una campaña (cartas, súplicas, artículos, fundación de asociaciones) para que se revise un error judicial, desata una de las crisis más fuertes de la III República y se convierte en una batalla por la verdad y la justicia. En realidad, lo que estaba en juego detrás del affaire Dreyfus era la consolidación o la muerte de los valores defendidos por la República, como dice Picó en El estudio de los intelecuales: una reflexión.

Desde luego, el Affaire Dreyfus, fue mucho más que eso, como el estallido del antisemitismo moderno, por oposición al clásico o católico y también la inauguración de la figura del intelectual como elemento actuante en la vida política y social del Estado. En los hechos, la acusación y juicio injustamente condenatorio de Alfred Dreyfus, (militar judío francés de origen alsaciano) de haber traicionado al ejército francés transmitiendo información secreta al gobierno alemán, representa un momento crucial en el que los operadores de las normas jurídicas deben enfrentar a quienes detentan el poder de la opinión a través de la creación literaria; en otras palabras, por primera vez, la colisión entre ambos lenguajes es capaz de lograr una crisis profunda en las instituciones políticas y pondrá de manifiesto tanto la coexistencia y retroalimentación de sendos ámbitos, como las distintas ópticas y formas de encarar los problemas en cada uno de dichos lenguajes.

Si la literatura se vuelve militante y el Derecho debe aprender a lidiar con potencias ajenas a su propia dinámica, esto se traduce en la configuración de nuevos operadores, de nuevos sujetos y también de inéditas maneras de lograr la contención y el control social. Volviendo a Picó:

Con el affaire Dreyfus el intelectual francés se configura como un grupo autónomo, sin dependencias políticas o institucionales que le aten a intereses espurios; se presenta con la imagen del hombre comprometido solamente con los valores humanos, capaz de ejercer la crítica frente al poder establecido y de influir en la opinión pública, la política y las instituciones del Estado. De allí nace la Liga de los Derechos del Hombre y el reconocimiento de los derechos del ciudadano, y se convertirá en un modelo de acción y concienciación para las movilizaciones que posteriormente se emprenderán en otros países.

Y es que, en efecto, los operadores del lenguaje literario permanecen en su carácter de escritores, más o menos comprometidos, pero irrumpen con potencia cuando las circunstancias así los apremian; es decir, el contacto permanente entre las narrativas jurídica y literaria es un flujo constante y sereno, que sólo cuando se agita y pone de manifiesto problemas profundos, afirma su presencia. De igual modo, mientras los operadores jurídicos pueden mantenerse dentro de su valladar terminológico, expropiando a la sociedad la solución de los conflictos con consecuencias externas, es decir, los propiamente jurídicos, su fuente nutricia, no es evidente, pero debe ser enfrentada cuando se convierte en un poder que acusa, desprestigia o violenta; digamos pues que cuando el lenguaje de lo jurídico se ve invadido por la fuerza de la intelectualidad, habitualmente en términos y palabras con mayor grado de alcance social, si bien restringido a ciertas élites o clases lectoras y activas como ciudadanas, se ve forzado a modificar actitudes y parámetros para asimilar las expresiones vertidas generalmente en su contra. En relación con el caso Dreyfus, Pierre Bordieu,lo expresa de la siguiente manera:

El intelectual es un ser paradójico, que sólo puede ser concebido como tal cuando se lo aprehende a través de la alternativa obligada de la autonomía y el compromiso [engagement], de la cultura pura y la política. Y es así porque él se ha constituido, históricamente, en y por la superación de esa oposición: los escritores, los artistas y los científicos se afirmaron por primera vez como intelectuales cuando, en el momento del caso Dreyfus, intervinieron en la vida política en calidad de tales, es decir, con una autoridad específica basada en la pertenencia al mundo relativamente autónomo del arte, de la ciencia y de la literatura, y en todos los valores asociados a esa autonomía — desinterés, competencia, etc.”

Personae

Tal vez el aspecto más trascendente del affaire Dreyfus haya sido, conjuntamente con el fenómeno del antisemitismo moderno y su respuesta por la intelectualidad organizada, el aspecto de la universalidad; si para Zola y para Balzac, el elemento judío de Dreyfus deviene fundamental, también lo es que en el condenado está representada la Francia traicionada y sometida. Este hecho resulta todavía más claro en Proust, que dará notas más universales a los hechos y se manifestará por retratar un mundo decadente explotando en los opositores a Dreyfus, los elementos retardatarios y que conspiran contra la evolución de la sociedad.  En su artículo La polémica en la ficción de Marcel Proust, Julio César Morán, hace un recuento del uso que dio Proust al affaire Dreyfus dentro de su obra literaria:

Es conocida la posición de Proust a favor de Dreyfus y en Jean Santeuil Proust narra los hechos de un modo directo, al presentar sesiones en los tribunales y declaraciones diversas. Pero aún aquí, en esta novela juvenil, donde ha descubierto las reminiscencias pero no ha desarrollado todavía su concepción narrativa plenamente, todos los hechos mostrados aparecen vistos desde la perspectiva del arte. En la Recherche sólo asistimos al caso Dreyfus por los comentarios, gestos y rituales de los personajes de la aristocracia decadente y de la burguesía Kitsch, es decir, de la configuración de los salones.

Desde luego, la irrupción del nuevo antisemitismo, en cierta forma lejano del viejo antisemitismo mítico, religioso, confundido con leyendas poco creíbles en un contexto que tendía más a dar credibilidad a la ciencia y a la observación, transmutará el crimen ritual, el pacto satánico y la profanación de la eucaristía, en la dominación universal, en el pacto masónico – comunista – sionista y en el apatridismo natural de los judíos; dicho de otro modo, nuevos rostros para viejos prejuicios.

Evidentemente, ello toca a Proust, no sólo por cuanto le parece irreal e injusto, sino porque le remite al retrato de una sociedad decadente, dispuesta a sacrificar sus avances éticos y morales en aras de leyendas absurdas que benefician sólo a las artistocracias igualmente decadentes, ello con el agravante de que en la situación de la III República francesa, el poder estaba en transición del ejercicio popular al ejercicio aristocrático. Esto es, el secuestro del poder de una clase por otra, de la minoría a la mayoría, en suma una crisis profunda de valores y una duda expansiva sobre la credibilidad del sistema en general. De hecho, las valoraciones jurídicas, menos en Zola que en los demás y más claramente en Proust que en Balzac, son menos importantes que las valoraciones éticas y morales que se traducen, no sólo en demanda de justicia, sino también de vocería de valores generales en términos de vida política. Por boca de su narrador, en Le côté de Guermantes, dice Proust de las opiniones de Saint-Loup:

– Oh! el no es como Saint-Loup, es un energúmeno, me dijo mi nuevo amigo; no es de tampoco de buena fe. Al principio, decía: “No hay a qué esperar, hay un hombre que conozco bien, de toda delicadeza, de bondad, el General Boisdeffre; se podría, sin vacilar, aceptar su visión”. Pero cuando supo que Boisdeffre proclamó la culpabilidad de Dreyfus, Boisdeffre no valía ya nada; el clericalismo, los prejuicios del estado mayor le impidieron juzgar sinceramente, aunque nadie es o por lo menos también fuera clerical, antes de lo de Dreyfus, como nuestro amigo. Entonces, nos dijo que en todo caso se sabría la verdad, porque el caso iba a estar en manos de Saussier y éste, soldado republicano (nuestro amigo es una familia de ultra-monarchiste), era un hombre de bronce, una consciencia inflexible. Pero cuando Saussier proclamó la inocencia de Esterhazy, el encontró en ese veredicto explicaciones nuevas, desfavorables no a Dreyfus, sino al general Saussier. Era el espíritu militarista que cegaba a Saussier (y remarcaba que el era tan militarista como clerical,o al menos que lo era era, porque no sé que pensar de él). Su familia está desolada al ver estas ideas allí.

La metáfora que identifica al anti-dreyfusismo con una enfermedad infecciosa y mortal, permite exhibir los vicios de las vieja y nueva aristocracia en defensa de sus intereses a contramano de de los intereses generales y, sobre todo, con los términos abstractos como el honor de Francia y aún, en términos de Zola, la salvación de Francia.

La carga de caballería no se dirige contra alguna ley en particular, contra algún dispositivo jurídico específico, es todavía más grave porque supone la existencia de una ley emanada de la historia y voluntad de los franceses que se ve suplantada por el capricho grosero, ambicioso e injusto de quienes detentaban el poder (aún del constitucional) en ese momento. Esa reivindicación de la ley auténtica, de la verdadera voluntad popular, es un elemento que identifica con frecuencia a las ideologías que aspiran, no sólo a la recuperación de los espacios de legalidad-credibilidad (inherentes al sistema), sino que plantean una revaloración, a partir de prácticas que se consideran si no ancestrales, por lo menos sí idénticas a la auténtica manifestación de la voluntad pública manifiesta en la historia con lo que aspiran a la creación de nuevos espacios políticos.

Como se decía, la mayor parte de las veces este fluido de material normativo y valorativo circula entre los lenguajes sin mayor contratiempo y sólo salta a la vista cuando una crisis exige definiciones personales; si para los enemigos de Dreyfus todo era cuestión de silenciar y de aplicar la ley a rajatabla, para los dreyfusards, era más bien una cuestión de principios que afectaba a la colectividad y no sólo a los poderes constituidos y en juego: el ejército, la presidencia de la República y la judicatura. El punto del debate debía, en tal sentido, exceder los lazos de la comunidad judía a la que Dreyfus pertenecía y también al teatro de los involucrados, la sociedad en su conjunto debía manifestarse y proclamarse en favor de dos elementos incontrovertibles: la justicia y la igualdad. De ahí pues que, el J’accuse de Zola, se enfile como un alegato histórico y de conciencia sobre la base de los elementos legales y jurídicos duros e incotrovertibles; se puede decir que en cuanto se refiere a las función ancilar, como la llamaba Alfonso Reyes, a la relación de lo literario con lo no literario, J’accuse es un ejemplo de singular valor. Respecto a la amplitud de su acusación, dice Zola:

Esta verdad, esta justicia, que hemos querido apasionadamente, ¡que angustia verla así golpeada, menos conocida y más obscurecida!Dudo de la crisis que debe haber tenido lugar en el alma del Sr. Sheurer-Kestner, y creo con seguridad que terminará por experimentar remordimientos, aquel de no haber agitado revolucionariamente, el día de la interpelación en el Senado, en lanzar toda la carga, para echar todo por tierra. Él era el gran hombre honesto, el hombre de una vida leal, el que creía que la verdad era suficiente por sí misma, sobre todo cuando ella aparecía deslumbrante como el mediodía. ¿Quién puede sublevarse, porque de pronto brillara el sol? y es esta serenidad confiada en la que fue duramente castigado. Lo mismo para el teniente coronel Picquart, quien por un sentimiento de alta dignidad, no quiso publicar las cartas del general Gonse. Sus escrúpulos lo honraron, mientras que el permanecía respetuoso de la disciplina, sus superiores le hicieron cubrir de barro, instruyeron ellos mismos su proceso, de la manera más inesperada y más escandalosa. Hay dos víctimas, dos hombres valientes, dos corazones sencillos, que dejaron hacer a Dios mientras que el diablo trabajaba. Y uno ha visto lo mismo, para el teniente coronel Picquart, aquella cosa innoble: un tribunal francés después de haber dejado al instructor hacer un testimonio público, lo acusan de todas las faltas, lo hacen a puerta cerrada, cuando ese testigo se había introducido para explicarse y defenderse. Yo digo que esto es un crimen más y que este crimen soliviantará la consciencia universal. Decididamente, los tribunales militares tienen una singular idea de la justicia. (La traducción es propia).

Apelar a la conciencia universal es: transportar el mundo de lo legal al mundo de lo jurídico en el más amplio de los sentidos. La utilización de aparatos críticos distintos permite a Zola y a Proust, invadir el campo de lo exclusivamente jurídico para proclamar modelos interpretativos que se traducen en cambios de actitud y de proceder entre los actores del poder; se trata pues, de un problema aplicativo de las normas, que se traducen a la larga, en la invalidez de las propias normas y su posterior necesidad de cambio.

En La Recherche, Proust tiende a poner de manifiesto, a través de los caminos de la ficción, situaciones límite en las que involucra personajes de todos los estamentos sociales, pero todos sacudidos por la corriente eléctrica que representaba el affaire en su momento; procede, no sólo denunciando los hechos, sino más bien, demostrando sus efectos de división social y enfrentamiento político, situando a la sociedad como una más de las víctimas, junto con la dignidad y el honor franceses, junto con Dreyfus y su familia. Al respecto otra observación del narrador en Le côté de Guermantes:

Desgraciadamente, desde el punto de vista armado, Roberto estaba preocupado sobre todo en ese momento por el affaire Dreyfus. Había hablado poco porque en su mesa sólo él era dreyfusard; los otros eran violentamente hostiles a la revisión, excepto mi vecino de mesa, mi nuevo amigo, al que las opiniones le parecían más bien ligeras. Admirador convencido del coronel, que había sido un notable oficial que había marchitado la agitación contra el ejército en diversos órdenes el día que se hizo pasar por antidreyfusard, mi vecino había aprendido que su jefe había dejado escapar algunas afirmaciones que habían dejado creer que tanía sus dudas sobre la culpabilidad de Dreyfus y guardaba su estima por Picqart. Sobre este último punto, en todo caso, el ruido del dreyfusismo relativo al coronel estaba mal fundado, como todos los ruidos venidos de quién sabe donde que se producen en torno a todo gran escándalo. Porque, poco después, ese coronel, habiendo sido encargado de interrogar al antiguo jefe de la oficina de información, le trató con una brutalidad y un desprecio que nunca habían sido igualados. Qué y qué no le fue permitido informar directamente del coronel, mi vecino tuvo la cortesía de decirlo a Saint-Loup – en el tono que una dama católica le dice a una dama judía que su cura acusa las matanzas de judíos en Rusia y admira la generosidad de algunos isreaelitas – que el coronel no estaba por el dreyfusismo – por cierto dreyfusismo al menos – el adversario fanático, derechista, que uno se había representado. (La traducción es propia).

Relectio

La irrupción de la intelectualidad como entidad actuante en la vida social y política desde finales del siglo XIX y principios del XX, constituye un fenómeno que puso de manifiesto las relaciones del universo de lo jurídico con otros lenguajes que proponen distintas lecturas de la sociedad. Sin embargo, al entender al Derecho como una forma de narrativa en la que se proponen, para un universo limitado de conductas humanas, modelos deseables y conductas indeseables; la literatura aparece no sólo como nutriente de contenidos, sino como una voz en diálogo a través de la cual, mediante sus propios mecanismos de análisis, se permite zaherir los defectos de la normativa e implicar cambios en la conciencia colectiva en el sentido de la credibilidad de la norma. De ahí la presencia de Zola que pasa a la historia no sólo como el novelista por excelencia del naturalismo, sino como el juez de instrucción y sentencia en el primer caso de antisemitismo moderno y al final del día, sobre el destino de la III República francesa.

Algunos autores han tratado de manera extensiva sobre el papel de la intelectualidad a partir del affaire Dreyfus, sin embargo, todavía habría que analizar con detenimiento, la manera en que un juez extra jurídico, oficioso si se quiere, pero con una credibilidad indiscutible, entra a la liza del procedimiento judicial y le permite adquirir en el, dimensiones que el más puro positivismo no podría comprender. Más allá de la presencia de la opinión pública y su posible presión en el contexto social, la figura del lenguaje literario en el análisis de la realidad, se presenta como un operador jurídico interesante que sobre la base de sus conclusiones ofrece también soluciones que tarde o temprano, se traducen en decisiones auténticamente jurídicas. En su trabajo Para una relectura de Zola, María Teresa Gramuglio, propone la siguiente observación sobre el carácter de Émile Zola:

Sería necesario dar un paso más, y releer en los textos programáticos de Zola los pasajes que transforman la objetividad científica del sabio en la creatividad inventiva del genio y le adjudican al novelista naturalista los poderes regeneradores del taumaturgo. «Nosotros novelistas somos los jueces de instrucción de los hombres y de sus pasiones»… «es necesario que produzcamos y dirijamos los fenómenos; ésta es nuestra parte de invención, de genio en la obra»; «estudiar los fenómenos para adueñarse de ellos»; «prever y dirigir los fenómenos»; «hacerse amos de la vida para dirigirla»; «hacerse amo del fenómeno de esta pasión para dirigirla»; y este resumen elocuente: «..desligamos el determinismo de los fenómenos humanos y sociales a fin de que un día se pueda dominar y dirigir estos fenómenos. En una palabra, trabajamos con todo el siglo en la gran obra de la conquista de la naturaleza y el poder multiplicado del hombre. Véase, al lado de la nuestra, la tarea de los escritores idealistas… Nosotros tenemos la fuerza, nosotros tenemos la moral». En estos enunciados, que en «La novela experimental» puntúan la paráfrasis de los pasajes de Claude Bernard como un subtexto insistente, se percibe algo más que la creencia en el alcance de los usos de la ciencia, algo más que la mera promoción con miras a conquistar un lugar dominante en el campo literario. Hay aquí cierta hybris, cierta desmesura en la construcción de la imagen de escritor, que si por un lado halla su correlato en la fuerza expansiva de la construcción narrativa, por el otro alimentará el imperativo moral que llevó a Zola a intervenir como lo hizo en el affaire Dreyfus, autorizándose en su condición de escritor”.

Este punto de vista, considerado desde la óptica del propio Zola, incide en la idea de la literatura como conciencia de la sociedad y nos plantea un universo jurídico si no completamente abierto, sí en íntima relación con otras formas de narrativa social. Lo dimensiona como un hecho dinámico en transformación constante, en cuyo núcleo se mantienen afirmaciones jurídicas duras e incontrovertibles que están siendo sometidas a análisis y crítica constante por quienes deben ejecutarla y por quienes deben obedecerla; dicho de otro modo, el Derecho aparece no como un hecho en sí mismo, sino como un fenómeno dinámico del que puede afirmarse ser más o menos funcional, pero no absolutamente válido o absolutamente inválido. Las narrativas extrajurídicas proveen a la visión del Derecho de elementos transformadores que no pueden ser obviados y hacen pensar en la idea de los operadores jurídicos como sujetos vivos en los cuales pesa tanto su formación de juristas como sus problemas como ciudadanos o padres de familia y su ascendiente cultural y educativo.

Los escritores, sobre todo los que han alcanzado reconocimiento y cuya voz se transforma en liderazgo de opinión, gozan de una legitimidad que deviene de su propio discurso que es seguido por más o menos ciudadanos; ello no lo convierte en un poder democrático pero sí en un poder de convencimiento. Su peso y calidad depende de la coherencia entre el escritor y su obra, pero también de la coherencia que pueda alcanzar entre su visión y la vivencia colectiva de los lectores; el Derecho carece de un elemento de tales dimensiones, sus análisis son sumamente lentos y podrían no ocurrir si no penetraran en su visión las lecturas de las otras narrativas de la realidad. Un formato jurídico podría repetirse al infinito si es que cumple con la función positiva de ser utilizada en juicio y operar dentro de sentencias susceptibles de hacerse cumplir aún contra la voluntad de los sujetos afectados, ello aún cuando fuera irrelevante para la sociedad o bien estuviera en abierta oposición a las prácticas cotidianas y a los valores compartidos por la comunidad. La presencia de la literatura, aparece como un principio de transformación y de afirmación, revolucionario y también conservador.

Un análisis contemporáneo a los hechos, permite comprender cómo la sociedad francesa procesó el trabajo de los intelectuales de ambos bandos en torno a la figura de Dreyfus; véase, del libro La Révolution Dreyfusienne, de Georges Sorel, publicado en 1909, la visión de la intelectualidad en su momento:

La experiencia del affaire Dreyfus muestra como operan los hombres de letras, cuyo papel es tan importante en las revoluciones. Anatole France había sido alguna vez admirado cuando el coronel del 12º de casadores había prescrito quemar todo ejemplar del Cavalier Miserey, descubierto en el cuartel; en lugar de continuar defendiendo el respeto a la jerarquía, se convirtió en un dreyfusard intemperante; su vanidad buscaba los aplausos que sus tonterías le obtenían en los mitines. Alguna vez había juzgado las novelas de Zola con severidad: en La tierra (las Geórgicas de la chusma) el autor había “colmado la medida de la indecencia y la grosería”; – respecto de Sueño: Si tuviera forzosamente que elegir, entre el Sr. Zola alado, lo preferiría mejor con cuatro patas… cae a cada instante en el absurdo y en lo monstruoso”; – “Jamás ningún hombre había hecho un esfuerzo parecido para envilecer a la humanidad… su obra es malvada, y el es de esos desgraciados de los que uno puede decir que valdría más que nunca hubieran nacido”. El dreyfusismo cambiará todas las apreciaciones de Anatole France sobre Zola: descubrió altas intensiones morales en los libros que le habían parecido tan detestables; sobre la tumba del novelista confesó que había sido injusto con un hombre que “había honrado a la patria y al mundo con una obra inmensa y por un gran acto”. Así la carta: Yo acuso cambió los valores de todos los escritos de Zola, y ennobleció, sin duda hasta “las Geórgicas de la chusma”. Es verdaderamente muy difícil burlarse del público con más audacia que la que tuvo Anatole France, volviéndose dreyfusard.

La crítica de Sorel no sólo es devastadora para France, pone de manifiesto una transformación enorme en el gusto de los lectores de la clásica novela francesa hacia el naturalismo, feo e incómodo pero veraz y comprometido. Si la transformación que acusa en Anatole France era o no sincera, es materia de otro tipo de estudio y posiblemente sea infranqueable (no debe olvidarse que Zola muere como presunto mártir, cuando la verdad del caso Dreyfus ha sido ya desvelada), pero el hecho es que permite visualizar  la intelectualidad francesa de su tiempo, como una comunidad que actuaba y se comprometía mucho más allá de las vitrinas de las librerías y las mesas de los cafés; que su actividad lindaba con la revolución o al menos, era percibida por el público como una voz autorizada para enfrentar, con palabras y razones, el poder inmenso e incuestionable del Derecho.

El arte de conversar, de Oscar Wilde. Para disfrutar de nuestro fraseario

Ofrecemos el fraseario de un libro de excepción: El arte de Conversar de Oscar Wilde, traducido por Roberto Frías y editado en Barcelona por Ediciones Atalanta.

Sin gazmoñerías, reflexiones con una guía sutil y magnífica para adentrarse en los meandros de la naturaleza humana.

 

El debe ser muy respetable. Uno jamás ha oído su nombre antes, a lo largo de toda su vida, y eso, actualmente, enaltece a un hombre. Una mujer sin importancia 

CECILY: Un hombre del que se habla mucho es atractivo siempre. Después de todo, uno intuye que algo tendrá.  La importancia de llamarse Ernesto

SEÑORA ALLONBY: El hombre ideal […] debe decir siempre más de lo que quiere y querer siempre más de lo que dice. Una mujer sin importancia

SEÑORA ALLONBY: El hombre ideal […] nunca debería criticar a otras mujeres hermosas; eso mostraría su falta de buen gusto o haría sospechar que tiene demasiado. Una mujer sin importancia 

[…] un caballero natural, el peor tipo de caballero que conozco. El abanico de Lady Windermere

Llorar es el refugio de las mujeres sin gracia y la ruina de las bonitas. El abanico de Lady Windermere

Se necesita una mujer completamente buena para hacer algo completamente estúpido. El abanico de Lady Windermere

No creo que exista una sola mujer en el mundo que no se sienta halagada si uno le hace el amor. Es eso lo que hace a las mujeres irresistiblemente adorables. Una mujer sin importancia

Treinta y cinco años es una edad muy atractiva. La sociedad londinense está repleta de mujeres de la más alta cuna que, durante años y por propia voluntad, se han quedado en los treinta y cinco. La importancia de llamarse Ernesto.

No me importa que las mujeres simples sean puritanas. Es la única excusa que tienen para ser simples. Una mujer sin importancia.

Las mujeres nos aman por nuestros defectos. Si tenemos suficientes nos lo perdonarán todo, incluso un gran intelecto. Una mujer sin importancia

Las chicas estadounidenses son tan ingeniosas al ocultar a sus padres como las inglesas al ocultar su pasado. El retrato de Dorian Gray.

Ella fue hecha para ser la esposa de un embajador. Ciertamente, posee la inusitada facultad de recordar los nombres de las personas y olvidar sus rostros. Una mujer sin importancia

Estoy harto de las mujeres que me quieren. Las que me odian son mucho más interesantes. El retrato de Dorian Gray.

La única manera de comportarse con una mujer es haciéndole el amor, si es bonita, y si es fea, haciéndoselo a alguien más. La importancia de llamarse Ernesto.

Ser adorado es una molestia. Las mujeres nos tratan como la humanidad trata a sus dioses. Nos alaban y siempre nos piden que hagamos algo por ellas. El retrato de Dorian Gray.

Una mujer sólo puede reformar a un hombre aburriéndolo tanto que éste pierda todo posible interés en la vida. El retrato de Dorian Gray

Si una mujer no puede hacer que sus equivocaciones parezcan encantadoras, es sólo una hembra. El crimen de Lord Arthur Savile.

Sólo las mujeres muy feas o muy hermosas ocultan alguna vez su rostro. La duquesa de Padua

Hay sólo una verdadera tragedia en la vida de una mujer. El hecho de que su pasado es siempre su amante, y su futuro, invariablemente su esposo. Un marido ideal.

Prefiero a la mujeres con pasado; es muy divertido hablar con ellas. El abanico de Lady Windermere.

Uno siempre puede ser amable con la gente que no le importa. El retrato de Dorian Gray

Es absurdo dividir a la gente en buena y mala. La gente es encantadora o tediosa. El abanico de Lady Windermere

La gente de hoy se comporta con perfecta monstruosidad: habla mal de uno y a sus espaldas, diciendo cosas que son completa y absolutamente ciertas. Una mujer sin importancia

Estoy seguro de que no conozco a la mitad de la gente que visita mi casa, y ciertamente, por lo que me han dicho, no debería intentarlo. Un marido ideal

Me agradan los hombres con futuro y las mujeres con pasado. El retrato de Dorian Gray.

Ya no apruebo ni desapruebo nada. Eso es adoptar una actitud absurda ante la vida: no hemos venido a este mundo a pavonearnos de nuestros prejuicios. Nunca advierto lo que la gente común dice y nunca interfiero en las acciones de la gente encantadora. El retrato de Dorian Gray

Todo arte es inmoral. La emoción por la emoción es la meta del arte. Y la emoción por la acción es la meta de la vida. El crítico como artista

Podemos perdonar a un hombre por elaborar una cosa útil , siempre y cuando no la admire. La única excusa para crear algo inútil es que se lo admire intensamente. Todo arte es bastante inútil. El retrato de Dorian Gray 

Ningún artista tiene simpatías éticas. En un artista, una simpatía ética sería un imperdonable manierismo de estilo. El retrato de Doran Gray

Los únicos retratos creíbles son aquellos en los que queda muy poco del modelo y mucho del artista. La decadencia de la mentira.

La gran superioridad de Francia sobre Inglaterra se debe a que en Francia todo burgués quiere ser un artista, mientras que en Inglaterra todo artista quiere ser un burgués. (En conversación).

Mentir, decir cosas hermosas y falsas, ése es el verdadero objetivo del arte. La decadencia de la mentira

Es posible que un toque de naturaleza hermane al mundo entero, pero dos toques de naturaleza destruirían cualquier obra de arte. La decadencia de la mentira.

El arte es nuestra vigorosa protesta, nuestro heroico intento de enseñarle su sitio a la Naturaleza. La decadencia de la mentira.

Desvelar el arte y ocultar al artista, ésos son los objetivos del arte. El retrato de Dorian Gray

El secreto de la vida es no tener nunca una emoción poco elegante. Una mujer sin importancia.

El «Libro de la Vida» comienza con un hombre y una mujer en un jardín y termina en Apocalipsis. Una mujer sin importancia

La vida es sencillamente un mauvais quart d´heure, hecho de exquisitos momentos. Una mujer sin importancia

La vida jamás es justa … Y quizá eso es algo bueno para la mayoría de nosotros. Un marido ideal 

Uno puede tolerar las desgracias; vienen del exterior y son accidentes. Pero sufrir por los propios errores… ¡Ah, ahí está la gracia de la vida! El ábanico de Lady Windermere

La vida en la ciudad nutre y perfecciona los elementos más civilizados del hombre; Shakespeare no escribió más que pasquines chabacanos antes de venir a Londres, y no escribió una sola línea después de irse. (En conversación) 

Vivimos en una época que lee demasiado para ser sabia y que piensa demasiado para ser bella. El retrato de Dorian Gray.

Cuando los dioses quieren castigarnos responden a nuestras plegarias.  Un marido ideal. 

La ética, como la selección natural, hace posible la existencia. La estética, como la selección sexual, hace la vida más amable y maravillosa, la llena de nuevas formas, le aporta progreso, variedad y cambio. El crítico como artista.

[…] aunque lo intentamos, no podemos alcanzar la realidad que subyace a las cosas. Quizá la terrible razón de ello es que no hay más realidad en las cosas que su apariencia. (En conversación) 

El mundo es el escenario, pero la obra tiene un pésimo reparto.  El crimen de Lord Arthur Savile

Escribí cuando no conocía la vida. Ahora que entiendo su significado, ya no tengo que escribir. La vida no puede escribirse; sólo puede vivirse. (En conversación)

[…]  el mundo no me escuchará ahora. Es extraño lamentarse (antes no lo hubiera creído posible) de que uno haya tenido tanto tiempo libre: un ocio que me parecía tan necesario cuando yo mismo era un creador de hermosos objetos.

(En conversación)

El señor Zola está decidido a demostrar que si no tiene genio por lo menos puede ser insulso.  La decadencia de la mentira

Entre Hugo y Shakespeare se agotaron todos los temas. La originalidad es imposible, incluso al pecar. Así que ya no que dan verdaderas emociones, sólo adjetivos extraordinarios. (En conversación)

Matthew Arnold era un buen poeta, pero estaba muy equivocado; siempre intentaba alcanzar lo más difícil: conocerse a sí mismo. Y a veces por eso, a mitad de sus más hermosos poemas, dejaba de ser el poeta y se convertía en el inspector escolar. (En conversación)

Balzac: era una combinación extraordinaria de temperamento artístico y espíritu científico. El estudio formal de Balzac reduce a nuestros amigos vivos a sombras y a nuestros conocidos a sombras de las tinieblas. La decadencia de la mentira

Llamar a un artista morboso sólo porque su objeto de trabajo es la morbosidad es tan tonto como llamar a Shakespeare demente sólo porque escribió El rey Lear. El alma del hombre bajo el socialismo.

Hay dos maneras de despreciar la poesía: una es despreciándola y la otra es leyendo a Pope. (En conversación)

Si uno no puede disfrutar un libro una y otra vez, no tiene sentido leerlo. La decadencia de la mentira

Los libros que el mundo llama inmorales son los libros que muestran al mundo su propia vergüenza. El retrato de Dorian Gray

Sobre Charles Dickens: Hay que tener un corazón de piedra para leer la muerte de la pequeña Nell y no reírse. (En conversación)

Para conocer la cosecha y la calidad de un vino no es necesario beberse toda la botella. Media hora debe ser suficiente para decidir si un libro vale la pena o no. Diez minutos deberían bastar si uno posee el instinto para la forma. ¿Quién quiere vadear todo un libro insulso? Con probarlo basta.  El crítico como artista

Cuando el público dice que una obra es groseramente incomprensible quiere decir que el artista ha dicho o hecho algo hermoso que es nuevo. Cuando describe un trabajo como groseramente inmoral quiere decir que el artista ha dicho o hecho algo hermoso que es verdadero. El alma del hombre bajo el socialismo.

La literatura siempre se anticipa a la vida; no la copia, sino que la modela a su antojo. El siglo diecinueve, tal y como lo conocemos, es en gran medida una invención de Balzac. La decadencia de la mentira

Después de tocar a Chopin me siento como si hubiese llorado pecados que nunca cometí, como si me hubiese dolido de tragedias que no eran mías. Siempre me parece que la música produce ese efecto: crea un pasado que ignorábamos y nos llena con la sensación de pesares que se han escondido de nuestras lágrimas. El critico como artista 

El único encanto del matrimonio es que vuelve completamente necesaria una vida de engaños para ambas partes. El retrato de Dorian Gray

¿Cómo puede una mujer ser feliz con un hombre que insiste en tratarla como si fuera un ser absolutamente natural? Una mujer sin importancia.

Su capacidad para el afecto familiar es extraordinaria; al morir su tercer marido, el cabello se le puso rubio por la pena. El retrato de Dorian Gray 

DUQUESA DE BERWICK: De hecho, nuestros maridos se olvidarían de que existimos sino le fastidiáramos de vez en cuando sólo para recordarles que tenemos el derecho totalmente legal de hacerlo. El abanico de Lady Windermere

El amor puede canonizar a la gente, los santos son aquellos a quienes más se ha amado. (Carta a Robert Ross, 28 de mayo de 1897)

Siempre hay algo ridículo en las emociones de la gente a la que dejamos de amar. El retrato de Dorian Gray

Los hombres quieren ser siempre el primer amor de una mujer. Ahi está su torpe vanidad. Las mujeres tienen un instinto más sutil para las cosas: prefieren ser el último romance de un hombre. Una mujer sin importancia.

¡Los misioneros, querido! ¿No te das cuenta de que los misioneros son la comida que la divina providencia envía a los indigentes y desnutridos caníbales? Cuando están a punto de morir de inanición, el Cielo, en su infinita misericordia les envía un buen misionero carnoso.  (En conversación)

Ser natural es la pose más difícil de mantener. Un marido ideal 

Toda la mala poesía surge de un sentimiento genuino.  Ser natural es ser obvio, y ser obvio es ser inartístico.  El crítico como artista

Todos deberíamos llevar el diario de otro. (En conversación)

Apuñalaría a su mejor amigo con tal de escribir un epigrama en su lápida. Vera o los nihilistas.

EI primer deber en la vida es ser lo más artificial posible. No se ha descubierto el segundo deber.  Frases y filosofías para el uso de los jóvenes

Hay que ser siempre un poco inverosímil.  Frases y filosofías para el uso de los jóvenes

Nunca hay que debutar con un escándalo; eso se reserva para amenizar la vejez. El retrato de Dorian Gray 

Los ingleses poseen el milagroso poder de transformar el vino en agua. (En conversación) 

No creo que viva para ver el nuevo siglo: si comienza otro siglo y yo sigo vivo, será realmente más de lo que los ingleses pueden soportar. (En conversación) 

Actualmente lo tenemos todo en común con Estados Unidos, a excepción, por supuesto, del idioma. El fantasma de Canterville

Es una superstición popular que al visitante de los más lejanos rincones de Estados Unidos se le llama extranjero, pero cuando fui a Texas me llamaron capitán, al llegar al centro del país me decían coronel, y al acercarme a la frontera con México, general(En conversación; Estados Unidos) 

Quizá después de todo América nunca haya sido descubierta. Yo diría que sólo ha sido detectada. El retrato de Dorian Gray

Sobre las chicas estadounidenses: Hermosas y encantadoras: pequeños oasis de hermosa irracionalidad en un vasto desierto de práctico sentido común. (En conversación)

Al salir de su patria, algunas mujeres norteamericanas adoptan una apariencia de enfermedad crónica: creen que es una especie de refinamiento europeo. Una mujer sin importancia

No hay parafernalia ni pompa ni maravillosas ceremonias. Solo vi dos procesiones: en una iban los bomberos precedidos por la policía y en la otra iba la policía precedida por los bomberos. (En conversación; Estados Unidos)

El patriotismo es la virtud del vicioso. (En conversación) 

Hay que ser una obra de arte o llevar puesta una. Frases y filosofías para el uso de los jóvenes

No tiene nada, pero lo parece todo: ¿qué más se puede pedir? La importancia de llamarse Ernesto

Llevaba demasiado rouge y casi nada de ropa. En una mujer, eso suele ser un síntoma de desesperación. Un marido ideal

En cuestiones de suma importancia lo crucial es el estilo y no la sinceridad. La importancia de llamarse Ernesto 

Quizá haya dicho lo mismo antes, pero mi explicación será siempre diferente. (En conversación) 

El asesinato es siempre un error… Uno nunca debe hacer algo que no se pueda contar después de la cena. El retrato de Dorian Gray

Me gusta cuando sólo hablo yo; ahorra tiempo y evita las discusiones. El cohete excepcional

La mente de un hombre muy bien informado es algo terrible. Es como una tienda de baratijas, repleta de polvo y monstruos, donde todo cuesta más de lo que vale. El retrato de Dorian Gray

Un cigarrillo es el ejemplo perfecto del placer perfecto: es exquisito y lo deja a uno insatisfecho. El retrato de Dorian Gray

El alma nace vieja y se vuelve joven; ésa es la comedia de la vida. Y el cuerpo nace joven y se vuelve viejo; ésa es su tragedia. Una mujer sin importancia 

Hay muchas cosas que podríamos desechar si no temiéramos que otros las recogieran.  El retrato de Dorian Gray

Los parientes son sencillamente un tedioso grupo de personas que no tienen la menor idea de cómo vivir ni el más mínimo instinto de cuándo morir. La importancia de llamarse Ernesto

Después de una buena cena se puede perdonar a cualquiera, incluso a los amigos. Una mujer sin importancia 

En Inglaterra, a las personas de clase baja les pasa algo extraordinario: siempre están perdiendo parientes. Son muy afortunados en ese aspecto. Un marido ideal

El secreto de permanecer joven es una desmesurada pasión por el placer. El crimen de Lord Arthur Savile

Mi deber como caballero no ha ínterferido nunca, ni en lo más mínimo, con mis placeres.  La importancia de llamarse Ernesto

Ningún hombre civilizado se arrepiente de un placer, y ningún hombre incivilizado llega a conocerlo. El retrato de Dorian Gray

A veces se elogia a los pobres por ser ahorrativos, pero recomendar a los pobres el ahorro es grotesco e insultante. Es como aconsejara un hombre hambriento que coma menos. El alma del hombre bajo el socialismo

En cuanto a los virtuosos pobres, se les puede compadecer, pero no es posible admirarles. El alma del hombre bajo el socialismo 

La risa no es un mal comienzo para una amistad y es, con mucho, su mejor final.  El retrato de Dorian Gray 

Cuando conocemos a alguien por medio de un elogio es seguro que aflorará una amistad de verdad: todo ha comenzado de la manera correcta.  Un marido ideal

Cualquiera puede simpatizar con los sufrimientos de un amigo, pero se requiere de una naturaleza muy superior para simpatizar con el éxito de un amigo.  El alma del hombre bajo el socialismo 

Me atrevería a decir que si le hubiera conocido no sería su amigo en absoluto. Conocer a nuestros amigos es algo muy peligroso. El cohete excepcional 

Elijo a mis amigos por su buen aspecto, a mis conocidos por su buen carácter y a mis enemigos por su buen intelecto. No tengo ninguno que sea un tonto; todos son hombres de cierta. capacidad intelectual y, por consiguiente, todos me aprecian. El retrato de Dorian Gray

La moralidad es tan sólo la actitud que adoptamos hacia la gente que personalmente nos desagrada. Un marido ideal

Cuando uno lee la historia se siente absolutamente enfermo; no por los crímenes que los malvados han cometido, sino por los castigos que los buenos han impuesto. Se brutaliza infinitamente más a una comunidad mediante el empleo habitual del castigo que por el ocasional acontecer del crimen. (En conversación)

¿Quiere saber cuál es la tragedia de mi vida? Que he puesto mi genio en la vida y sólo el talento en mis obras.  (En conversacion)

La belleza es una forma del genio, aunque en realidad es más alta, pues no requiere explicación; El retrato de Dorian Gray

Una idea que no es peligrosa, no es digna de ser llamada idea. El crítico como artista

Sólo alguien superficial necesita años para despojarse de una emoción. Un hombre que es dueño de si mismo pone fin a una pena con la misma facilidad con que inventa un placer. El retrato de Dorian Gray

Un sentimental es sencillamente alguien que desea tener el lujo de una emoción sin pagar por ella.  (En conversación)

Experiencia es el nombre que todos dan a sus errores. El abanico de Lady Windermere

Los únicos escritores que han influido en mí son Keats, Flaubert y Walter Pater. Y antes de encontrarme con ellos ya había recorrido más de la mitad del camino con tal de conocerles. (En conversación)

Qué triste: la mitad del mundo no cree en Dios y la otra mitad no cree en mi. (En conversación)

Mis mejores lecturas de 2013

En 2010, después de una amistad largamente suspendida y al fin recuperada, Mayte Collada me sugirió hacer mi lista de mejores lecturas del año para compartirlas; la llamamos entonces, al uso de la moda, el “Top Ten”, el hecho es que siempre han sido más de diez y que en todo caso no es más que una recolección de lo mejor de la cosecha anual.

Desde luego que esta lista marca el ritmo de los ciclos de lectura en que estuve interesado durante el año, como a todos nos sucede, y es también un panorama más abigarrado y múltiple que las listas tradicionales que más tienen que  ver con críticas y ventas. De ahí las diferencias.

Quedémonos con esta propuesta para el año próximo. Que en el año por venir atinemos a encontrar el libro que nos fue escrito – tal vez hace siglos – sin que lo supiéramos, que las letras nos hagan más felices y más tolerantes, que nos permitan vivir muchas vidas más y que estemos todos presentes para perpetuar su diálogo.

Jefe de la estación Fallmerayer, de Joseph Roth

http://www.acantilado.es/catalogo/jefe-de-estacin-fallmerayer-414.htm

Niños en su cumpleaños, de Truman Capote.

http://www.lecturalia.com/libro/57354/ninos-en-su-cumpleanos

Mein Kampf, historia de un libro, de Antoine Vitkine.

http://www.anagrama-ed.es/titulo/CR_93

Los anagramas de Varsovia, Richard Zimler

http://www.edicionesplata.com/2012/03/los-anagramas-de-varsovia-richard.html

Ante el dolor de los demás, de Susan

sontaghttp://www.letraslibres.com/revista/convivio/el-dolor-la-justicia-y-susan-sontag

La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa

http://www.lecturalia.com/libro/500/la-ciudad-y-los-perros

El ruido de las cosas al caer, de Juan Gabriel Vázquez

http://www.letraslibres.com/revista/libros/el-ruido-de-las-cosas-al-caer-de-juan-gabriel-vasquez

Juan Belmonte, matador de toros, de Manuel Cháves Nogales

http://www.librosdelasteroide.com/-juan-belmonte-matador-de-toros

El Paraíso de las Damas, de Émile Zola

http://www.historiassusurradas.com/2013/07/el-paraiso-de-las-damas-de-emile-zola.html

Déjame entrar, de John Ajvide Lindqvist

http://elimaginariodeideas.blogspot.mx/2012/11/dejame-entrar-john-ajvide-lindqvist.html

La soledad del Lector, de David Markson

http://moleskinelibros.tumblr.com/post/40539207788/14-que-es-una-novela-en-todo-caso

Asesinato en el corazón de Jerusalén, de Batya Gur

http://www.siruela.com/catalogo.php?id_libro=1830

Ha vuelto, de Timur Vermes

http://www.abc.es/cultura/cultural/20131001/abci-cultural-m107-libros-timur-201310011129.html

El último amigo, de Tahar ben Jelloun

http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/12033/El_ultimo_amigo

Enamoramientos, de Javier Marías

Los enamoramientos de Javier Marías

The New York Times – Review of Books

Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie.

http://www.nytimes.com/2013/06/09/books/review/americanah-by-chimamanda-ngozi-adichie.html?_r=0

The Flamethrowers, de Rachel Kushner.

http://www.amazon.com/Flamethrowers-Novel-Rachel-Kushner/dp/1469287099

The Goldfinch, de Donna Tartt

Life after Life, de Kate Athinson.

Tenth of December, historias, de George Saunders

http://www.amazon.com/Tenth-December-Stories-George-Saunders/dp/0812993802

After de Music stopped, de Alan Blinder

Days of fire. Bush and Cheney in the White House, de Peter Baker.

http://www.amazon.com/Days-Fire-Cheney-White-House/dp/0385525184

Five days at Memorial. Life and Death in a Storm-Ravaged Hospital ,Sheri Fink.

https://www.goodreads.com/book/show/17704902-five-days-at-memorial

The Sleepwalkers. How Europe Went to War in 1914, de Christopher Clark.

Wave, de Sonali Deraniyagala. Alfred A. Knopf,

http://www.theguardian.com/books/2013/apr/03/wave-sonali-deraniyagala-review

amazon.mx

Dispara, yo ya estoy muerto. Julia Navarro

http://julianavarro.es/libro/dispara-yo-ya-estoy-muerto/

Los años de peregrinación del chicho sin color. Haruki Murakami.

http://www.tusquetseditores.com/titulos/andanzas-los-anyos-de-peregrinacion-del-chico-sin-color

Legado en los huesos. Dolores Redondo.

http://www.culturamas.es/blog/2013/12/05/los-secretos-de-legado-en-los-huesos-esperada-novela-de-dolores-redondo/

El tiempo entre costuras. María Dueñas.

http://eltiempoentrecosturas.blogspot.mx

La verdad sobre el caso Harry Quebert. Joël Dicker.

http://cultura.elpais.com/cultura/2013/12/16/actualidad/1387194250_668883.html

Destroza este diario. Keri Smith

http://www.casadellibro.com/libro-destroza-este-diario/9788449327506/2015808

El invierno del mundo. Ken Follett.

http://www.elinviernodelmundo.com

El azul es un color cálido. Julie Maroh

http://el-azul-es-un-color-calido.tumblr.com

El héroe discreto. Mario Vargas Llosa

http://elpais.com/elpais/2013/12/18/opinion/1387391237_564202.html

¡Muuu!. David Safier.

http://www.lecturalia.com/libro/83830/muuu

FNAC

Yo fui a EGB. Jorge Díaz

http://libros.fnac.es/a921180/Jorge-Diaz-Yo-fui-a-EGB

Astérix y los pictos. Didier Conrad.

http://www.asterix.com/asterix-y-los-pictos/

El francotirador paciente. Arturo Pérez Reverte

http://www.alfaguara.com/es/libro/el-francotirador-paciente/

No estamos locos. Gran Wyoming

http://www.lasexta.com/noticias/cultura/‘no-estamos-locos’-retrato-que-somos-gran-wyoming_2013111401159.html

El legado en los huesos. Dolores Redondo.

Doctor sueño. Stephen King.

http://unlibroparaestanoche.com/2013/11/29/6056/

Dispara, yo ya estoy muerto. Julia Navarro.

Los juegos del hambre 3. Sinsajo. Suzanne Collins

http://losjuegosdelhambrecontinuan.blogspot.mx/p/sinsajo.html

Diario de Greg. Jeff Kinney.

http://diariodegreg.com/el-jefe

Gandhi.

Bajo la misma estrella. John Green.

http://www.megustaleer.com.mx/ficha/9786073114233/bajo-la-misma-estrella

Los años de peregrinación del chico sin color. Haruki Murakami.

Yo soy Malala. Malala Yousafzai.

http://www.lecturalia.com/libro/84818/yo-soy-malala

Vacíos de poder en México. Edgardo Buscaglia.

http://www.megustaleer.com.mx/ficha/9786073118651/vacios-de-poder-en-mexico

Rayuela. Julio Cortázar.

http://www.elpais.com.co/elpais/cultura/noticias/cinco-razones-para-volver-leer-rayuela-julio-cortazar

Las ventajas de ser invisible. Stephen Chbosky.

http://muchomasqueunsimplelibro.blogspot.mx/2013/04/las-ventajas-de-ser-invisible-stephen.html

La otra historia de México. La guerra de dios. Catón.

http://www.planeta.com.mx/descripcion_libro/13326

Buscando a Alaska. John Green.

http://www.lecturalia.com/libro/58562/buscando-a-alaska

Nada. Janne Teller.

http://www.planetalector.com/nada-de-janne-teller

Casa del Libro. España.

Trilogía los juegos del hambre. Suzanne Collins.

El francotirador paciente. Arturo Pérez Reverte.

El cielo ha vuelto. Clara Sánchez.

http://www.culturamas.es/blog/2013/11/09/clara-sanchez-y-el-cielo-ha-vuelto-su-planeta-de-este-ano/

El tiempo entre costuras. María dueñas.

Dispara, yo ya estoy muerto. Julia Navarro.

La verdad sobre el caso Quebert. Joël Dicker.

Astérix y los Pictos. Jean Yves Ferri.

La triste historia de tu cuerpo sobre el mío. Marwan Abutahoun Recio

http://www.casadellibro.com/libro-la-triste-historia-de-tu-cuerpo-sobre-el-mio-2-ed/9788461632749/2107642

Alas de mar y prosa. Escandar Algeet.

http://thekankel.blogspot.mx/2009/12/alas-de-mar-y-prosa-de-escandar-algeet.html

Un invierno sin sol. Escandar Algeet.

http://escandar-algeet.blogspot.mx/2013/10/un-invierno-sin-sol-version-video.html

Le Point

L’île dees oubliés. Victoria Hislop.

http://www.livredepoche.com/lile-des-oublies-victoria-hislop-9782253161677

Chers voisins. Mots doux et petites querelles de voisinage. Collectif.

http://www.critiqueslibres.com/i.php/vcrit/37180

À la trace. Deon Meyer.

http://www.telerama.fr/livres/a-la-trace,77470.php

Un été sans les hommes. Siri Hustvedt.

http://www.critique-moi.fr/critiques-livres/litterature-anglo-saxonne/301-un-et-e-sans-les-hommes-siri-hustvedt

Avant d’aller dormir. S.J. Watson.

http://unjourunlivre.blogspot.mx/2013/04/sj-watson-avant-daller-dormir.html

La muraille de lave. Arnaldur Indridason.

Un océan de pavots. Amitav. Ghosh

http://www.lefigaro.fr/livres/2010/09/02/03005-20100902ARTFIG00525-un-pavot-dans-la-mare.php

Petit dictionnaire amoureux de l’histoire de France. Max Gallo.

http://www.amazon.ca/Petit-dictionnaire-amoureux-lhistoire-France/dp/2266239945

Les morues. Titiou Lecoq

http://www.livredepoche.com/les-morues-titiou-lecoq-9782253166801

L’art du jeu. Chad Harbach.

http://www.20minutes.fr/livres/998211-l-art-jeu-chad-harbach-chez-lattes-paris-france

Lee «El país de las mujeres», de Gioconda Belli. Lea ud. «El paraíso de las damas» de Émile Zola

Lea ud. «El paraíso de las damas», de Émile Zola. Vuelva la mirada a los clásicos; Zola discurre sobre la invención de las tiendas departamentales, la irrupción de los grandes capitales y la destrucción del pequeño comercio, las organizaciones obreras y el manejo de las personas en el juego del capitalismo incipiente. Una descarnada mirada sobre la política amorosa y los crueles juegos de la lucha de clases. Hace mucho que un libro no me atrapaba con tan soberana energía.

Aproveche ud. nuestro fraseario.

Completaban el conjunto varios pares de guantes, colocados simétricamente sobre la tela de la estantería; los dedos estirados y la estrecha palma, como de virgen bizantina, les conferían esa gracia envarada y un tanto adolescente de las prendas femeninas aún sin estrenar.

 

– La verdad es que para vender retor, el título de bachiller no debe hacerte mucha falta.

  • ¡La verdad es que me conformo con que no me estorbe! – contesto Mouret alegremente -. Y créeme, cuando uno comete la estupidez de cargar con él, cuesta mucho quitárselo de encima. Vas por la vida a paso de tortuga, mientras que los demás, los que no llevan nada a cuestas, corren como podencos.

 

Sí, reconozco que algunas mujeres me han llegado a fastidiar bastante. Pero cuando una es mía, es mía de verdad, ¡qué demonios! Y no siempre salen mal las cosas. Y no le cedo mi parte a nadie, puedes estar seguro… Además, no sólo están las mujeres, que al fin y al cabo me importan bien poco. Está la voluntad de querer y de hacer, de crear, en definitiva… Tienes una idea y luchas por ella, se la metes a martillazos a la gente en la cabeza, la ves crecer y triunfar… ¡Ah, ya lo creo que me divierto, chico!

 

Era tal temor precisamente, el que lo había impulsado a crear entre el barón y él ese gentil vínculo femenino que tanto une a los hombres aficionados a las mujeres. Podía, desde luego, haberse entrevistado con el financiero en el despacho de éste, para tratar a sus anchas el importante negocio que deseaba proponerle. Pero se sentía más fuerte en casa de Henriette, sabedor de la tierna complicidad que establece el hecho de compartir una amante. Estar ambos en su casa, rodeados de su perfume tan querido, tenerla tan cerca, dispuesta a convencerlos con una sonrisa, le parecía una certidumbre de éxito.

 

Mouret, en tanto, miraba de reojo el salón. Y, al oído, como si se tratarara de algunas de esas confidencias amorosas que, a veces se atreven a hacerse entre sí los hombres, acabó de explicar al barón Hartmann, en unas cuantas frases, el funcionamiento del gran comercio moderno. Le reveló, entonces, más allá de todos los hechos ya expuestos, coronando la pirámide, el arte de explotar a la mujer. Tal era el fin último al que todo se encaminaba: la continua renovación del capital; la acumulación de mercancías; la tentación de lo barato; los precios marcados, que inspiran confianza.

 

Luego, se dejaba llevar por la coquetería; al final, se la comían viva. Lo almacenes multiplicaban las compras, democratizaban el lujo y se convertían, así, en causa de temibles despilfarros, desbaratando los presupuestos familiares y favoreciendo las locuras de la moda, cada vez más costosas. Si adulaban a la mujer y la halagaban sus debilidades, si la rodeaban de deferencias, haciendo de ella una reina, era su reinado el de la amorosa soberana de un pueblo de traficantes, a los que paga cada capricho con una gota de sangre.

 

En aquel momento, alzó los ojos y vio el rostro aterrado de su marido. Se había puesto aún más pálido, toda su persona expresaba la angustia resignada de un pobre hombre que presencia el desmoronamiento del sueldo que tanto le ha costado ganar. Cada nuevo retazo de encaje representaba para él un desastre: el despilfarro de sus amargas jornadas de docencia; el anonadamiento de sus caminatas por el barro, camino de las clases particulares; los incesantes esfuerzos de toda una vida abocados a una pobreza vergonzante, al infierno de un hogar menesteroso. Ante el espanto creciente de aquella mirada, la señora Marty quiso ocultar el pañuelo, el velo, la corbata; y, mientras los recataba con manos febriles, repetía entre risitas nerviosas:

  • Van a ustedes a conseguir que me riña mi marido… Te aseguro, querido, que he sido muy sensata, porque había un mantón de quinientos francos… ¡Ay, qué maravilla!

 

Y como Mouret, precisamente, estaba afirmando que los nuevos almacenes mejoraban el bienestar de los hogares de la burguesía media, le lanzó una mirada terrible, el relámpago de odio de un tímido que no se atreve a estrangular a nadie.

 

Y él, que llevaba seis meses tratándola como una niña; que le daba incluso, a veces, consejos, dejándose llevar por su experiencia y por el deseo enfermizo de enterarse de cómo nace una mujer y de cómo París acaba por perderla, ya no la tomaba en broma, sino que notaba un indescriptible sentimiento de sorpresas y temor, al que se sumaba la ternura. Lo más probable es que estuviera tan guapa por que venía de ver a su amante.

 

Pero eran precisamente esos aires de postín los que intimidaban a la joven. Casi todas las dependientes, a fuerza de rozarse con las clientes ricas, se iban puliendo y acababan por pertenecer a una clase indeterminada, a medio camino entre la operaria y la burguesa. Y tras la maña en el vestir, tras los modales y las frases aprendidas, no solían tener sino una instrucción ficticia, no solían leer sino revistas ramplonas, parlamentos de dramones, todas las necesidades que corrían por París.

 

Tenía ahora en el plato un trozo de pescuezo y unos pocos huesos. Dejaba correr las burlas, sin decir nada, comiendo grandes bocados de pan y rebañando el pescuezo con el arte infinito de un muchacho que siente por la carne el respeto que ésta se merece.

 

Estaba visto que había acabado el duelo y Henriette había mordido el polvo. No era ella, con toda seguridad, la mujer que acabaría por llegar. Y le pareció estar viendo de nuevo el discreto perfil de la joven que había entrevisto al cruzar por el recibidor. Allí estaba, paciente, sola, temible en su dulzura.

 

Durante meses, había querido ver cómo iba creciendo una muchacha y se había divertido con el experimento sin darse cuenta de que se jugaba en él el corazón. Ella se había hecho mayor poco a poco y se había vuelto temible.

 

 

 

Moustaki y el niño

Uno no debiera hablar de sí mismo; hay siempre que evitarlo en la medida que sea posible; primero, porque no es tan importante ni tan interesante como lo que vemos, lo que aprendemos y el enorme mundo que nos rodea; segundo, porque es una vanidad imperdonable pensar que nuestro lugar en el mundo sólo puede ser ocupado por nosotros  cuando en realidad somos apenas pequeñas piezas en un mundo enorme; sin embargo, siempre estamos hablando de nosotros mismos porque, en el fondo, somos lo único que conocemos con mediana aproximación y porque todo lo que vemos y sabemos, para volverse palabra tiene que pasar a través del filtro de nuestra experiencia, de nuestra vivencia, es decir, de nosotros mismos. Al final del día siempre estamos hablando de nosotros mismos.

Algún día de 1978, poco más o menos, un niño de una curiosidad insaciable, descubrió la caja donde su padre guardaba sus cassettes; uno de ellos decía “Georges Moustaky”. Al escucharlo, el mundo se transformó de inmediato, se hizo grande, enorme, se abrieron alamedas gigantescas, palacios ignotos y una ciudad entera se volvió el sueño más apetecible; se trataba de un concierto de Georges Moustaki en el Olimpia de Paris difundido por RadioUNAM. Lo que ese niño escuchó por primera vez entonces, se convertiría en el secreto y la cifra, en el abretesésamo y también en el misterio. Atesoró durante décadas la cinta y, cuando ya no pudo escucharla porque los aparatos que hacían posible el milagro de la reproducción del sonido ya no eran aptos, fue haciéndose de todas las grabaciones que pudo de aquella voz que habría puertas y universos y guardó la cinta ya no como un soporte de sonido sino como un talismán, espejo de su curiosidad y símbolo de lo entrañable que podía hallar fuera del ámbito de su familia.

Jamás había escuchado la lengua francesa, comenzaba a sentirse lector y Jules Verne era una de sus lecturas más habituales, pero lo leía en castellano al no poseer otro idioma. Moustaki era Francia, la Francia eterna, la dulce Francia; un lengua que disponía de una dulzura lánguida y dulce, pero además, entonces, se trataba de un enigma más que resolver, ¿qué decían aquellas canciones tan hermosas, tan dotadas de vida?, ¿qué dirían y a qué se referían?; ilustrado apenas por el locutor, discreto y sencillo, supo que se trataba de lengua francesa y que el cantante, “Georges Moustaki, seguía la tradición del chansonnier parisino, llevándola más allá de la ciudad…”; nadie sabe por qué hay frases tan sencillas que se quedan grabadas para siempre en la memoria; el chansonier parisino que llevaba la tradición más allá de la Ciudad. Tardó diez años más en tener los rudimentos necesarios para comprender lo que las canciones decían y entonces, el niño que ya no era, volvió a asomar su nariz impertinente para fascinarse con las referencias de esas canciones… “Bahia des pêcheurs, des marins… Bahia de San Salvador… C’est là que j’ai retrouve le paradis du côté de chez Jorge Amado…”, ¿quién era aquel del que hablaba Moustaki?, ¿por qué de él y así?, de la canción saltó a las letras brasileñas y comprendió porqué el greco francés se refería a Amado como parte de un paraíso; su imaginario, ya no de niño, pero depósito al fin de ese otro en el que se iba convirtiendo albergó a Teresa Batista, a Tieta de Agreste y, particularmente y sobre todas las mujeres imaginarias del mundo a Gabriela, la del clavo y la canela.

De esas letras, el que fuera niño fue cayendo en cuenta que todos somos extranjeros en el mundo, aún en nuestra propia casa y que la idea de caer, así por accidente, en este mundo, es recorrerlo y apropiarlo, vivirlo y conquistarlo: “avec ma gueule de métèque, de juif errant et de pâtre grec…”; como si uno pudiera albergar todas esas sangres en sus venas y, si después de todo, cada uno resultaba extranjero en este planeta por qué no ser también el mexicano que había estado predestinado a ser y al mismo tiempo, el judío errante, el talmudista inclinado sobre su texto, el combatiente del Madrid asediado, el lector de la saga soviética, el aprendiz nunca experimentado de otras lenguas, por qué no ser todo y más y aunque eso significara ser cada vez menos sólo uno mismo, transformarse en todo y en todos. Cuando la niñez lo hubo abandonado, cuando murieron las abuelas, cuando murió la tía anciana de años y de cuidados de niños ajenos, entonces supo que ese movimiento de su espíritu se llamaba cultura.

Y quedaba aún mucho más, infinitamente más, porque cada nueva canción era conseguida y celebrada como se celebra un tesoro; buenas para amar, fabricándose máscaras para el placer y para no herirse ni herir a los demás, “on a fait l’amour en passant, comme les voyageurs de l’air du temps…”; para soñar, “nous voulions des chateaux dans l’Espange…” y se convirtieron en una especie de educación moral para el gusto de vivir y de vivir a fondo, porque cuadraban con las lecturas de Julio Cortázar y en un mundo donde nadie oía música en francés y donde todo aquello parecía tan lejano, ahogado por la moda plástica de los últimos años de la década de 1980, al mismo tiempo eran el remanso de un mundo secreto, penetrado a veces por unos cuantos iniciados.

Y quedaba todavía más en esos sonidos y en esas tonadas, estaba ahí, en el centro de todo la capital del mundo, el centro del universo, como diría Asterix, “la ciudad más prodigiosa del Universo”, ahí estaba Paris, con la Maga y con Oliveira incluidos, con Sartre y con Beauvoir, con Dreyfus y Zola; ahí estaba Paris con sus mujeres lánguidas y hermosas armadas con un café y un libro retando al mundo que caminaba y rodaba frente al Café de Flore; ahí estaba Paris, como un sueño por realizar el lugar del que cada año decía, como los judíos del exilio, el año próximo… el año próximo en Paris. Y sí, así fue, Paris llegó como llegan todas las cosas buenas, solas y a tiempo. Llegó Paris y él, que ya no era el niño que soñaba con llegar a la ciudad fuera de la cual el chansonnier llevaba la tradición sagrada, sufrió el impacto mas brutal que pudiera imaginarse y supo que no era apenas nada en un mundo lleno de maravillas por conocer; pero una vez más, apenas tocó el suelo de la ciudad soñada, apenas respiró su aire, volvió el niño a abrir sus ojos como platos y no le dio tregua ni respiro y en una sola tarde enloquecida lo hizo caminar hasta que las piernas no le respondieron y tuvo que descansar en una banca de parque hasta que pudo moverse al hotel que lo albergaba. Se negó a ver los defectos de la Ciudad, no iba a eso; se negó a aceptar los pequeños contratiempos, porque no estaba en el Paris de los últimos años del siglo XX, estaba en el Paris de Haussmann, en el de los existencialistas y en el de la Revolución, en el de Vivant Denon y en el de Piaf; pero sobre todo, estaba en el Paris de Moustaki y aunque rondó y escudriñó la Île Saint Louis con la esperanza de verlo pasar, no sería esa la ocasión en que lo encontrara comprando pan en esa isla que el chansonnier tanto amó. Si el adulto en el que el niño se convirtió ha visitado Paris en otras ocasiones es algo que tendrán que decir los que lo hayan visto, porque para ese adulto, volver a Paris sería volver a la emoción de la cinta magnética en la que se escuchaban las canciones francesas y al pasmo del niño que descubría cuán grande era el mundo.

Y quedaba todavía más, como en las matrioskas, cada encuentro encerraba otro todavía más emocionante y más delicado. Entre las canciones del cassette prodigioso, había una canción que no estaba en francés, por alguna razón estaba en otra lengua desconocida con la que además parecía no tener parentesco. Desde luego, el cassette no tenía índice, no había manera de identificar las canciones, aunque se supiera de memoria – en su triste imitación fonética – cada una de ellas y en el orden preciso (sus hermanos recuerdan y todavía se quejan de la odiosa necesidad de escuchar la cinta una y otra vez hasta que un alma caritativa inventó un artilugio llamado walkman que los liberó de las obsesiones del bicho que el niño era cuando algo se le metía en la cabeza). Primero pensó que era árabe, pero no, no podía ser porque otra cinta de la casa (que tampoco estaba en árabe sino en hebreo aunque lo supo mucho después) no sonaba igual que la canción misteriosa, ésta decía en alguna parte “potami…” o algo así, y eso sonaba como hipopótamo que, en la escuela le habían dicho significaba “caballo de río” en griego; entonces la canción algo diría sobre los ríos y además estaba en griego y así, una más de las puertas mágicas se abría y llegaron Kazantzakis, Séferis, Doxiadis y llegaron también Melina Mercouri y Elefteria Arvanitaki, y todo para prepararlo, cuando ya no era un niño, para enfrentar el libro que habría de hacerlo adulto de un golpe y en el que se reunían sus pasiones, en Bella del Señor, de Albert Cohen, autor judío, suizo que escribía en francés, un personaje judío también, sefaradí de Cefalonia, Grecia, vivía el romance más descarnado, divino e inhumano que ser humano narró jamás.

Y el niño se extinguió, o casi se extinguió, porque se queda en la biblioteca en la que se quedó a vivir, donde duerme mientras el adulto en el que se convirtió todos los días sale a ganarse la vida; se encuentran a veces, casi siempre de noche, cuando el adulto se sienta frente al teclado que le da de comer y se olvida de todo y recorre sus libros, visita páginas digitales de temas y países ignotos y escribe, trata de escribir, la frase que salve el día y ponga orden en las experiencias acumuladas en las últimas horas; entonces, el adulto se levanta de la silla – no es extraño que esté escuchando alguna de las canciones grabadas en el talismán de su infancia -, y se encuentra con el niño en la página de un nuevo libro que ha contemplado por horas antes de hincarle el ojo. A veces, se queda mirando sus librerías – y su mujer  se ríe al recordar al mítico vecino de su padre, que pasaba horas y horas contemplando sus dos autos compactos a falta de mejor ocupación -, cuando parece estar así, como embobado contemplando los lomos de sus libros, en realidad espera a que el niño que entonces fue, tímido y silencioso y a veces impertinente, se acomode las gafas que nunca se acostumbró a usar y le haga una seña para mostrarle lo que acaba de descubrir en un libro escrito hace unos años en Serbia.

Hoy me dijeron que Georges Moustaki se había muerto a los casi 80 años en Paris. No es cierto. Moustaki no se puede morir porque ahí en mi escritorio está un cassette que mi padre me regaló cuando yo era niño y que tenía grabado un concierto de Moustaki en el Olimpia de Paris; no se puede morir porque no me da la gana de que se muera la gente que sabe vivir que da gusto. No se puede morir porque entonces, si en realidad se ha muerto, ¿quién llevará la tradición del chansonnier parisino más allá de la ciudad?

Mis mejores lecturas de 2012

Para continuar la tradición que sugirió Mayte Collada hace un par de años y como después del que ahora estoy leyendo me propongo leer otro libro de buen tamaño, creo que podemos dar por cerrado el año de lecturas. Este año fue rico en hallazgos y también propicio para llenar algunos huecos de clásicos que se me habían quedado en la mochila de viaje. De la cosecha del año, estos son los mejores frutos. Que los disfruten.

  1. Rivera Letelier. La contadora de Películas. http://www.alfaguara.com/es/libro/la-contadora-de-peliculas/
  2. Gheorghiou. La hora 25.  http://educomunicacioncreativa.wordpress.com/2011/09/15/la-hora-25-novela-1949-de-virgil-gheorghiu-que-puede-hacer-reflexionar-sobre-situaciones-actuales/
  3. Zola. Yo acuso. http://www.letralia.com/39/ar01-039.htm
  4. García Ortega. El comprador de aniversarios. http://elpais.com/diario/2003/05/29/cultura/1054159201_850215.html
  5. Yalom. El día que Nietszche lloró. http://unlibroaldia.blogspot.mx/2010/04/irvin-d-yalom-el-dia-que-nietzsche.html
  6. Dick. El hombre en el castillo. http://www.lecturalia.com/libro/11928/el-hombre-en-el-castillo
  7. Giono.  Un rey sin diversión. http://impedimenta.es/libros.php/un-rey-sin-diversion
  8. Gibson. Neuromante. http://www.ciencia-ficcion.com/opinion/op00508.htm
  9. Enzesberger. Hammerstein o el tesón. http://www.anagrama-ed.es/titulo/PN_778
  10. Binet. HHhH. http://www.revistadeletras.net/laurent-binet-con-hhhh-quise-ofrecer-una-alternativa-a-la-novela-historica/
  11. Soseki. Botchan. http://impedimenta.es/libros.php/botchan
  12. Kis. Enciclopedia de los muertos. http://www.acantilado.es/catalogo/enciclopedia-de-los-muertos-382.htm
  13. Hara. Flores de verano. http://impedimenta.es/libros.php/flores-de-verano
  14. Ibuse. Lluvia negra. http://www.librosdelasteroide.com/lluvia-negra
  15. Davidson. El nazi perfecto. http://www.anagrama-ed.es/titulo/A_436
  16. Riding. Y siguió la fiesta. http://elpais.com/diario/2011/09/28/cultura/1317160804_850215.html
  17. Harris. Patria. http://www.libroerrante.com/blog/archives/33
  18. Houellebecq. El mapa y el territorio. http://www.anagrama-ed.es/titulo/PN_783
  19. Chaves Nogales. La agonía de Francia. http://www.librosdelasteroide.com/-la-agonia-de-francia
  20. Venezia. Inside the gas chamber. http://www.nytimes.com/2012/10/07/books/shlomo-venezia-auschwitz-sonderkommando-and-survivor-dies-at-88.html?_r=0
  21. Fitzgerald. La librería. http://impedimenta.es/libros.php/la-libreria
  22. Neruda. Confieso que he vivido. Memorias. http://www.blogs.imer.gob.mx/enbuscadelcuentoperdido/2010/11/22/de-“confieso-que-he-vivido”-de-pablo-neruda/
  23. Kerr Una investigación filosófica. http://www.difusioncultural.uam.mx/revista/julioago03/gutierrrez.html
  24. Oz. Versos de vida y muerte. http://www.letraslibres.com/revista/libros/versos-de-vida-y-muerte-de-amos-oz
  25. Lem. La investigación. http://impedimenta.es/libros.php/la-investigacion
Imagginación

Meditación Divertida con Maggie

Disappearing Thoughts

clicks and clips

Tablaturas de mis pasos

Unas cuantas palabras y fotos para los lugares que me hacen feliz.

NOUS LES FEMMES

Aller au delà de nos limites à travers le monde. J'en suis capable, pourquoi pas toi? Pourquoi pas nous? Ensemble nous sommes invincibles "Je suis femme and i can".

Rosie Blog

A garden of wild thoughts. Feeling thoughts and dilemmas

Un Loco Anda Suelto

Entra en mi mente...déjame entrar en la tuya...

umaverma12

Inner-peace is necessary to overcome of all the pain.

El Rincón de Suenminoe

En el soñador vida y sueño coinciden

La poesía, eso decían

Como plasmar la idea natural.

Cynthia Briones

Letras en el mar.

Polisemia Revista cultural

En cada edición proponemos una palabra para indagar sus posibles significados desde distintas áreas.

www.casasgredos.com

Alojamientos rurales en Avila y Provincia. Tlf.920206204/ 685886664

A %d blogueros les gusta esto: